Archive

Archive for the ‘Timothy Snyder’ Category

“El Proyecto de Putin” por Timothy Snyder III (Fin) // “Putin´s Project” by Timothy Snyder III (End)

Flag of Eurasia by Party9999999

Die Linke* opera dentro de una cierta realidad virtual creada por la propaganda rusa según la cual la tarea que, de acuerdo a Moscú, la izquierda europea debe llevar a cabo es la de criticar a la derecha ucraniana pero no a la derecha europea y, menos aún, a la derecha rusa. Es cierto que estas críticas tienen cierta base. En Ucrania existe una extrema derecha y sus miembros ejercen cierta influencia. Svodoba, que ejercía de partido opositor promovido por Yanukovitch se liberó de este papel durante la revolución y participa en el gobierno ucraniano actual con cuatro de las veinte carteras. Esta participación en el gobierno es exagerada porque no se corresponde ni con el apoyo electoral que tiene, cerca del 3%, ni con su representación parlamentaria. Algunas personas, aunque de ninguna manera la mayoría, que durante la revolución se enfrentaron a la policía pertenecían a un grupo llamado Sector de la Derecha, algunos de cuyos miembros son nacionalistas radicales. El candidato a la presidencia de este grupo no llega al 2% en las encuestas y el grupo en sí cuenta con unos trecientos militantes. Existe, sí, un apoyo a una extrema derecha en Ucrania pero menor del que lo hay en la mayoría de los países de la Unión Europea.

[ *El partido Die Linke (La Izquierda) es el resultado de la fusión del Partido de la Izquierda—antes conocido como Partido del Socialismo Democrático (PDS) y sucesor del comunista SED, el principal partido de la antigua RDA— y la Alternativa Electoral por el Trabajo y la Justicia Social (WASG), un pequeño partido escindido del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD) en 2005. Mientras el Partido de la Izquierda estaba representado principalmente en el este del país, la WASG fue un partido mayormente occidental, con fuerte presencia de sindicalistas. (Fuente: Wikipedia) ]

Las situaciones revolucionarias siempre favorecen a los extremistas y desde luego que hay que estar vigilantes. Choca, sin embargo, lo rápido que el orden fue restaurado en Kiev y en Ucrania después de la revolución y la postura increíblemente serena que el nuevo gobierno adoptó frente a la invasión rusa. El único escenario en el que los extremistas ucranianos se harían visibles sería en el caso de que Rusia intentara llevar a cabo una invasión del resto del país. Si, conforme a lo previsto, se celebran elecciones en Mayo, la impopularidad y debilidad de la extrema derecha ucraniana se pondrá de manifiesto. Es por esto que  Moscú se opone a que se celebren.

Los que solamente critican a la derecha ucraniana suelen pasar por alto dos cosas muy importantes. La primera, el hecho de que la revolución en Ucrania tuvo su origen en una izquierda que se oponía a un cleptómano autoritario y cuyo programa contemplaba justicia social y Estado de Derecho. La revolución fue iniciada por un periodista con vínculos en Afganistán, sus dos primeras víctimas mortales fueron un armenio y un bielorruso y contó con el apoyo de la comunidad musulmana tártara de Crimea así como con el de muchos judíos ucranianos. Entre las víctimas de la masacre causada por los francotiradores se encontraba un veterano judío del Ejército Rojo. Un buen número de veteranos de las fuerzas armadas israelíes han regresado a Ucrania para luchar por la libertad.

En la plaza de Maidán se hablaba a la vez ruso y ucraniano puesto que Kiev es una ciudad bilingüe, Ucrania, un país bilingüe, y los ucranianos, gente bilingüe. El motor de la revolución lo fue, desde luego, la clase media rusohablante de Kiev. El actual gobierno es irreflexivamente multiétnico y multilingüe. Ucrania es un lugar cosmopolita en el que la etnia y el idioma cuentan con menos importancia de la que se cree. Ucrania es hoy, de hecho, la sede donde se encuentran los más importantes medios de comunicación libres en lengua rusa, ya que los medios más importantes en Ucrania emiten en ruso y en Ucrania existe libertad de expresión. La pretensión de Putin de estar defendiendo a los rusohablantes es absurda en muchos aspectos, siendo uno de ellos que la gente en Ucrania puede decir lo que quiere en ruso y no así en Rusia.

La segunda cosa que se pasa por alto es que la derecha extrema autoritaria en Rusia es infinitamente mucho más peligrosa que la derecha extrema autoritaria en Ucrania. De un lado, porque está en el poder. De otro, porque no cuenta con rivales significativos. De un tercero, porque no necesita adaptarse a demandas internacionales y su política exterior está basada abiertamente en una etnicización del mundo. Da igual lo que alguien sea de acuerdo a la ley o a sus preferencias: el hecho de que hable ruso lo convierte en un “Volksgenosse”** necesitado de la protección de Rusia o lo que es lo mismo, de una invasión. El parlamento ruso concedió a Putin la autoridad para invadir la totalidad de Ucrania y para transformar su estructura social y política. Un objetivo extraordinariamente radical. También envió una carta al ministro polaco de asuntos exteriores proponiéndole una partición de Ucrania. En las cadenas más populares de la televisión rusa se culpa a los judíos del Holocausto; en el periódico de más tirada, Izvestia, Hitler es rehabilitado como un hombre de Estado razonable que tuvo que responder a las demandas irrazonables de los países occidentales. Las manifestaciones a favor de la invasión de Ucrania las forma gente en uniforme y desfilando. La intervención rusa en Ucrania Oriental implica la producción de violencia étnica, no su supresión. El hombre que en Donetsk alzaba la bandera rusa era miembro de un partido neo-nazi.

[ **Volksgenosse (alemán “compatriota” esp. periodo Nazi) ]

Todo esto es consistente con las premisas ideológicas que fundamentan Eurasia. Si la integración europea parte de la premisa de que nacionalsocialismo y estalinismo son ejemplos a evitar, la integración de Eurasia parte de la premisa posmoderna y sobada de que la historia es una especie de caja de las sorpresas de la que pueden sacarse ideas útiles. Si la integración europea da por supuesta la democracia liberal, la ideología de Eurasia explícitamente la rechaza. Al principal ideólogo de Eurasia, Alexander Dugin***, quien en su día clamó por un fascismo “rojo como nuestra sangre”, se le presta hoy mayor atención que nunca. Sus tres ideas políticas básicas- la necesidad de colonizar Ucrania, la decadencia de la Unión Europea y la conveniencia del proyecto alternativo de Eurasia desde Lisboa a Vladivostok- son formuladas en declaraciones oficiales, cierto que en una forma menos salvaje que la suya- como parte de la política exterior rusa. El presidente Putin presenta a Rusia como la patria, no de la revolución, como los comunistas solían decir, sino de la contrarrevolución, una patria a la que siente rodeada. Describe a Rusia como a una civilización especial a la que hay que defender a cualquier precio, por más que su retahíla de mantras reaccionarios y la posesión accidental de hidrocarburos estén alimentando a Europa y al mundo.

[ ***Aleksandr Guélievich Duguin (Moscú, 7 de enero de 1962) es un analista geopolítico, filósofo político e historiador de las religiones principal ideólogo en la actualidad del neo-eurasianismo, con una cierta influencia sobre la opinión pública en Rusia. Fue consejero político del Partido Comunista de la Federación Rusa e ideólogo del ilegalizado Partido Nacional Bolchevique en la década de 1990 además de fundador del partido político Eurasia (Евразия) en el año 2002. Se lo ha caracterizado como un adalid de ideas antioccidentales, ultranacionalistas y fascistas. Varios analistas pro-occidentales le han llegado a apodar «el Rasputín de Putin» (Fuente: wikipedia) ]

Más allá de cualquier otra cosa lo que une a los líderes rusos con la extrema derecha europea es una básica deshonestidad, una mentira de tanto calado y que se autoalimenta de tal forma que tiene el potencial de destruir por completo un orden pacifico. Incluso cuando se ponen a despreciar a una Europa a la que presentan como un antro gay de perdición, la élite rusa sigue dependiendo de la Unión Europea a cualquier nivel que se piense. Sin el imperio de la ley, la cultura y la previsibilidad europeas los rusos no tendrían dónde lavar su dinero, ni dónde establecer las tapaderas para sus negocios, ni dónde mandar a sus hijos al colegio o pasar sus vacaciones. Europa es para Rusia a la vez la base de su sistema y su válvula de escape. De manera parecida el votante medio de Strache o Le Pen da por descontado un sinnúmero de elementos de paz y prosperidad, fruto de la integración europea. El ejemplo arquetípico de esto es la posibilidad de utilizar las próximas elecciones al parlamento europeo del 25 de mayo para votar opciones que se oponen a la existencia de dicho parlamento.

Al igual que Putin, Strache y Le Pen plantean una obvia contradicción: que los beneficios de la paz y prosperidad europeas perdurarán de alguna manera incluso cuando los europeos decidan volver a alguna forma de Estado nacional. Obviamente esto es una utopía tan necia cuanto anodina. No hay ningún Estado nacional al que se pueda regresar. En un mundo globalizado la única alternativa es interactuar en un sentido o en otro. Para países como Francia o Austria o para Grecia, Bulgaria y Hungría mismamente, rechazar la Unión Europea supone aceptar Eurasia. Los hechos son meridianos: si una Europa unida puede, y lo haría llegado el caso, responder adecuadamente a un agresivo Estado ruso basado en el petróleo, una colección de Estados-nación enfrentados entre sí no podrá. Los líderes de los partidos europeos de extrema derecha no tratan ya ni siquiera de ocultar que el intento de escapar de Bruselas les conducirá a los brazos de Putin. Miembros de estos partidos van a Crimea y se ponen a elogiar la farsa electoral como un modelo para Europa. En casi todos los casos su fidelidad, más que al supuesto gobierno ucraniano de extrema derecha, lo es a Putin. Hoy hasta el líder del UKIP difunde la propaganda de Putin sobre Ucrania en debates televisivos ante millones de telespectadores británicos.

Las elecciones presidenciales en Ucrania están previstas para el 25 de Mayo que, no por ninguna casualidad, es también el día en que se celebran las elecciones al parlamento europeo. Las incursiones rusas en el este de Ucrania están destinadas a impedir que esas elecciones tengan lugar en Ucrania. En las próximas semanas Eurasia será sinónimo de colaboración entre el Kremlin y la extrema derecha europea y Rusia procurará que no se celebren elecciones en Ucrania y los nacionalistas europeos ganar las que se celebren en Europa. Un voto para Strache o Le Pen o incluso para Farage es hoy un voto para Putin y una derrota de Europa es una victoria de Eurasia. El regreso al Estado-nación es imposible, así que la integración continuará en un sentido o en otro, lo que está en juego es sólo la forma que esa integración adoptará. Intelectuales y políticos solían afirmar que no había alternativa al proyecto europeo. Hoy sí la hay: Eurasia.

Ucrania no tiene futuro sin Europa pero tampoco Europa tiene futuro sin Ucrania. A lo largo de los siglos la historia de Ucrania ha puesto de manifiesto los puntos de inflexión en la historia europea. Parece que esto vuelve hoy a ser verdad. Desde luego que el curso que tomen las cosas depende aún, al menos durante las seis próximas semanas, de los europeos.

Die Linke* operate within a certain virtual reality created by Russian propaganda, in which the task of the European Left is now supposed to do, from Moscow’s perspective, is criticize the Ukrainian right – but not the European right, and certainly not the Russian right. Now, there is some basis for such criticism. Ukraine does have a far right, and its members do have some influence. Svoboda, which was Yanukovych’s house opposition, liberated itself from this role during the revolution. In the current Ukrainian government it holds four of twenty portfolios. This overstates both its electoral support, which is about 3%, and its representation in parliament. Some of the people who fought the police during the revolution, although by no means a majority were from a new group called Right Sector, some of whose members are radical nationalists. Its presidential candidate is polling at under 2%, and the group itself has something like three hundred members. There is support for the far right in Ukraine, although less than in most members of the European Union.

[ * The Left (German: Die Linke), also commonly referred to as the Left Party (German: Linkspartei), is a political party in Germany which describes itself as democratic socialist in orientation. The party was founded in 2007 as the merger of the post-communist Party of Democratic Socialism (PDS), successor to the Socialist Unity Party of Germany (SED) that ruled East Germany until 1989, and the Electoral Alternative for Labour and Social Justice (WASG), a left-wing breakaway from the Social Democratic Party of Germany (SPD). (Source: Wikipedia) ]

A revolutionary situation always favors extremists, and watchfulness is certainly in order. It is quite striking, however, that Kiev and Ukraine returned to order immediately after the revolution, and that the new government has taken an almost unbelievably calm stance in the face of Russian invasion. The only scenario in which Ukrainian extremists actually come to the fore is one in which Russia actually tries to invade the rest of the country. If presidential elections proceed as planned in May, then the unpopularity and weakness of the Ukrainian far right will be revealed. This is why Moscow opposes those elections.

People who criticize only the Ukrainian right often fail to notice two very important things. The first is that the revolution in Ukraine came from the Left. Its enemy was an authoritarian kleptocrat, and its central program was social justice and the rule of law. It was initiated by a journalist of Afghan background, its first two mortal casualties were an Armenian and a Belarusian, and it was supported by the Muslim Crimean Tatar community as well as many Ukrainian Jews. A Jewish Red Army veteran was among those killed in the sniper massacre. Multiple IDF veterans returned from Israel to Ukraine to fight for freedom.

The Maidan functioned in two languages simultaneously, Ukrainian and Russian, because Kiev is a bilingual city and Ukraine is a a bilingual country and Ukrainians are bilingual people. Indeed, the motor of the revolution was the Russian-speaking middle class of Kiev. The current government is unselfconsciously multiethnic and multilingual. Ukraine is a cosmopolitan place where considerations of language and ethnicity count for less then we think. In fact, Ukraine is now the site of the largest and most important free media in the Russian language, since all important media in Ukraine appear in Russian, and since freedom of speech prevails. Putin’s idea of defending Russian speakers in Ukraine is absurd on many levels, but one of them is this: people can say what they like in Russian in Ukraine, but they cannot do so in Russia itself.

This is the second thing that goes unnoticed. The authoritarian far right in Russia is infinitely more dangerous than the authoritarian far right in Ukraine. It is in power, for one thing. It has no meaningful rivals, for another. It does not have to accommodate itself to international expectations, for a third. And it is now pursuing a foreign policy that is based openly upon the ethnicization of the world. It does not matter who an individual is according to law or his own preferences: that fact that he speaks Russian makes him a Volksgenosse** requiring Russian protection, which is to say invasion. The Russian parliament granted Putin the authority to invade the entirety of Ukraine and to transform its social and political structure, which is an extraordinarily radical goal. It also sent a missive to the Polish foreign ministry proposing a partition of Ukraine. On popular Russian television Jews are blamed for the Holocaust; in the major newspaper Izvestiia Hitler is rehabilitated as a reasonable statesman responding to unreasonable western pressure. The pro-war demonstrations supporting the invasion of Ukraine are composed of people who wear monochrome uniforms and march in formation. The Russian intervention in eastern Ukraine involves generating ethnic violence, not suppressing it. The man who raised the Russian flag in Donetsk was a member of a neo-Nazi party.

[ **Volksgenosse: member of the (German) nation ( esp. during Nazi time) ]

All of this is consistent with the fundamental ideological premise of Eurasia. Whereas European integration begins from the premise that National Socialism and Stalinism were negative examples, Eurasian integration begins from the more jaded and postmodern premise that history is a sort of grab bag of useful ideas. Whereas European integration presumes liberal democracy, Eurasian ideology explicitly rejects it. The main Eurasian ideologist, Alexander Dugin***, who once called for a fascism “as red as our blood,” receives more attention now than ever before. His three basic political ideas – the need to colonize Ukraine, the decadence of the European Union, and the desirability of an alternative Eurasian project from Lisbon to Vladivostok — are now all officially enunciated, in less wild forms than his to be sure, as Russian foreign policy. President Putin presents Russia today as an encircled homeland, not of the revolution as the communists used to say, but of the counter-revolution. He portrays Russia is a special civilization which must be defended at al costs, even though it generates power in Europe and the world through its rather generic collection of reactionary mantras and its accidental possession of hydrocarbons.

[ ***Aleksandr Gelyevich Dugin (Russian: Алекса́ндр Ге́льевич Ду́гин, born 7 January 1962) is a Russian political scientist, traditionalist, and one of the most popular ideologists of the creation of a Eurasian empire that would be against the “North Atlantic interests”. He is known for his fascist views, and had close ties to the Kremlin and Russian military. Dugin serves as an adviser to State Duma speaker (and key member of the ruling United Russia party) Sergei Naryshkin.Dugin was the leading organizer of the National Bolshevik Party, National Bolshevik Front, and Eurasia Party. His political activities are directed toward restoration of the Russian Empire through partitioning of the former Soviet republics, such as Georgia and Ukraine, and unification with Russian-speaking territories, especially Eastern Ukraine and Crimea. (Source: wikipedia) ]

More than anything else, what unites the Russian leadership with the European far right is a certain basic dishonesty, a lie so fundamental and self-delusive that it has the potential to destroy an entire peaceful order. Even as Russian leaders pour scorn on a Europe they present as a gay fleshpot, Russia’s elite is dependent upon the European Union at every conceivable level. Without European predictability, law, and culture, Russians would have nowhere to launder their money, establish their front companies, send their children to school, or spend their vacations. Europe is both the basis of the Russian system and its safety valve. Likewise, the average Strache or Le Pen voter takes for granted countless elements of peace and prosperity that were achieved as a result of European integration. The archetypical example is the possibility, on 25 May, to use free and fair democratic elections to the European parliament to vote for people who claim to oppose the existence of the European parliament.

