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Archive for 30 junio 2017

Victory Day

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En el curso de una guerra la batalla decisiva puede ser librada bastante antes de que llegue el fin de la contienda. Sólo quién reconozca el carácter decisivo de esta batalla tendrá la certeza de que la victoria es segura. La mayoría sólo lo creerá cuando se anuncie el día de la victoria. Así para aquel que cree en el Señor el Gólgota y la resurrección – los decisivos acontecimientos de la salvación- traen consigo la certeza del último futuro. Tanto al nivel de la historia sagrada como al nivel de la historia temporal la esperanza en el futuro se basa en la fe en un acontecimiento que ya ha sucedido. La tensión entre la batalla decisiva y el definitivo día de la victoria se prolonga durante el periodo entre estos dos hechos como durante la última aunque aún no definitiva fase de una guerra, no siendo otro el objetivo final  que la paz. El resultado de la batalla decisiva invita a pensar que el final está aquí al tiempo que lo está a una indeterminada distancia, pues nadie puede predecir  de qué fuerzas dispone aún el enemigo  para posponer su definitiva derrota.

La descripción de Cullman ilumina la cuestión acerca de la significación que hay que dar al aplazamiento del fin  y compara el error cronológico de la expectativa cristiana en sus orígenes con una precipitación en la previsión del día de la victoria. En los dos casos, nos dice,  la expectativa engañosa del fin próximo se basa en la convicción positiva de que el acontecimiento decisivo ya ha tenido lugar. En contra de M. Werner Cullman argumenta que “ No se trata de que la realización llevada a cabo en  Jesucristo sea un sustituto de la expectativa del reino de Dios, que se ha visto incumplida, sino, al revés, es la fe en dicha realización en Jesucristo  la que origina esa expectativa.”

Pero habría ciertamente que preguntarse si la fe en la significación decisiva de un acontecimiento pasado puede mantenerse si la realización prometida por éste  se ve postergada indefinidamente. Puede ser que uno o dos años de prosecución de la guerra no alteren esa fe, pero, ¿Qué ocurre si son cien o mil años? Naturalmente que una victoria cuyo alcance se dilata demasiado en el tiempo resquebraja la fe en el carácter decisivo de la batalla librada anteriormente. De ahí los esforzados intentos por lidiar con las expectativas del fin en el nuevo testamento a expensas, ciertamente, del sentido temporal de las proposiciones escatológicas en él. Así, Althaus distingue entre la  expectativa de una proximidad temporal del fin, que considera equivocada, y la significación esencial que tiene esa proximidad por el sentimiento de alerta que genera la siempre presente posibilidad de que el último día sobrevenga. El escatón, dice Althaus, nos es esencialmente próximo, es decir, en cualquier momento, o sea fundamentalmente, próximo, por mas que no lo sea de facto. Por lo tanto, el fin de la historia tenemos que representárnoslo como hacemos con la proximidad inminente de la muerte, a saber, no en función de los signos exteriores de una vejez que se aproxima sino como algo que puede acontecer en cualquier momento.

Althaus no ve la fundamental diferencia entre el fin de la vida individual y el fin de la historia. La indeterminación del momento en que la muerte llega no sólo excluye la certeza de que nos llegará, sino que la reafirma puesto que esa certeza se basa en la experiencia de que el hombre es mortal, fundamental y de facto. En cambio, si nos referimos al fin de la historia, la fe en el hecho de la venida del reino de Dios no es independiente de la cuestión del momento, y la inseguridad acerca del cuándo puede muy bien resquebrajar la convicción en la existencia de un último día.

La convicción en un escatón teológico depende exclusivamente de la fe.

Y en los tiempos en que la fe y la esperanza estaban realmente vivas los creyentes estaban convencidos de la segura proximidad del fin. Por el contrario, una disposición simplemente hipotética (como si el último día fuera inminente a diario) surge de una esperanza que Althaus llama expectativa lejana, es decir una esperanza que, después de todo, no es una expectativa.

