Archivo

Archive for the ‘Good Little Boys’ Category

Arnie Mesnikoff on Bucky Cantor (Philip Roth´s “Nemesis”) // Arnie Mesnikoff sobre Bucky Cantor (“Némesis” de Philip Roth)

Le cogí  la mano sana- una mano cuyos músculos aún funcionaban bien pero que ya no era ni fuerte ni robusta, una mano cuya firmeza podía ahora recordar la de la pulpa de una baya- y le dije: “Fue la polio la que causó el daño. Tú no fuiste el causante de nada. Tuviste tampoco que ver con el contagio como Horace. Tú también fuiste una víctima, igual que lo fuimos todos”

“No, Arnie, no fue así. Me acuerdo de una noche en la que Bill Blomback estuvo contándoles a los niños sobre los indios, cómo éstos creían que algunas de las enfermedades que sufrían se debían  a que un ser maléfico les disparaba flechas con un arco invisible”

“Para ahí” protesté. “No sigas con eso, Bucky, por favor. Son historias de campamentos, historias  de niños. Seguro que también aparece un curandero encargado de espantar los malos espíritus. Tú no eres ese ser maléfico de los indios y tampoco, ¡Joder!, ninguna flecha, tú no fuiste ningún mensajero de enfermedad ni de muerte. Si fuiste causante de algo- si tanto te empeñas en serlo- lo fuiste sin ninguna culpa”

Entonces, como si me sintiera capaz de hacerle cambiar con sólo la fuerza de mi deseo, como si después de todas nuestras conversaciones mientras comíamos pudiera lograr que se viera a sí mismo como algo más que sus defectos y que se deshiciera  de toda su vergüenza, como si estuviese a mi alcance el hacer revivir un ápice de la fortaleza de aquel joven responsable de nuestra zona de juegos que, sin ayuda de nadie, mantuvo a raya a aquellos diez matones italianos que pretendían amenazarnos con propagar la polio entre los judíos- le dije con vehemencia,

“No la tomes contigo. Ya hay en el mundo bastante crueldad. No empeores las cosas martirizándote”

Pero no hay nadie más perdido que un niño bueno echado a perder. Había pasado demasiado tiempo a solas con su sentido de las cosas y renunciado a lo que más desesperadamente quería como para  que yo pudiera hacerle desterrar el significado que atribuía al acontecimiento que marcó su vida o alterar lo que le ataba a él. Bucky no era un hombre brillante- no se hubiera dedicado, de lo contrario, a dar clases de deportes a niños- y nunca tuvo el menor sentido de la despreocupación. Era una persona mayormente sin humor, con capacidad suficiente para expresarse pero sin la más leve sombra de ingenio, alguien que jamás en su vida había hablado en tono satírico o con ironía, alguien que sólo muy raramente hacía comentarios graciosos o en broma, alguien, por el contrario, poseído por un acuciante sentido del deber pero con una escasa fuerza mental. Y pagó un precio muy alto por ello al atribuir a la historia que vivió el más definitivo de los significados, un significado que, intensificándose al correr del tiempo, agrandaría el daño que tuvo que padecer. Para Bucky el desastre que se cebó tanto en la zona de juegos de Chancellor como en el campamento de Indian Hill  no fue un capricho malévolo de la naturaleza sino un crimen cometido por él y que tenía que resarcir quedándose sin nada y arruinando su vida. La culpa, en alguien como Bucky, puede parecer algo absurdo, pero, en realidad, es algo inevitable. Un hombre así está condenado. Nada de lo que haga está a la altura de su ideal, no sabe dónde termina su responsabilidad. Asumiendo un estricto ideal de bondad natural que no le permite resignarse al sufrimiento de los demás, nunca reconoce sin sentirse culpable sus propios límites. Para un hombre así el mayor triunfo consiste en evitar que su amada se case con un tullido (Nota: él, Bucky mismo) y su heroísmo, en desistir de su deseo más profundo renunciando a ella.

Aunque, quizá, si no hubiera huido del reto que se le planteó en la zona de juegos, si no hubiera abandonado a los niños de Chancellor apenas unos días antes de que el ayuntamiento cerrara la zona y los mandara a todos a casa- y quizá, también, si a su amigo más íntimo no lo hubieran matado en la guerra- a lo mejor no se hubiera culpabilizado tan rápidamente del desastre y no se hubiera convertido en uno de esos seres destrozados por el tiempo que les tocó vivir. Quizá, si se hubiese quedado y hubiera vivido hasta el final la prueba a la que la comunidad de los judíos de Weequahic fue sometida por la polio y si,  más allá de lo que a él pudiera haberle pasado, se hubiese mantenido ahí resueltamente al frente…

O quizá hubiera llegado a verlo todo de la misma manera  sin que hubiese importado en qué sitio se hubiese quedado, y quizá, hasta dónde alcanzo a saber, hasta donde la ciencia epidemiológica alcanza a saber, estuviese en lo correcto. Quizá Bucky no se equivocaba. Quizá no se dejaba engañar por la autodesconfianza. Quizá no exageraba en lo que decía y su conclusión no fuera la equivocada. Quizá fue él la flecha invisible.

I took hold of his good hand then- a hand whose muscles worked well enough but that was no longer substantial and strong, a hand with no more firmness to it than a piece of soft fruit- and I said, “Polio did them the harm. You weren´t a perpetrator. You had as little to do with spreading it as Horace did. You were just as much a victim as any of us was.”

“Not so, Arnie. I remember one night Bill Blomback telling the kids about the Indians, telling them how the Indians believed that it was an evil being, shooting them with an invisible arrow, that caused certain of their diseases”

“Don´t,” I protested. “Don´t go any further with that, please. It´s a campfire story, Bucky, a story for kids. There´s probably a medicine man in it who drives off evil spirits. You´re not the Indians´evil being. You were not the arrow, either, damn it-you were not the bringer of crippling and death. If you ever were a perpetrator-if you won´t give ground about that- I repeat: you were a totally blameless one.”

Then, vehemently- as though I could bring about change in him merely by a tremendous desire to do so: as though, after all our hours of talking over lunch, I could now get him to see himself as something more than his deficiencies and begin to liquidate his shame; as though it were within my power to revive a remnant of the unassailable young playground director who, unaided by anyone, had warded off the ten Italian roughnecks intending to frighten us with the threat of spreading polio among the jews-I said, “Don´t be against yourself. There´s  enough cruelty in the world as it is. Don´t make things worse by scapegoating yourself.”

But there´s nobody less salvageable than a ruined good boy. He´d been alone far too long with his sense of things – and without all he´d wanted so desperately to have- for me to dislodge his interpretation of his life´s terrible event or to shift his relation with it. Bucky wasn´t a brilliant man- he wouldn´t have had to be one to teach phys ed to kids- nor was he ever in the least carefree. He was largely a humourless person, articulate enough but with barely a trace of wit, who never in his life had spoken satirically or with irony , who rarely cracked a joke or spoke in jest- someone instead haunted by an exacerbated  sense of duty but endowed with little force of mind, and for that he had paid a high price in assigning the gravest meaning to his story, one that, intensifying over time, perniciously magnified his misfortune. The havoc that had been wrought both on the Chancellor playground and at Indian Hill seemed to him not a malicious absurdity of nature but a great crime of his own, costing him all he´d once possessed and wrecking his life. The guilt in someone like Bucky may seem absurd but, in fact, is unavoidable. Such a person is condemned. Nothing he does matches the ideal in him. He never knows where his responsibility ends. He never trusts his limits, because, saddled with a stern natural goodness that will not permit him to resign himself to the suffering of others, he will never guiltlessly acknowledge that he has any limits. Such a person´s greatest triumph is in sparing his beloved from having a crippled husband, and his heroism consists of denying his deepest desire by relinquishing her.