Like Putin, Strache and Le Pen propose an obvious contradiction: all of the benefits of European peace and prosperity will somehow remain, even as Europeans return to some form of national state. But this, of course, is a utopia as stupid as it is colorless. There is no nation state to which anyone can return. The only alternatives in a globalized world are various forms of interaction. For countries like France or Austria, or for that matter Greece, Bulgaria, and Hungary, the rejection of the European Union is the embrace of Eurasia. This is the simple objective reality: a united Europe can and most likely will respond adequately to an aggressive Russian petrostate, whereas a collection of quarreling nation-states will not. The leaders of Europe’s right-wing parties no longer even attempt to hide that their escape from Brussels leads them into the arms of Putin. Their party members go to Crimea and praise the electoral farce as a model for Europe. Their allegiance, in almost single case, is to Putin rather than to the supposedly far right Ukrainian government. Even the leader of UKIP now shares Putin’s propaganda on Ukraine with millions of British viewers in a televised debate.

Presidential elections in Ukraine are to be held on 25 May, which by no coincidence is also the day of elections to the European parliament. The ongoing Russian intervention in eastern Ukraine is meant to prevent these elections from taking place. In the next few weeks, Eurasia means the collaboration of the Kremlin and the European far right as Russia tries to prevent the Ukrainian elections from happening at all, and as European nationalists try to win European elections. A vote for Strache or Le Pen or even Farage is now a vote for Putin, and a defeat for Europe is a victory for Eurasia. The return to the nation-state is impossible, so integration will continue in one form or another: all that can be decided is the form. Politicians and intellectuals used to say that there was no alternative to the European project, but now there is: Eurasia.

Ukraine has no future without Europe, but Europe also has no future without Ukraine. Throughout the centuries, the history of Ukraine has revealed the turning points in the history of Europe. This seems still to be true today. Of course, which way things will turn still depends, at least for the next six weeks, on the Europeans.

 

 

 

 

 

 

 

“El Proyecto de Putin” por Timothy Snyder II // “Putin´s Project” by Timothy Snyder II

En las políticas de la memoria de hoy cuenta mucho más la propaganda de la posguerra que la experiencia de la guerra. Nadie en el poder se acuerda hoy de la segunda guerra mundial por más que algunos líderes rusos parezcan creer en la versión que les contaron de niños. Los líderes políticos en la actualidad en Rusia son hijos de la generación de 1970, es decir, del culto a la guerra de Brezhnev, de La Gran Guerra por la Madre Patria, que fue convirtiéndose simplemente en guerra de los rusos, sin ucranianos ni judíos. Los judíos sufrieron más que cualquier otro pueblo soviético pero al Holocausto no se le hacía sitio en la historia soviética. Se lo mencionaba sobre todo en la propaganda dirigida a los países occidentales en la que el sufrimiento de los judíos era atribuido por entero a los ucranianos y a otros nacionalistas- poblaciones que vivían en el territorio que Stalin había conquistado como aliado de Hitler en 1939 durante la guerra y poblaciones que habían resistido al poder soviético cuando éste regresó en 1945. Es ésta una tradición a la que la propaganda rusa ha vuelto en la presente crisis ucraniana: indiferencia total respecto al Holocausto salvo como recurso político útil para manipular a la gente de los países occidentales.

En los años 70 la Unión Soviética fue rusificada en un sentido particular. Se llegó a la conclusión ideológica de que las clases existían dentro de la Unión Soviética en sí pero no individualmente dentro de las naciones. De aquí se derivó la necesidad de que la URSS contara con una sola clase dirigente y no con varias nacionales. Esto condujo a que la lengua ucraniana fuera expulsada de las escuelas y sobre todo de la enseñanza superior. El ucraniano se mantuvo como una lengua de baja cultura y, paradójicamente, como una lengua de  muy alta cultura, pues ni siquiera en estos momentos se negaba en la URSS  la existencia de una tradición ucraniana distintiva en las artes y humanidades. En medio de esta atmósfera los patriotas ucranianos, incluso los nacionalistas ucranianos, adoptaron una concepción cívica de la identidad ucraniana. Fueron ayudados en esto por intelectuales polacos en el exilio, que en los 70 y 80 estaban definiendo una política exterior para un futuro sin comunismo.

Estos pensadores, agrupados en torno a Jerzy Giedroyc y al semanario Kultura en Paris, argumentaban que Ucrania era una nación en el mismo sentido en que lo era Polonia y que una futura Polonia independiente debería reconocer una futura Ucrania independiente, sin cuestionar sus fronteras. Dado que como consecuencia de la guerra Polonia había perdido las tierras que ahora se conocían como Ucrania occidental, el argumento suscitó controversia en su día. Retrospectivamente fue un primer paso que tanto Ucrania como Polonia dieron en dirección a las instituciones legales y normativas imperantes en la Europa de la posguerra. El reconocimiento preventivo de las fronteras de Ucrania se convirtió en 1989 en la base de una política exterior polaca de “estándares europeos”. En el periodo crucial entre 1989 y 1991, y por  primera vez en la historia, los nacionalistas ucranianos sólo se encontraban con un contrincante: la Unión Soviética. En Diciembre de 1991 más del 90% de los habitantes de la Ucrania soviética votaron a favor de la independencia (una mayoría que englobaba a todas las regiones ucranianas)

A partir de ese momento Rusia y Ucrania siguieron caminos separados. En ambos países las privatizaciones y el desorden institucional y civil llevaron a un sistema oligárquico. Los oligarcas rusos fueron sometidos por un Estado centralizado. En Ucrania los oligarcas generaron una especie particular de pluralismo. Hasta hace muy poco todos los presidentes ucranianos oscilaban entre este y oeste en lo que se refiere a su política exterior y entre los diferentes clanes oligárquicos en lo que se refiere a sus lealtades domésticas. En el caso de Yanukovych lo que fue inusual fue que tratara de cargarse el pluralismo, no ya el popular sino también el oligárquico. En política doméstica estableció una apariencia de democracia en la que favoreció al partido de la extrema derecha Svodoba como partido opositor. Actuando así se colocó en una situación en la que podía ganar elecciones y en la que podía presentarse ante los observadores internacionales como la mejor alternativa frente a los nacionalistas. En política exterior se vio empujado hacia la Rusia de Vadimir Putin, no tanto porque en sí lo deseara sino porque su manera de dirigir el país hacía difícil una cooperación seria con la Unión Europea. Según parece los robos de Yanukovitch de las arcas públicas pusieron a éstas al borde de la bancarrota en 2013, lo que volvió a Yanukovitch más vulnerable a Rusia.

No era posible seguir oscilando entre Rusia y los países occidentales. Sin embargo, Rusia había dejado de ser en 2013 un Estado ruso con intereses más o menos calculables para convertirse antes bien en un proyecto de integración eurasiática de mayor alcance. El proyecto eurasiático se compone de dos partes: la creación de un bloque de libre comercio entre Rusia, Ucrania, Bielorrusia y Kazajstán y la destrucción de la Unión Europea mediante el apoyo a la extrema derecha en Europa. Un conservadurismo imperial y social es la pantalla ideológica de un objetivo eminentemente simple. El régimen de Putin depende de la venta a Europa de hidrocarburos  a través de gasoductos. Una Europa unida puede desarrollar una política energética única ante la amenaza de la impredecible conducta de Rusia o ante la del cambio climático o ante las dos. Por el contrario una Europa desunida se volvería más dependiente de los hidrocarburos de Rusia. Los Estados- nación individuales serían más maleables que la UE. A lo largo de 2013 los medios de comunicación cercanos al Kremlin no paraban de hablar de la decadencia europea expresándose generalmente en términos sexuales. Pero la decadencia de Europa no es tanto la realidad percibida por el régimen de Putin cuanto el objetivo de su política.

Justo en el momento de formular sus tremendas ambiciones el orgullo de la postura eurasiática chocó contra la realidad de la sociedad ucraniana. El intento de atraer a Ucrania a la órbita de Eurasia produjo a finales de 2013 y principios de 2014 justamente el resultado contrario. Rusia, primero, disuadió públicamente a Yanukovitch de la firma de un acuerdo comercial con la UE provocando protestas en Ucrania. A continuación Rusia ofreció un generoso préstamo y precios ventajosos en el gas a cambio de reprimir las protestas. En Enero la promulgación de leyes de sesgo ruso hizo que las protestas se transformaran en un movimiento de masas. Se conviertió en criminales a millones de personas que protestaban pacíficamente empezando algunas de ellas a defenderse contra la policía. Rusia, finalmente, tanto privada como públicamente, dejó claro a Yanukovitch que si quería recibir el dinero tendría que acabar con las protestas en Kiev. A esto le siguió la masacre de Febrero a cargo de francotiradores, lo que dió a los revolucionarios una clara victoria política y moral obligando a Yanukovitch a huir a Rusia. La Unión Eurasiática sólo puede ser un club de dictaduras, pero el intento de crear una dictadura en Ucrania llevó a un resultado exactamente opuesto al que se deseaba: el regreso del régimen parlamentario, el anuncio de elecciones presidenciales y una política exterior orientada hacia Europa. Nada de esto hubiera sido posible sin la movilización espontánea de millones de ucranianos en la plaza Maidán de Kiev y a lo largo de todo el país.

Esto hizo que la revolución en Ucrania no sólo supusiera un desastre para la política exterior rusa sino un reto para el propio régimen ruso en casa. La debilidad de la política de Putin es que no puede dar cuenta de las acciones de hombres libres que deciden organizarse para dar respuesta a sucesos históricos impredecibles. Su fortaleza son la audacia táctica y la desfachatez ideológica, así que Eurasia no tardó en ser modificada: ya no equivalía a un club de dictadores y al intento de destruir la UE sino más bien al intento de desestabilizar al mismo tiempo el Estado ucraniano y la UE. La propaganda rusa presentaba la revolución ucraniana como un golpe de Estado a cargo de nazis y culpaba a los europeos de apoyar a estos supuestos nazis. Por más que ridícula, esta versión encajaba mucho mejor en el paisaje mental de Putin al eliminar la debacle de su política exterior en Ucrania y al sustituir la iniciativa espontánea de los ucranianos por conspiraciones extranjeras.

La invasión y ocupación de la provincia ucraniana de Crimea ha sido un ataque frontal al orden de seguridad europeo así como al Estado ucraniano, ha generado en los alemanes y otros pueblos la tentación de volver a pensar el mundo en los tradicionales términos coloniales, pasando por alto décadas de imperio de la ley y contemplando a los ucranianos como indignos de tener un Estado. Reveladoramente la anexión rusa se llevó a cabo con la ayuda de los aliados extremistas de Putin en Europa. Ninguna organización con cierta reputación iba a actuar de observadora en una farsa electoral en la que el 97% de los habitantes de Crimea  supuestamente votaron a favor de ser anexionados. No obstante una abigarrada delegación de populistas de derecha, neo-Nazis y miembros del partido alemán Die Linke estuvieron encantados de ir y apoyar los resultados. La delegación alemana en Crimea estuvo compuesta por cuatro miembros de Die Linke y un miembro de Neue Rechte. Una combinación reveladora.

Ingram Pinn illustration

It is the propaganda of the postwar much more than the experience of the war that counts in the memory politics of today. No one in power now remembers the Second World War, although some Russian leaders seem to believe the version that they were taught as children. The leading politicians of today in Russia are children of the 1970s, and thus of the Brezhnevian cult of the war. The Great Fatherland War became more simply Russian, without Ukrainians and Jews. The Jews suffered more than any other Soviet people, but the Holocaust as such had no place in Soviet history. It appeared mainly in propaganda directed to the West, in which the suffering of Jews was blamed entirely on Ukrainian and other nationalists – people who lived on the territories Stalin had conquered during the war as Hitler’s ally in 1939, and people who had resisted Soviet power when it returned in 1945. This is a tradition, to which Russian propagandists have returned in today’s Ukrainian crisis: total indifference to the Holocaust except as a political resource useful in manipulating people in the West.

In the 1970s the Soviet Union itself was russified, in a certain special way. The ideological conclusion was drawn that classes exist within the Soviet Union itself and not within individual nations. Thus the USSR needed only one thinking class, and not multiple national ones. As a result the Ukrainian language was driven from schools, and especially from higher education. It remained as a language of low culture and, paradoxically, of very high culture, as even at this point no one in the USSR denied the existence of a distinct Ukrainian tradition in the arts and humanities. In this atmosphere Ukrainian patriots, and even Ukrainian nationalists, embraced a civic understanding of Ukrainian identity. They were aided in this by Polish émigré intellectuals, who in the 1970s and 1980s were defining a future foreign policy for a period after communism.

These thinkers, grouped around Jerzy Giedroyc and the journal Kultura in Paris, argued that Ukraine was a nation in the same sense as Poland, and that a future independent Poland should recognize a future independent Ukraine — without challenging its borders. This was controversial at the time, because Poland lost the lands now know as western Ukraine as a result of the war. In retrospect it was a first step, for both Ukraine and Poland, towards the legal and intuitional norms of postwar Europe. The preemptive recognition of Ukraine within its existing borders became the basis for a Polish foreign policy of „European standards“ in 1989. In the crucial period between 1989 and 1991, and for the first time in history, Ukrainian national activists only had one opponent: the Soviet Union. In December 1991, more than 90% of the inhabitants of Soviet Ukraine voted for independence (including a majority in all regions of Ukraine).

Russia and Ukraine then went their separate ways. Privatization and lawlessness led to oligarchy in both countries. In Russia the oligarchs were subdued by a centralized state, whereas in Ukraine they generated their own sort of pluralism. Until very recently all presidents in Ukraine oscillated between east and west in the foreign policy and among oligarchical clans in their domestic loyalties. What was unusual about Viktor Yanukovych is that he tried to end all pluralism, not only the popular sort but the oligarchical sort as well. In domestic policy he generated a fake democracy, in which his favored opponent was the far right party Svoboda. In so doing he created a situation in which he could win elections and in which he could tell foreign observers that he was at least better than the nationalist alternative. In foreign policy he found himself pushed towards the Russia of Vladimir Putin, not so much because he desired this as such, but because the way in which he ruled made substantial cooperation with the European Union difficult. Yanukovych seems to have stolen so much from state coffers that the state itself was on the point of bankruptcy in 2013, which also made him vulnerable to Russia.

Oscillating between Russia and the West was no longer possible. By 2013 however Moscow no longer represented simply a Russian state with more or less calculable interests, but rather a much grander project of Eurasian integration. The Eurasian project had two parts: the creation of a free trade bloc of Russia, Ukraine, Belarus, and Kazakhstan, and the destruction of the European Union through the support of the European far right. Imperial social conservatism provided the ideological cover for a goal that was eminently simple. The Putin regime depends upon the sale of hydrocarbons that are piped to Europe. A united Europe could generate an energy policy, under the pressures of Russian unpredictability or global warming or both. But a disintegrated Europe would remain dependent on Russian hydrocarbons. Individual nation-states would be more pliable than the EU. Throughout 2013 media close to the Kremlin returned obsessively to the theme of European decadence, usually expressed in sexual terms. But the decay of Europe is not so much the reality perceived by the Putin regime as the goal of its policy.

Just as soon as these vaulting ambitions were formulated, the proud Eurasian posture crashed upon the reality of Ukrainian society. In late 2013 and early 2014, the attempt to bring Ukraine within the Eurasian orbit produced exactly the opposite result. First, Russia publically dissuaded Yanukovych from signing a trade agreement with the EU. This brought protests in Ukraine. Then Russia offered a large loan and favorable gas prices in exchange for crushing the protests. Russian-style laws introduced in January transformed the protests into a mass movement. Millions of people who had joined in peaceful protests were suddenly transformed into criminals, and some of them began to defend themselves against the police. Finally, Russia made clear, both privately and publically, that Yanukovych had to clear Kiev of protestors in order to receive the money. Then followed the sniper massacre of February, which gave the revolutionaries a clear moral and political victory, and forced Yanukovych to flee to Russia. The Eurasian Union could only be a club of dictatorships, but the attempt to create dictatorship in Ukraine led to an outcome exactly the opposite of what was desired: the return of parliamentary rule, the announcement of presidential elections, and a foreign policy oriented to Europe. None of this would have happened without the spontaneous self-organization of millions of Ukrainians on the Maidan in Kiev and throughout the country.

This made the revolution in Ukraine not only a disaster for Russian foreign policy, but a challenge to the Russian regime at home. The weakness of Putin’s policy is that it cannot account for the actions of free human beings who choose to organize themselves in response to unpredictable historical events. Its strength is its tactical dexterity and ideological shamelessness. Thus Eurasia was very quickly modified: it was no longer a dictators’ club and the attempt to destroy the EU, but rather the attempt to destabilize the Ukrainian state and the EU at the same time. Russian propaganda presented the Ukrainian revolution as a Nazi coup, and blamed Europeans for supporting these supposed Nazis. This version, although ridiculous, was much more comfortable in Putin’s mental world, since it removed from view the debacle of Russian foreign policy in Ukraine, and replaced spontaneous action by Ukrainians with foreign conspiracies.

