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Das irdische Gewaltmonopol (462,463,464,465, Vol 2)

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De individuos que viviendo en medio de unas tales tensiones son llevados sin percatarse a inculparse  unos a otros no puede esperarse que se comporten los unos respecto de los otros de una manera que, como hoy parece ser costumbre, quepa calificar como final y punto culminante del comportamiento civilizado. Nuestro estándar de comportamiento es el fruto de muchos siglos de cambios graduales impulsados  a través del mecanismo de un entramado de coacciones. Y  estas coacciones siguen visiblemente trabajando  hoy en día en la dirección de  ulteriores cambios en nuestro comportamiento más allá del estándar actual. Ni el tejido social en que nos movemos, ni nuestro modo de comportarnos, ni el tipo de coacciones, preceptos y miedos que sufrimos son algo definitivo, menos aún un punto culminante

En este sentido ahí tenemos el permanente peligro de guerra. La guerra, por decirlo una vez más con otras palabras, no es solamente lo contrario de la paz. Con una inevitabilidad, cuyas razones hemos aquí aclarado, las guerras que en el curso de la historia se han librado entre formaciones más pequeñas son el inevitable paso e  instrumento para la pacificación de formaciones más grandes. La sensibilidad del edificio social y, por tanto, el riesgo y la conmoción para los participantes que las iniciativas bélicas acarrean, son ciertamente tanto mayores cuanto mayor es la división de funciones en las sociedades, y cuánto más grande se hace la interdependencia entre los rivales. De ahí que en  nuestros días se busque sustituir las futuras guerras de exclusión entre Estados por otros medios de disputa menos peligrosos. Pero el hecho de que hoy igual que en el pasado un entramado de coacciones siga impulsando en la dirección de tales disputas, en la dirección de la creación de monopolios de poder  sobre    porciones cada vez más grandes de la tierra y, con ello y a través de todos los horrores y luchas, en la dirección de la pacificación de la misma, es lo suficientemente evidente. Y ya puede verse detrás de las presentes tensiones entre territorios y, en parte, en ellas entretejidas, cómo asoman las tensiones que dominarán la siguiente fase. Pueden verse los primeros contornos de un sistema tenso de alianzas estatales que cubrirá el globo entero, de unidades supraestatales de distintas clases, preludio de guerras de exclusión y supremacía a lo largo y ancho de todo el mundo, presupuesto para la construcción de un monopolio global del poder, de una institución política central a nivel de toda la tierra y, con ello, para la pacificación de ésta

Y  lo mismo pasa con las guerras económicas. Tampoco la libre competencia, así lo hemos visto, es lo contrario a un orden monopolístico. La libre competencia va también más allá de sí misma en dirección a su contrario. Y desde este punto de vista nuestra época tampoco es ningún punto culminante por más catástrofes parciales que, como en épocas de transición de similar estructura, en ella tengan lugar. También a este respecto está repleta de tensiones no resueltas, de procesos de imbricación inconclusos cuya duración apenas es inteligible, cuyo ritmo no puede predecirse en detalle y de los que sólo su dirección es determinada: la tendencia a una limitación y superación de la libre competencia o, lo que es lo mismo, de la posesión monopolística desorganizada, ese cambio en las relaciones humanas por el que la disposición sobre estas posibilidades pasa gradualmente de ser una tarea hereditaria y privada de una clase alta a ser una función social y públicamente controlable. También aquí  se anuncian ya bajo el manto del presente las tensiones de la siguiente fase, las tensiones entre los funcionarios altos y medios de la administración monopolística, entre la “Burocracia”, por un lado, y el resto de la sociedad, por otro.

Sólo una vez que estas tensiones inter-e-intra estatales hayan sido resueltas y superadas podremos hablar con mayor derecho de que somos civilizados. Sólo entonces cabrá retirar del código que inoculado al individuo como super-yo dirige su comportamiento, aquello que tiene como función la de resaltar no la superioridad personal sino una que se ha heredado independientemente de ella así como, de entre las coacciones que determinan la conducta, cabrá hacer desaparecer la necesidad de no diferenciarse solamente de otros individuos en virtud del propio rendimiento individual sino la de hacerlo respecto de otros grupos inferiores a través de instrumentos de prestigio y apropiación.