Though maybe if he hadn´t fled the challenge of the playground, maybe if he hadn´t abandoned the Chancellor kids only days before the city shut down the playground and sent them all home- and maybe, too, if his closest buddy hadn´t been killed in the war- he would not have been so quick to blame himself for the cataclysm and might not have become one of those people taken to pieces by his times. Maybe if he had stayed on and outlasted polio´s communal testing of the Weequahic Jews, and,regardless of whatever might have happened to him, had manfully seen the epidemic through to the end…

Or maybe he would have come to see it his way no matter where he he´d been, and for all i know-for all the science of epidemiology knows-maybe rightly so. Maybe Bucky wasn´t mistaken. Maybe he wasn´t deluded by self-mistrust. Maybe his assertions weren´t exaggerated and he hadn´t drawn the wrong conclusión. Maybe he was the invisible arrow”

Mark Twain´s “The Story of the Good Little Boy” // “Historia de un Niño Bueno” por Mark Twain

Mark Twain

Mark Twain

Once there was a good little boy by the name of Jacob Blivens. He always obeyed his parents, no matter how absurd and unreasonable their demands were; and he always learned his book, and never was late at Sabbath-school. He would not play hookey, even when his sober judgement told him it was the most profitable thing he could do. None of the other boys could ever make that boy out, he acted so strangely. He woudn´t lie, no matter how convenient it was. He just said it was wrong to lie, and that was sufficient for him. And he was so honest that he was simply ridiculous. The curious ways that that Jacob had  surpassed everything. He wouldn´t play marbles on Sunday, he wouldn´t rob birds´nests, he woudn´t give hot pennies to organ-grinders´monkeys; he didn´t seem to take any interest in any kind of rational amusement. So the other boys used to try to reason it out and come to an understanding of him, but they couldn´t arrive at any satisfactory conclusion. As I said before, they could only figure out a sort of vague idea that he was “afflicted”, and so they took him under their protection, and never allowed any harm to come to him.

This good little boy read all the Sunday-school books; they were his greatest delight. This was the whole secret of it. He believed in the good little boys they put in the Sunday-school books; he had every confidence in them. He longed to come across one of them alive once; but he never did. They all died before his time, maybe. Whenever he read about a particularly good one he turned over quickly to the end to see what became of him, because he wanted to travel thousands of miles and gaze on him, but it wasn´t any use; that good little boy always died in the last chapter, and there was a picture of the funeral, with all his relations and the Sunday-school children standing around the grave in pantaloons that were too short, and bonnets that were too large, and everybody crying into handkerchiefs that had as much as a yard and a half of stuff in them. He was always headed off in this way. He never could see one of those good little boys on account of his always dying in the last chapter.

Jacob had a noble ambition to be put in a Sunday-school book. He wanted to be put in, with pictures representing him gloriously declining to lie to his mother, and her weeping for joy about it; and pictures representing him standing on the doorstep giving a penny to a poor beggar-woman with six children, and telling her to spend it freely, but not to be extravagant, because extravagance is a sin; and pictures of him magnanimously refusing to tell on the bad boy who always lay in wait for him around the corner as he came from school, and welted him over the head with a lath, and then chased him home, saying, “Hi hi!” as he proceeded. That was the ambition of young Jacob Blivens. He wished to be put in a Sunday-school book. It made him feel a little uncomfortable sometimes when he reflected that the good little boys always died. He loved to live, you know, and this was the most unpleasant feature about being a Sunday-school-book boy. He knew it was not healthy to be good. He knew it was more fatal than consumption to be so supernaturally good as the boys in the books were, he knew that none of them had ever been able to stand it long, and it pained him to think that if they put him in a book he wouldn´t ever see it, or even if they did get the book out before he died it woudn´t be popular without any picture of his funeral in the back part of it. It couldn´t be much of a Sunday-school book that coudn´t tell about the advice he gave to the community when he was dying. So at last, of course, he had to make up his mind to do the best thing he could under the circumstances- to live right, and hang on as long as he could, and have his dying speech all ready when his time came.

But somehow nothing ever went right with this good little boy, nothing ever turned out with him the way it turned out with the little good boys in the books. They always had a good time, and the bad boys had the broken legs; but in his case there was a screw loose somewhere, and it all happened just the other way. When he found Jim Blake stealing apples, and went under the tree to read to him about the bad little boy who fell out of a neighbor´s apple tree and broke his arm, Jim fell out of the tree too, but he fell on him and broke his arm, and Jim wasn´t hurt at all. Jacob couldn´t understand that. There wasn´t anything in the books like it.

And once, when some bad boys pushed a blind man over in the mud, and Jacob ran to help him up and receive his blessing, the blind man did not give him any blessing at all, but whacked him over the head with his stick and said he would like to catch him shoving him again, and then pretending to help him up. This was not in accordance with any of the books. Jacob looked them all over to see.

One thing that Jacob wanted to do was to find a lame dog that hadn´t any place to stay, and was hungry and persecuted, and bring him home and pet him and have that dog´s imperishable gratitude. And at last he found one and was happy; and he brought him home and fed him, but when he was going to pet him the dog flew at him and tore all the clothes off him except those that were in front, and made a spectacle of him that was astonishing. He examined authorities, but he could not understand the matter. It was of the same breed of dogs that was in the books, but it acted very differently. Whatever this boy did he got into trouble. The very things the boys in the books got rewarded for turned out to be about the most unprofitable things he could invest in.

Once, when he was on his way to Sunday-school, he saw some bad boys starting off pleasuring in a sailboat. He was filled with consternation, because he knew from his reading that boys who went sailing on Sunday invariably got drowned. So he ran out one raft to warn them, but a log turned with him and slid him into the river. A man got him out pretty soon, and the doctor pumped the water out of him, and gave him a fresh start with his bellows, but he caught cold and lay sick abed nine weeks. But the most unaccountable thing about it was that the bad boys in the boat had a good time all day, and then reached home alive and well in the most surprising manner. Jacob Blivens said there was nothing like these things in the books. He was perfectly dumb-founded.

When he got well he was a little discouraged, but he resolved to keep on trying anyhow. He knew that so far his experiences wouldn´t do to go in a book, but he hadn´t yet reached the allotted term of life for good little boys and he hoped to be able to make a record yet if he could hold on till his time was fully up. If everything else failed he had his dying speech to fall back on.

He examined his authorities, and found that it was now time for him to go to sea as a cabin-boy. He called on a ship-captain and made his application, and when the captain asked for his recommendations he proudly drew out a tract and pointed to the word, “To Jacob Blivens, from his affectionate teacher”. But the captain was a coarse, vulgar man, and he said, “Oh, that be blowed! That wasn´t any proof that he knew how to wash dishes or handle a slush-bucket, and he guessed he didn´t want him.” This was altogether the most extraordinary thing that ever happened to Jacob in all his life. A compliment from a teacher, on a tract, had never failed to move the tenderest emotions of ship-captains, and open the way to all offices of honor and profit in their gift- it never had in any book that ever he had read. He could hardly believe his senses.

This boy always had a hard time of it. Nothing ever came out according to the authorities with him. At last, one day, when he was around hunting up bad little boys to admonish, he found a lot of them in the old iron-foundry fixing up a little joke on fourteen or fifteen dogs, which they had tied together in long procession, and were going to ornament with empty nitroglycerin cans made fast to their tails. Jacob´s heart was touched. He sat down on one of those cans (for he never minded grease when duty was before him), and he took hold of the foremost dog by the collar, and turned his reproving eye upon wicked Tom Jones. But just at that moment Alderman McWelter, full of wrath stepped in. All the boys ran away, but Jacob Blivens rose in conscious innocence and began one of those stately little Sunday-school-book speeches which always commence with “Oh, sir!” in dead opposition to the fact that no boy, good or bad, ever starts a remark with “Oh, sir”. But the alderman never waited to hear the rest. He took Jacob Blivens by the ear and turned him around, and hit him a whack in the rear with the flat of his hand; and in an instant that good little boy shot out through the roof and soared away toward the sun, with the fragments of those fifteen dogs stringing after him like the tail of a kite. And there wasn´t a sign of that alderman  or that iron-foundry left on the face of the earth; and, as for young Jacob Blivens, he never got a chance to make his last dying speech after all his trouble fixing it up, unless he made it to the birds; because, although the bulk of him came down all right in a tree-top in an adjoining county, the rest of him was apportioned around among four townships, and so they had to hold five inquests on him to find out whether he was dead or not, and how it occurred. You never saw a boy scattered so*.

