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El Número (Extracto de “La Fenomenología del Espíritu” de Hegel) // Die Zahl (Auszug aus Hegels “Phänomenologie des Geistes”) /

Lo externo considerado para sí es la configuración en general, el sistema de la vida que se articula en el elemento del ser, y al mismo tiempo, esencialmente, el ser de la esencia orgánica para un otro – esencia objetiva en su ser para sí. Este otro se manifiesta primeramente como su naturaleza externa inorgánica. Como anteriormente se vio, considerados ambos (lo orgánico y lo inorgánico, supongo) en relación a una ley, la naturaleza inorgánica no puede conformar el lado de una ley respecto a la esencia orgánica, ya que ésta es ante todo para sí y mantiene respecto a aquélla una relación universal y libre.

Si se determina con mayor precisión la relación de estos dos lados en la figura orgánica misma, vemos que ésta está vuelta de un lado  contra la naturaleza inorgánica y del otro está reflejada para sí y en sí misma. La esencia orgánica real es el término medio que amalgama  el ser-para-sí de la vida con lo externo en general o con el ser en sí. Pero el extremo del ser para sí es lo interno como uno infinito, que  retrotrae él mismo en sí los momentos de la figura (orgánica, supongo) a partir de su permanencia y su conexión con lo externo, es lo carente de contenido que se da su contenido en la figura (orgánica, supongo) y que se manifiesta en ella como su proceso. En este extremo como simple negatividad o pura singularidad tiene lo orgánico su libertad absoluta, por medio de la cual es indiferente y está seguro frente al ser para otro y frente a la determinabilidad de los momentos de la figura (orgánica, supongo). Esta libertad es al mismo tiempo libertad de los momentos mismos, es su posibilidad de manifestarse y ser aprehendidos como existentes, e igual que respecto de lo externo , en esta libertad los momentos (de la figura orgánica, supongo) también son libres e indiferentes los unos respecto de los otros, pues la simplicidad de esta libertad es el ser o su sustancia simple. ( la de la libertad)

Este concepto o pura libertad es una y la misma vida, por más que la figura (orgánica, supongo) o el ser para otro anden merodeando en múltiples juegos: a esta corriente de la vida le es  indiferente qué clase de molinos de agua son los que ella pone en marcha.-Por lo pronto hay que hacer notar que a diferencia de antes, cuando se contempló lo propiamente interno aprehendiéndolo en su forma de proceso o desarrollo de sus momentos, ahora no hay que hacerlo así , sino que hay que contemplar lo propiamente interno en la forma que tiene en tanto interno simple, constituyendo el lado universal frente a la esencia viva real o en tanto elemento de la permanencia de los miembros de la figura (orgánica, supongo) que son, pues es ésta, la figura (orgánica, supongo), la que aquí se considera y en ella la esencia de la vida es en tanto simplicidad de la permanencia.

El ser para otro o la determinabilidad de la configuración real captada en esta universalidad simple que es su esencia, es, por consiguiente una determinabilidad universal no sensible e igualmente simple que solo puede ser la determinabilidad  que se expresa como número. El número es el término medio de la figura (orgánica, supongo) que enlaza la vida indeterminada con la vida real y que es simple como aquélla y determinado como ésta. Lo que el número sea en aquélla, en lo interno, tiene que expresarlo lo externo a su modo como  realidad multiforme, formas de vida, color y, en general, como la multitud total de las diferencias que se desarrollan en la manifestación.

Comparados los dos lados de la totalidad orgánica- un lado, lo interno, el otro, lo externo,  de modo que cada lado tiene a su vez  en sí mismo un lado interno y  un lado externo- según sus dos respectivos lados internos, tenemos que el lado interno del primero (de lo interno) es el concepto como la inquietud de la abstracción y que el segundo (el lado interno de lo externo) tiene como suya la universalidad quieta y en ésta también la quieta determinabilidad, el número. Si entonces aquél, pues en este lado interno el concepto despliega sus momentos, mediante la apariencia de necesidad de la relación promete leyes engañosamente, éste, (el lado interno de lo externo) renuncia inmediatamente a ello por cuanto que el número se muestra como la determinación de un lado de sus leyes. Por tanto, el número es justamente la determinabiidad totalmente quieta, muerta e indiferente, en la que se extingue todo movimiento y toda relación y que ha roto los puentes con los impulsos vitales, las formas de vida y con el resto de la existencia sensible.