Sólo entonces podrá  la regulación de las relaciones humanas limitarse a los preceptos e interdicciones necesarias al mantenimiento del alto nivel de diferenciación de las funciones sociales, y del alto nivel de vida y de la elevada productividad en el trabajo cuyo mantenimiento presupone un incremento en  la división de esas mismas funciones. Sólo entonces podrán limitarse las auto-coacciones a aquellas restricciones necesarias para que los hombres puedan convivir, trabajar  y disfrutar  con los menos miedos y perturbaciones posibles. Sólo atenuándose las tensiones que se dan entre los hombres y las contradicciones que afloran en la construcción del entramado social pueden atenuarse las tensiones y contradicciones dentro del hombre. Sólo entonces puede ser no la excepción sino la regla que el individuo alcance ese equilibrio óptimo del alma que tan a menudo es evocado con grandes palabras como “Felicidad” y “Libertad”: un equilibrio duradero o justamente la concordancia entre por un lado, los deberes sociales y el conjunto de exigencias derivadas de la existencia social del hombre y, por otro, sus preferencias y necesidades personales. Solamente cuando la construcción de las relaciones interhumanas y la cooperación entre los hombres, fundamento de la existencia de cada individuo, sea y funcione de tal modo que todo aquel que trabaja mano a mano en la profusa cadena del trabajo colectivo tenga al menos la posibilidad de encontrar ese equilibrio, solamente entonces los hombres podrán decir de sí mismos con mayor razón que son civilizados. Hasta entonces seguirán en el mejor de los casos en proceso de civilizar. Hasta entonces tendrán que decir una y otra vez de nuevo: “La civilización aún no ha concluido. Tan solo está en proceso”

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“Man kann von Menschen, die inmitten solcher Spannungen leben, die derart schuldlos von Schuld zu Schuld gegeneiander getrieben werden, nicht erwarten, dass sie sich bereits zueinander in einer Weise verhalten, die- wie man heute, so oft, zu sagen scheint-einen End-und-Gipfelpunkt des “zivilisierten” Verhaltens darstellt. Ein ganzes Hebelwerk von Verflechtungszwängen führt in vielen Jahrhunderten eine allmähliche Veränderung des Verhaltens zu unserem Standard hin herbei. Die gleichen Zwänge arbeiten heute spürbar genug an weiteren Veränderungen des Verhaltens über unseren Standard hinaus. So wenig, wie die Art unserer gesellschaftlichen Verflechtung , ist unsere Art des Verhaltens, unser Stand der Zwänge, Gebote und Ängste etwas Endgültiges, geschweige denn ein Gipfelpunkt.

Da ist die Kriegsgefahr. Kriege sind, um es noch einmal mit anderen Worten zu sagen, nicht nur das Gegenteil des Friedens. Mit einer Zwangsläufigkeit, deren Gründe deutlich wurden, gehören Kriege kleinerer Verbände im bisherigen Verlauf der Geschichte zu den unvermeidlichen Stufen und Instrumenten der Pazifizierung von grösseren. Sicherlich wird die Empfindsamkeit des Gesellschfatsbaues und so auch das Risiko und die Erschütterung für alle Beteiligten, die kriegerische Entladungen mit sich bringen, um so gröBer, je weiter die Funktionsteilung gedeiht, je gröBer die weschselseitige nhängingkeit der Rivalen wird. Daher spürt man in unserer eigenen Zeit eine wachsende Neigung, die weiteren zwischenstaatlichen Ausscheidungskämpfe durch andere, weniger riskante und gefährliche Gewaltmittel auszutragen.