Thus perished the good little boy who did the best he could, but didn´t come out according to the books. Every boy who ever did as he did prospered except him. His case is truly remarkable. It will probably never be accounted for.

*This glycerin catastrophe is borrowed from a floating newspaper item, whose author´s name I would give if I knew it (M.T.)

 

Había una vez un niño bueno que se llamaba Jacob Blivens y que siempre obedecía a sus padres aún en las cosas mas absurdas y peregrinas y que siempre se aprendía la lección y que  siempre llegaba puntual a la escuela los sábados. Nunca faltaba a clase aunque que a veces pensara que faltar era lo mejor que se podía hacer. Los demás chicos no conseguían explicarse lo que le pasaba. Se comportaba de un modo tan raro. No mentía por más que le pudiera venir bien. Se limitaba a decir que mentir estaba mal sin añadir nada más. Y era tan honrado, que resultaba simplemente ridículo. Lo extraño de su conducta era difícilmente superable. No jugaba a canicas los domingos, no iba a robar nidos de pájaros, no daba duros recalentados a los monos de los organilleros, no parecían interesarle las cosas que de verdad merecen interés. Los demás chicos se esforzaban en comprenderle pero no llegaban a ningún resultado. Sólo alcanzaban a imaginarse vagamente, como he dicho antes, que  estaba “afligido”, así que resolvieron protegerle y que nunca le pasara nada.

Leía este niño bueno todos los libros que en la escuela le mandaban leer los domingos. Era éste su mayor solaz y aquí radicaba todo su secreto. Creía en los niños buenos que salían en los libros de sus lecturas dominicales, confiaba absolutamente en ellos. Deseaba encontrarse alguna vez con uno en la vida real, pero nunca pudo. Todos parecían morirse antes. Cada vez que leía un libro sobre un niño bueno particularmente bueno enseguida se iba al final para ver cómo acababa su historia porque nada deseaba más que poder encontrárselo, sin importarle lo lejos que estuviera. Inútil. El niño bueno siempre se moría en el último capítulo y salía un dibujo con el funeral y  todos los parientes y los chicos de la escuela dominical alrededor de la tumba en pantalones que les quedaban demasiado cortos y con gorras que les quedaban demasiado grandes y la gente secándose las lágrimas en unos pañuelos del tamaño de manteles. Siempre le cortaban el rollo de aquella misma manera: nunca pudo encontrarse con uno de esos niños buenos porque siempre se morían en el último capítulo.

Jacob albergaba la noble ambición de salir en uno de esos libros dominicales. Quería salir en uno de ellos, con dibujos en los que apareciera negándose heroicamente a mentir a su madre y a ésta llorando de alegría por ello o dando limosna a una mendiga con seis niños al salir de casa diciéndole que se lo gastara en lo que quisiera pero sin derrocharlo porque derrochar es pecado y dibujos de él negándose magnánimamente a chivarse del niño malo que inevitablemente le estaba esperando en la esquina al volver de la escuela para arrearle con un palo en la cabeza y perseguirle hasta casa gritándole “Ven aquí, ven aquí”. Esta era la ambición de Jacob Blivens. Quería salir en uno de esos libros dominicales. Le preocupaba un poco, a veces , que los niños buenos siempre acabaran muriéndose porque a él, lo que es vivir, le gustaba y era este el aspecto menos atrayente de querer convertirse en un niño de esos libros dominicales. Le constaba que ser bueno no era saludable. Le constaba que ser tan celestialmente bueno como lo eran los niños de esos libros era peor que contraer la tisis. Sabía que ninguno de ellos fue capaz de aguantar mucho y le dolía pensar que si llegaba a salir en uno de esos libros, a lo mejor nunca lo llegaba a ver o, si lo llegaban a publicar antes de que él muriese, temía que el libro no tuviera tanto éxito al faltarle el dibujo de su funeral en las últimas páginas. Si no salían las enseñanzas que al morir tenía pensado dirigir a la comunidad, difícilmente podía tratarse de un ejemplar auténtico. Al final, como es obvio, se decidió a hacer lo que en su mano estaba dadas las circunstancias: llevar una vida recta y aguantar lo que pudiera y tener ya preparado su discurso para cuando la muerte se presentara.

Pero, de alguna manera, a este niño bueno nada le salía bien, nada pasaba cómo en las historias de los niños buenos de los libros. En estos libros eran siempre los niños buenos los que se lo pasaban bien y los malos, los que se rompían las piernas, pero, en su caso, algo debía de fallar porque ocurría todo lo contrario. Cuando encontró a Jim Blake robando manzanas y se puso bajo el árbol a leerle sobre el niño malo que se cayó del manzano del vecino y se rompió la pierna, sucedió que Jim también se cayó, pero lo hizo encima de él y le rompió el brazo y a Jim no le pasó absolutamente nada. Jacob no podía comprenderlo. En los libros no pasaba eso.

En otra ocasión, después de que unos niños malos hubiesen empujado a un ciego en el barro y de que Jacob hubiese acudido a levantarle y a recibir sus bendiciones, lo que recibió en lugar de éstas fueron unos bastonazos en la cabeza y la advertencia del ciego de que más valía que no le volviera a pillar empujándole y haciendo que después le ayudaba. Esto no se correspondía con los libros y Jacob,  para cerciorarse, los repasaba.

Una de las cosas que Jacob tenía pensadas era dar con un perro cojo que no tuviera dueños y anduviera hambriento y acosado y traérselo a casa y acariciarle y así contar con la gratitud eterna del perro. Y finalmente dio con uno y se alegró y se lo llevó a casa y le dio de comer pero cuando fue a acariciarle el perro se arrojó sobre él y le desgarró toda la ropa por la parte de atrás y a Jacob pero es que impresionaba verle. Consultó de nuevo sus fuentes, pero seguía sin comprender lo que pasaba. El perro era de la misma raza que la que salía en los libros pero el animal se comportó de muy distinta manera. Hiciera lo que hiciera, el muchacho se metía en problemas. Las mismas cosas por las que los niños de los libros eran recompensados, él las pagaba muy caras.

Un día, de camino a la escuela dominical, vio a unos niños que iban a disfrutar saliendo en un barco de vela. Al verles se queda perplejo porque sus lecturas le decían que los niños que salen en barco los domingos se ahogan sí o sí. Así que de la misma coge una balsa para ir a avisarles pero la balsa choca contra un tronco y Jacob se cae al río. Un hombre le saca al de poco y el doctor le bombea toda el agua fuera y le insufla dentro aire fresco con unos fuelles, pero Jacob acaba  constipado y se ve obligado a guardar cama nueve semanas. Pero lo más increíble de todo es que los niños malos que estaban montados en el barco de vela se lo pasaron pipa y, sorprendentemente, volvieron a casa sanos y salvos. Jacob Blivens se decía que en los libros no podía verse nada igual. Estaba atónito.

Cuando se recuperó estaba algo desalentado pero, a pesar de ello, optó por perseverar. Sabía que sus experiencias hasta la fecha no daban para salir en ningún libro pero no había alcanzado aún el tiempo de vida que a los niños buenos se les asigna y tenía la esperanza de hacer algo que mereciera ser escrito antes de que su tiempo se consumiera. Aún cuando todo lo demás le fallase siempre le quedaban las últimas palabras que tenía pensado pronunciar.

Repasó sus fuentes y se encontró con que lo que ahora le tocaba era hacerse a la mar como grumete. Se dirigió donde un capitán marino y pidió ser enrolado y cuando el capitán le preguntó por sus referencias sacó orgullosamente unos papeles y con el dedo señaló estas palabras: “a Jacob Blivens, con afecto, de su profesor”. Solo que el capitán, siendo un tipo vulgar y poco pulido, va y  le dice “que maldita la falta que le hace eso para demostrar que sabe limpiar platos o manejarse con un balde y que no se extrañe si no le necesita”. Esto fue lo más alucinante que a Jacob le había pasado jamás en su vida. Que un elogio por escrito de un profesor  no suscitara en un capitán marino las más tiernas emociones y no abriera prebendas de honor y retribuciones en su estela era algo que nunca había visto ocurrir en ningún libro de los que había leído. No podía dar crédito a lo que le estaba pasando.