The Russian invasion and occupation of the Ukrainian province of Crimea was a frontal challenge to the European security order as well as to the Ukrainian state. It created the temptation for Germans and others to return to the traditional world of colonial thinking, ignoring decades of law and regarding the Ukrainians as unworthy of statehood. The Russian annexation was carried out, tellingly, with the help of Putin’s extremist allies throughout Europe. No reputable organization would observe the electoral farce by which 97% of Crimeans supposedly voted to be annexed. But a ragtag delegation of right-wing populists, neo-Nazis, and members of the German party Die Linke were happy to come and endorse the results. The German delegation to Crimea was composed of four members of Die Linke and one member of Neue Rechte. This is a telling combination.

 

 

“El Proyecto de Putin” por Timothy Snyder I // “Putin´s Project” by Timothy Snyder I

Joseph Stalin convirtió estos fracasos en una victoria política achacándoselos a los nacionalistas ucranianos y a los extranjeros que les apoyaban. Continuó confiscando tierras en Ucrania sabiendo que ello suponía condenar a la desnutrición a millones de seres humanos y aplastó a la intelectualidad ucraniana. Más de tres millones de personas murieron de hambre en la Ucrania soviética. El resultado fue el establecimiento de un sistema soviético de intimidación en el que Europa era presentada únicamente como amenaza. Stalin argumentaba-absurdamente pero con eficacia- que la hambruna de los ucranianos era una cosa llevada a cabo deliberadamente por ellos mismos siguiendo órdenes de Varsovia. Más tarde la propaganda soviética tacharía de agente nazi a cualquiera que mencionara la hambruna. Entraba así en la política la dicotomía fascista – antifascista según la cual Moscú representaba todo lo bueno y los críticos con Moscú el fascismo. Esta eficaz pose retórica no impidió, sin embargo, una alianza de hecho de la URSS con los nazis en 1939. Dado que la propaganda rusa de hoy vuelve por los derroteros del anti-fascismo conviene no olvidar este punto: todo ese gran maniqueísmo moral estaba puesto al servicio del Estado y en tanto que tal evitaba  poner a éste ningún límite. La adopción del anti-fascismo como estrategia no es lo mismo que tener que enfrentarse al fascismo real.

Ucrania se encontraba en el centro de la política que Stalin designó como “colonización interna” y se encontraba también en el centro de la “colonización externa” de los planes de Hitler. El “Lebensraum” (“espacio vital”) de Hitler lo constituía ante todo Ucrania. El poder soviético tenía que ser desalojado de sus fértiles tierras y éstas explotadas en beneficio de Alemania. El plan de Hitler contemplaba continuar con las colectivizaciones de Stalin, sólo que en lugar de hacia el este los abastecimientod se reconducirían en dirección oeste. Los planificadores alemanes contaban con que la implementación costaría la muerte por inanición a unos treinta millones de habitantes de la Unión Soviética. Naturalmente que para esta forma de pensar los ucranianos sólo contaban en tanto que subhumanos incapaces de llevar a cabo una vida política normal y  aptos sólo para ser colonizados. Ningún otro país europeo fue sometido a una colonización tan intensa como lo fue Ucrania y ningún otro país sufrió tanto: entre 1933 y 1945 fue el lugar más mortífero del planeta.

En la Alemania de hoy sigue sin reflexionarse sobre esas iniciativas de expansión colonial. Los alemanes reflexionan sobre los crímenes perpetrados contra los judíos y contra la Unión Soviética (recordada falsamente como Rusia), pero casi nadie en Alemania reconoce que el objetivo central del pensamiento y la práctica de su expansión colonial fue precisamente Ucrania. Líderes alemanes tan eminentes como  Helmut Schmidt no vacilan, incluso hoy, en excluir a los ucranianos de los preceptos al uso del derecho internacional. La idea de que los ucranianos no son seres humanos normales sigue vigente, con la perversa vuelta de tuerca de achacar a los ucranianos la responsabilidad de crímenes cometidos en Ucrania, que en realidad  fueron fruto de la política de los alemanes y que nunca hubieron tenido lugar sin la guerra que éstos provocaron y sin las políticas alemanas de expansión colonial.

Aunque el objetivo principal de la guerra era la destrucción de la Unión Soviética, Hitler se encontró con que para empezar la guerra necesitaba una alianza con la Unión Soviética. Después de constatar que Polonia resistiría, Hitler convenció a Stalin para llevar a cabo una doble invasión. Stalin llevaba anhelando años una invitación así y desde hacía tiempo la política soviética tenía como mira la destrucción de Polonia. Lo que es más, Stalin pensaba que una alianza con Hitler o, en otras palabras, la cooperación con la extrema derecha europea era clave para conseguir la destrucción de Europa. Creía que la alianza germano-soviética haría que Alemania se volviera contra sus vecinos del oeste y que esto conduciría al debilitamiento o incluso a la destrucción del capitalismo europeo. Como veremos, esto no queda  muy lejos de ciertos cálculos manejados hoy por Vladimir Putin.

La consecuencia de la invasión germano-soviética fue la derrota de Polonia y la destrucción del Estado polaco así como un importante impulso al nacionalismo ucraniano. En los años 30 no existió en la Unión Soviética ningún movimiento nacional ucraniano: era imposible que existiese. Con todo, sí que hubo en Polonia un grupo terrorista clandestino conocido como Organización de Nacionalistas Ucranianos. En tiempos de paz su activismo era poco más que un incordio, pero en tiempos de guerra su importancia creció. La O.N.U. se oponía tanto al dominio polaco como al soviético sobre lo que consideraba territorios ucranianos y, por lo tanto, veía una invasión alemana hacia el este como la única manera de que comenzase el proceso de construcción de un Estado ucraniano. De esta manera la O.N.U. apoyó a Alemania cuando ésta invadió Polonia en 1939 y la volvería a apoyar en 1941 cuando Alemania traicionó a su aliado e invadió la URSS.

Entretanto la ocupación soviética del este de Polonia también dio un impulso al nacionalismo ucraniano. Las clases dirigentes polacas y los líderes de los partidos políticos ucranianos tradicionales fueron deportados o asesinados. Los nacionalistas ucranianos, acostumbrados a vivir en la clandestinidad, salieron mejor parados. Fue frecuente que revolucionarios ucranianos de extrema izquierda- bastante numerosos antes de la guerra- se pasaran a la extrema derecha después de la experiencia del dominio soviético. Además, los mismos soviéticos habían asesinado al líder de la Organización de Nacionalistas Ucranianos, lo que llevó a que dos hombres jóvenes se disputaran el poder en su seno: Stepan Bandera y Andrii Melnyk. En 1941 los nacionalistas ucranianos trataron de atraerse la colaboración política de los alemanes pero no lo consiguieron. Ciento de nacionalistas ucranianos se unieron como guías e intérpretes a las filas  alemanas en la invasión de la URSS y algunos ayudaron a los alemanes en la organización de progromos. En junio de 1941 políticos nacionalistas ucranianos quisieron cobrarse la deuda declarando la independencia de Ucrania. Hitler no tenía ningún interés en semejante programa. Buena parte de los líderes nacionalistas fueron asesinados o encarcelados. El mismo Stepan Bandera pasaría  casi todo el resto de la guerra en el campo de concentración de Sachsenhausen. Algunos ucranianos siguieron colaborando con la esperanza de ganar experiencia militar o de que algún revés político hiciera que los alemanes los necesitaran. Pero, al igual que en el resto de Europa, en la Ucrania ocupada la colaboración tuvo poco que ver con la política.

En el transcurso de la guerra, a medida que el poder soviético reemplazaba al alemán, muchos nacionalistas ucranianos se iban preparando para la revuelta. Para ellos, la URSS era el principal enemigo, en parte por razones ideológicas, pero sobre todo porque estaba ganando la guerra. Los nacionalistas formaron en Volinia un ejército insurgente ucraniano cuyo cometido era derrotar de alguna manera a los soviéticos después de que éstos hubieran derrotado a los alemanes. Entretanto, este ejército se entregó en 1943 a una limpieza étnica de polacos asesinando al mismo tiempo a judíos que estaban refugiados junto con ellos en sus escondites. No se trató aquí de ninguna colaboración con los alemanes sino de lo que la parte criminal de los líderes nacionalistas ucranianos entendía por revolución nacional. Más tarde sí que se enfrentarían a los soviéticos en una terrible lucha partisana en la que las dos partes utilizarían las tácticas más brutales. Fue Khruschev el que, para amedrentar a la población local, ordenó que los soviéticos superaran en crueldad a los nacionalistas.

La colaboración política y el levantamiento de los nacionalistas ucranianos fueron, con todo, un elemento menor en la historia de la ocupación alemana. Como consecuencia de la guerra unos seis millones de personas fueron asesinadas en el territorio de lo que hoy es Ucrania, incluyendo un millón y medio de judíos. Los alemanes desarrollaron las técnicas de matanzas masivas en Kamenets Podils´kyi y Babyi Iar, donde más de veinte mil,  en el primer caso, y más de treinta mil judíos, en el segundo, fueron tiroteados en masa. A lo largo de  la Ucrania soviética ocupada la población local colaboró con los alemanes, igual que ocurrió a lo largo de la URSS ocupada y, desde luego, a lo largo de la Europa ocupada. Pero fue mucha, muchísima más gente, la que fue asesinada por los alemanes que la que colaboró con ellos, cosa que no puede decirse de ningún país ocupado de Europa occidental. Una gran mayoría de los ucranianos que combatieron en la guerra lo hicieron en uniforme del ejército rojo. Murieron más soldados ucranianos luchando contra el ejército alemán que soldados americanos, británicos y franceses juntos. Estos hechos básicos se ignoran hoy en Alemania porque al Ejército Rojo se  lo homologa  falsamente con el Ejército Ruso, una identificación en la que se empeña la propaganda rusa de hoy. Si el Ejército Rojo era el Ejército de Rusia entonces los ucranianos tenían que ser el enemigo. Fue el mismo Stalin quien al final de la guerra urdió esta línea de pensamiento. La idea de la Gran Guerra por la Madre Patria cumplía tres propósitos: situar el comienzo en 1941 y no en 1939 de modo que la alianza nazi-soviética quedaba en el olvido; situar a Rusia en el centro de los acontecimientos aunque fue Ucrania la que de hecho lo estuvo mucho más e ignorar por complemento el sufrimiento judío.

Joseph Stalin transformed these failures into a political victory by blaming them upon Ukrainian nationalists and their foreign supporters. He continued requisitions in Ukraine in the full knowledge that he was starving millions of human beings, and crushed the new Ukrainian intelligentsia. More than three million people were starved in Soviet Ukraine. The consequence was a new Soviet order of intimidation, where Europe was presented only as a threat. Stalin claimed, absurdly but effectively, that Ukrainians were deliberately starving themselves on orders from Warsaw. Later, Soviet propaganda maintained that anyone who mentioned the famine must be an agent of Nazi Germany. Thus began the politics of fascism and anti-fascism, where Moscow was the defender of all that was good, and its critics were fascists. This very effective rhetorical pose did not preclude an actual Soviet alliance with the actual Nazis in 1939. Given the return of Russian propaganda today to anti-fascism, this is an important point to remember: the whole grand moral Manichaeism was meant to serve the state, and as such did not limit it in any way. The embrace of anti-fascism as a strategy is quite different from opposing actual fascists.

Ukraine was at the center of the policy that Stalin called „internal colonization“; it was also at the center of Hitler’s plans for an external colonization. His Lebensraum was before all Ukraine. Its fertile soil was to be cleared of Soviet power and exploited for Germany. The plan was to continue the use of Stalin’s collective farms, but to divert the food from east to west. Along the way German planners expected that some thirty million inhabitants of the Soviet Union would starve to death. In this style of thinking, Ukrainians were of course subhumans, incapable of normal political life, fit only for colonization. No European country was subject to such intense colonization as Ukraine, and no European country suffered more: it was the deadliest place on earth between 1933 and 1945.

In the Germany of today, colonial assumptions remain unexamined. Germans are reflective about crimes against Jews and against the Soviet Union (falsely remembered as Russia), but almost no one in Germany recognizes that the central object of German colonial thinking and practice was precisely Ukraine. German leaders as prominent as Helmut Schmidt do not hesitate, even today, to exclude Ukrainians from the normal precepts of international law. The idea that Ukrainians are not normal human beings persists, now with the vicious twist that Ukrainians are held responsible for the crimes in Ukraine that were in fact German policy and would never have taken place without a German war and German policies of colonization.

Although Hitler’s main war aim was the destruction of the Soviet Union, he found himself needing an alliance with the Soviet Union to begin armed conflict. In 1939, after it became clear that Poland would fight, Hitler recruited Stalin for a double invasion. Stalin had been hoping for years for such an invitation. Soviet policy had been aiming at the destruction of Poland for years. Moreover, Stalin thought that an alliance with Hitler, in other words cooperation with the European far right, he thought, was the key to destroying Europe. A German-Soviet alliance would turn Germany, he expected, against its western neighbors, and lead to the weakening or even the destruction of European capitalism. This is not so different from a certain calculation made by Vladimir Putin today, as we shall see.

The result of the cooperative German-Soviet invasion was the defeat of Poland and the destruction of the Polish state, but also an important development in Ukrainian nationalism. There had been in the 1930s no Ukrainian national movement in the Soviet Union: such a thing was impossible. There was however an underground terrorist movement in Poland known as the Organization of Ukrainian Nationalists. It was little more than an irritant in normal times, but with war its importance grew. The OUN opposed both Polish and Soviet rule of what it saw as Ukrainian territories, and thus saw a German invasion of the east as the only way that a Ukrainian statebuilding process could begin. Thus the OUN supported Germany in its invasion of Poland in 1939 and would again in 1941, when Germany betrayed its ally and invaded the USSR.

Meanwhile, the Soviet occupation of eastern Poland between 1939 and 1941 also favored Ukrainian nationalism. The Polish ruling classes and the leaders of traditional Ukrainian political parties were deported or killed. Ukrainian nationalists, used to life underground, fared better. Ukrainian left-wing revolutionaries, who had been quite numerous before the war, often shifted to the radical right after experience with Soviet rule. In addition, the Soviets themselves assassinated the leader of the Organization for Ukrainian Nationalists, which brought a struggle for power between two younger men, Stepan Bandera and Andrii Melnyk. Ukrainian nationalists tried political collaboration with Germany in 1941, and failed. Hundreds of Ukrainian nationalists joined in the German invasion of the USSR as scouts and translators, and some of them helped the Germans organize pogroms. Ukrainian nationalist politicians tried to collect their debt by declaring an independent Ukraine in June 1941. Hitler was completely uninterested in such a prospect. Much of the nationalist leadership was killed or incarcerated. Stepan Bandera himself spent most of the rest of the war in Sachsenhausen. Some Ukrainians continued to collaborate with the hope of gaining military experience or of some future political reversal when the Germans might need them. But in occupied Ukraine, as everywhere in Europe, the vast majority of practical collaboration had little to do with politics.

As the war continued many Ukrainian nationalists prepared themselves for a moment of revolt as Soviet power replaced German. They saw the USSR as the main enemy, partly for ideological reasons, but mainly because it was winning the war. In Volhynia Ukrainian nationalists established a Ukrainian Insurgent Army whose task was to somehow defeat the Soviets after the Soviets had defeated the Germans. Along the way it undertook a massive and murderous ethnic cleansing of Poles in 1943, killing at the same time a number of Jews who had been hiding with Poles. This was not in any sense collaboration with the Germans, but rather the murderous part of its leaders saw as a national revolution. The Ukrainian nationalists did then fight the Soviets in a horrifying partisan war, in which the most brutal tactics were used by both sides. It was Khruschev who ordered that the Soviets exceed the nationalists in brutality to cow the local population.

The political collaboration and the uprising of Ukrainian nationalists were, all in all, a minor element in the history of the German occupation. As a result of the war something like six million people were killed on the territory of today’s Ukraine, including about 1.5 million Jews. The Germans developed the techniques of mass killing at Kamenets Podils’kyi and Babyi Iar, where more than twenty thousand and then more than thirty thousand Jews were killed by mass shooting. Throughout occupied Soviet Ukraine local people collaborated with the Germans, as they did throughout the occupied Soviet Union and indeed throughout occupied Europe. But far, far more people in Ukraine were killed by the Germans than collaborated with them, something which is not true of any occupied country in western Europe. For that matter, far, far more people from Ukraine fought against the Germans than on the side of the Germans, which is again something which is not true of any west European country. The vast majority of Ukrainians who fought in the war did so in the uniform of the Red Army. More Ukrainians were killed fighting the Wehrmacht than American, British, and French soldiers — combined. In Germany these basic facts are invisible because the Red Army is seen falsely as a Russian army, an identification insisted upon by the propaganda of today’s Russia. If the Red Army is a Russian army, then Ukrainians must have been the enemy. This line of thinking was invented by Stalin himself at the end of the war. The idea of the Great Fatherland War had three purposes: it started the action in 1941 rather than 1939 so that the Nazi-Soviet alliance was forgotten, and it placed Russia at the center of events even though Ukraine was much more at the center of the war, and it ignored Jewish suffering completely.