Aber die Tatsache, dass in unseren Tagen, genau, wie früher, die Verflechtungszwänge zu solchen Auseinandersetzungen, zur Bildung von Gewaltmonopolen über grosser Teile der Erde und damit, durch alle Schrecken und Kämpfe, zu deren Pazifizierung weiterdrängen, ist deutlich genug. Und man sieht, wie gesagt, hinter den Spannungen der Erdteile, und zum Teil in sie verwoben, bereits die Spannungen der nächsten Stufe auftauchen. Man sieht die ersten Umrisse eines erdumfassenden Spannungssystem von Staatenbünden, von überstaatlichen Einheiten verschiedener Art, Vorspiele von Ausscheidungs-und Vormachtskämpfen über die ganze Erde hin, Voraussetzung für die Bildung eines irdischen Gewaltmonopols, eines politischen Zenralinstituts der Erde und damit auch für deren Pazifizierung.

Nicht anders steht es mit den wirtschaftlichen Kämpfen. Auch die freie, wirtschaftliche Konkurrenz, so sah man, ist nicht nur das Gegenteil einer monopolistischen Ordnung. Sie drängt ebenfalls ständing über sich hinaus zu diesem ihrem Gegenteil hin. Auch von dieser Seite her betrachtet ist unsere Zeit alles andere als ein totaler End-und-Gipfelpunkt soviel partiale Untergänge auch in ihr, wie in strukturähnlichen Übergangsperioden, vor sich gehen.

Auch in dieser Hinsicht ist sie voll von unausgertagenen Spannungen, von unabgeschlossenen Verflechtungsprozessen , deren Dauer kaum einsichtig, deren Gang im einzelnen nicht voraussehbar und nur deren Richtung bestimmt ist: die Tendenz zur Beschränkung und Aufhebung der freien Konkurrenz oder, was das gleiche sagt, des unorganisierten Monopolbesitzes, jene Veränderung der menschlichen Beziehungen, mit der die Verfügung über diese Chancen aus der vererblichen und privaten Aufgabe einer Oberschcht allmählich zu einer gesellschaftlichen und öffentlichen kontrollierbaren Funktion wird. Und auch hier kundigen sich bereits unter der Decke der gegenwärtigen die Spannungen der nächsten Stufe an, die Spannungen zwischen den höheren und mittleren Funktionären der Monopolverwaltung, zwischen der “Bürokratie” auf der einen Seite und der übrigen Gesellschaft auf der anderen.

Erst wenn sich diese zwischenstaatlichen und innerstaatichen Spannungen ausgetragen haben und überwinden sind, werden wir mit besserem Recht von uns sagen können, dass wir zivilisert sind. Erst dann kann aus der Verhaltenstafel, die dem Einzelnen als Über-ich eingeimpft wird, mehr von dem abfallen, was die Funktion hat, nicht eine persönliche, sondern eine von ihr unabhängige ererbte Überlegenheit zu markieren, und aus den Zwängen, die sein Verhalten bestimmen, die Notwendigkeit, sich nicht nur durch die individuelle Leistung von anderen Individuen, sondern durch Besitz-und Prestigeinstrumente von minderen Gruppen zu unterscheiden.

Dann erst kann sich die Regelung der Beziehungen von Mensch zu Mensch eher auf jene Gebote und Verbote beschränken, die notwendig sind, um die hohe Differenzierung der gesellschaftlichen Funktionen aufrechtzuerhalten, und den hohen Lebensstandard, die groBe Ergeibigkeit der Arbeit, die eine hohe, eine wachsende Aufteilung der Funktionen zur Voraussetzung haben, dann erst die Selbstzwänge auf jene Restriktionen, die nötig sind, damit die Menschen möglichst störungs-und furchtlos miteinander leben, arbeiten und genieBen können. Erst mit den Soannungen zwischen den Menschen, mint den Widersprüchen im Aufbau des Menschengeflechts könne sich die Spannungen unc Widerspr¨cuhe in den Menschen milder. Dann erst braucht es micht mehr die Ausnahme, dann erst kann es die Regel sein, dass der einzelne Mensch jenes optimal Gleichgewicht seiner Seele findet , das wir so oft mit grossen Worten , wie “Glück” und “ Freiheit” beschwören: ein dauerhafteres Gleichgewicht oder gar den Einklang zwischen seinen gesellschaftlichen Aufgaben, zwischen den gesamten Anforderungen seiner sozialen Existenz auf der einen Seite und seinen persönlichen Neigungen und Bedürfnissen auf der anderen. Erst wenn der Aufbau der zwishcnemenschlichen Beziehungen derart beschaffen ist, wenn die Zusammenarbeit der Menshcen, die die Grundlage für die Existenz jedes Einzelnen bildet, derart funktioniert, dass es für alle , die in der reichgegliederten Kette der gemiensamen Aufgaben Hand in Hand arbeiten, zum mindesten möglich ist, dieses Gleichgewicht zu finden, esrt dann werden die Menschen mit grösserem Recht von sich sagen können, dass sie zivilisiert sind. Bis dahin sind die bestenfalls im Prozess der Zivilisation. Bis dahin werden sie sich immer von neuem sagen müssen: “ Die Zivilisation ist noch nicht abgeschlossen. Sie ist erst im Werden”