A este niño todo esto se le hacía duro. Nada salía nunca conforme a lo que se desprendía de sus fuentes. Al final, un día, cuando se encontraba a la  búsqueda de niños malos a los que poder dirigirles sus advertencias, encontró a un puñado de ellos en una vieja fundición mientras trataban de echar unas risas a costa de catorce o quince perros colocados en fila india a los que iban a acicalar atándoles en las colas envases vacíos de nitroglicerina. A Jacob esto le llegó al alma. Se sentó encima de uno de los envases (no le importaba mancharse de grasa si el desempeño de su deber así se lo exigía), cogió del collar al perro que encabezaba la fila y clavó su mirada reprobadora en el malvado Tom Jones. Pero justo en ese momento irrumpió lleno de ira el concejal Mc Welter. Todos los niños se dieron a la fuga menos Jacob Blivens quien, consciente de su inocencia, se incorporó y púsose a declamar uno de esos imponentes discursos de los libros dominicales que siempre empezaban por “Oh, Señor” a pesar de la fatal incongruencia de que ningún niño, ni malo ni bueno, comenzaría a decir nada con “Oh, Señor”.  Pero el concejal, que no estaba por escuchar el resto, cogió a Jacob de la oreja, hízole darse la vuelta y le atizó en el culo con la palma de la mano saliendo el niño bueno  en cuestión de segundos despedido por el tejado, escopetado hacia el sol, con los fragmentos de los quince perros tras él cual cola de una cometa. Ni  del concejal ni de aquella fundición se supo que quedaran restos en la faz de la tierra. Y en lo que hace al joven Jacob Blivens se quedó sin poder compartir sus últimas palabras después de todo el tiempo que pasó preparándolas, a no ser que las compartiera con los pájaros. Porque  aunque el grueso de él aterrizara sin mayores problemas en la copa de un árbol del condado vecino, el resto acabó desperdigado en cuatro municipios. Hasta cinco investigaciones se tuvieron que abrir para saber si estaba o no muerto y cómo ocurrió. Nunca antes se había dado el caso de un niño tan desperdigado.

Así pasó a mejor vida el niño bueno que, aun haciendo todo lo que estuvo en su mano, no acabó como en los libros acaban los niños buenos. A todos los niños que hicieron lo que él les fue bien, salvo a él. Su caso resulta extraordinario. Probablemente jamás sea resuelto.

La catástrofe de la glicerina está tomada prestada de un suelto de periódico, de cuyo autor diría el nombre, si lo supiera (M.T.)

Rede der Mutter in Philip Roths Roman “Empörung” // Mother´s speech in Philip Roth´s novel “Indignation”

septiembre 10, 2013 Deja un comentario

Der unten befindliche Text ist eine Übersetzung vom Englischen ins Deutsche eines Auszuges des Romans “Empörung” vom amerikanischen Autor Philip Roth. Wie es mir beim Lesen von Roths Geschichten oft passiert, bin ich aufs neue bis ins Mark getroffen. Hoffentlich werde ich die Gelegenheit haben, mich mit diesem Merkmal seines rauen ,in die dunkle Seite der Menschennatur tief eindringenden und sich der fast weitverbreitesten Ereignissen unseres Alltagslebens  sogar humorvoll bedienenden Schreibens – Die Rede einer Mutter zu seinem Einzelkind, die ihren Sorgen um seiner Beziehung zu dem “falschen” Mädchen luft macht und mit ihm eine “vernünftige” Vereinbarung diesbezüglich treffen will, konnte ein gutes Beispiel darstellen- in künftigen Beiträgen des Blogs auseinanderzusetzen.

Für die Übersetzungsfehler entschuldige ich mich im Voraus. Eine Abschrift des Originaltexts auf Englisch befindet sich weiter unten.

The text that lies below is a translation from English to German of an extract of American author Philip Roth´s novel “Indignation”. As it often happens whenever I read Roth´s stories I was again profoundly struck by it. Hopefully I will have the opportunity in future posts to come to grips with this crude quality of his writing that allows him to probe the dark side of  human nature by employing what one could regard as the most widespread and trivial events of our daily life, where everything is in fact already at stake. At stake, indeed, but almost always with a pinch of witty humour scattered all along, which makes what Roth tells us somehow more bearable.  The speech of a middle class mother advising her only child about the consequences of going out with the “wrong” girl and trying  to reach a “reasonable” deal with him may offer a good example.

I apologize beforehand for any mistakes in the German translation. The transcription of the orginal text lies farther below.

Sie verbrachte die Nacht in einem Hotel, das nicht weit weg vom Krankenhaus war und besuchte mich am nächsten Morgen, Montag, bevor sie den Bus nahm, um danach mit dem Zug heimzukehren. Ich selbst sollte an diesem Tag, nach dem Mittagessen, aus dem Krankenhaus entlassen werden. Sonny Cottler hatte mich die Nacht vorher telefoniert. Er hatte vor kurzem von meiner Blinddarmoperation erfahren und, trotz unseres unangenehmen Treffens am Kolleghof, worauf keiner von uns anspielte, bestand er darauf, mich vom Krankenhaus mit seinem Wagen zurück zur Hochschule- wo das Team des Dekans Caudwell´s sich damit beschäftigt hatte, dass ich die nächste Woche in einem Bett im an das Gesundheitsamt für Studenten angrenzenden Krankenzimmer schlafen konnte, zu fahren. Dort durfte ich mich hinlegen, falls ich es tagsüber brauchte und ich könnte alle meine Unterrichten auβer Turnen fortsetzen. Später sollte ich imstande werden, die Treppen zu meinem Zimmer im obersten Stock von Neil Hall hinaufzugehen und ein paar Wochen danach im Gasthaus wieder zu arbeiten.

An jenem Montag Morgen war meine Mutter wieder sie selbst, ungebrochen und unzerbrechlich und nachdem ich die Verlässlichkeit der Maβnahmen beteuert hatte, die die  Hochschule meiner Rückkekr wegen veranlassen hatte, sagte sie anschliessend: “ Ich werde mich von ihm nicht scheiden lassen, Markus. Ich habe mich entschieden. Ich werde alles Mögliche tun, um ihm zu helfen, falls es etwas gibt, das ihm helfen kann. Wenn das ist, was du dir von mir wünschst, ist das ebenfalls was ich wünsche. Du willst keine geschiedenen Eltern haben und ich will nicht, dass du geschiedene Eltern hast. Jetzt bereue ich, solche Gedanken gehabt zu haben. Ich bereue, dir sie anvertraut zu haben und meine Art und Weise war auch nicht richtig. Du warst nämlich eben vom Krankenbett aufgestanden und fingst gerade an, dich auf den Beinen zu halten.Das war nicht richtig. Ich entschuldige mich. Ich werde bei ihm bleiben, Markus, durch dick und dünn.

Tränen drängten sich in meine Augen und als ob ich die Tränen entweder verstecken oder mit meinen Fingern zurückdrängen wollte, legte ich meine Hände auf die Augen.

“Ich habe dich schon weinen gesehen. Brauchst du dich nicht zu schämen, Markie”

“Ich weiss schon. Ich schäme mich nicht. Nur will ich nicht weinen. Ich bin halt sehr froh…” Einen Augenblick hielt ich inne , um meine Stimme wieder zu kriegen und mich wieder zurechtzufinden denn ich hatte durch ihre Wörter gleichsam zu einem kleinen Lebewesen, das nichts auβer der Bedürfnisse einer immerwährenden Erziehung kennt, zusammengeschrumpft. “Ich bin halt sehr froh das zu hören, was du mir da erzählst. Es mag sein, dass sein Verhalten nur ein vorübegehendes ist. Solche Dinge geschehen manchmal, nicht wahr?, wenn die Leute ein gewisses Alter erreichen?”

“Dessen bin ich mir sicher”, sagte sie in besänftiger Weise.