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Im Verlaufe eines Krieges kann die Entscheidungsschlacht lange vor dem tatsächlichen Kriegsende geschlagen worden sein. Nur wen der entscheidende Charakter dieser Schlacht erkennt, wird auch dessen gewiss sein, dass von nun an der Sieg feststeht. Die meisten werden es nur glauben, wenn der V-DAY verkundet ist. So bringen Golgatha und die Auferstehung-die entscheidenden Ereignissen des Heilgeschehens-dem, der an den Tag des Herrn glaubt, die Gewissheit der letzten Zukunft. Auf beiden Ebenen, in der weltlichen und in der heiligen Geschichte, beruht die Zukunftshoffnung auf dem Vertrauen in ein bereits geschehenen Ereignis. Die Spannung zwischen der Entscheidungsschlacht und dem schliesslichen V-Day erstreckt sich über die ganze Zwischenperiode als über die letzte aber doch nocht nicht endgültige Kriegsphase, denn das Endziel ist ja der Friede.Das Ergebnis der Entscheidungsschlacht legt nahe, dass das Ende schon da sei, und doch liegt es noch in unbestimmter Ferne, denn niemand kann vorhersagen, welche Anstrengungen der Feind noch machen mag, um seine endgültige Niederlage hinauszuschieben.

Cullmans Beschreibung beleuchtet die Frage, welche Bedeutung der Verzögerung der letzten Dinge zukommt. Er vergleicht das chronologische Misverständnis der urchristlichen Erwartung mit einer vorrschnellen Voraussage des V-DAY. In beiden Fällen, sagte er, beruht die trügerische Erwartung eines nahen Endes auf der positive Überzeugung, dass das entscheidende Ereignis bereits stattgefunden hat. Gegen M.Werner argumentiert er “ Es ist also nicht so, als ob der Glaube an eine in Jesus Christus schon erfolgte Erfüllung ein Ersatz für die nicht erfolgte Naherwartung des Gottesreiches wäre, sondern umgekehrt hat dieser Glaube die Naherwartung hervorgebracht”

Aber man muss sich doch fragen, ob der Glaube an die entscheidende Bedeutung eines vergangenen Ereignis aufrechterhalten werden kann, wenn sich die vom diesem versprochene Erfüllung unabsehbar verzögert. Es mag sein, dass ein oder drei Jahre weiterer Kriegführung ein solches Vertrauen noch nicht erschüttern, aber wie, wenn es hundert oder tausend Jahre sind? Ein allzu lange verzögerter V-Day wird natürlicherweise den Glauben an den Entscheidungscharakter der vorausgegangenen Schlacht erschüttern. Daher die vielen mühseligen Versuche, mit der Naherwartung im Neuen Testament zu Rande zu kommen, und zwar auf Kosten des zeitlichen Sinnes der escathologischen Aussagen. So trennt z.b. Althaus die “irrtümliche” Form einer Erwartung der zeitlichen Nahe des Endes von ihrer wesentlichen Bedeutung , die darin bestehen soll, dass sie ein immer bereites Wachsein angesichts einer immer gegenwärtigen Möglichkeit eines letzten Tages hervorruft. Das Escathon, sagt Althaus, sei wesentlich nahe. d.h. jederzeit ganz nahe, d.h. grunsdätzlich nahe-wenn auch nicht tatsächlich. Wir haben uns deshalb das Ende der Geschichte so vorzustellen,  wie wir uns zur bevorstehenden Nähe des Todes verhalten, nämlich nicht im Hinblick auf äussere Anzeichen des herannahenden Alters, sondern als etwas, das sich jeden Augenblick ereignen kann.

Althaus erkennt nicht den grundsätzlichen Unterschied zwischen dem Ende eines individuellen Lebens und dem der Gechichte. Die Unbestimmbarkeit der Zeit, wann der Tod eintreten wird, schliesst die Gewissheit , dass er eintreten wird , nicht aus, sondern verstärkt sie vielmehr, denn diese Gewissheit beruht auf der Erfahrung, dass der Mesnch sterblich ist, grundsätzlich und de facto. In Bezug auf das Ende der Geschichte ist aber der Glaube an die Tatsächlichkeit eines kommenden Reiches Gottes nicht unabhängig von der Frage nach der Zeit, und die Unsicherheit des wann vermag sehr wohl die Überzeugung zu erschüttern, das es überhaupt einen letzten Tag gibt.