“Kultur”, “Civilisation” und der Inbegriff der Nation (152,153 Vol.1)

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“El concepto francés de “Civilisation” así como el alemán de “Kultur” se conformaron en este movimiento entre opuestos que tiene lugar en la segunda mitad del siglo XVIII. La  construcción, función y sentido del concepto “Civilisation” difiere tanto del de “Kultur” como lo hace  la conducta de las clases medias de uno y otro  país”

“La burguesía francesa, políticamente relativamente activa, propensa a la reforma al menos en parte y finalmente revolucionaria durante un periodo corto de tiempo, estuvo y siguió estando, aún después del estallido del Antiguo Régimen,  muy ligada a la tradición cortesana en lo que respecta a su conducta y a la modelización de sus afectos. Ya desde bastante antes de la Revolución y debido a los estrechos contactos entre círculos burgueses y aristocráticos, las clases medias habían hecho suyos muchos de los rasgos de conducta cortesanos. Se entiende pues que en Francia la revolución burguesa acabara con el edificio político del Antiguo Régimen pero que no lo hiciera con la unidad inherente a un modo de conducta.”

La intelectualidad de la burguesía alemana, del todo impotente a nivel político pero radical en lo espiritual, acuñó una tradición burguesa que le fue  propia y que se encontraba muy lejos de la tradición y los modelos aristocrático-cortesanos; y aún cuando ciertamente a lo que lentamente a lo largo del XIX se conformaría como carácter nacional alemán no le habría de faltar un componente aristocrático aburguesado, para amplios sectores afines a la  tradición alemana de la “Kultur” y los modos de conducta a ella aparejados esa específica acuñación burguesa sería la predominante, habida cuenta además de que el  marcado corte entre los círculos burgueses y aristocráticos se mantendría incólume hasta bastante después del siglo XVIII  y con ello un desequilibrio relativamente grande en el modo alemán de conducta.

El concepto francés de “Civilisation” refleja el destino social específico de la burguesía francesa igual que el de “Kultur” refleja el de la burguesía alemana. Tanto el uno como el otro representan instrumentos de oposición en manos de las clases medias y sobre todo de la intelectualidad en su seno, con vistas a  la lucha social interna. Con el ascenso de la burguesía ambos conceptos igualmente pasarían a convertirse en epítomes de la nación y  expresión de las conciencias nacionales respectivas.”

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“Der französiche Zivilisationsbegriff bildete sich genau wie der entsprechende deutsche Kulturbegriff in dieser Oppositionsbewegung der zweiten Hälfte des 18. Jahrhunderts. Der Prozess seiner Bildung, siene Funktion und sein Sinn sind so verschieden von denen des deutschen Begriffs, wie die Verhältnisse und das Verhalten der Mittelschichten hier und dort.”

 “Das französiche Bürgertum, politisch relative aktiv, reformfreudig, wenigstens in gewissen Teilen und schliesslich kurze Zeit hindurch revolutionär, war un blieb in seinem Verhalten und Affektmodellierung in hohem MaBe an die höfische Tradition gebunden, auch nachdem das Gefüge des alten Regimes gesprengt war, weil durch die engeren Kontakte von aristokratischen und mittelständischen Kreisen vieles von der höfischen Gesittung schon lange her vor der Revolution mittelständische Gesittung geworden war. So ist es zu verstehen, dass die bürgerliche Revolution in Frankreich zwar das alte, politische Gefüge, nicht aber die Einheit der Gesittungstradition zerbrach.