“Danke, Mutti. Ich bin sehr erleichtert. Ich konnte mir nicht vorstellen, dass er allein blieb, bloβ seinem Geschäft und der Arbeit überlassen, ohne ein richtiges Zuhause, allein am Wochenende…Unvorstellbar.”

“Es ist schlimmer als unvorstellbar”, sagte sie, “Deshalb, brauchst du dir so etwas nicht zu vorstellen. Aber dafür will ich jetzt dich um etwas  bitten, denn es kommt mir etwas anders als unvorstellbar vor. Niemals habe ich dir etwas abverlangen, niemals habe ich von dir etwas gefordert , zumal du alles perfekt verkörperst, was ein Sohn betrifft. Dein schlichter Anspruch war immer, gut abzuschneiden. Du bist das beste Sohn gewesen, dass sich eine Mutter hätte wünschen können. Aber ich werde jetzt von dir etwas fordern, nämlich: deine Beziehung zu Miss Hutton zu beenden. Sie ist für mich einfach unvorstellbar, Markie. Du bist hier als Student gekommen um das Verfassungsgericht zu studieren, um Thomas Jefferson zu studieren, um dich auf  die juristische Fakultät zu vorbereiten. Du bist hier gekommen, um eine Person zu werden, an die sich die Menschen unserer Gemeinschaft um Hilfe zu suchen wenden und zu der sie eines Tages aufblicken werden. Du bist hier, um nicht ein Messner zu werden und dein ganzes Leben lang in einer Metzgerei zu arbeiten, wie bei deinem Grossvater und deinem Vater und deinen Vettern der Fall war. Du bist hier nicht, um Ärger mit einem Mädchen zu suchen, das sich ein Messer verschafft und die Handgelenke aufgeschlitzt hat.”

“Das Handgelenk” sagte ich. “Sie hat sich nur ein Handgelenk aufgeschlitzt”

“Das genügt mir. Wir haben nur zwei und eins ist schon zu viel. Markie, ich werde bei deinem Vater bleiben und dafür fordere  ich von dir  , dass du diese Beziehung aufgibst ehe du bis über beide Ohren drinsteckst und nicht mehr weisst, wie man drauskommt.

“Ja”, entgegnete ich.

“Das ist mein Junge!. Das ist mein grosser, mein groβartiger Junge! Die Welt is voll von Mädchen, die sich keine Handgelenke aufgeschlitzt haben- die sich halt nichts aufgeschlitzt haben. Es gibt eine Menge von ihnen. Suche dir eins von denen. Es braucht keine Jüdin zu sein, es kann alles Mögliche sein. Wir sind in 1951. Wir leben nicht mehr in der alten Welt von meinen Eltern und deren Eltern und, noch früher, die Eltern von diesen. Was spricht dann dagegen? Diese alte Welt ist weit, sehr weit weg und alles was dazu gehörte lange her vergangen. Übrig bleibt nur der Koscherfleisch. Das genügt. Das reicht. Gibt es übrigens keine andere Wahl. Sollte es wohl keine  geben. Alles andere kann vergehen. Weder haben wir drei ein Ghettoleben  geführt noch  werden wir jetzt anfangen, eins zu führen. Wir sind Amerikaner. Du kannst ausgehen mit wem du magst, heiraten wen du willst, machen was dir gefällt mit wem auch immer- vorausgestezt, dass sie gegen sich selbst kein Messer angewendet hat, um sich das Leben zu nehmen. Ein Mädchen dermaBen verwundet, dass es so eine Sache machen kann ist nicht für dich. Alles plattmachen zu wollen, ehe man zu leben begonnen hat! Keineswegs! Du hast mit so einer Person nichts zu tun, du brauchst so eine Person nicht, egal ob sie einer Art Göttin ähnelt oder dir ein Haufen wunderschönen Blumen  bringt. Kein Zweifel daran, dass sie ein schönes Mädchen ist. Selbstverständlich, dass sie gut erzogen ist, wenn es wohl auch sein mag, dass ihre Erziehung etwas versteckt, das nicht ans Licht kommt. Solche Dinge weisst man ja nie. Man weisst nie was hinter fremden Haustüren geschieht. Wenn etwas mit einem Kind schief läuft, soll man sich zunächst die Familie anschauen. Ich empfinde grosse Anteilnahme für sie. Gegen sie habe ich nichts. Ich wünsche ihr eigentlich Glück. Ihretwegen bete ich, damit sie im Leben nicht scheitert. Aber du bist mein einziger Sohn und mein Einzelkind und meine Verantwortung betrifft dich und nicht sie. Du muss die Verbindung völlig abbrechen. Du muss dir anderswo eine Freundin suchen.”

“Ich verstehe”, sagte ich

“Ehrlich? Oder sagst du das einfach um  Streit zu vermeiden

“Ich habe keine Angst vor  Streit, Mutter. Du weisst das”

“Ich weisst, dass du stark bist. Du hast deinem Vater die Stirn geboten und er ist kein Schwächling. Und es war vernünftig, ihm die Stirn zu bieten. Unter uns gesagt: ich war deswegen stolz auf dich. Aber ich hoffe, dass du deine Meinung nicht ändern wirst, sobald ich weggehe. Das wirst du nicht tun, oder? Du wirst nicht deine Meinung ändern wenn du zurück in der Hochschule bist und sie zu dir kommt und zu weinen anfängt ,wenn du ihre Tränen siehst? Dieses Mädchen ist voll Tränen. Markus, kannst du ihren Tränen die Stirn bieten?

“Ja”

Kannst du dich gegen hysterisches Geschrei behaupten, wenn es dazu kommt? Kannst du dich gegen verzweifeltes Anflehen behaupten? Kannst du dein Kopf von einem Menschen wegdrehen , der unaufhörlich um etwas fleht, das er begehrt und das du ihm verweigern wirst? Ja, deinem Vater konntest du wohl sagen. “ Es geht dich nichts an. Lass mich in Ruhe!” Aber hast du die Art von Stärke, die man für das andere braucht? Denn du hast auch ein Gewissen und darauf, dass du eins hast, bin ich stolz. Ein Gewissen aber kann sich als feindlich erweisen. Du hast ein Gewissen und du hast Mitleid und du bist ein zärtlicher Mensch- Sag mir bitte dann wie du zurechtkommen wirst, um die Dinge zu tun, die dir diesem Mädchen gegenüber abverlangen werden. Die Schwächen der anderen können nämlich ebenso zerstörend sein wie ihre Stärken. Schwache Menschen sind nicht ungefährlich. Ihre Schwäche kann ihre Stärke sein. Ein so unsicherer Mensch ist eine Gefahr für dich, Markie, und eine Falle.”

“Mutti, brauchst du nicht weiterzureden Genug jetzt. Wir haben eine Vereinbarung getroffen”

An diesem Punkt schloss sie mich in ihren Armen , die, wenn nicht wohl stärker, ebenso stark waren wie meine und sie sagte: “ Du bist ein emotionaler junger Mann. Emotional wie dein Vater und alle seine Geschwister. Sie alle waren typische Messners und, wie sie, bist du auch ein typischer Messner. Dein Vater war damals der vernünftigste, der sinnvollste, der einzige der einen klaren Kopf hatte. Jetzt, warum auch immer, ist er so verrückt wie die anderen. Die Messners sind nicht nur eine Familie von Metzgern. Sie sind eine Familie von Schreiern und Schreihälsen , eine Familie , deren Mitglieder ständig auf den Tisch hauen und mit dem Kopf durch die Wand wollen. Und jetzt, aus heiterem Himmel, ist es mit deinem Vater so schlimm geworden wie mit den anderen. Wehe dir! Sei gröβer als deine Gefühle. Nicht ich sondern das Leben verlangt das von dir. Anderenfalls wirst du von Gefühlen ins Meer hineingeschwemmt werden und verschwinden. Gefühle können dazu führen, dass man im Leben grossen Ärger kriegt. Gefühle können einem am übelsten mitspielen. Sie haben mir übel mitgespielt, als ich zu dir kam und sagte, ich werde mich von deinem Vater scheiden lassen. Nun, habe ich mit solchen Gefühlen verhandelt. Verspreche mir, dass du auch mit ihnen verhandelst wirst”

“Ich verspreche. Ich werde das tun”

Wir küssten uns zum Abschied und indem wir zugleich an Vater dachten, waren wir durch unsere verzweifelte Hoffnung auf einen Wunder gleichsam zussamengeschweiβt.

