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La bofetada (Extracto de “La Fenomenología del espíritu” de Hegel) // Die Ohrfeige (Auszug aus Hegels “Phänomenologie des Geistes”)

Las leyes que esta ciencia sale a buscar son relaciones de estos dos lados supuestos así que ellas mismas no pueden ser sino un vacío suponer. Como este supuesto saber, que hace como si estuviera ocupándose de la realidad del espíritu, tiene precisamente como objeto  el hecho de que el espíritu salga de su existencia sensible, se refleje en sí mismo y que lo determinado existente sea para él un azar indiferente, tiene que saber de un modo inmediato en las leyes que ha encontrado que con ello no se está diciendo nada sino que de hecho sólo se está parloteando o dando una suposición de uno mismo, una expresión cuya verdad se limita a enunciar como uno y lo mismo esto: a decir su suposición. Estas afirmaciones, sin embargo, no se alejan de estas otras  que afirman: “ Llueve siempre que hay mercado, dice el tendero, y también siempre que la colada se está secando , dice la ama de casa”

Lichtenberg, quién caracterizó de esa manera la observación fisionómica, añadía también: “ Si alguien te dice que actúas como un hombre honrado , pero que por tu aspecto puede ver que te estás forzando y que, en el fondo, eres un granuja, de verdad que un tal comentario debe ser respondido en cualquier circunstancia y por cualquier hombre bueno con una bofetada”.- Y esta respuesta es atinada porque es la refutación del primer presupuesto de una tal ciencia del suponer, a saber, que la realidad del individuo la constituye su rostro, etc. El ser verdadero del individuo lo constituyen antes bien sus actos, en ellos la individualidad es realmente y son los actos los que superan al suponer por sus dos lados, por el lado del suponer como ser corporal quieto, puesto que la individualidad se muestra en la acción como la esencia negativa que sólo es en cuanto suprime ser. Y tenemos también que los actos superan la inexpresabilidad del suponer  en lo que atañe a la individualidad autoconsciente, que en el suponer es infinitamente determinada y determinable. La acción consumada, el acto, pone fin a esta mala infinitud.

El acto es un algo simplemente determinado,  universal, algo que tiene que ser captado en una abstracción. El acto puede ser un asesinato, un robo o una buena obra, un hecho valiente etc. Del acto puede decirse lo que él es. Él es esto y su ser no es solamente un signo sino la cosa misma. El acto es esto y el hombre individual es lo que él es. En la simplicidad de este ser el hombre individual es para los otros esencia universal y deja de ser algo supuesto. Cierto que el hombre individual no es puesto en él como espíritu, pero en cuanto que se habla de su ser en tanto ser y, por un lado, se contrapone el doble ser, el de la figura y el acto, debiendo tanto la una como el otro ser su realidad, resulta que sólo el acto puede ser declarado el ser auténtico del hombre individual y no su figura, que expresaría lo que el hombre individual supone acerca de sus actos o lo que se supone que él podría hacer.

Y como, por otro lado, su obra y su posibilidad interior, su capacidad o intención son también contrapuestas , solamente aquélla, su obra, puede considerarse como la verdadera realidad del hombre individual, por más que él mismo se engañe a sí mismo al respecto y vuelto sobre sí desde su acción, crea ser en este interior alguien distinto que sus actos. La individualidad, que se confía a los elementos objetivos al transformarse en obra se expone con ello a ser cambiada e invertida. Sin embargo, el carácter del acto dictamina precisamente si la individualidad es un ser verdadero que se mantiene o una supuesta obra que desaparece en la nada. La objetividad no cambia el acto mismo sino que muestra lo que el acto es, o lo que es lo mismo, si el acto es o si  no es nada.

El desmembramiento de este ser en intención y sutilezas por el estilo mediante las cuales el hombre real, o sea, sus actos, vuelven a ser de nuevo retrotraídos explicativamente a un supuesto ser , cualquiera que sea el modo en que él mismo invente intenciones particulares para su realidad, hay que dejárselo a la ociosidad de un suponer al que , cuando pone en marcha su inoperante sabiduría  para desmentir que el carácter de la razón se encuentra en quien actúa y lo distorsiona afirmando que el ser del sujeto que actúa son sus rasgos y su figura y no sus actos, hay que hacerle pasar por una respuesta que, como la de más arriba, le demuestre que el aspecto no es el en-sí sino un objeto susceptible de ser tratado.