Die deutsche, mittelständische Intelligenz, politisch völlig ohnmächtig, aber radikal im Geistigen, bildete die Prägestätte einer eigenen, reiner bürgerlichen Tradition, die von der höfisch-aristokratischen Tradition und ihren Modellen weitgehend verschieden war; und wenn es auch gewiss in dem, was als deutscher Nationalcharakter im 19. Jahrhundert langsam in Erscheinung trat, an bürgerlich gewordenem Adelsgut nicht fehlte, so blieb doch für weite Bezirke der deutschen Kultur- Tradition und des deutschen Verhaltens dieses spezifisch mittelständige Gepräge vorherrschend, zumal die betontere , gesellschaftliche Scheidung zwischen bürgerlichen und aristokratischen Kreisen und mit ihr eine relativ grosse Uneinheitlichkeit der deutschen Gesittung sich noch lange über das 18. Jahrhundert hinaus erhielt.

Der französische Begriff “civilisatuion” spiegelt genau in dem gelichen MaBe das spezifische, soziale Schicksal des französichen Bürgertums, wie der Begriff der “Kultur” das des deutschen. Auch der Begriff “civilisation” stellt zunächst, wie der Kultur-Begriff, ein Instrument oppositioneller, mittelständischer Kreise, vor allem der mittelständischen Intelligenz, in der inneren, gesellschaftlichen Aiseinandersetzung dar. Und auch er wird mit dem Aufstieg des Bürgertums zum Inbegriff der Nation, zum Ausdruck des nationalen Senstbewusstseins.”

 

Die Kapetinger (188-Vol.2)

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“Pero el monopolio del poder no se constituyó ni de lejos de una forma tan directa si sólo nos fijamos en la acumulación de suelo que entonces se produjo. Cuánto mayor era el tamaño de las tierras que la dinastía de los Capeto gradualmente reunía y centralizaba en sus manos, tanto más intensamente se hacía notar el movimiento contrario, tanto más fuerte se hacía de nuevo la tendencia a la descentralización. Y una vez más, y como en la fase precedente del imperio carolingio en la que predominaba una economía de base más natural, la tendencia a la descentralización era representada en primer lugar por los parientes y vasallos más próximos al señor monopolizador del poder central. Sólo que ahora el juego de las fuerzas sociales descentralizadoras había cambiado considerablemente. Artesanía, comercio y dinero jugaban  un papel notablemente más importante que antes; un grupo humano especializado en ocuparse de estas tres cosas, la burguesía, había adquirido una significación social propia; los medios de transporte se habían desarrollado y todo esto ofrecía a la organización del poder en el seno de un territorio que se había ampliado, oportunidades que antes no existían. Los servidores a los que el Señor monopolizador del poder central enviaba a vigilar y administrar parte de sus dominios no podían ya independizarse tan fácilmente de él; un creciente número de estos servidores provenía además ahora de clases urbanas; el peligro de que estas gentes se convirtieran de  servidores en rivales del señor era incomparablemente menor que antes, cuando el monopolizador del poder tenía que reclutar una parte de sus ayudantes entre el estamento militar y cuando los mismos siervos, a los que el señor atraía a sus dominios en virtud de su capacidad de recompensarles con parte de ellos por sus servicios, eran capaces de arrancarle rápidamente una posición de poder y escalar al rango social de nobles y caballeros”