She spent the night in a hotel not far from the hospital and came again to visit me the next morning, Monday, before she left by bus for the train to take her home. I was to leave the hospital myself after lunch that day. Sonny Cottler had phoned me the night before. He had only just heard about my appendectomy, and despite the unpleasantness of our last meeting out on the quad-to which neither of us alluded- he insisted on coming out in his car to drive me from the hospital back to school, where arrangements had already been made by Dean Caudwell´s office for me to spend the next week sleeping in a bed in the small infirmary adjacent to the Student Health Office. I could rest there when i needed to during the day and resume attending all my classes other than gym. I should be ready after that to climb the three flights to my room at the top of Neil Hall. And a couple of weeks after that to return to my job at the inn.

That Monday morning my mother looked herself again, unbroken and unbreakable. After i´d finished assuring her about the helpful arrangements the college had made for my return, the first thing she said was “I won´t divorce him, Marcus. I made up my mind. I´ ll do all i can to help him, if anything can help him. If that´s what you want from me, that´s what i want too. You don´t want divorced parents, and i don´t want you to have divorced parents. I´m sorry now that i even allowed  myself such thoughts. I´m sorry that i told them to you. The way  that i did it, here at the hospital, with you just out of bed and starting to walk around on your own-that wasn´t right. That wasn´t fair. I apologize. I will stay with him, Marcus, through thick and thin.

I filled up with tears and immediately put my hand over my eyes as though i could either hide my tears that way or manage with my fingers to hold them back.

“You can cry, Markie. I´ve seen you cry before”

 “I know you have. I know i can. I don´t want to. I´m just very happy…” I had to stop for a while to find my voice and to recover from having been reduced by her words to being the tiny creature who is nothing but its need of perpetual nurture. “I´m just very happy to hear what you said. This behavior of his could be a temporary thing, you know. Things like this happen, don´t they, when people hit a certain age?”

 “I´m sure they do”, she said soothingly.

“Thank you, Ma. This is a great relief to me. I could not imagine him living alone. With only the store and his work and nothing to come home to at night, on his own on the weekends…it was unimaginable.”

 “It is worse than unimaginable,” she said, “ so don´t imagine it. But now i must ask for something in return. Because something is unimaginable to me. I never asked anything of you before. I never asked anything of you before because i never had to. Because you are perfect where sons are concerned. All you´ve ever wanted to be is a boy who does well. You have been the best son any mother could have. But i am going to ask you to have nothing more to do with Miss Hutton. Because for you to be with her is unimaginable to me. Markie, you are here to be a student and to study the Supreme Court and to study Thomas Jefferson and to prepare to go law school. You are here so someday you will become a person in the community that other people look up to and that they come to for help. You are here so you don´t have to be a Messner like your grandfather and your father and your cousins and work in a butcher shop for the rest of your life. You are not here to look for trouble with a girl who has taken a razor and slit her wrists.”

“Wrist”, I said. “She slit one wrist”

“One is enough. We have only two, and one is too much. Markie, i will stay with your father and in return i will ask to give her up before you get in over your head and don´t know how to get out. I want to make a deal. Will you make that deal with me?

“Yes”, I replied.

“That´s my boy! That´s my tall, wonderful boy! The world is full of young women who have not slit any wrists-who have slit nothing. They exist by the millions. Find one of them. She can be a Gentile, she can be anything. This is 1951. You don´t live in the old world of my parents and their parents and their parents before them. Why should you? That old world is far, far away and everything in it long gone. All that is left is the kosher meat. That´s enough. That suffices. It has to. Probable it should. All the rest can go. The three of us never lived like people in a ghetto, and we´re not starting now. We are Americans. Date anyone you want, marry anyone you want, do whatever you want with whoever you choose-as long as she´s never put a razor to herself in order to end her life. A girl so wounded as to do such a thing is not for you. To want to wipe out everything before your life has ever begun-absolutely not! You have no business with such a person, you don´t need such a person, no matter what kind of goddess she looks like and how many beautiful flowers she brings you. She is a beautiful young woman, there is no doubt about that. Obviously she is well brought up. Though may be there is more to her upbringing than meets the eye. You never know about those things. You never know the truth of what goes in people´s houses. When the child goes wrong , look first to the family. Regardless, my heart goes out to her. I have nothing against her. I wish the girl luck. I pray, for her sake, that her life does not come to nothing. But you are my only son and my only child, and my responsibility is not to her but to you. You must sever the connection completely. You must look elsewhere for a girlfriend.”

“I understand,” I said.

“Do you? Or are you saying so to avoid a fight?”

“I´m not afraid of a fight, Mother. You know that”

“I know you are strong. You stood up to your father and he is no weakling. And you were right to stand up to him; between the two of us, i was proud of you for standing up to him. But i hope that doesn´t mean that when i leave here, you will change your mind. You won´t will you, Markie? When you get back to school, when she comes to see you, when she begins to cry and you see her tears, you won´t change your mind? This is a girl full of tears. You see that the moment you look at her. Inside she is all tears. Can you stand up to her tears, Marcus?”

 “Yes”

“Can you stand up to hysterical screaming, if it should come to that? Can you stand up to desperate pleading? Can you look the other way when someone in pain begs and begs you for what she wants that you won´t give her? Yes, to a father you could say, “It´s none of your business-leave me alone” But do you have the kind of strength that this requires’ Because you also have a consciense. A conscience that i´m proud that you have, but a conscience that can be your enemy. You have a conscience and you have compassion and you have sweetness in you too- so tell me, do you know how to do such things as may be required of you with this girl? Because other people´s weakness can destroy just as much as their strength can. Weak people are not harmless. Their weakness can be their strength. A person so instable is a menace to you, Markie, and a trap.”

“Mom, you don´t have to go on. Stop right here. We have a deal”

Here she took me in those arms of hers, arms as strong as mine, if not stronger, and she said, “You are an emotional boy. Emotional like your father and all of his brothers. You are a Messner like all the Messners. Once your father was the sensible one, the reasonable one, the only one with a head on his shoulders. Now, for whatever reason, he´s as crazy as the rest. The Messners aren´t just a family of butchers. They ´re a family of shouters and a family of screamers and a family of putting their foot down and banging their heads against the wall, and now, out of the blue, your father is as bad as the rest of them. Don´t you be. You be greater than your feelings. I don´t demand this of you- life does. Otherwise you´ll be washed away by feelings. You´ll be washed out to sea and never seen again. Feelings can be life´s biggest problem. Feelings can play the most terrible tricks. They placed them on me when i came to you and said i was going to divorce your father. Now i have dealt with those feelings. Promise me you will deal the same with yours.”

“I promise you. I will”

We kissed, and thinking in unison of my father, we were as though welded together by our desperate passion for a miracle to occur.

Raymond Nobourne, a suicide victim // Ramón Nonnato, suicida

Miguel de Unamuno y Jugo (29 September 1864, Bilbao, – 31 December 1936, Salamanca) was a Spanish essayist, novelist, poet, playwright and philosopher. He wrote the short story “Raymond Nobourne, a suicide victim” (“Ramón Nonnato, suicida” )in 1913 and included it in a volume together with other short stories that was  titled “El Espejo de la Muerte” (“The Mirror of Death”)

There´s something in Unamuno´s literary style that I like and i don´t like at the same time. In the case of  “Raymond Nobourne, a suicide victim” I was not particularly thrilled by this style. It´s a terrible story indeed but it seems to me that the writer needs sometimes to stress this terrible quality in a rather artificial way, by, for example, repeating “ terrible” as an adjective that accompanies some of the story´s characters and situations. It was not therefore the style that attracted my attention but rather Unamuno´s literary power that enables him to describe with pitiless accuracy the distressing evidence of a wasted life. Because, yes, in spite of the author adding the adjective “poor” to the personal name of the story´s principal character-or may be just because of that- the narration falls upon the reader like a hard block of determinism where, it seems to me, there´s little room left for pity. That guy, Raymond Nobourne, was robbed by his father from having any chance in life and so was, before him, her own mother. We are confronted with an issue that has been going on for generations within the family realm, inside which loneliness, guilt and sacrifice make up the thread of the issue´s own perpetuation.