“El Proyecto de Putin” por Timothy Snyder // “Putin´s Project” by Timothy Snyder

“Putin´s Project” is an article written by  american historian Timothy Snyder and published on 16/04/2014. This is the first post of a series in which i intend to translate it into Spanish.

“El proyecto de Putin” es un artículo escrito por el profesor de historia de Yale Timothy Snyder y que fue publicado el 16/04/2014. Este es el primer post de una serie en la que pretendo traducirlo al español.

Ucrania no tiene futuro sin Europa pero tampoco Europa tiene futuro sin Ucrania. A lo largo de los siglos la historia de Ucrania ha puesto de manifiesto los puntos de inflexión en la historia europea.

En el territorio de Ucrania la historia de la formación del Estado comienza con dos encuentros arquetípicamente europeos. En su forma medieval, como en Francia e Inglaterra, esta historia incluye un encuentro con los viquingos, que buscaban establecer una ruta comercial entre el Báltico y el Mar Negro y utilizaban Kiev, a orillas del río Dnieper, de estación comercial. La llegada de los viquingos coincidió con el colapso de un Estado jázaro anterior cuyos líderes acabarían pronto celebrando matrimonios mixtos con la población eslava local. De esta manera surgió una entidad política conocida como la Rus de Kiev. Al igual que sus equivalentes medievales la Rus de Kiev fue una entidad pagana que más que convertirse al cristianismo lo que hizo fue escoger entre las variantes occidentales y orientales de éste. Como sus vecinos la Rus de Kiev osciló entre Roma y Bizancio hasta que sus dirigentes optaron por la segunda. Conflictos sucesorios la debilitaron profundamente hasta que en la primera mitad del siglo XIII la llegada de los mongoles la destruiría definitivamente.

La historia de la Rus se hace añicos entonces. La mayor parte de sus tierras se congregaron bajo el gran ducado de Lituania, un enorme Estado guerrero con capital en Vilna cuyos grandes duques gustaban de proclamarse herederos de la Rus haciendo suyos  muchos de sus logros culturales tales como el idioma eslavo de su corte o tradiciones legales. Aunque los grandes duques lituanos eran de religión pagana la mayoría de sus súbditos eran cristianos orientales. Después de que, por medio de alianzas matrimoniales, los grandes duques se coronaran reyes de Polonia, la mayor parte del territorio ucraniano pasó a formar parte de lo que era la mayor formación política europea. Tras las reformas constitucionales de 1569 esta formación pasó a tener forma de república y a ser conocida como la Mancomunidad Polaco-Lituana. En esta “república de las dos naciones” las tierras de Ucrania formaban parte del reino de Polonia y las tierras de Bielorusia del gran ducado de Lituania. De este modo las viejas tierras de la Rus conocieron una nueva división.

Esta época fue la de un primer pluralismo oligárquico en Ucrania. Los nobles ucranianos tomaban parte en calidad de iguales en las instituciones representativas de la república. Sin embargo, la gran mayoría de la población eran colonos  que cultivaban grandes dominios destinados a la producción de cereales. Nobles polacos y judíos se unieron a los señores de la guerra locales y contribuyeron a que se estableciera un orden feudal en el territorio. Fue en esta época cuando los judíos ayudaron a levantar  pequeñas villas conocidas bajo el nombre de “shtetls”

Este sistema político condujo a la rebelión cosaca de 1648 en la que hombres libres situados fuera de su control impugnaron su lógica. Fatalmente estos hombres se aliaron con una formación política rival que echaba sus raíces en la antigua Rus, el ducado de Moscú. Situada en la frontera oriental de la Rus,  Moscú, a diferencia de los demás territorios que la integraban  , estaba bajo control directo de los mongoles. Mientras que los territorios de Bielorusia y Ucrania conocieron a través de Vilna y Varsovia la influencia del Renacimiento y la Reforma, ninguno de estos movimientos alcanzaría Moscú. La ruptura de Moscú con el dominio mongol suele datarse en 1480. Igual que los grandes duques de Lituania los duques de Moscú gustaban de presentarse como herederos de la Rus de Kiev, pero después de la desaparición de esta entidad, Kiev escapó al control de los duques de Moscú durante casi quinientos años siendo gobernada desde Vilna y Varsovia.

Las rebeliones cosacas supusieron el comienzo de la decadencia de la Mancomunidad Polaco-Lituana y crearon las condiciones para que Kiev pasara de control polaco a control moscovita. En 1667 las tierras de la actual Ucrania fueron divididas entre la Mancomunidad y el Ducado de Moscú, quedando Kiev del lado moscovita. Esto permitió el contacto entre el Gran Ducado y Europa y las élites ilustradas de la universidad de Kiev se trasladarían al norte trabajando en calidad de profesionales y funcionarios para el creciente imperio ruso. Este patrón de evolución se reprodujo cuando a finales del siglo XVIII el Ducado de Moscú (conocido ya como imperio ruso), Prusia y la monarquía de los Habsburgo dividieron hasta provocar su desaparición los territorios de la Mancomunidad Polaco-Lituana. Sin una tradición de élites ilustradas, Moscú  se aprovecharía de la educación de hombres provenientes de Vilna y Kiev.

También en el siglo XIX el movimiento nacional ucraniano seguiría un patrón de evolución típicamente europeo. Algunos miembros de estas clases educadas, laicos y religiosos, empezaron a rebelarse contra sus propias biografías y a reivindicar a las masas y no las élites como sujetos de la historia. El movimiento empezó en Járkov extendiéndose luego a Kiev cruzando la frontera de los imperios ruso y habsbúrgico hasta llegar a Leópolis (Lviv). Los historiadores ucranianos del XIX se pusieron a la cabeza entre los europeos a la hora de prestar rasgos románticos al pueblo llano, tendencia que en Ucrania se conoce como “populismo”. Este movimiento intelectual se permitió dar  luz también a la idea de una nación ucraniana común más allá de las fronteras de Ucrania con el imperio ruso (como ahora se conocía al Ducado de Moscú) y con  la monarquía de los Habsburgo (donde hablantes de una lengua que puede llamarse ucraniano habitaban un pequeño territorio conocido como Galicia Oriental)

Al igual que en el resto de Europa del Este la primera Guerra Mundial supuso el fin de los imperios tradicionales y el comienzo de los intentos de formar Estados Nacionales de acuerdo a la lógica wilsoniana de la autodeterminación. Pero en Ucrania estos intentos fueron múltiples, unos en las tierras de los Habsburgo y otros en las del Imperio Ruso. Los primeros sucumbieron ante los polacos, que lograron anexionar Galicia Oriental a su propio y nuevo Estado. Los segundos tuvieron que hacer frente tanto al Ejército Rojo como a sus rivales del Ejército Blanco, quienes, aún combatiéndose, estaban de acuerdo en que Ucrania formaría parte de una unidad política más extensa. A pesar de que el movimiento nacional ucraniano fue comparable al de otros países de Europa del Este y a pesar de que por Ucrania luchara y muriera más gente que por otras Naciones- Estado emergentes después de 1918, el resultado fue un completo fracaso. Tras una serie extraordinariamente complicada de acontecimientos, a lo largo de la cual Kiev fue ocupada doce veces, el Ejéricto Rojo salió victorioso estableciéndose en 1922 una Ucrania soviética como parte de la nueva Unión Soviética.

Debido precisamente a la dificultad de acabar con el movimiento ucraniano y debido justamente a que la Ucrania soviética estaba situada en la frontera occidental de la URSS, la cuestión de su identidad europea fue central desde el comienzo de la historia soviética. Dentro mismo de la política de la URSS existía una ambigüedad respecto a Europa: la modernización soviética tenía que replicar la modernización capitalista europea pero sólo con vistas a superarla. Con este esquema Europa podía representarse como algo progresivo o regresivo dependiendo del momento, la perspectiva y el humor de los gobernantes. En los años 20 la política soviética favoreció el desarrollo de una clase intelectual y política ucraniana creyendo que los ucranianos ilustrados se unirían al futuro de la URSS; en los 30 se trató de modernizar el campo ucraniano colectivizando las tierras y transformando a los campesinos en empleados del Estado. Esto llevó a una resistencia masiva por parte de un campesinado que creía en la propiedad privada y a caídas en los rendimientos de la tierra.

Ukraine has no future without Europe, but Europe also has no future without Ukraine. Throughout the centuries, the history of Ukraine has revealed the turning points in the history of Europe.

The history of statehood on the territory of Ukraine begins with two archetypically European encounters. Medieval statehood on the territory of today’s Ukraine, like that of France and England, includes an encounter with Vikings. The men from the north sought to establish a trade route between the Baltic and Black Seas, and used Kiev, on the Dnipro River, as a trading post. Their arrival coincided with the collapse of an earlier Khazar state, and their leaders soon intermarried with the local slavic-speaking population. Thus arose the entity known as Kievan Rus. Like all of the states of medieval eastern Europe, Rus was a pagan entity that did not so much convert to Christianity as choose between its western and eastern variants. Like all of its neighbors, it hesitated between Rome and Byzantine before its rulers chose the latter. Rus was seriously weakened by problems of succession before its destruction was ensured by the arrival of the Mongols in the first half of the thirteenth century.

At this point the history of Rus fragments into parts. Most of the lands of Rus were gathered in by the Grand Duchy of Lithuania, an enormous warrior state with a capital in Vilnius. Its Grand Dukes styles themselves the inheritors of Rus, and adapted many of the cultural achievements of Rus, such as its slavic court language and legal traditions. Although the grand dukes were pagan Lithuanians most of their subjects were eastern Christians. After the grand dukes of Lithuania became, by personal union, the kings of Poland, most of the lands of Ukraine were part of the largest European state. Constitutional reforms of 1569 established this state as a republic known as the Polish-Lithuanian Commonwealth. In this „republic of two nations “the lands of Ukraine were part of the Polish crown, and the lands of Belarus part of the Grand Duchy of Lithuania. In this way a new division was created within the old lands of Rus.

This was the first epoch of oligarchical pluralism in Ukraine. Ukrainian noblemen took part as equals in the representative institutions of the republic, but the vast majority of the population was colonized in large estates that produced grain for export. Local warlords were joined by Polish noblemen as well as Jews, who helped to establish a feudal order in the country. It was in this era that Jews helped to create the small cities remembered as shtetls.

This political system brought the Cossack rebellion of 1648, in which free men who had escaped the system challenged its logic. Fatefully, they allied with a rival state that had roots in ancient Rus, the Duchy of Muscovy. The city of Moscow had been on the eastern frontier of Rus, and unlike most of the territories of Rus it remained under direct Mongol control. Whereas the territories of today’s Belarus and Ukraine were in contact, through Vilnius and Warsaw, with the renaissance and the reformation, neither of these trends reached Moscow. Its break from Mongol rule is dated conventionally at 1480. The Dukes of Moscow, like the Grand Dukes of Lithuania, styled themselves the inheritors of Kiev Rus. They did not however control Kiev for nearly half a millennium after the destruction of that medieval state. For most of the time Kiev was ruled from Vilnius and Warsaw.

The Cossack rebellions began the decline of the Polish-Lithuanian Commonwealth, and created the conditions for the shift of Kiev from Polish to Muscovite rule. In 1667 the lands of today’s Ukraine were divided between the Commonwealth and Muscovy, with Kiev on the Muscovite side. This permitted contact between Muscovy and Europe, and educated elites from Kiev’s university moved north to become professionals and officials in the growing empire. The pattern repeated itself when the Commonwealth was partitioned out of existence by Muscovy (by then known as the Russian Empire), Prussia, and the Habsburg monarchy at the end of the eighteenth century. The Russian Empire, which had no tradition of higher education, exploited literate men trained in Vilnius and Kiev.

In the nineteenth century, the Ukrainian national movement also followed rather typical European patterns. Some of these educated men, lay and clergy, began to rebel against their own biographies and present the subject of history not as the elites but as the masses. The trend began in Kharkiv, and then spread to Kiev and across the Russian-Habsburg border into Lviv. Ukrainian historians of the nineteenth century were leaders among the general European trend of romanticizing the common people, known in Ukraine as populism. This intellectual move also allowed for the imagination of a common Ukrainian nation across the border of the Russian Empire (as Muscovy was now known) and the Habsburg monarchy (where a small territory known as eastern Galicia was home to speakers of the language we would call Ukrainian).

As in the rest of eastern Europe, the Great War brought the end of traditional empire and attempts to establish a national state following the Wilsonian logic of self-determination. But in Ukraine the attempts were multiple, one on the Habsburg lands and one on the lands of the Russian Empire. The first was defeated by Poles, who succeeded in attaching eastern Galicia to their own new state. The second had to contend with both the Red Army and its White opponents, who even as they fought against each other agreed that Ukraine would be part of a larger political unit. Although the Ukrainian national movement was comparable to those of other east European territories, and although people fought and died in larger numbers for Ukraine than for most of the other emergent nation-states after 1918, the outcome was complete failure. After an enormously complicated series of events, in which Kiev was occupied a dozen times, the Red Army was victorious, and a Soviet Ukraine was established as part of the new Soviet Union in 1922.

Precisely because the Ukrainian movement was difficult to suppress, and precisely because Soviet Ukraine was a western borderland of the USSR, the question of its European identity was central from the beginning of Soviet history. Within Soviet policy was an ambiguity about Europe: Soviet modernization was to repeat European capitalist modernity, but only in order to surpass it. Europe might be either progressive or regressive in this scheme, depending upon the moment, the perspective, and the mood of the leader. In the 1920s Soviet policy favored the development of a Ukrainian intellectual and political class, on the assumption that enlightened Ukrainians would align themselves with the Soviet future. In the 1930s Soviet policy sought to modernize the Ukrainian countryside, by collectivizng the land and transforming the peasants into employees of the state. This brought massive resistance from a peasantry that believed in private property, as well as declining yields.

 

 

 

 

“Terres du sang”, un livre de Timothy Snyder IV// “Tierras de sangre”,un libro de Timothy Snyder IV

septiembre 25, 2013 Deja un comentario

Dernier billet avec la traduction vers l´espagnol et la transcription en français de la conversation entre le professeur de Yale Timothy Snyder, l´spécialiste polonais en Europe de l´Est Aleksander Smolar et le philosophe et écrivain français Alain Finkielkraut qui a eu lieu le deux novembre 2012 dans l´émission radio “Répliques” que ce dernier modère dans France Culture.

Voici le lien à l´émission: http://www.franceculture.fr/player/reecouter?play=4652310

Ultima parte de la traducción al español y la transcripción francesa de la conversación entre el profesor de Yale Timothy Snyder, el especialista polaco en Europa del Este Aleksander Smolar y el filósofo y escritor francés Alain Finkielkraut que tuvo lugar el dos de noviembre de 2012 en el programa de radio “Répliques” del que este último es presentador en France Culture

Alain Finkielkraut: Si, pero incluso antes de la revuelta ya había una guerra declarada a Polonia. Veinticinco mil civiles asesinados en Varsovia, setenta y dos toneladas de bombas incendiarias lanzadas sobre la ciudad y, peor aún, en su extraordinario (Por más que he rebobinado, no llego a comprender estas palabras) de detalles Ud. al hablar de la guerra en Danzig nos cuenta: “el director de la oficina de correos sale del edificio agitando un pañuelo blanco y es abatido inmediatamente ( Por más que he rebobinado, no llego a comprender estas palabras) quemaduras, los alemanes le niegan cualquier tratamiento médico”. Y luego estarían las cifras que no dejan de aumentar además de esa articulación increíble entre la violencia anti-polaca de Stalin y  Hitler.

Timothy Snyder: Si, si, gracias…Me parece que lo que Ud. ha dicho es muy importante si se quieren explicar estos sucesos en su totalidad. Si lo que se quiere es explicar la Shoah hace falta una explicación inclusiva. Si se excluye a los otros para explicar la tragedia de cada cual, no se llega a explicar nada. Así que yo he querido incluir a todos para explicar las políticas individuales. Me parece que la competencia entre las víctimas, la amnesia, la costumbre de excluir, hacen imposible la explicación de cualquier crimen. O sea que para mí lo que Ud. ha dicho es muy importante.

Alain Finkielkraut: Si, bien, por lo demás Ud. escribe esta frase al comienzo del libro, al final del prólogo: “Las matanzas disocian la historia judía de la historia europea- y sigue Ud. diciendo- este estudio reúne el régimen nazi y soviético pero también la historia judía y europea asi como las historias nacionales” y sobre su libro yo le leído esta notable reseña crítica de Philip de Lara en la que éste dice lo siguiente: “única pero no aislada la suerte de los judíos adquiere bajo la mirada global de Timothy Snyder una solidaridad, por así decirlo, fraternal con los otros pueblos que fueron víctimas” y , en efecto, de la lectura de vuestro libro puede esperarse una especie de reconciliación de las memorias porque sin querer separarlas de las complicidades locales que fueron terribles Ud. da cuenta de todo. ¿Tiene esta esperanza fundamento, Aleksander Smolar?

Aleksander Smolar: Pienso que sí, espero que sea el comienzo de la reconciliación de las memorias. Por otro lado, no es ésta la única dimensión. Pienso también… en la memoria europea. Existe una separación dramática entre la memoria oriental y occidental. Es, por lo demás, uno de los temas del trabajo de Timothy Snyder sobre la reflexión acerca de la división de las memorias europeas. Pienso, con todo, que sin esta reconciliación, sin esta unificación de la memoria europea no habrá una verdadera Unión Europea. Los pueblos se encuentran terriblemente separados por la historia. Sin embargo, el conocimiento de la historia ayuda a comprender no solamente los hechos admirables y positivos sino también los hechos más abyectos, los más negativos. Pienso que también aquí el trabajo de un americano, del profesor de Yale Timothy Snyder es muy, muy importante.