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“Aber die Bildung des Herrschaftsmonopols volllzieht sich bei weitem nicht so gradlinig, wie es bei der bloBen Betrachtung der Bodenakkumulation zunächst erscheint. Je gröBer der Landbesitz wird, der da nach und nach von den Kapetingern zusammengebracht un zentralisert wird, desto nachdrücklicher macht sich auch die Gegenbewegung bemerkbar; desto stärker wird von neuem die Tendenz zur Dezentralisierung; und noch immer wird diese Tendenz, wie in der stärker naturalwirtschaftlichen Phase, die vorangeht, wie z. B. in der Karolingerzeit, in erster Linie durch die nächsten Angehörigen und Vasallen des Monopolherren repräsentiert. Aber die Spielweise der dezentralisierenden, gesellschaftlichen Kräfte hat sich nun beträchtlich verändert. Geld, Handwerk und Handel spielen nun in der Gesellschaft eine erheblich grössere Rolle als damals; Menschengruppen, die sich mit alledem spezialistisch befassen, das Bürgertum, haben ein eigenes, sociales Schwergewicht bekommen; die Verkehrsmittel haben sich entwicklet; alles das bietet der Herrschaftsorganisation eines gröBeren Gebietes Chancen die früher gefehlt haben. Die Diener, die der Zentralheer zur Verwaltung und Bewachung seines Besitzes ins Land schickt, können sich nicht mehr so leicht verselbständigen; ein wachsender Teil dieser Helfer und Diener des Zentralherrn stammt nun überdies aus städtishen Schichten; die Gefahr, dass solche Bürgerlsleute sich aus Dienern der Zentralherren zu ihren Konkurrenten entwicklen, ist unvergleichlich viel geringer als früher, wo der Zentralheer einenTeil seiner Helfer aus dem Kriegerstand nehmen musste, und wo selbst Unfreie, die er heranzog, kraft des Bodenbesitzes, mit dem sie für ihre Dienste belohnt.” wurden, sehr rasch in die Machtposition und damit auch in den socialen Rang einer Kriegers oder Adligen hinienwuchsen”

Civilisation (152-153)

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“En la Revolución Francesa el concepto “civilisation”- que se refiere esencialmente a un proceso gradual o evolutivo y que, por lo tanto, no desmiente su carácter original de consigna reformista- no jugó un papel muy importante entre las consignas revolucionarias. En la medida en que la Revolución se atemperó, poco antes del cambio de siglo, dicho concepto comenzó a popularizarse por el  mundo.

Ya en estas fechas el concepto de “civilización” se  había convertido en un concepto justificador de las pretensiones nacionales expansivas y colonizadoras de Francia. En 1798, dirigiéndose su ejército hacia Egipto, Napoleón  arengaba así a las tropas “Soldados, acometéis una conquista de consecuencias incalculables para la civilización”. A diferencia de cuándo surgió, el concepto de civilización comienzan a entenderlo ahora los pueblos como algo que ya  ha concluido en el seno de sus sociedades: se sienten fundamentalmente portadores de una civilización acabada y lista para ser transmitida a otros,  porta-estandartes de la civilización hacia fuera. Lo que en su memoria queda de todo el desarrollo anterior es solamente ahora un vago reflejo.

Al resultado del mismo se lo considera un producto de las propias aptitudes y no interesa ni el hecho ni la cuestión acerca de cómo la conducta civilizada de los pueblos se ha hecho solamente posible después del transcurso de muchos siglos. De igual manera a cómo la clase alta aristócratico- cortesana se sirvió  en épocas anteriores de los conceptos de “politesse” y “civilité”- antepasados del concepto de “civilización”- para justificar su dominio, las naciones que se prestarán a partir de ahora a aventuras coloniales convirtiéndose así en una especie de clase alta respecto de las partes no europeas de la tierra, se servirán de la conciencia de la propia superioridad y de la conciencia de su “civilización” para justificar el suyo.

Una fase esencial del proceso de civilización concluye, de hecho, justamente  en este momento en que la conciencia de la civilización, la conciencia de la superioridad de la propia conducta y su substanciación en ciencia, técnica y arte comienzan a propagarse a través de naciones enteras de Occidente.”

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“In der Revolution selbst spielt der Begriff “civilisation”, der ja im wesentlichen auf einen allmählichen Prozess, auf eine Evolution hinweist und seinen ursprünglichen Sinn als Reform-Parole noch nicht verleugnet, keine sehr beträchtliche Rolle unter den revolutionären Parolen. Als die Revolution sich mäBigt, kurz vor der Jahrhundertwende, beginnt er seinen Weg als Schlagwort durch die Welt zu nehmen.