One of the purposes of this blog is to train myself in translations. I´ve translated “Raymond Nobourne, a siucide victim”  aiming at this purpose and i´ve done it fully conscious of my limits and, in fact, quite freely in regard to some repetitions of adjectives that i´ve allowed myself to avoid in the english version. For any mistakes in it I apologize beforehand.

Raymond Nobourne, a suicide victim

When, tired of knocking the door of his room, the servant forcing it, finally got in , he found his master, cold and pale, lying on his bed, with a trickle of blood flowing from his right temple and, beside him, a woman´s portrait that he always carried with him, almost like a talisman which he liked to stay gaping at.

As a matter of fact, the day before that grey autumns´s evening, just before sunset, Raymond Nobourne had shot himself. He was last seen that same evening walking alone ,like he used to, by the river bank, near its mouth, watching the waters carrying randomly the yellow leaves that had forever fallen from the poplars and that will never come back: “ Because the leaves and the new birds that will be coming back to the trees next spring, which i won´t see, won´t be the same ones”, said Nobourne to himself.

When the news of his suicide spread there was a pitiful exclamation in every mouth: “ Poor Raymond Nobourne¡” And even “It was his father who committed his suicide”

Some days before killing himself Nobourne payed back his remaining debts by selling the last of the numerous properties he had inherited from his father. The last property he sold was his mother´s ancestral home. He had previously spent a whole day in it , weeping for his helplessness and the inexisting memory of her, holding the old portrait of his mother in his hands. That portrait was the image of a hope and this hope was but a vanished memory.

The guy had misspent in crazy speculations and in phantastic financial and stock exchange operations that were meant to increase it, the wealth his father had left him, while he himself lived very modestly bordering almost poverty and suffering hardships. He hardly spent more than it was needed for a meagre decency, and besides this, he gave it all away to charity and favours. Because Nobourne, no matter how mean he was with regard to himself, was extremely lavish and generous towards the others, above all towards his father´s victims. He intended to increase his fortune as much as possible, to make it grow to the utmost in order to render it afterwards useful for the public benefit and redeem it in that way from its original sin. This was the reason for his behaviour. He didn´t think it was enough to give the money away to small charities, let alone to try making up for the harm his father had done. Spilt water could just not  be retrieved.

Fixed in his mind were the last words of his father on his deathbed:

-What i regret , dear son, is that this fortune i have so laboriously wrought and lifelong strived for, this fortune so well allocated and that, believe it or not, is a real work of art is going to disappear in your hands. You lack my espirit, you neither have my love for money nor my business sense. I admit i was mistaken with you.”

“Luckily” thought Nobourne when he listened to his father´s last words. His father, in effect, hadn´t been able to pass on to him his dismal and fierce love for money nor his passion for trade, which lead him to prefer a gain of three taking advantage of a legal loophole than a gain of four without it.

And yet Nobourne had been his father´s lawyer in the numerous lawsuits in which this man was always involved: a lawyer for free, as a matter of course. Acting as his father´s lawyer Nobourne came to know the most out-of.-the-way nooks of the money lender´s hole, damp darknesses where his soul, subject to an inescapable slavery, ended up sickening in sadness. There was no way out because: Who could resist the cold and sharp look of that predator?

Gloomy years also those he had spent in high school studying for a degree he hated because he was forced to by his father. After spending the dreary course in a shabby house of one of his father´s debtors, a way by which his father seeked to get paid pack his loan interests , when for his summer holidays he moved to his coastal village, Nobourne liked to walk alone to the seashore to take comfort from his loneliness in the ocean´s loneliness and to forget there the earthly plights that encumbered his soul. He had always felt the call of the sea like the call of a comforting mother so that, sitting on a rock covered by seaweed, he would gaze at her poor mother´s portrait, doing as if the waves rocking to and fro would be the lullaby he had not been granted in the cradle.

He had dreamt of becoming a sailor to better flee from his father´s house and to better look after his soul´s loneliness, but he had to quit the sea because his father, needing a costless lawyer to bend the law, forced him to do so. So much for his sinister high school years.

He couldn´t either look for any refreshing comfort in his childhood memories because his childhood had been like a winter night in a desert of ice. Alone, always alone except for his father who hardly talked to him other than about his dirty businesses and who once in a while told him: “ All this that i do, i do it for your sake, mostly for your sake. I want you to be rich, very rich, immensely rich so that you can marry the daughter of the richest of all those rich people that despise us” He felt these words weren´t  nothing but a lie and that he was being used by his father as a pretext for trying, deep down in his heart , to justify himself for all his usury and greed. It was then, in this dreary youth, that he found his mother´s portrait and started to worship it. His father never talked to him about her.

And the guy, while listening to his colleagues in class talking about their mothers, couldn´t help figuring out how her mother would have been. He used to question in vain the old, dry ,stiff maid that was his father´s confident, the one whose hands had taken him away from those of his first nursemaid, whom he never saw again.That stubbornly silent and frowning woman never sung to him a song, hers was, however, the furthest memory he could recall from his childhood.

¡His childhood! He never had one. His whole childhood had been but a cold and grey day that had lasted quite a few years. Each of his childhood days had been the same and also every hour of them. The school had been no less dreary than his home. His colleagues mocked him cruelly, like children usually do, for his fathers´tricks and when they once saw him crying because they called him “usurer´s son”, the more blatant their mockery became.

The nursemaid left them because she didn´t get paid. It was the way how the usurer acted in order to collect the money her husband owed him. Instead of paying her monthly for the milk she nursed from her breasts, he would discount it from the amount of her husband´s debt.

Raymond Nobourne had been pulled out of the womb of her mother´s still tepid corpse. She had died shortly before giving birth, fourty two years before the day of his suicide. He was therefore a natural born suicide victim.

Alas his mother! How she got excited in the last days of her life everytime she thought about the idea of giving birth to a son that would bring brightness to that cold and gloomy home and change the soul of that terrible man! “ At least- she thought- i won´t be alone in the world and by singing to my child i´ll avoid hearing the money clinking that comes from his secret chamber! And who knows!… May be he changes!” She dreamt about taking her child to the seashore in the bright days, nursing him with her breasts before the beating breast of the earth´s nursemaid, joining her songs to that other cradle song where so many pains of the toiled human race have found their rest.

¿How did she come to marry that man? Not even she knew it. Something to do with her family,with her father doing some kind of dubious business with her husband to be. She thought about something terrible over which she didn´t want to linger. She remember one day in which her mother´s eyes were red from crying. Her father made her call and told her:

– Dear daughter, my salvation, the salvation of the whole family relies on you. Not only an overwhelming ruin but dishonour will be brought upon us without your sacrifice

– Tell me, dear father”-she answered.

– It´s necessary that you marry Atanasio, my business partner.

She remained silent and couldn´t avoid trembling from head to toes. Her father taking her daughter´s silence for a consent, added:

-Thank you, dear daughter, I didn´t expect anything else from you. Indeed, this sacrifice…

-Sacrifice?- she replied just for the sake of replying

-Indeed, dear daughter, indeed, you don´t know him yet, you yet don´t know him as i do…

Ramón Nonnato, suicida

Cuando harto de llamar a la puerta de su cuarto, entró, forzándola, el criado, encontróse a su amo lívido y frío en la cama, con un hilo de sangre que le destilaba de la sien derecha, y, junto a él, aquel retrato de mujer que traía constantemente consigo, casi como un amuleto, y en cuya contemplación se pasaba tantas horas. Y era que en la víspera de aquel día de otoño gris, a punto de ponerse el día, Ramón Nonnato se había pegado un tiro. Habíanle visto antes, por la tarde, pasearse, solo, según tenía por costumbre, a la orilla del río, cerca de su desembocadura, contemplando cómo las aguas se llevaban al azar las hojas amarillas que desde los álamos marginales iban a caer para siempre, para nunca más volver, en ellas, “Porque las que en la primavera próxima , la que no veré, vuelvan con los pájaros nuevos a los árboles, serán otras”, pensó Nonnato.