Alain Finkielkraut: Ud. cita además  a una crítica literaria polaca que dice: “En Europa, sí, pero con nuestras memorias” Y me parece, en efecto, que Polonia ha entrado por este camino de la reconciliación. Está el libro de Anna Bikont y el debate que ha suscitado. Un debate muy rico del que un sociólogo dice al final del libro “ que ha visto el anti-semitismo resurgir  quizá provisonalmente a causa de las revelaciones que el libro contiene”. Pero, en cualquier caso, el debate existe y atañe a la sociedad entera. En Francia se puede, lamentablemente en pocas salas, ver una película extraordinaria de Agniezka Holland “ bajo la ciudad”

Timothy Snyder: Ciertamente extraordinaria.

Aleksander Smolar: Lo que resulta muy interesante es ver cómo esta película ha sido recibida por los polacos. “Una película muy difícil, mucha sangre, extravagante, oscura” y, sin embargo, un millón y medio de polacos han ido a verla. ¿Porqué? Para comprender su propia historia, para encontrarse con una nación que ni es una condenación ni responde a la tradicional visión polaca: el polaco noble, siempre del lado del bien, que salva a los judíos. No, los polacos han visto en esta película una historia más compleja, mucho más verídica para ellos mismos.

Alain Finkielkraut: Están en ella todas las lenguas, una cosa que ninguna película había hecho hasta la fecha, ni desde luego “El pianista” en inglés, un superviviente del gueto, que Polansky se vió, bueno, creyó verse obligado, a rodar en inglés, ni “La Lista de Schindler” en inglés. Aquí están todas las lenguas…el yiddish, el alemán, el polaco, el ucraniano. Incluso el argot polaco de la ciudad de Lvov, que es donde transcurre la película. Y el título “Bajo la ciudad”. ¿A qué se refiere? A esos hombres que sin derecho a habitar la tierra sobreviven bajo ella, puesto que es en las alcantarillas dónde durante un año consiguen escapar a las matanzas y son salvados por un polaco que es un héroe a su pesar, un pocero no muy…

Aleksander Smolar: Más bien anti-semita…

Alain Finkielkraut:…más bien anti-semita y que , de golpe y sin quererlo, se encariña por ese judío…

Aleksander Smolar: Es un hecho auténtico.

Alain Finkielkraut: Es un hecho auténtico y una película extraordinaria.

Timothy Snyder: Nos encontramos aquí con un momento cultural muy interesante porque la Shoah es un símbolo occidental… sí… pero si hoy en día quiere comprenderse la Shoah las referencias son polacas. Se habla de una película polaca, de una directora polaca y lo mismo pasa con la historiografía: si los investigadores franceses quieren saber más sobre los detalles de la Shoah, hace falta aprender la lengua polaca porque estamos ante una nueva generación de historiadores polacos que está muy bien… Es una lengua que hace falta traducir y conocer…

Alain Finkielkraut: Y Ud. ¿!Ha aprendido Ud. polaco precisamente para proseguir sus investigaciones o…?

Timothy Snyder: Sí, para proseguir mis investigaciones pero en tanto historiador convencional de Europa del Este he comprendido a partir de un cierto momento que la lengua polaca me permitía conocer no sólo la nación llamada Polonia sino también la historia de Ucrania, de la Unión Soviética y la Shoah judía. Ha habido muchos judíos que han dejado su huella en la historia de la lengua polaca.

Alain Finkielkraut: Una última palabra sobre el fin de su libro, No pensó en deternerse con el fin de la guerra. “Tierras de Sangre 1945”. En el libro pasa Ud. a hablar de la limpieza étnica en las diferentes repúblicas o democracias populares. Asimismo consagra un capítulo al anti-semitismo estalinista de después de la guerra que no pudo (Por más que he rebobinado, no llego a comprender estas palabras)  o no tuvo el tiempo de convertirse en asesino como lo fueron los episodios precedentes. ¿Qué es lo que le ha motivado a incluir el anti-semitismo estalinista de después de la guerra en su libro?

Timothy Snyder: Bien, para mí ha sido una manera de ligar la historia de las “tierras de sangre” con el momento presente. Porque si se opta por no comprender, si se minimiza la Shoah ello es en parte debido a que en la Polonia comunista, en la Unión Soviética, no se podía investigar, explicar, discutir con normalidad un acontecimiento que afectó ante todo a los judíos y no a los ciudadanos. Se ha hablado de una manera eufemística de ciudadanos polacos, de ciudadanos soviéticos y nosotros, de nuestro lado de la guerra fría, hemos colaborado un poco a ello porque hemos ignorado la geografía mientras que lo que se ignoraba del otro lado era la particularidad judía. Y todos juntos hemos producido una visión de la Shoah escasa.

Alain Finkielkraut: Bien, quisiera finalizar con un homenaje a su libro…ya que su último capítulo se titula “Humanidad” y en él Ud. dice: “ Los regímenes nazi y soviético transforman a los hombres en cifras.Algunos de éstas no pueden ser más que estimadas, otras calculadas con bastante precisión. Nos corresponde a nosotros, los investigadores, intentar fijar esas cifras y ponerlas en perspectiva y a nosotros, humanistas, retranscribirlas en seres humanos.” En su libro aparecen, de hecho, muchos seres humanos con su nombre propio. Ejemplo claro, ese hombre que he citado antes y que va a tenderse en su tumba en Ucrania y esto me hace pensar que me gustaría acabar acudiendo a una cita de la historia según Michelet. Michelet no puede ser un modelo para los historiadores contemporáneos, cuyos criterios epistemológicos son distintos a los suyos pero esta cuestión del vínculo con los nombres y los muertos le obsesionaba. Menciona Michelet su gusto por los archivos “en los que se perdía durante años, en los que oía los sufrimientos de tantas almas asfixiadas por aquellas lejanas épocas. Sufrimientos cuyas quejas eran en voza baja” Y les hace escribir o decir esta frase: “Historia cuenta con nosotros. Tus acreedores te instamos a ello. Aceptamos la muerte por un renglón tuyo”. Y en otro momento dice “ Cada muerto lega un bien pequeño, su memoria, y nos pide que la cuidemos. Hace falta que un magistrado supla los amigos de quien ya carece de ellos. Este magistrado es la historia.” La historia que de alguna manera da una nueva vida a los muertos, que es, yo creo, lo que Ud. ha conseguido magníficamente en su libro,libro del que recuerdo el título “Tierras de Sangre. Europa, entre Hitlser y Stalin”, traducido del inglés por Pierre Emmanuel Dauzat y publicado por ediciones Gallimard.

Alain Finkielkraut: Oui, mais même avant la révolte il y a cette guerre déclarée à la Pologne. Vingt-cinq mille civils tués à Varsovie, soixante-douze tons de bombes incendiares lâchées sur la ville  et pire encore avec votre extraordinaire (J´ai beau rebobiner , je n´arrive pas à comprendre ces mots) de détails, vous parlez de la guerre à Danzig: “le directeur du bureau de poste  sort du batîment en agitant un mouchoir blanc,il est abattu sur-le champ (J´ai beau rebobiner , je n´arrive pas à comprendre ces mots) brûlures, les  allemands le refusent tout traitement medical” et puis les chiffres d´ailleurs ne cessent d´augmenter et il y a aussi cette articulation incroyable entre la violence anti-polonaise de Staline et la violence anti- polonaise de Hitler.

Timothy Snyder: Oui, oui, merci, il me semble que ce que vous avez dit est trés important parce que si on veut expliquer cet événement total. Mais si on ne veut qu´ expliquer la Shoah il faut qu´on explique par l´inclusion. Quand on exclue les autres pour expliquer la tragedie de soi, on n´explique rien. Alors je voulais inclure tous pour expliquer la  politique individuelle. Il me  semble que la concurrence de victimes, l´amnesie, l´habitude d´exclure rendent impossible l´explication de n´ importe quel crime. Alors, pour moi, ce que vous avez dit est trés important.

Alain Finkielkraut: Oui, alors, d´ailleurs, vous avez cette phrase au début de votre livre, à la fin de la préface “Les tueries dissocient l´histoire juive de l´historie euopeène- et vous dites- cet étude réunit les règimes nazi et sovietique, mais aussi l´histoire juive et l´histoire europeène ainsi que les histoires nationales” et j´ai lu sur votre livre un remarquable apparat critique de Philip de Lara où il dit ceci: “unique mais pas isolé le sort des juifs acquiert sur le regard global de Timothy Snyder une solidarité pour ainsi dire fraternelle avec les autres peuples victimes” et en effet on peut espèrer à la lecture de votre livre une sorte de réconciliation de memoires parce que sans rien vouloir dissimuler cette complicité locale qu´on été terrible vous rendez justice à tout. Donc, est-ce que cet espoir est fondé. Aleksander Smolar.

Aleksander Smolar: Je, je le pense, je l´espère que c´est le début de la réconciliation de memoires. D ´ailleurs ce n´est pas la seule dimension. Je pense aussi…….. la memoire europèenne. Il y a une separation de la memoire orientale et occidentale dramatique. D´ailleurs, c´est l´un des sujets de travail de Timothy Snyder sur justement la réflexion sur la division de memoires européennes. Or je pense que sans cette réconciliation, sans unification de la memoire europèenne il n´ y aura pas vraiment de l´union europèenne. Les peuples sont terriblement separés par l´histoire. Or, la connaissance de l´histoire aide à comprendre non pas seulement les faits louables, les faits positifs, mais aussi les faits les plus abjects, les plus negatifs. Je pense qu´ ici aussi le travail d´un americain, du professeur de Yale Timothy Snyder est très, très important.

Alain Finkielkraut: D´ailleurs vous citez une critique litteraire polonaise qui dit: “En Europe oui, mais avec nos memoires”. Et il me semble, en effect, que la Pologne est entrée dans ce chemin de la réconciliation. Il y a ce livre d´Anna Bikont et le débat qu´il a suscité. Un débat très riche parce que un sociologue dit-il à la fin du livre “a vu une remontée de l´anti-semitisme, peut-être, provisoire, du fait de cette révélation”. Mais, en fin, le débat existe. Il concerne à la societé toute entière. On peut voir aujourd´hui en France, malhereusement dans peu de salles, un film extraordinaire d´Agniezka Holland “sous la ville”

Timothy Snyder: Tout à fait extraordinaire.

Aleksander Smolar: C´est qui est très interessant c´est de voir comment le film a été reçu par les polonais. “Le film est très difficile, le film est  sanglant, c´est extravagant, c´est dans le noir” et pourtant un million et démi de polonais sont allés le voir. Pourquoi? Pour comprendre leur propre histoire, pour trouver une nation qui n´est pas seulement la condemnation ni la traditionelle vision polonaise: le polonais noble, toujours du côté du bien, qui sauvait les juifs. Non, ils ont vu là-bas une histoire beaucoup plus complèxe, beaucoup plus veridique pour les polonais.

Alain Finkielkraut: Alors, il y a toutes les langues, ce qu´aucun film n´avait reussi à faire jusqu´à prèsent, ni bien sûr “le pianiste” en Anglais,  un rescapé du ghetto, qui s´est obligé Polanski, en fin, qui se croit obligé de tourner en Anglais, ni “La Liste de Schindler” en Anglais.Toutes les langues, elles y sont…le Yiddish, l´Allemand, le Polonais, l´Ukranien et même, dit Agniezka Holland, l´argot polonais de Lvov, puisque ça se passe à Lvov. “Sous la ville” en plus. C´est quoi “Sous la ville”? Ces hommes qui n´avaient plus  droit d´habiter sur la terre, survivent sous la terre, puisque s´est dans les égouts de Lvov que pendant un an ils ont reussi à échapper à la tuerie et sont sauvés par un polonais qui est un hèros malgré lui, un égoutier pas très….

Aleksander Smolar: Plutôt anti-semite….

Alain Finkielkraut: … plutôt anti-semite et qui tout d´un coup s´attache sans l´avoir voulu à ce juif….

Aleksander Smolar: C´est un fait authentique.

Alain Finkielkraut: C´est un fait authentique et c´est un film extraordinaire.

Timothy Snyder: Voilá un moment culturel trés interessant parce que la Shoah est un symbole occidental…oui… mais si on veut comprendre…La Shoah maintenant , les références sont à la Pologne: on parle d´un film polonais, d´une directrice polonaise et il s´agit aussi de l´historiographie: si les chercheurs français veulent plus en savoir sur les détails de la Shoah, il faut maintenant apprendre la langue polonaise, parce qu´il s´agit d´une nouvelle génération d´historiens polonais qui sont trés bien et maintenant….C´est une langue qu´il faut traduire, il faut connaître.

Alain Finkielkraut: Et vous, vous avez appris le polonais précisément pour poursuivre vos recherches ou….

Timothy Snyder: Oui, pour poursuivre mes recherches mais comme historien conventionel d´Europe de l´est depuis un certain moment j´ai compris que la langue polonaise ne me permet seulement de comprendre la nation- dit – polonaise mais aussi ça me permet de comprendre l´histoire Ukranienne, Sovietique et la Shoah juive. Il avait beaucoup de juifs qui ont laissé la trace dans l´histoire de la langue polonaise.

Alain Finkielkraut: Alors, un dernier mot sur la fin de votre livre. N´ayez vous pensé qu´il s´arrete avec la guerre: “Terres de sang 1945” Or il continue, vous parlez d´une nettoyage ethnique dans les différents republics ou démocraties populaires. Mais aussi vous consacrez un chapitre à l´anti-semitisme stalinien d´après guerre, qui n´a pas pu par(J´ai beau rebobiner , je n´arrive pas à comprendre ces mots) ou n´a pas eu le temps d être meurtrier comme l´ont été les épisodes précédents. Qu´est-ce que vous a poussé à inclure l´anti-semitisme stalinien d´après-guerre dans votre livre?

Timothy Snyder: Alors, c´était pour moi une façon de lier l´histoire des “terres du sang” avec le moment prèsent, parce que si on ne comprend pas, si on minimise la Shoah, c´est partiellement parce que dans la Pologne communiste, dans l´Union Sovietique on ne pouvait pas chercher, expliquer, discuter, normalement un événement qui a concerné avant tout les juifs et pas les citoyens. On a parlé euphemisticament de citoyens polonais, de citoyens sovietiques et nous, de notre côté de la guerre froide, on a collaboré un petit peu parce qu´on a ignoré ici la geographie, là on a ignoré la particularité juive et ensemble nous avons crée une vision de la Shoah qui a été minimale. Et maintenant ça peut changer, maintenant ça peut changer, alors c´était pour expliquer un moment d´interaction parce que l´anti-semitisme, l´stalinisme, devait beaucoup à Hitler, mais c´était aussi pour lier notre ignorance avec les événements historiques.

Alain Finkielkraut: Bien, écoutez… Je voudrais finir encore sur un hommage à votre livre…Puisque votre dernier chapitre, Timothy Snyder, s´intitule: “Humanité” et vous dites “Les régimes nazi et sovietique transforment des hommes en chiffres. Certains que nous ne pouvons qu´estimer, d´autres que nous pouvons recalculer avec assez de précision. Il nous appartient, à nous chercheurs d´essayer de les établir et de les mettre en perspective et à nous, humanistes, de rétranscrire ces chiffres en êtres humains”. Et beacoup d´êtres humains apparaissent avec leur nom dans votre livre, notamment, celui que j´ai cité toute à l´heure, cet homme qui est allé s´alonger dans sa tombe en Ukraine et cela me fait penser, j´aimerais terminer sur cette citation, à l´histoire selon Michelet.Michelet ne peut être pas modèle des historiens contemporains qui ont des critères épistémologiques diffèrents du siens mais cette question de rapport au nom et aux morts était obsesionnel chez lui. Il parle de son “goût pour les archives où il errait pendant des années, où il entendait les souffrances de tant d´âmes etouffées dans ces vieux âges. Les souffrances qui se plaignaient à voix basse” Il leur fait écrire ou dire cette phrase: “Histoire compte avec nous.Tes créanciers te somment .Nous avons accepté la mort pour une ligne de toi”. Et il dit à un autre moment que “chaque mort laisse un petit bien, sa memoire, et demande qu´on la soigne. Pour celui qui n´a pas d´amis, il faut que le magistrat y supplée. C´est magistrature, c´est l´histoire”. L´histoire qui précisément donne en quelque sorte une nouvelle vie aux morts et c´est, je crois, ce que vous avez reussi à faire admirablemente dans ce livre dont je rappelle le titre “Terres de sang”. L´Europe entre Hitler et Stalin”. Ce livre est traduit de l´Anglais par Pierre Emmanuel Dauzat, il est publié aux édititions Gallimard.