Das Äuβere für sich betrachtet ist die Gestaltung überhaupt, das System des sich im Elemente des Seins gliedernden Lebens, und wesentlich zugleich das Sein des organischen Wesens für ein Anderes- gegenständlisches Wesen in seinem Für-sich-sein.-Dies Andere erscheint zunächst als seine äuβere unorganische Natur. Diese beiden in Beziehung auf ein Gesetz betrachtet, kann , wie wir oben sahen, die unorganische Natur nicht die Seite eines Gesetzes gegen das organische Wesen ausmachen, weil dieses zugleich schlechthin für sich ist, und eine allgemeine und freie Beziehung auf sie hat.

Das Verhältnis dieser beiden Seiten aber an der organischen Gestalt selbst näher bestimmt, so ist sie also nach einer Seite gegen die unorganische Natur gekehrt, auf der andern aber für sich und in sich reflektiert. Das wirkliche organische Wesen ist die Mitte, welche das Für-sich-sein des Lebens mit dem Äuβern überhaupt oder dem An-sich-sein zusammenschliesst.- Das Extrem des Für-sich-seins ist aber das Innere als unendliches Eins, welches die Momente der Gestalt selbst aus ihrem Bestehen und dem Zusammenhang mit dem Äuβern in sich zurücknimmt, das inhaltslose, das an der Gestalt sich seinen Inhalt gibt, und an ihr als ihr Prozeβ erscheint. In diesem Extreme als einfacher Negativität oder reiner Einzelheit hat das Organische seine absolute Freiheit, wodurch es gegen das Sein für anderes und gegen die Bestimmtheit der Momente der Gestalt gleichgültig und gesichert ist. Diese Freiheit ist zugleich Freiheit der Momente selbst, sie ist ihre Möglichkeit, als daseiende zu erscheinen und aufgefaβt zu werden, und wie gegen Äuβeres sind sie darin auch gegeneinander befreit und gleichgültig, denn die Einfachheit dieser Freiheit ist das Sein oder ihre einfache Substanz.

 

Dieser Begriff oder reine Freiheit ist ein und dasselbe Leben, die Gestalt oder das Sein für anderes mag in noch so mannigfaltigem Spiele umherschweifen: es ist diesem Strome des Lebens gleichgültig, welcher Art die Mühlen sind, die er treibt.- Vors erste ist nun zu bemerken, dass dieser Begriff hier nicht wie vorhin bei der Betrachtung des eigentlichen Innern in seiner Form des Prozesses oder der Entwicklung seiner Momente aufzufaβen ist,sondern in seiner Form als einfaches Inneres, welches die rein allgemeine Seite gegen das wirkliche lebendige Wesen ausmacht, oder als das Element des Bestehens der seienden Glieder der Gestalt; denn diese betrachten wir hier, und an ihr ist das Wesen des Lebens als die Einfachheit des Bestehens.

Alsdenn ist das Sein für anderes oder die Bestimmtheit der wirklichen Gestaltung in diese einfache Allgemeinheit aufgenommen, die ihr Wesen ist, eine ebenso einfache allgemeine unsinnliche Bestimmtheit, und kann nur die sein, welche als Zahl ausgedrückt ist. Sie ist die Mitte der Gestalt, welche das unbestimmte Leben mit dem wirklichen verknüpft, einfach wie jenes, und bestimmt wie dieses. Was an jenem, dem Innern, als Zahl wäre, müsste das Äuβere nach seiner Weise als die vielförmige Wirklichkeit, Lebensart, Farbe und so fort ausdrücken, überhaupt als die ganze Menge der Unterschiede, welche in der Erscheinung sich entwickeln.

Die beiden Seiten des organischen Ganzen-die eine das Innere, die andere aber das Äuβere, so dass jede wieder an ihr selbst ein Inneres und Äuβeres hat-nach ihrem beiderseitigen Innern verglichen, so war das Innere der ersten der Begriff, als die Unruhe der Abstraktion; die zweite aber hat zu dem ihrigen die ruhende Allgemeinheit, und darin auch die ruhende Bestimmtheit, die Zahl. Wenn daher jene, weil in ihr der Begriff seine Momente entwickelt, durch den Schein von Notwendigkeit der Beziehung täuschend Gesetze verhieβ, so tut diese sogleich Verzicht darauf, indem sich die Zahl als die Bestimmung der einen Seite ihrer Gesetze zeigt. Denn die Zahl ist eben die gänzlich ruhende, tote und gleichgültige Bestimmtheit, an welcher alle Bewegung und Beziehung erloschen ist, und welche die Brücke zu dem lebendigen der Triebe, der Lebensart und dem sonstigen sinnlichen Dasein abgebrochen hat.

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