Al desparramarse la noticia del suicidio hubo una sola y compasiva exclamación. “¡Pobre Ramón Nonnato!” Y no faltó quien añadiera: “Le ha suicidado su difunto padre.”

Pocos días antes de darse así la muerte había pagado Nonnato su última deuda con el producto de la venta de la última finca que le quedaba de las muchas que su padre heredó, y era la casa solariega de su madre. Antes fue a ella y se estuvo allí solo durante un día entero, llorando su desamparo y la falta de un recuerdo, con un viejo retrato de su madre entre las manos. Era el retrato que traía consigo, sobre el pecho, imagen de una esperanza que para él había sido siempre recuerdo, siempre.

El pobre hombre había desbaratado la fortuna que su padre le dejara en locas especulaciones enderezadas a acrecentarla, en fantásticas combinaciones financieras y bursátiles, mientras vivía con una modestia rayana en la pobreza y ceñido de privaciones. Pues apenas si gastaba más de lo preciso para sustentarse con un discreto decoro, y, fuera de esto, en caridades y favores. Porque el pobre Nonnato, tan tacaño para consigo mismo, era en extremo liberal y pródigo para con los demás, sobre todo con las víctimas de su padre. La razón de su conducta era que buscaba aumentar lo más posible su fortuna, hacerla enorme, y emplearla luego en vasto objeto de servicio a la cultura pública, para redimirla así de su pecado de origen. No le parecía bastante haberla distribuido en pequeñas caridades, y mucho menos haber tratado de cancelar los daños de su padre. No es posible recoger el agua derramada. Llevaba siempre fijas en la mente las últimas palabras que al morir le dirigió su padre, y fueron así:

– Lo que siento, hijo mío, es que esta fortuna tan trabajosamente fraguada y cimentada por mí; esta fortuna tan bien repartida, y que es, aunque tú no lo creas, una verdadera obra de arte, se va a deshacer en tus manos. Tú no has heredado mi espíritu, ni tienes amor al dinero, ni entiendes de negocio. Confieso haberme equivocado contigo

“Afortunadamente”, pensó Nonnato al oir estas últimas palabras de su padre. Porque, en efecto, no había logrado éste infundirle su recio y sombrío amor al dinero, ni aquella su afición al negocio, que le hacía preferir la ganancia de tres con engaño legal a la de cuatro sin él. Y eso que el pobre Nonnato había sido el abogado de los pleitos en que de continuo se metía aquel hombre terrible: un abogado gratuito, por supuesto. En su calidad de abogado de su padre, es como Nonnato tuvo que penetrar en los más recónditos recovecos del antro del usurero, tinieblas húmedas donde acabó de entristecérsele el alma, presa de una esclavitud irrescatable. Ni podía libertarse, pues ¿Cómo resistir la mirada cortante y fría de aquel hombre de presa?

Años tétricos los de la carrera del pobre Nonnato, de aquella carrera odiada que estudiaba obligado a ello por su padre. Cuando durante los veranos se iba de vacaciones a su pueblo costero, después de aquel tenebroso curso de estudios, pasado en una miserable casa de uno de los deudores de su padre, que así le sacaba más interés a su préstamo, íbase Nonnato solo a orillas del mar a consolarse de su soledad con la soledad del Océano, y a olvidar las tristezas de la tierra. El mar le había siempre llamado como una gran madre consoladora, y sentado a su orilla sobre una roca ceñida de algas, contemplaba el retrato aquel de su pobre madre, fingiéndose que el canto brezador de las olas era el arrullo de cuna que no le había sido concedido oír en su infancia.

El había querido hacerse marino para huir mejor de casa de su padre, para cultivar la soledad de su alma; pero su padre, que necesitaba un abogado gratuito, le obligó a estudiar leyes para torcerlas, renunciando al mar. De aquí lo tétrico de sus años de carrera.

Y ni aun tuvo en ellos el consuelo de refrescarse el alma a solas con el recuerdo de sus mocedades, porque éstas habíalas pasado como una sola noche de invierno en un desierto de hielo. Solo, siempre solo con aquel padre que apenas le hablaba como no fuese de sus feos negocios, y que de cuando en cuando le decía: “Porque esto lo hago por ti, principalmente por ti, casi sólo por ti. Quiero que seas rico, muy rico, inmensamente rico, y que puedas casarte con la hija del más rico de esos ricachos que nos desprecian.” Mas el chico sentía que aquello era mentira, y que él no era sino un pretexto para que su padre se justificase ante sí mismo, en el foro de su conciencia, su usura y su avaricia. Y fué entonces, en aquella tétrica mocedad, cuando dio con el retrato de su madre y empezó a dedicarle culto. El padre, por su parte, jamás le habló de ella.

Y el pobre mozo, que oía a sus compañeros hablar de sus madres, trataba de figurarse cómo había podido ser la suya. E interrogaba en vano a aquella antigua sirvienta, seca y dura, la confidente de su padre, la que le había tomado de brazos de su nodriza, a la que no había vuelto a ver. Nunca le oyó cantar a aquella mujer ceñuda y tercamente silenciosa. Y era ella la que se perdía en sus más remotos recuerdos de niñez.

¡Niñez! No la había tenido. Su niñez fue un solo día largo, un día gris y frío de unos cuantos años, porque todos sus días fueron iguales e iguales las horas todas de cada uno de sus días. Y la escuela, no menos tétrica que su hogar. En ella le dirigían bromas feroces, como son las bromas infantiles, sobre las mañas de su padre. Y cuando le vieran una vez llorar al llamarle el hijo del usurero, redoblaron las burlas.

La nodriza lo había dejado en cuanto pudo porque no se le pagaba su servicio en rigor. Era el modo que tenía el usurero de cobrarse una deuda del marido de ella. Y así, en vez de pagarle sus mesadas por dar leche de su pecho al pobrecito Nonnato, íbaselas descontando de lo que su marido le debía.

Habíanle sacado a Ramón Nonnato del cadáver tibio de su madre, que murió poco antes de cuando había de darle a luz, cuarenta y dos años antes del día aquel en que se suicidó. Y es, pues, que había nacido con el suicido en el alma.

¡La pobre madre! ¡Cuántas veces en sus últimos días de vida, se ilusionaba con que el hijo tan esperado habría de ser un rayo de sol en aquel hogar tenebroso y frío y habría de cambiar el alma de aquel hombre terrible! “ ¡ Y por lo menos-pensaba- no estaré ya sola en el mundo, y cantando a mi niño no oiré el rechinar del dinero en ese cuarto de los secretos! ¡ Y quien sabe!…¡Acaso cambie!” Y soñaba con llevarle en los días claros a la orilla del mar, a darle allí el pecho frente al pecho palpitante de la nodriza de la tierra, uniendo su canto al eterno canto de cuna que tantos dolores del trabajado linaje humano adormeciera.

¿Cómo se encontró casada con aquel hombre? Ni ella lo sabía. Cosa de su familia, de su padre, que tenía negocios oscuros con el que luego fue su marido. Sospechaba algo pavoroso, pero en que no quería entrar. Recordaba que un día, después de varios en que su madre tuvo de continuo enrojecidos los ojos por el llanto, la llamó su padre al cuarto de las solemnidades y le dijo:

– Mira, hija mía, mi salvación, la salvación de la familia toda, depende de ti. Sin un sacrificio tuyo, no sólo la ruina completa, sino además la deshonra.

– Mándeme, padre- respondió ella

– Es menester que te cases con Atanasio, mi socio. La pobre, temblando de los talones a la nuca, se calló, y su padre, tomando su silencio por un otorgamiento, añadió:

– Gracias, hija, gracias; no esperaba yo otra cosa de ti. Sí, este sacificio…

– ¿Sacrificio?- dijo ella por decir algo.

-¡Oh, sí, hija mía; no le conoces, no le conoces como yo!…