“Terres du sang”, un livre de Timothy Snyder III // “Tierras de sangre”,un libro de Timothy Snyder III

Je continue de faire la transcription française et la traduction en espagnol de l´entretien entre Alain Finkielkraut, Aleksander Smolar et l´historien americain Timothy Snyder, à propós du livre de ce dernier “Terres du sang” , qui a eu lieu le deux novembre 2012 dans l´émission radio “Répliques” dont Alain Finkielkraut est l´animateur.  Dans ce billet -comme , d´ailleurs , pendant toute l´entretien à differents degrés- on aborde les terribles consèquences qui se sont suivies de l´interaction des deux systèmes totalitaires qui entre 1933 et 1945 se sont emparés des terres qui se trouvent entre Berlin et Moscou, soit, les terres du sang .

J´ ai fait des remarques entre parenthèses chaque fois que j´eu des difficultés de compréhension à l´écoute.

Voici le lien à l´emission: http://www.franceculture.fr/player/reecouter?play=4652310

Continuo con la transcripción francesa y la traducción al español de la entrevista entre Alain Finkielkraut, Aleksander Smolar y el historiador americano Timothy Snyder a propósito del libro de este último  “Tierras de Sangre”,que tuvo lugar el dos de noviembre de 2012 en el programa de radio “Répliques”del que Alain Finkielkraut es el moderador. En este post-como,por lo demás, durante toda la entrevista en diferentes grados-se abordan las terribles consecuencias que se siguieron de la interacción de los dos sistemas totalitarios que entre 1933 y 1945 se adueñaron de las tierras que se encuentran entre Berlín y Moscú, o sea,  las tierras de sangre.

Cada vez que he tenido dificultades de comprensión en la escucha lo he indicado entre paréntesis.

Aleksander Smolar : Hasta… Hasta hace no mucho una gran parte de los ucranianos no sabían nada o no quería saber nada.  Era demasiado traumático, demasiado terrible. Durante generaciones el tema no fue abordado nunca en el sistema escolar. A partir del presidente anterior, Yuschenko- un desastre, por lo demás, para Ucrania- se  quiso crear una nación moderna ucraniana alrededor de este mito, Holodomor, como los ucranianos lo llaman. Holodomor es una paráfrasis de Holocausto y significa “muerte de hambre”, Holodomor se convirtió en un gran mito ucraniano.Resulta muy interesante que el presidente que tienen ahora y cuyas relaciones con Rusia son mucho más ambiguas, también en lo que toca al pasado,este presidente ha eliminado prácticamente este mito….Pero está claro que el conocimiento está ahora mucho más extendido aunque creo que es una historia verdaderamente demasiado terrible…porque se trata de una historia personal,de familias. Pienso que va a hacer falta realmente mucho tiempo para que los ucranianos sean capaces de enfrentarse a lo que Timothy Snyder describe.

Alain Finkielkraut : ¿Ha hablado Ud. sobre esto en Ucrania? ¿Ha mantenido contactos  con la opinión ucraniana a propósito de estos acontecimientos, Timothy Snyder?

Timothy Snyder : Claro, he hablado con gente que sobrevivió a la hambruna y detrás de este libro hay muchas conversaciones que no he utilizado de manera académica pero que  por supuesto  me han informado.Y después de la publicación del  libro en Ucrania, en ucraniano, también estuve en Ucrania y hablé con gente sobre la hambruna. Pero para mí es un poco diferente. La memoria popular de la hambruna sigue estando ahí, no es una cosa que pueda olvidarse, pero como Aleksander Smolar ha dicho, nunca ha sido políticamente sistematizada. Esto ha cambiado pero si uno intenta calmar un poco las cosas siempre hay una abuela en Ucrania que va a intentar que no lo hagas y esto es justo lo que….

Alain Finkielkraut : Bueno,  a este respecto  voy a plantearle una pregunta que guarda  relación con el conflicto de memorias, más aún, con el papel que la memoria de un crimen  ha podido  jugar en la perpetuación de otro crimén, habida cuenta que Ucrania era el objeto del apetito combinado de Stalin y Hitler. Con la operación Barbarossa Hitler penetró  en Ucrania y sobrevino la gran masacre de judíos. Ud. se refiere especialmente a la de * Babi Yar y a ojos de muchos ucranianos el comunismo era un cosa judía y dado que el comunismo era una cosa judía algunos ucranianos se alegraron de tener la ocasión de hacer pagar a los judíos la hambruna de la que éstos serían responsables. Y de aquí se deriva el papel tan importante de estos auxiliares en la solución final. ¿No es éste, Timothy Snyder, uno de los aspectos más diabólicos de la  historia de “Tierras de Sangre”?

*La masacre de Babi Yar fue la mayor masacre debida a tiroteos masivos de la Shoah llevaba a cabo por los Einsatzgruppen nazis y sus colaboradores locales en la URSS principalmente el 29 y el 30 de septiembre de 1941 en las inmediaciones del barranco de BabiYar

Timothy Snyder : Bueno, es cierto que hay  muchas interacciones, pero  en mi opinión todo es todavía un poco más complicado. Cuando, por ejemplo, nos referimos a la relación entre la hambruna y la Shoah, los ucranianos que politizaron la hambruna en los años treinta no fueron los ucranianos soviéticos sino los ucranianos que eran minoritarios en Polonia, la minoría ucraniana en este país. Cuando los alemanes con ayuda de los soviéticos destruyeron el Estado polaco, fueron los ucranianos nacionalistas, los nacionalistas ucranianos quienes se encargaron de elaborar este mito: los judíos bolcheviques fueron los responsables de la hambruna ucraniana. Sin embargo, este mito no era muy popular en la Rusia soviética. Por ello este mito vino a funcionar de una manera algo diferente. Imagínese que los soviéticos ocupan el este de Polonia, dónde vive la minoría ucraniana. ¿Quién colaboró en esta zona?  Pues todo el mundo. Como en esta zona era la población ucraniana la más numerosa pues fue ésta la que cuantitativamente, proporcionalmente, en mayor medida colaboró.¿Qué quiere esto decir? Pues que cuando los nazis llegan y dicen que el bolchevismo, la colaboración con el régimen soviético, era una cosa judía, para los ucranianos esto resultaba algo muy cómodo. ¿Comprende? Porque de esta manera esto podía equivaler a que ningún ucraniano había colaborado con los soviéticos.O sea que este mito funcionó porque ya se había probado eficaz con los nacionalistas y porque resultaba muy cómodo.

Alain Finkielkraut : Mmm… En este punto le voy a plantear una pregunta más general. Antes que embarcarse en una comparación entre los dos sistemas, Ud, Timothy Snyder, analiza su interacción. En efecto, lo que Ud. llama en un momento dado, siguiendo a François Furet , su complicidad beligerante. Pero ¿Son estos dos sistemas la sóla causa de estas matanzas, es decir, no habría que contar, ya se trate de Ucrania o de los Países Bálticos o, lo veremos en su caso, de Polonia, con el anti-semitismo endógeno? Los alemanes no habrían podido llevar a cabo estas masacres ellos solos. Asi que reclutaron a gente y hubo voluntarios. ¿Puede prescindirse en una historia de estas tierras de sangre-y me dirijo a Ud. Aleksander Smolar – del anti-semitismo endógeno?

Aleksander Smolar : Es evidente que no. En lo que se refiere a Polonia hay ahora justamente muchos libros que hablan, a partirdel libro de **Jan Tomasz  Gross…

**Jan Tomasz Gross (nacido el 1 de agosto de 1947 en Varsovia) es un escritor, sociólo e historiador polaco-americano que estudia especialmente los temas relacionados con la Segunda Guerra Mundial, el Holozaustoy las relaciones judeo-polacas.

Alain Finkielkraut : “Los Vecinos”

Aleksander Smolar : “Los Vecinos”…, eso es… Hay un nutrido grupo de historiadores polacos que trabajan sobre él… El mismo Timothy Snyder, por lo demás, en una entrevista concedida al mayor periódico polaco, hablaba de “100.000 judíos” asesinados por los polacos… Asi que el problema está planteado y se discute. Al libro de Snyder…Al mismo Snyder… le atacan sobre todo los sectores nacionalistas porque habla de cosas penosas…provocadas por los nacionalistas, ***Bandera en Ucrania u otros en otras partes, pero es interesante saber que hay críticas que provienen de gente que, por el contrario, piensan que se ha escrito demasiado poco sobre la responsabilidad del Holocausto, el anti-semitismo en Polonia y en otras partes. Asi que hay esta… influencia mutua… esta complicidad de los polacos y los alemanes. Igual que hay una dialéctica: el anti-semitismo local o la corrupción de la población local por los dos grandes totalitarismos es la consecuencia terrible de esta desmoralización durante la guerra pero también después de la guerra.

***Stepan Andriyovych Bandera ( ucraniano :Степа́н Андрі́йович Банде́ра) (Nacidoel 1 de Enero de 1909 y muerto el 15 de octubre de 1959) fue un político ucraniano, uno de los fundadores de la armada insureccional ucraniana (UPA) y dirigente de la Organización de Nacionalistas Ucranianos (OUN). Descendiente de una familia de religiosos Bandera fue un ieólogo y finalmente el jefe del movimiento nacionalista ucraniano.

Alain Finkielkraut : Sí, bien, Ud. hablaba entonces del libro de Jan Gross “Los Vecinos”. Este libro ha revelado la existencia, la realidad de un pogrom que se produjo en Jedwabne, una pequeña ciudad de “tierras de sangre” que fue ocupada primero por la Rusia soviética y luego por los alemanes y este pogrom no fue organzizado por los alemanes. Es una inciciativa polaca que buscaba vengarse de los judíos a los que se acusaba de haber llegado a arreglos y haber colaborado con el poder soviético. Después del libro de Jan Gross hubo en Polonia una gran discusión, que sigue hoy en día con la aparición de otro libro, el libro de Anna Bikont, periodista de “Gazeta”, un libro impresionante “El Crimen y El Silencio” y habiendo habido dos años de discusiones en Polonia, Lech Walesa, entre otras grandes personalidades polacas, reaccionó muy mal a la revelación de estas masacres, arguyendo que también los judíos tienen que presentar sus disculpas por su papel en el comunismo etc…etc… Y Monseñor Glemp ha dado discursos en este sentido y lo cierto es que uno se sorprende de ver que este progrom no figure o lo haga apenas, en vuestro gran relato.

Timothy Snyder : Yo no soy un micro-historiador. O sea que para mí Jedwabne es un ejemplo de un fenómeno que describo, del cual hay cerca de doscientos otros ejemplos en la forma de pogromos y los describo y menciono que se trataron de veinticuatro mil muertos… Desde luego que fue una parte de la Shoah pero una parte mínima y por eso no figura de una manera amplia en mi libro. Sin duda que el debate suscitado por mi colega Jan Gross lo considero muy importante. Pero en Polonia concierne a una cuestión de responsabilidad nacional. Para mí , en cambio, la cuestión más importante es la de la interacción,que también se la puede encontrar en Gross,está en su libro,pero no es la pista que sigue porque ahora se ocupa sobre todo de la cuestión de la responsabilidad polaca. Lo cual es desde luego perfectamente comprensible, pero yo no soy un intelectual polaco. Lo que a mí me interesa es la causalidad y en virtud de la misma, hay que decir que el anti-semitismo era un factor muy importante en Polonia, pero que el anti-semitismo sólo no basta para explicar la Shoah. Si el anti-semitismo bastara para  explicar la Shoah, la Shoah hubiera ocurrido mucho antes porque, con todo lo que se dice sobre el anti-semitismo y la Shoah, hay que recordar que los judíos estuvieron en Polonia durante seiscientos años antes de que ocurriera la Shoah, viviendo entre gente que era anti-judía, anti-semita. El anti-semitismo no es suficiente. Hace falta comprender también la expulsión de la guerra, la exclusión de los judíos … y Ud. ha dicho antes que no fue una política alemana… Si, si, si , si,… Los alemanes estaban ahí… Ellos fueron los que aleccionaron a la población diciéndoles que había llegado el momento de la revancha contra los judíos. No consigo imaginarme que pudiera pasar de otra manera y si nos referimos al brillante trabajo de Anna Bikont, la cuestión aquí sería por qué se produjeron pogromos en Jedwabne y no en otros lugares porque, de hecho, mayoritariamente no se produjeron pogromos y si se quiere explicar por qué se produjo un pogrom en Jedwabne y no en otros lugares se hace necesario lo que de manera muy bella Anna Bikont evoca, el anti-semitismo local. Pero para diferenciar la comunidad local. Creo que así es cómo puede funcionar el anti-semitismo en tanto causa.

Alain Finkielkraut : Al mismo tiempo Ud. dice en un momento dado que los alemanes y los rusos en Polonia, que ellos  entraron en Polonia , y Ud, emplea, creo, esta expresión, “para destruir las luces”…

Timothy Snyder : Si, así es.

Alain Finkielkraut : Pero, pero, por otra parte, Polonia era una contradicción viviente y potencialmente explosiva entre un Estado plurinacional con minorías muy numerosas: minoría ucraniana-cinco millones, creo-, minoría judía-tres millones-, minoría bielorrusa… o sea un Estado multinacional y una ideología enfebrecida y étnicamente nacionalista… Estaba claro que de esta contradiucción podía salir lo peor. Pero, por otro lado, y me gustaría habla ahora de esto, su libro muestra lo que en esas tierras de sangre fue el terrible sufrimiento polaco y para mí essto ha sido una revelación. Yo soy hijo de judíos polacos. A mi padre lo deportaron de Francia.Mi madre fue salvada (Por más que he rebobinado,no llego a comprender estas palabras) . Digamos que en la memoria en la que he vivido no les correspondía a mis padres transmitirme el sufrimiento polaco. El contencioso tenía peso y me era familiar…Pero aquí uno coge la medida de ese sufrimiento porque se trata a la vez de los polacos soviéticos acusados de conspirar contra Stalin en los años treinta y luego la violenia desenfrenada de la guerra contra Polonia, el bombardeo de Varsovia, la actitud de la Wehrmacht desde los primeros días de la guerra… Yo encuentro, en fin, que nunca antes se había tocado este tema de una manera tan fuerte.

Aleksander Smolar : Esta amnesia o desconocimiento cobra a veces formas grotescas. Herzog, presidente de la República Federal, fue invitado por Lech Walesa al aniversario de la revuelta de Varsovia. Sin embargo, él manifiesta su agradecimiento por haber sido invitado por Walesa al aniversario de la revuelta del ghetto de Varsovia. Lo que quiere decir: presidente alemán, o mejor  sus colaboradores, desconocían que hubiera habido una revuelta en Varsovia al de un año de la trágica revuelta del ghetto de Varsovia y que toda la ciudad fue destruida y que más de cien mil- según estimaciones de Timothy Snyder- y unos doscientos mil, según los polacos, fueron asesinados. Y sin embargo, no lo sabía. Pero Powell a quien también se había invitado, el portavoz de Powell, el secretario de Estado de los Estados Unidos, dio la misma respuesta. O sea: desconocían la existencia de un hecho mayor, en este caso. Por lo demás esta competición de memorias es una de las causas de los problemas entre los polacos y los judíos,  un cierto sentimiento de injusticia porque pueda conocerse la existencia de la revuelta del ghetto de Varsovia y se desconozca la revuelta de Varsovia, la de los polacos.

Aleksander Smolar : Jusqu´à,  jusqu´à il n´y a pas longtemps une grande partie des ukrainiens ne savaient pas ou ne voulaient pas savoir. C´était trop traumatique, trop terrible. Pendant des generations le sujet n´était jamais abordé dans le système scolaire. À partir du président précédent, un desastre, d´ailleurs pour l´Ukraine, Yuschenko, il voulait crèer une nation moderne ukrainienne autour de ce mythe, Holodomor, comme les ukrainiens l´appellent. C´est une paraphrase de l´Holocauste. Holodomor c´est “mort de faim”, Holodomor est devenu un grand mythe ukrainien. C´est trés interessant que le président qui est aujourd´hui et dont les rapports avec la Russie sont beaucoup plus ambigus, aussi envers le passé. Il a pratiquement eliminé ce mythe… Mais bien sûr le savoir est trés maintenant repandu, mais je pense que c´est une histoire trop terrible pour vraiment…..parce que c´est une histoire personelle, de familles. Il faudrait beaucoup de temps vraiment, je pense, pour que les Ukrainiens soient capables de faire face à ce que Timothy Snyder décrit.

Alain Finkielkraut : Et est- ce que vous avez vous même déjà parlé en Ukraine… Est- ce que vous avez été en contact avec l´opinion ukrainienne à propos de cette événement, Timothy Snyder?

Timothy Snyder : Oui, bien sûr, j´ai parlé avec des gens qui l´ont survecu et dans le fond de ce livre il y a beaucoup de conversations que je n´utilise pas de façon academique mais que m´ont informé bien sûr. Et aprés la publication du livre en Ukraine, en ukranien, j´ était en Ukraine aussi, j´ai parlé avec des gens sur la famine. Pour moi, c´est un peu different. Alors, la memoire populaire de la famine était toujours là, ce n´est pas une chose qu´on peut oublier, mais comme Aleksander Smolar a dit, ça n´a  jamais été politiquement systematisé et ça a changé mais si vous essayez de jeter un peu de paix en Ukraine il y a toujours une grand- mère qui va vous arrêter et c´est justement, voilá… C´est parce que…

Alain Finkielkraut : Mais, là, je vais poser, disons, une question qui tient au conflit des memoires et même d´avantage au rôle que la memoire d´un crime a peu jouer dans la perpetuation d´un autre crime. Puisque l´Ukraine était l´objet de l´appètit conjugué de Staline et Hitler. Avec l´Operation Barbarossa Hitler a penetré en Ukraine et il y a eu la grande massacre de juifs. Vous parlez de celui de * Babi Yar notamment et aux yeux de beaucoup d´Ukrainiens le communisme était juif et puisque le communisme était juif certains Ukrainiens ont été hereux de saisir l´occasion de faire payer aux juifs la famine dont ceux-ci étaient responsables. D´où le rôle trés important de ces supplétifs dans la solution finale. N´est- ce pas-disons-l´un des aspects les plus diaboliques de l´histoire de “Terres du sang”, Timothy Snyder?