Schon um dieser Zeit hat er seinen Sinn als Rechtfertigungsbegriff der nationalen Ausbreitungs-und Kolosinationsbestrebungen Frankreichs. Schon als Napoleon sich 1798 auf den Weg nach Ägyten macht, ruft er seiner Truppe zu “Soldaten, Ihr unternehmt eine Erorberung, deren Folgen für die Zivilisation unberechenbar sind”. Anders als im Moment der Genese des Begriffs erscheint von nun ab den Völkern der Prozess der Zivilisation im Innern der eigenen Gesellschaft als vollendet: sie fühlen sich im wesentlichen als Überbringer einer bestehenden oder fertigen Zivilisation zu anderen, als Bannerträger der Zivilisation nach auBen. Von dem ganzen vorangehenden Prozess der Zivilisation bleibt in ihrem Bewusstsein nichts als ein vager Niederschlag.

Man nimmt sein Ergebnis einfach als einen Ausdruck der eigenen, höheren Begabung; die Tatsache, dass und die Frage wie man im Verlauf vieler Jahrhunderte zu seinem ziviliserten Verhalten gekommen ist, interessiert nicht. Und das Bewusstsein der eigenen Überlegenheit, das Bewusstsein dieser “Zivilisation” dient von nun ab zum mindesten denjenigen Nationen, die zu koloniserenden Eroberrern und damit zu einer Art von Oberschicht für weite Teile der auBereuropäischen Erde geworden sind, im gleichen Masser zur Rechtfertigung ihrer Herrschaft, wie zuvor die Ahnen des Zivilsationsbegriffs “politesse” und “civilité”, der höfisch-aristokratischen Oberschicht zur Rechtfertigung der ihren.

In der Tat ist eine wesentliche Phase des Prozesses der Zivilisation in eben jener Zeit abgeschlossen, in der das Bewusstsein des eigenen Verhaltens und seiner Substantialisierung in Wissenschaft, Technik oder Kunst sich über ganze Nationen des Abendlandes hin auszubreiten beginnt”

Clemenza

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De siempre los crímenes políticos han sido más severamente castigados que los otros: incluso en un Estado degenerado como el de Nicolás II. El hecho de que las “democracias modernas” muestren tendencia a la clemencia política no prueba sino una cosa: la pérdida general de todo sentido de lo político.

El Peine de los Vientos

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http://www.vozpopuli.com/opinion/Independencia-salvese-pueda_0_1044496993.html

http://www.vozpopuli.com/el_tiempo_recobrado/trio-apocaliptico_7_1042765716.html

Desnortado, así me tiene el vendaval político que sopla  desde esa región española del noreste peninsular llamada Cataluña. Es un viento que no para nunca de soplar y de rachas bastante violentas. A ver así  quién es el guapo al que no se le deshace la raya del pelo. La del mío se ve alborotada de modo oscilante y repentino  por greñas apocalípticas cuyo levantamiento se parece al de un golpe de Estado elevándose, pistola en mano, desde un lado de mi cabellera, y desde el otro , por tupés ultramontanos (me refiero, claro está,  al viento frío y turbulento del noreste o norte, que en España sopla sobre las costas de la Comunidad Valenciana, el archipiélago de las Islas Baleares y Cataluña ) cuyas ondas se alzan  a mayor gloria de la razón de Estado encarnada en la impavidez de Rajoy, trasunto por momentos de Macron o, ya puestos del mismísimo héroe hegeliano, Napoleón.

No afirmaré que por todo ello vaya a abandonar mi antigua y firme resolución de domarme el pelo de una vez para siempre , mal que les pese a  las sufridas  púas de carey de mi peine, pero sí  que agradecería a quien corresponda que haga menos caprichosos los  cambios de dirección que imprime a sus  vientos afín de que no se vayan al traste los pocos centímetros de raya que, mal que bien, van guiándome en esa espesura  que es  la vida política de mi país.

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Definición: progreso

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No creo que quepa definir el progreso de otra forma que diciendo que se da progreso allí dónde, yendo  de A a B , A puede comprenderse a partir de B, sin que B pueda serlo a partir de A.