Das Vertrauen auf ein theologisches Escathon steht und fällt mit dem Gauben allein

Und wenn Glaube und Hoffnung wirklich lebendig waren, dann waren sich die Gläubigen auch der sicheren Nähe der letzten Dinge bewusst. Während eine bloB hypothetische Bereitschaft (als ob der letzte Tag täglich bevorstünde) einer Hoffnung entspricht, die Althaus “Fernerwartung” nennt, d.h, eine Hoffnung, die überhaupt keine Erwartung ist.

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Die ursprünglichen Mächte oder Archontes

Con  Cristo estas fuerzas (las fuerzas originarias o Arcontes) aparecen ya sometidas y rotas, aunque son aún poderosas y efectivas. Invisiblemente la historia ha experimentado cambios fundamentales pero visiblemente sigue siendo la misma, puesto que  el reino de Dios ya se ha hecho presente y, sin embargo sigue pendiente en tanto escathon. Esta ambigüedad resulta esencial a toda historia después de Cristo: el tiempo, habiéndose realizado ya,  no ha concluido. El tiempo entre la resurrección de Cristo y su segunda venida es irrevocablemente el último, pero, mientras dura, es el  penúltimo tiempo antes de la culminación en el reino de Dios, más allá de cualquier tiempo histórico  y temporal cognoscible, del presente aunque oculto reino de Cristo. Como consecuencia de esta profunda ambigüedad en la realización histórica en la que todo es ya lo que aún no es, el creyente cristiano vive en una tensión radical entre el presente y el futuro. Tiene ya la fe y posee aún la esperanza, alegrándose pleno de confianza por aquello que aún espera con miedo.

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Seit Christus sind diese Kräfte (die ursprünglichen Kräfte oder Archontes) bereits unterworfen und gebrochen, trotzdem sind sie noch mächtig und wirksam. Unsichtbar hat sich die Geschichte grundsätzlich gewandelt, aber sichtbar ist sie noch immer dieselbe, denn das Königreich Gottes ist bereits erschienen, und dennoch steht es noch aus als ein escathon. Diese Zweideutigkeit ist wesentlich für alle Geschichte seit Christus: die Zeit ist schon erfüllt, aber noch icht vollendet. De Zeit zwischen Christi Auferstehung und seiner Wiederkunft ist unwiederruflich die letzte; aber sie ist, solange sie währt, die vorletzte Zeit vor der Vollendung des gegenwärtigen, wenn auch verborgenen Reiches Christi in dem offenbaren Reich Gottes jenseits aller geschichtlichen und historischen wiBbaren Zeit. Infolge dieser tiefgründigen Zweideutigkeit der geschichtlichen Erfüllung, in der alles schon ist, was es noch nicht ist, lebt der gläubige Christ in einer radikalen Spannung zwischen Gegenwart und Zukunft. Er hat schon den Glauben und hofft noch. Er erfreut sich vertrauensselig dessen, worauf er noch angstvoll wartet.

Die modernen Erfindungen

Lo malo de la religión moderna del progreso no es, como suele decirse, que sus aplicaciones mundanas hayan perdido todo núcleo espiritual, sino que en general dicha religión  aplica una idea de progreso antireligiosa y anticristiana tanto en sus presupuestos como en sus consecuencias. La debilidad del cristianismo moderno es la de ser tanto más moderno y tanto menos cristiano en la medida en que asume el  lenguaje,  los métodos y los  resultados de nuestros logros mundanos creyendo que las invenciones modernas no son más que medios susceptibles de ser cristianizados a través de propósitos morales , si no religiosos. En realidad esas invenciones son el resultado de una extrema mundanidad y autoconfianza. Sin embargo, esta irreligión del progreso no deja de ser una especie de religión que, derivada de la fe cristiana en un final futuro, reemplaza  lo concreto y transmundano del “escathon” cristiano por  uno intramundano e indeterminado.