* Le massacre de Babi Yar est le plus grand massacre de la Shoah par balles menée par les einsatzgruppen nazis en URSS et leurs collaborateurs locaux principalement les 29 et 30 septembre 1941 aux abords du ravin de Babi Yar.

Timothy Snyder: Bon, il y a beaucoup d´interactions. C´est vrai. Mais c´est aussi un peu, à mon avis, plus compliqué. Alors, quand on parle de la relation entre la famine et la Shoah les gens qui ont politisé la famine ukranienne dans les années trente, ce n´est pas les Ukrainiens sovietiques, c´étaient les Ukrainiens qui étaient minoritaires dans la Pologne. Quand les Allemands ont détruit l´état polonais avec le soutien des sovietiques, c´étaient les Ukrainiens nationalistes, nationalistes ukrainiens, qui ont bati ce mythe: c´étaient les juifs bolcheviques qui ont affamé la population ukrainienne ,mais ce mythe n´était pas trés populaire dans l´Ukraine sovietique. Alors, ce mythe a fonctionné d´une façon un petit peu differente. Alors imaginez vous que les sovietiques étaient là dans la Pologne de l´est, là où la minorité ukrainienne nationaliste était et Qui a collaboré? Tout le monde. Et parce que la population était majoritairement ukranienne, c´étaient les Ukraniens qui ont collaboré, quantitativement, proportionellement, et c´est que cela veut dire? Que quand les nazis arrivent et disent que le bolchevisme, la collaboration avec le régime sovietique, c´était une chose juive, pour les Ukrainiens ça a été trés confortable. Vous comprenez?  Parce que ça veut dire qu´aucun Ukrainien n´a collaboré avec les sovietiques. Alors ce mythe a fonctionné parce qu´il a déjà fonctionné sur les nationalistes et aussi parce que c´était trés confortable.

Alain Finkielkraut: Mmmm…Là, je vais poser une question plus générale. Plutôt que de vous livrer, Timothy Snyder, à une comparaison entre les deux systèmes, vous analysez leur interaction. En effet, et à un moment donné, c´est que vous appelez, aprés François Furet, leur complicité belligerante.Mais dans ces tueries ces deux systèmes sont ils seules une cause, c´est-à-dire: Ne faut-il pas faire sa part, qu´il s´agisse de l´Ukraine mais aussi des Pays Baltes et nous le verrons eventuellement de la Pologne, de l´anti- semitisme endogène. Les Allemands n´auraient pas pu mener ces massacres à bien tous seules. Donc, ils ont requisitionné des gens et il y a eu des volontaires. Peut-on faire l´economie-et je m´adresse à vous, Aleksander Smolar dans une histoire de “Terres du sang” de l´anti-semitisme de l´Europe Orientale?

Aleksander Smolar: C´est inevitable. Il y a en ce qui concerne la Pologne beaucoup de livres que maintenant parlent justement, a partir du livre de **Jan Tomasz Gross…

**Jan Tomasz Gross (né le 1er août 1947 à Varsovie) est un écrivain, sociologue et historien polonais et américain qui étudie notamment les questions liées à la seconde guerre mondiale, à l’holocauste et aux relations judéo-polonaises.

Alain Finkiellkraut : “Les voisins”

Aleksander Smolar : “Les voisins”…Le voilá… Il ya un grand milieu des historiens polonais qui en travaillent… D´ailleurs Timothy Snyder lui même a parlé dans une interview dans le plus grand journal dans la Pologne, il a parlé de “100.000 juifs” assassinés par les polonais… Donc…Le problème est posé et discuté. Le livre de Snyder…Snyder lui même, il est attaqué surtout par les milieus nationalistes parce qu´il parle de choses penibles…. provoqués par les nationalistes,*** Bandera en Ukraine ou ailleurs, mais il y a, c´est aussi interessant, il ya des critiques qui sont adressées par les gens qui, au contraire, qui pensent que trop peu on écrit sur la responsabilité de l´Holocauste, l´anti-semitisme en Pologne et ailleurs. Donc il y a cette…l´influence mutuelle…Cette complicité des Allemands et des Polonais. Et il y a aussi une dialectique: l´anti-semitisme local ou corruption de la population locale par deux grands totalitarismes est le consequènce terrible de cette démoralisation pendant la guerre mais aussi aprés la guerre.

*** Stepan Andriyovych Bandera (ukrainien : Степа́н Андрі́йович Банде́ра) (né le 1er janvier 1909 et mort le 15 octobre 1959) était un homme politique ukrainien, l’un des fondateurs de l’Armée insurrectionnelle ukrainienne (UPA) et le dirigeant de l’Organisation des nationalistes ukrainiens (OUN). Issu d’une famille de religieux, Bandera était  un idéologue, et finalement le chef du mouvement nationaliste ukrainien.

Alain Finkielkraut : Oui, bien, alors, justement vous parliez du livre de Jan Gross “Les Voisins”. Ce livre a revelé l´existence, la realité d´un pogrom qui se produit à Jedwabne, une petite ville de “terres du sang” occupée d´abord par la Russie sovietique, occupée ensuite par les Allemands et ce pogrom n´a pas été organisé par les Allemands. C´est une intiative polonaise, visant encore une fois à se venger des juifs qu´on accusait de ce compromis, d´avoir collaboré avec le pouvoir sovietique. Aprés le livre de Jan Gross il y a eu en Pologne une grande discussion qui se poursuit avec l´ apparition d´un autre livre, celui de Anna Bikont, journaliste du “Gazeta”, un livre trés impressionant “Le crime et le silènce” et s´il y a eu  deux ans de discussions en Pologne et Lech Walesa a trés mal reagi, entre autres grandes personnalités polonaises, à la revelation de ces massacres, en disant mais les juifs aussi ont à présenter des excuses aux polonais pour leur rôle dans le communisme etc…etc… et Monseigneur Glemp a fait des discours dans ce sens et il est vrais qu´on peut s´etonner que ce pogrom au fond ne figure pas ou à peine dans votre grand rècit.

Timothy Snyder : Je ne suis pas un micro-historien. Alors pour moi, Jedwabne, est un exemple d´un phénomène que je décris et il y en avait à peu prés deux cents exemples de pogroms et j´y les décris, je mentionne qu´il s´agissait de vingt quatre mille  morts…Alors c´était une partie de la Shoah, mais une toute petite partie de la Shoah. Et c´est pour ça que ça ne figure plus grandement dans mon livre. Je pense bien que le débat lancé par mon collègue Jan Gross a été trés important. Dans la Pologne c´est plutôt une question de la responsabilité nationale. Mais, pour moi, la question la plus interessante, c´est la question de l´interaction, qui est aussi là, chez Gross, c´est là chez Gross, mais ce n´est pas la trace qu´il suit maintenant, parce qu´il est concerné avant tout avec la responsabilité polonaise. C´est qui est tout à fait comprehensible mais moi, je ne suis pas un intelectuel polonais, moi, je m´interesse à la causalité et pour la causalité il est important de dire que l´anti- semitisme était trés, trés important dans la Pologne, mais l´anti-semitisme ne suffit pas pour expliquer la Shoah. Si l´anti-semitisme expliquait la Shoah, la Shoah aurait eu lieu précédemment parce que tout ce qu´on dit sur l´anti-semitisme et la Shoah il faut qu´on se souvienne que les juifs ont été en Pologne pour six cent années avant la Shoah et ils ont existé parmi des gens qui étaient anti-judaiques, anti-semites. L´anti-semitisme ne suffit pas, il faut aussi comprendre l ´expulsion de la guerre, l´exclusion de juifs et vous avez dit que ce n ´était pas une politique allemande…Si, si,si, si…Les Allemands étaient là…Ils ont instruit la population que maintenant c´est le temps de faire la revenge contre les juifs. Je ne m´imagine pas que ça puisse se produire autrement et s´il s´agit du brillant travail de Anna Bikont, la question là c´ est pourquoi il y avait des pogroms à Jedwabne et pas ailleurs, parce que majoritairement il n´y avait pas des pogroms et si on veut expliquer pourquoi il y avait un  pogrom à Jedwabne et pas dans les autres villages il faut, à mon avis,evoquer ce qu´elle a de façon trés belle fait, l´anti-semitisme local. Mais pour differencier la communauté locale, à mon avis, l´anti-semitisme peut-être peut fonctionner comme ça, comme cause.

Alain Finkielkraut : En même temps vous dites à un moment donné que les allemands et les russes en Pologne, sont entrés en Pologne, et vous avez cette expression, je crois, “pour détruire les lumières”…

Timothy Snyder : Oui. Oui, c´est ça.

Alain Finkielkraut : Mais, mais, dans un autre côté la Pologne, c´était cette contradiction vivante et potentiellement explosive entre un état multinational avec des minorités  enormes, minorité ukrainienne- cinq millions, je crois- minorité juive- trois millions- minorité bielorusse… et donc, état multinational et ideologie, fièvreusement et ethniquament nationaliste… Il est clair que cette contradiction a pu donner le pire. Mais, dans un autre côté et ça je voudrais qu´on en parle maintenant, votre livre montre dans les terres du sang ce qu´a été l´incroyable souffrance polonaise et pour moi ça a été une révélation. Je suis enfant des juifs polonais, mon père a été deporté de France. Ma mère s´est sauvée des (J´ai beau rebobiner , je n´arrive pas à comprendre ces mots) donc, disons, dans la memoire dans laquelle j´ai vecu , il n´appartenait à mes parents de m´entretenir de la souffrance polonaise.Le contentieux était trés lourd et je le connaissait…. Mais là on a la mesure parce que c´était à la fois les polonais sovietiques accusés de conspirer contre Staline dans les années trente , puis la  violence effrenée de la guerre contre la Pologne, le bombardement de Varsovie, l´attitude de la Wehrmacht dans les premiers jours de la guerre… En fin, on n´avait jamais parlé, je trouve, d´une manière aussi forte…Aleksander Smolar.

Aleksander Smolar : Cette amnesie ou manque de savoir, parfois, prend des formes grotesques. Herzog, président de la république fédérale est invité par Lech Walesa à l´anniversaire de la révolte de Varsovie. Or il a remercié Walesa pour être invité pour l´anniversaire de la révolte du ghetto de Varsovie. Ça veut dire: président allemand ou plûtot ses collaborateurs ne savait pas qu´il y avait une révolte à Varsovie un ans plus tard qu´une révolte tragique du ghetto de Varsovie et que toute la ville a été détruite et que plus de cent – mille- ces estimations qui sont données par Timothy Snyder-les polonais parlent par fois, de deux cents mille… qu´ils étaient assassinés… Or il ne savait pas…mais Powell qui était invité aussi, le porte-parole de Powell, secretaire d´état aux États- Unis, il a donné la même réponse. Ça veut dire: à l´accident on ne savait pas qu´il avait un tel fait majeur. D´ailleurs cette competition de memoire c´est une des sources de problèmes des polonais avec les juifs, ça veut dire: un certain sentiment d´injustice qu´on peut connaître l´existence de la révolte du ghetto de Varsovie et ne pas connaître la révolte de Varsovie, des polonais.

 

“Terres du sang” , un livre de Timothy Snyder II // “Tierras de sangre”,un libro de Timothy Snyder II

Je continue de publier la transcription et la traduction à l´espagnol de l´émission radio “Repliques” du 2/11/2012  avec Alain Finkielkraut, Timothy Snyder et Aleksander Smolar. Voiçi le lien.

http://www.franceculture.fr/player/reecouter?play=4652310

J´ai trouvé quelques difficultés de comprèhension surtout lorsqu´il s´agissait de récitations de livres qu´ l´animateur de l´émission, Alain Finkielkraut ,  fait. À cette égard je fais au cours du texte des remarques explicatives entre parèntheses.

Continuo con la publicación de la transcripción y traducción al español de la emisión de radio “Repliques” del 02/11/2012 con Alain Finkielkraut, Timothy Snyder y Aleksander Smolar. A continación el link.

http://www.franceculture.fr/player/reecouter?play=4652310

He encontrado algunas dificultades de comprensión sobre todo al tratarse de citas de libros a cargo de Alain Finkielkraut. A este respecto hago indicaciones entre paréntesis a lo largo del texto.

Alain Finkielkraut: C´est- à- dire?

Timothy Snyder: C´est-à-dire … La plupart de gens qui ont été tués n´ont jamais été concentrés, n´ont jamais vu un camp de concentration. Ils sont été délibérement affammés là où ils vivaient, ils étaient tués, cela est aussi important, ils étaient tués dans la Shoah aussi là où ils vivaient pour la plupart ou pas loin de là où ils vivaient, sans alienation, sans concentration. Les juifs qui ont été tués dans la Shoah, ils avaient vecu pratiquement jusqu´ à l´avènement dans la Pologne, dans l´Union Sovietique. Ils n´ont pas vecu à cette evolution de la politique nazie, c´était une histoire pour eux entièrement étrangère. L´experience des juifs allemands leur était étrangère. L´arrivée du pouvoir allemand était quelque chose de chocant, de nouveau, de radical, qui a changé leur vie soudainement, inmediatement. Alors la vraie histoire de la Shoah , mot à mot, n´est pas ces étapes. Il s´agit… C´est trés important parce que la critique de la modernité est basée sur une vision de la Shoah qui n´est pas vraie, qui n´est pas vraie…

Alain Finkielkraut: C´est-à-dire, la Shoah comme le crime industriel, qui serait en quelque sorte une espèce d´aboutissement ou de délire de la modernité elle même…

Timothy Snyder: Oui…

Alain Finkielkraut: C´est ça…?

Timothy Snyder: Quand on dit crime industriel, ça, on fait deux choses. On forme une distance, alors, quand on parle de l´industrie, c´est une chose abstraite, c´est une chose organisée, c´est une chose qu´on ne fait pas personnellement, mais la Shoah, même dans les usines de mort, était une chose trés personnelle. Et naturellement sur les fosses à l´est, c´ était plus personnelle. Alors la mort industrielle est un peu un euphémisme que nous separe de la realité.

Alain Finkielkraut: Aleksander Smolar, voulez vous intervenir là-dessus?

Aleksander Smolar: C´est extrêmement important dans le livre, peut – être la thèse la plus bouleversante, la plus interessante, mais l´aspect qui est aussi interessant, où il montre la difference de sorts dans la memoire, peut-être on va y revenir, des juifs occidentaux, beaucoup moins nombreaux, et de juifs de l´est, “Ost-Juden”, avec un certain mèpris, appellés par les allemands, qui étaient quatre cinquième des juifs assassinés, or ils n´étaient pas assassinés à Ausschwitz, ils n´étaient pas dans Ausschwitz. À Ausschwitz étaient sur tout les juifs venant de l´occident. Donc, pour des raisons multiples, parce que l´Union Sovietique n´a pas eu l´intêret de parler de la particularité de la mort juive, de la Shoah, parce que le camp sovietique a été fermé, on savait trés peu et l´attention était tournée, centrée sur le temoignage et sur la mort des juifs occidentaux.

Alain Finkielkraut: Quand même, je me demande, Timothy Snyder, si au fond, à un moment donné, vous vous ne laissez pas emporter par la nouveauté paradoxale de votre découverte. Vous dites “C´est ne pas le camp, c´est pas dans le camp, que le meurtre de masse a eu lieu ou pas majoritairement dans le camp” Mais vous ecrivez quatre-vingt-dix pourcent de ce qui entraient en gulag, en sortaient vivants et vous avez cette phrase que m´a fait sursauter “La plupart de ce qui entraient dans les camps de concentration allemands survécurent également” et ça…ça je suis surpris parce que evidemment je suis, comme nous tous içi, et comme beaucoup d´auditeurs, un lecteur de Primo-Levi et Primo-Lèvi voit dans le camp, dans Ausschwitz, camp de concentration et pas camp d´extermination, la mort à l´oeuvre et quand il dit que “Le musulmänner *…(j´ai beau rebobiner ces mots, je n ´arrive pas à les comprendre…), trop vite déjà pour souffrir vraiment”, et quand il dit qu´ “au fond il peuve resumer tout le mal de notre temps et tout ce mal se resume dans cette image: un homme décharné , (j´ai beau rebobiner ces mots, je n ´arrive pas à les comprendre…) , les èpaules voûtés, dont le visage et les yeux ne refletent nulle trace de pensée” je crois qu´il est au coeur de ce meurtre de masse, de même lorsqu´il parle de tous ceux qui sont morts autour de lui et qui sont morts précisément parce qu´ils n´avaient pas l´egoisme de la survie, donc qui sont presque meilleurs que lui, survivant, et il en dresse la liste dans “Les naufragés et les rescapés” et cette liste me fait justement penser à ce que vous ecrivez vous même à propos de la famine ukrainienne à laquelle nous reviendrons tout de suite. Vous dites: “Les braves gens étaient les premiers en mourir, ceux qui refusaient de voler ou de se prostituer, ceux qui donnaient de manger à d´autres, ceux qui refusaient de manger le cadavre, ceux qui refusaientt de tuer leurs camarades, les parents qui resistaient au canibalisme mouraient avant leurs enfants.” C´est une liste trés proche de celle que Primo Levi trace dans “ Les Naufragés et les Rescapés”. Donc il me semble tout de même que le coeur appartient de plein droit à cet univers que vous décrivez dans “Terres du sang”

*Musulmänner : désigne dans le jargon du camp le détenu qui a abandonné toute espérance, victime de la destruction psychique, physique et mentale que la vie dans le camp instille progressivement et insidieusement. Le détenu qui ne survit que grâce à la nourriture dans les conditions de vie du seul camp, sans pouvoir « organiser » ou bénéficier de la solidarité de ceux qui « organisent » s’éteint en quelques semaines.