Die Gesetze, welche diese Wissenschaft zu finden ausgeht, sind Beziehungen dieser beiden gemeinten Seiten, und können daher selbst nichts als ein leeres Meinen sein. Auch da dies vermeinte Wissen, das mit der Wirkichkeit des Geistes sich zu tun macht, gerade dies zu seinem Gegenstände hat, dass er aus seinem sinnlichen Dasein heraus sich in sich reflektiert und das bestimmte Dasein für ihn eine gleichgültige Zufälligkeit ist, so muss es bei seinen aufgefundenen Gesetzen unmittelbar wissen, dass nichts damit gesagt ist , sondern eigentlich rein geschwatzt oder nur eine Meinung von sich gegeben wird; ein Ausdruck, der die Wahrheit hat, dies als dasselbe auszusprechen- seine Meinung zu sagen und damit nicht die Sache, sondern nur eine Meinung von sich beizubringen. Dem Inhalte nach aber können diese Beobachtungen nicht von denen abweichen: “Es regnet allemal, wenn wir Jahrmarkt haben, sagt der Krämer, und auch allemal, wenn ich Wäsche trockne, sagt die Hausfrau.”

Lichtenberg, der das physiognomische Beobachten so charakterisiert, sagt auch noch dies: “Wenn jemand sagte, du handelst zwar wie ein ehrlicher Mann, ich sehe es aber aus deiner Figur, du zwingst dich und bist ein Schelm im Herzen; fürwahr, eine solche Anrede wird bis ans Ende der Welt von jeden braven Kerl mit einer Ohrfeige erwidert werden.”- Diese Erwiderung ist deswegen treffend, weil sie die Widerlegung der ersten Voraussetzung einer solchen Wissenschaft des Meinens ist, dass nämlich die Wirklichkeit des Menschen sein Gesicht usf. sei- Das wahre Sein des Menschen ist vielmehr seine Tat; in ihr ist die Individualität wirklich und sie ist es, welche das Gemeinte in seinen beiden Seiten aufhebt. Einmal das Gemeinte als ein leibliches ruhendes Sein; die Individualität stellt sich vielmehr in der Handlung als das negative Wesen dar, welches nur ist, insofern es Sein aufhebt. Alsdenn hebt die Tat die Unaussprechlichkeit der Meinung ebenso in Ansehung der selbstbewussten Individualität auf, welche in der Meinung eine unendlich bestimmte und bestimmbare ist. In der vollbrachten Tat ist diese schlechte Unendlichkeit vernichtet.

Die Tat ist ein einfach Bestimmtes, Allgemeines, in einer Abstraktion zu Befassendes; sie ist Mord, Diebstahl, oder Wohltat, tapfere Tat und so fort, und es kann von ihr gesagt werden, was sie ist. Sie ist dies, und der individuelle Mensch ist, was sie ist; in der Einfachheit dieses Seins ist er für Andere seiendes, allgemeines Wesen, und hört auf, nur gemeintes zu sein. Er ist zwar darin nicht als Geist gesetzt; aber indem von seinem Sein als Sein die Rede, und einerseits das gedoppelte Sein, der Gestalt und der Tat, sich gegenübersteht und jene wie diese seine Wirklichkeit sein soll, so ist vielmehr nur die Tat als sein echtes Sein zu behaupten,- nicht seine Figur, welche das ausdrücken sollte, was er zu seinen Taten meint, oder was man meinte, dass er tun nur könnte.

Ebenso indem andererseits sein Werk und seine innere Möglichkeit, Fähigkeit oder Absicht, entgegengesetzt werden, ist jenes allein für seine wahre Wirklichkeit anzusehen, wenn auch er selbst sich darüber täuscht, und, aus seiner Handlung in sich gekehrt, in diesem Innern ein anderes zu sein meint als in der Tat. Die Individualität, die sich dem gegenständlichen Elemente anvertraut, indem sie zum Werke wird, gibt sich damit wohl dem preis, verändert und verkehrt zu werden. Aber den Charakter der Tat macht eben dies aus, ob sie ein wirkiches Sein ist, das sich hält, oder ob nur ein gemeintes Werk , das in sich nichtig vergeht. Die Gegenständlichkeit verändert nicht die Tat selbst, sondern zeigt nur, was sie ist, das heisst, ob sie ist, oder ob sie nichts ist.-

Die Zergliederung dieses Seins in Absichten und dergleichen Feinheiten, wodurch der wirkliche Mensch, d.h. seine Tat, wieder in ein gemeintes Sein zurückerklärt werden soll, wie er wohl selbst auch sich besondere Absichten über seine Wirkichkeit erschaffen mag, müssen dem Müβgänge der Meinung überlassen bleiben, der, wenn er seine tatenlose Weisheit ins Werk richten, den Charakter der Vernunft am Handelnden ableugnen und ihn auf diese Weise miβhandeln will, dass er statt der Tat vielmehr die Figur und die Züge für das Sein desselben erklären will, die obige Erwiderung zu befahren hat, die ihm erweist, dass Figur nicht das An-sich ist, sondern vielmehr ein Gegenstand der Behandlung sein kann.

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