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Das Kreuz der modernen Fortshrittsreligion besteht nicht, wie man gesagt hat, darin, dass sie das geistige “Zentrum” ihrer weltlichen “Anwendungen” verloren hat, sondern dass sie überhaupt eine Fortschrittsidee anwandte, die sowohl in ihrer Voraussetzung wie in ihrer Konsequenz antireligiös und antichristlich ist. Es ist die Schwäche des modernen Christentums, so sehr modern und so wenig christlich zu sein, dass es die Sprache, die Methoden und die Ergebnisse unserer weltlichen Errungenschaften übernimmt-in der Illusion, dass die modernen Erfindungen lediglich neutral Mittel seien, die durch moralische, wenn schon nicht religiöse Zwecke verchristicht werden könnten. In Wirklichkeit sind sie das Resultat extremer Weltlichkeit und extremen Sebtsvertrauens. Dennoch bleibt auch die Irreligion des Fortschritts eine Art Religion, die von dem christlichen Glauben an ein künftiges Ziel abgeleitet ist, obgleich sie an die Stelle eines bestimmten und überweltlichen “eschaton” ein unbestimmtes und innerweltliches setzt.

Die Weltgeschichte ist das Weltgericht

Con esta realización en el mundo de la fe cristiana (“Realización del Espíritu”, como Hegel prefería) Hegel creía estar siendo fiel al espíritu del cristianismo y estar mostrando el reino de Dios sobre la tierra.

Trasladando la expectativa cristiana de una realización final al proceso histórico como tal, Hegel contemplaba la historia mundial como dando razón de sí misma

“La historia mundial es el juicio del mundo”. Esta frase es en su motivación original- según la cual, el mundo se encamina hacia un juicio al final de la Historia- tan religiosa como irreligiosa lo es en su aplicación temporal- según la cual el juicio se lleva a efecto en el proceso histórico como tal.

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Mit dieser Verweltlichung des christlichen Glaubens ( Verwirklichung des Geistes- wie Hegel zu sagen vorzieht) glaubte Hegel dem Geist des Christentums treu geblieben zu sein und das Reich Gottes auf Erden zu explizieren.

Und weil er die christliche Erwartung einer letzten Erfüllung in den geschichtlichen Prozess als solchen verlegte, betrachtete er die Weltgeschichte als sich selber rechtfertigend.

 “Die Weltgeschichte ist das Weltgericht”. Dieser Satz ist in seiner ursprünglichen Motivierung-wonach er bedeutet, dass die Welt am Ende aller Geschichte einem Gericht entgegengeht- ebenso religiös, wie er in seiner weltlichen Umwendung-wo er bedeutet, dass sich das Gericht im geschichtlichen Prozess als solchen vollzieht-irreligiös ist.

Der escathologische Gedanke

Der eschatologische Gedanke vermag die Zeitlichkeit der Geschichte zu beherrschen, die ihre eigenen Geschöpfe verschlingt, wenn sie nicht durch ein leztes Ziel sinnvoll begrenzt wird. Escathologischer Kompass, Orientierung in der Zeit….

Wenn Deutero-Jesaia die zukünftige Herrlichkeit des neuen Jerusalens beschreibt, so ist sein religiöser Nationalismus in Wahrheit teleologischer Universalismus. Die Menschheit hat in der historischen Vergangenheit nie existiert und kann auch in kiener Gegenwart existieren. Sie ist eine Idee und ein Ideal der Zukunft als den notwendigen Horizont für die escathologische Konzeption einer Universalgeschichte.

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La forma escatológica de pensar permite controlar la temporalidad de la historia que, de no estar limitada por un fin último que le de sentido, devora a sus propias criaturas. Brújula escatológica, orientación en el tiempo….

En la descripción que hace del futuro esplendor de la nueva Jerusalén el nacionalismo religioso del Deutero-Isaías  es en realidad  un universalismo teleológico. La humanidad no ha existido antes en el pasado histórico y tampoco puede existir en ningún presente, es una idea y un ideal de futuro en tanto horizonte necesario para la concepción escatológica de una historia universal.

im Argen liegen

Welche Gestalt die Verkehrung religiöser Berufung in einen weltliche Anspruch immer annehmen mag, so bleibt doch die religiöse Überzeugung grundlegend, dass die Welt im Argen liegt und erneuert werden müsse.

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Cualquiera que sea la forma que adopte la transformación de la llamada religiosa en una pretensión temporal, en su base está siempre como fundamento el convencimiento religioso de que el mundo va por mal camino y que tiene que ser regenerado.

Ricorso

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