Timothy Snyder: Bien sûr, il n´y a qu´une histoire mais il faut garder les proportions et j´ai essayé de garder les proportions. Alors quand il s´agit d´Ausschwitz (j´ai beau rebobiner ces mots, je n ´arrive pas à les comprendre…)  ce n´est pas majoritairement, c´étaient les juifs de l´ouest, mais il y en avait beaucoup, majoritairement c´étaient les juifs hongrois et polonais, mais les juifs de toutes petites populations occidentales étaient là et c´est pour ça qu´on se rappelle d´Ausschwitz. C´est grâce a la guerre froide, à vrai dire, parce qu´on a reçu ce récit dans les langues occidentales pendant la guerre froide, pendant qu´était impossible d´apprendre plus sur la Pologne ou sur les juifs de l´Union Sovietique et chrono…chrono…Vous avez tout à fait raison que c´est une histoire, mais chronologiquement Ausschwitz c´est la fin de l´histoire, la plupart de la Shoah est déjà passée… Et intelectuellement, conceptuellement Ausschwitz c´est le… malhereusement… c´est le commencement de la compréhension de la Shoah. C´est ne que le commencement malhereusement et Ausschwitz, c´est aussi un problème pour nous parce que, vous l´avez déjà dit, c´était un camp et c´était aussi une usine de mort. Normalement les usines de mort comme Treblinka, Belzec, Sobibor n´avaient pas de camp important et voilá, pourquoi Ausschwitz comme métaphore, comme symbole, est un peu problematique parce que les gens qui ont connait, ce sont des gens qui ont survecu le camp, voilá.

Alain Finkielkraut: Bien, donc cette précision étant faite, je voudrais que nous reprenions la chronologie et l´enchaînement de cette violence de masse. Cela commence pour vous, Timothy Snyder, avec la grande famine en Ukraine. Alors ma question s´adresse à l´un et à l´autre. Qu´est-ce qui fait que cette grande famine n´est pas un événement naturel du à des mauvaises récoltes mais le résultat d´une politique déliberé et  quelle était au fond cette politique? Qu´est-ce qu´allumait Staline justement dans les années trente? Timothy Snyder…

Timothy Snyder: Alors, ce n´ai pas été la seule famine de l´Union Sovietique. Pendant la collectivisation il y en avait plusieurs. Dans Kazakhstan notamment. La famine en Kazakhstan a été la plus terrible en fait. Cette a été la première. Quand la famine a commencé à l´Ukraine pendant la collectivisation de l´agriculture Staline a déjà compris ce qu´il fallait faire et ce que ne fallait pas faire pour améliorer la situation ou pour que la situation de famine continue. Il a fait tout pour que la situation continue. Alors, les frontières interieures de l´Union Sovietique étaient closes pour que les ukrainiens ne puissent pas échapper à la Bielorussie ou à la Russie. Les gens qui ne  pouvaient pas livrer ce qu´il fallait étaient isolés du pays, du fait qu´ils ont mouru de faim etc…etc…Les paysans qui avaient faim ne pouvaient pas, literalement, ne pouvaient pas prendre le train aux villes, c était impossible et tout ça a été planifié avec soin et les sources archivales sont trés claires. Elles  sont plus claires que les sources, par exemple,  qui nous ramènent à Hitler ou à Himmler pour la Shoah. Il n´a pas question de manque de sources. Alors, pour moi, c´est le commencement parce qu´il s´agit d´un jeu entre Stalin et Hitler pour les territoires entre Moscou et Berlin. Hitler a aussi une planification de famines justement pour cette raison. Pour Stalin l´Ukraine était la terre magique qui va permettre le dévéloppement d´un pays moderne. Pour Hitler c´était aussi la corbeille de pan magique qui va permettre le dévéloppement d´une colonie allemande à l´est. Les ideologies, les visions sont trés differentes mais, vous voyez, la terre est la même.

Alain Finkielkraut: Oui, et Staline voulait moderniser l´Union Sovietique en collectivisant notamment de manière radicale et à marches forcées l´agriculture ukrainienne. Quand il s´est rendu compte que ça ne fontionnait pas il a imputé l´échec à des saboteurs, à des traitres. D´où cette terrible famine et une des forces de votre livre, Timothy Snyder, c´est que c´est une grande narration, c´est-à-dire-vous racontez et nous sommes jetés au milieu de l´horreur, de l´horreur la plus concrète: “ D´innombrables parents tueaient et mangeaient à leurs enfants avant de finir par mourir de faim quand même. Une mère fit cuire son fils pour nourrir sa fille et elle même. Toutes les combinaisons étaient, bien entendu, possibles.Dans une famille on tue à la belle-fille pour donner sa tête au couchon et faire  les restes de son corps. Garçons et filles-gisaient sur leurs draps et leurs couvertures se nourrissant des leurs excrèments. On attendait la mort.” Et puis aussi cette image qui est d´une incroyable dignité. Vous donnez d´ailleurs le nom de la personne, Petro Veldi, qui fit montre d´une force peu commune quand il se traîna à travers son village le jour où il s´attendait à mourir, les autres, (j´ai beau rebobiner ces mots, je n ´arrive pas à les comprendre…) , lui demandaient où il allait. Au cimetière, s´ y allonger. Il ne voulait pas que des inconnus viennent et trainent son corps jusqu´à une fosse, aussi avait-il creusé sa propre tombe, mais quand il arriva au cimetière un autre corps l´occupait, ils ont creusé une autre, s´allongea et attendit…”. On est evidemment stupéfait. Quand bien même on serait au courant de cette famine parce ce que vous racontez, par ces images … mais, justement, Quelle trace, et je pose la question à Aleksander Smolar, cet événement à-t-il laissé dans la memoire ukrainienne?

Alain Finkelkraut: Lo que quiere decir que…?

Timothy Snyder: Lo que quiere decir que la mayor parte de la gente que fue asesinada nunca estuvo concentrada, nunca vieron un campo de concentración. Se las sometió deliberadamente a hambrunas allí dónde vivían, fueron asesinadas en su mayoría, y esto es importante, en el caso de la Shoah, también dónde vivían o no lejos de ahí, sin alienación de sus hogares, sin concentración. Los judíos asesinados en la Shoah habían vivido bien en Polonia, bien en la Unión Soviética hasta prácticamente el día de su asesinato. No vivieron en primera línea le evolución de la política nazi, esta historia les era por completo ajena. No tenían noticia de la experienca de los judíos alemanes. La llegada del poder alemán fue algo chocante, novedoso, radical, que cambió sus vidas de repente e inmediatamente. O sea que la verdadera historia de la Shoah no es literalmente, la de esas etapas de las que esos autores hablan. Se trata… Esto es muy importante porque la crítica de la modernidad está basada entonces en una visión de la Shoah que no es verdadera, que no es verdadera.

Alain Finkielkraut: O sea que la Shoah en tanto crimen industrial que sería en cierta manera una especie de desenlace o de delirio de la modernidad misma….

Timothy Snyder: Si…

Alain Finkielkraut: Se refiere a esa idea…?

Timothy Snyder: Cuando se habla de crimen industrial se está haciendo dos cosas. Se toma una distancia, al hablar de “industria” uno se refiere a una cosa abstracta, a una cosa organizada, a un asunto que no se lleva a cabo personalmente. Y, sin embargo, la Shoah, incluso en las fábricas de la muerte, fue una cosa muy personal. Más personal naturalmente en lo que hace a los tiroteos masivos en fosas. O sea que la expresión “muerte industrial” es un poco un eufemismo que nos separa de la realidad.

Alain Finkielkraut: Aleksander Smolar, ¿Desea comentar algo a este respecto?

Aleksander Smolar: Es la tesis más importante, puede que más estremecedora y más interesante del libro pero un aspecto que también es interesante es la diferencia en la suerte de la memoria, quizá podamos volver sobre este asunto, de los judíos occidentales, bastante menos numerosos, y la de los judíos de Europa del Este, los “Ost-Juden” a los que los alemanes se referían con desprecio y que supusieran las cuatro quintas partes de los judíos asesinados y que, sin embargo, no fueron asesinados en Ausschwitz, no estuvieron en Ausschwitz. En Ausschwitz estuvieron sobre todo los judíos occidentales. Por consiguiente, por razones múltiples, porque la Unión Soviética no mostró interés en hablar de la particularidad de la muerte judía, de la Shoah, porque el lado soviético estaba cerrado , se sabía muy poco y la atención se orientó, se centró en el testimonio y la muerte de los judíos occidentales.

Alain Fikielkraut: Con todo, Timothy Snyder, yo me pregunto si en el fondo y en un momento dado, no se está Ud. dejando llevar por lo paradójico de la novedad de su descubrimiento. Ud. afirma. “No fue en los campos, no fue en los campos o al menos no principalmente aquí dónde la mayoría de los crímenes tuvieron lugar” Y escribe que el noventa y dos por ciento de los que entraron en un gulag volvieron con vida de él”. Y también esta frase que al leerla me sobresaltó: “La mayor parte de los que entraron en los campos de concentración alemanes sobrevivieron igualmente” y esto, esto me sorprende porque evidentemente como todos los que estamos aquí y muchos de los oyentes, soy un lector de Primo Levi y lo que Primo Levi ve en los campos, en Ausschwitz, campo de concentración y no campo de exterminio, es la muerte a pleno rendimiento y cuando dice: “Los musulmänner* (por más que he rebobinado estas palabras, no las llego a comprender) demasiado deprisa ya para sufrir verdaderamente” y cuando dice que “ en el fondo él puede resumir todo el mal de nuestro tiempo y todo este mal se resume en esta imagen: un hombre demacrado ( por más que he rebobinado estas palabras, no las logro comprender), los hombros encorvados, y cuyos ojos y rostro no registran ninguna huella de pensamiento” yo creo que se encuentra de lleno en el centro del crimen en masa y lo mismo cuando habla de todos los que han muerto a su alrededor y que han muerto precisamente porque no disponían del egoismo del superviviente , o sea que son casi mejores que él, superviviente,  y hace la lista en “Los Hundidos y los Salvados” y esta lista me hace justamente pensar en lo que Ud. escribe a propósito de la hambruna ucraniana sobre la que volveremos enseguida: Ud. dice “La gente buena era la primera en morir, los que se abstenían de robar o de prostituirse, los que daban de comer a otros, los que rechazaban alimentarse de cadáveres, los que rechazaban matar a sus camaradas, los padres que, resistiendo la tentación del canibalismo, morían antes que sus hijos”. Es una lista muy próxima de la que Primo Levi traza en “Los Hundidos y los Salvados”. Me parece que este centro se corresponde de pleno derecho con el que Ud. describe en “Tierras de Sangre”

*Musulmänner: dentro de la jerga del campo el termino designa aquellos prisioneros que han abandonado toda esperanza, víctimas de la destrucción psíquica, física y mental que la vida en el campo inocula progresiva e insidiosamente. La vida del prisionero que solamente se mantiene en vida gracias a la alimentación bajo las condiciones de vida del campo, sin poder “organizar” o beneficiarse de la solidaridad de los que “organizan”, se apaga en unas semanas.

Timothy Snyder: Ciertamente, no hay más que una historia pero se hace necesario guardar las proporciones y yo he tratado de guardar las proporciones. Cuando se trata de Ausschwitz (por más que he rebobinado, no llego a comprender estas palabras) … no lo era de forma mayoritaria, eran judíos del oeste, de los que había muchos. Mayoritariamente eran judíos húngaros y polacos pero si nos acordamos de Ausschwitz es porque ahí estuvieron judíos de pequeñas poblaciones de Europa occidental. A decir verdad, es gracias a la Guerra Fría, al recibirse este relato en las lenguas occidentales durante la Guerra Fría mientras que era imposible saber nada sobre lo ocurrido en Polonia o lo que pasaba con los judíos de la Unión   Soviética. Crono… Crono… Tiene Ud. toda la razón al sostener que se trata de una historia pero cronológicamente Ausschwitz significa el fin de esa historia, la mayor parte de la Shoah ya ha sucedido… Y conceptual e intelectualmente Ausschwitz es, desgraciadamente, el comienzo de la comprensión de la Shoah. Desgraciadamente no es más que el comienzo y Ausschwitz nos plantea un problema porque, como Ud. ya lo ha dicho, era un campo y, al mismo tiempo, una fábrica de muerte. Normalmente las fábricas de muerte como Treblinka, Belzec, Sobibor no disponán de campos de importancia y es por eso que Ausschwitz en cuanto metáfora y símbolo, resulta un poco problemático porque las personas que lo conocieron son las gentes que lo sobrevivieron.

Alain Finkielkraut: Vale, bien, una vez hecha esta precisión me gustaría que volviéramos sobre la cronología y el encadenamiento de esta violencia de escala masiva. En su opinión, Timothy Snyder, la misma comienza con la gran hambruna ucraniana. Mi pregunta va dirigida a Uds. dos. ¿Qué es lo que hizo que no se tratara en esta hambruna de un suceso natural debido a malas cosechas sino del resultado de una política deliberada  y cuál era en el fondo esta política? Qué es lo que alumbra Stalin precisamente en los años treinta?

Timothy Snyder: Bueno, no se trató de la única hambruna en la Unión Soviética. Durante la colectivización hubo varias. Sobre todo la de Kazajstán. La hambruna de Kazajstán fue, de hecho, la más terrible. Fue la primera. Cuando al comienzo de la colectivización de la agricultura la hambruna empezó en Ucrania, Stalin ya sabía qué es lo que había que hacer y qué no hacer para mejorar la situación o que ésta continuase. Stalin hizo todo para que la situación continuase. Entonces las fronteras interiores de la Unión Soviética estaban cerradas para que los ucranianos no pudiesen escapar ni a Bielorrusia ni a Rusia. La gente que no podía hacer nada para salir se encontraba aislada del resto del país de modo que murieron de hambre etc. Los hambrientos campesinos literalmente no podían coger el tren a las ciudades, era imposible, y todo esto estaba planificado con cuidado y las fuentes archivales son muy claras. Son más claras, en el caso de Stalin, de lo que lo son al referir la Shoah a Hitler o a Himmler. No hay un problema de escasez de fuentes. Por eso para mí se trata del comienzo, y se trata de un juego entre Stalin y Hitler por los territorios entre Berlín y Moscú. Por esta razón justamente Hitler también dispone de una planificación de hambrunas. Para Stalin Ucrania era la tierra mágica que va a permitir el desarrollo de un país moderno. Para Hitler era también la cesta mágica de pan que permitirá el desarrrollo de una colonia alemania al este. Las ideologías, las visiones son muy diferentes, pero, como puede verse, la tierra es la misma.

Alain Finkielkraut: Si, y Stalin quería modernizar la Unión Soviética particularmente colonizando de manera radical  y a marchas forzadas la agricultura ucraniana. Cuando se dio cuenta de que esto no funcionaba achacó el fracaso a saboteadores y traidores. Lo que explica la terrible hambruna y una de las fuerzas de vuestro libro es que se trata de una gran narración, es decir, Ud. cuenta y contando nos lanza en medio del horror, del más concreto de los horrores: “Innumerables padres mataban y se comían a sus hijos antes de acabar ellos mismos muriendo de hambre”. “Una madre cuece a su hijo para dar de comer a su hija. Todas las combinaciones eran, así, posibles. En una familia matan a la hijastra para entregar su cabeza a un cerdo y hacer (por más que he rebobinado, no llego a comprender estas palabras)  los restos de su cuerpo. Chicos y chicas yacen sobre toallas y mantas nutriéndose de sus excrementos. Esperaban la muerte.” Y luego está esa otra imagen que es la imagen de una dignidad incréible. Da Ud. además el nombre de la persona, Petros Beldi, quién da muestras de una fortaleza poco común cuando se arrastra a través de su pueblo el día en que esperaba morirse, los otros (por más que he rebobinado, no llego a comprender estas palabras), le preguntan a dónde se dirige. A tenderse al cementerio. No quería que unos desconocidos vinieran y echaran su cuerpo a una fosa. Había él mismo cavado su propia tumba y al ver al llegar al cementerio que otro cuerpo ya la ocupaba, cavan de nuevo una, se tiende y espera…” Uno se queda estupefacto por más que uno esté ya al corriente de esta hambruna por lo que Ud. cuenta, por estas imágenes… y precisamente ¿Qué huella, y dirigo la pregunta a Aleksander Smolar, qué huellas ha dejado este acontecimiento en la memoria ucraniana?