Inicio > German, Traducciones - Translations - Übersetzungen - Traductions > Tres artículos de Daniel Gros: 2º “El Grillete de Europa” (24/11/2014) // Drei Artikel von Daniel Gros: 2er ” Europas Bremsanker” (24/11/2014)

Tres artículos de Daniel Gros: 2º “El Grillete de Europa” (24/11/2014) // Drei Artikel von Daniel Gros: 2er ” Europas Bremsanker” (24/11/2014)

El Grillete de Europa

Un barco zarandeado por la tormenta próximo a peligrosos acantilados necesita ser amarrado por un ancla firme si no quiere irse a pique. Cuando en 2012 una tormenta financiera se apoderó de Europa fue Alemania quien preservó al barco de los abismos de una catástrofe financiera. Hoy, sin embargo, vemos a ese ancla convertido en un freno que impide que se siga adelante.

Naturalmente que en 2012 Angela Merkel sólo se puso en acción cuando fue capaz de convencer a sus votantes de que no existía alternativa. Sólamente entonces dio su aprobación a un paquete europeo de rescate duradero además de apoyar el establecimiento de la Unión Bancaria que, aunque aún no concluida, representa un importante paso en el camino de la construcción de un sistema financiero supervisado por el BCE. La tormenta financiera amainó gracias a estas medidas y al silencioso asentimiento por parte de Alemania a la promesa del presidente del BCE Mario Draghi de hacer todo lo que fuera necesario para salvar el Euro.

Con todo, nos encontramos ahora con una Eurozona que parece incapaz de librarse de una cuasi deflación con crecimiento económico escaso y precios que apenas suben.

No era esto lo que se había previsto.Cuando la crisis golpeó, las economías de la periferia de la Eurozona se vieron sacudidas por el aumento disparado de las primas de riesgo y una caída en picado de sus mercados domésticos. La economía alemana se vio beneficiada por el retorno de capitales que huían de esos países y esto llevó a que Alemania pudiera contar con tasas de interés (ajustadas con la inflación) en esencia negativas, lo que, a su vez, provocó un boom inmobiliario. Se suponía que esto iba a estimular la demanda interna en Alemania, lo que conduciría a un aumento de las exportaciones de la periferia europea.

En lugar de ello, la economía alemana apenas ha crecido. Es más, a causa del debilitamiento del comercio mundial, amenaza con entrar en recesión y los superávits por cuenta corriente que deberían de haberse reducido drásticamente, han aumentado porque los alemanes ahorran más de los esperado y el nivel de las inversiones en Alemania no ha cumplido las expectativas.

Un problema añadido, al menos desde el punto de vista de los demás países europeos, lo constituye el bajo nivel de inflación que experimenta Alemania. Unas subidas anuales de los precios que se sitúan en Alemania por debajo del 1%, hace que los países de la periferia europea se vean obligados a bajar más sus precios para intentar recobrar la competitividad perdida que tuvieron antes de 2008, en los años de auge.

Esta ausencia de dinamismo en el núcleo de la Eurozona ha evolucinado hasta convertirse en un verdadero problema. Sin crecimiento en Alemania los demás países europeos no van a ser capaces de reducir su deuda a través de la generación de superávits comerciales. Y tiene pinta de que va a hacer falta un milagro para que en Alemania se de un crecimiento de la demanda interna.

Es obvio que es el gobierno alemán el responsable de las finanzas públicas de este país, pero en los últimos años su política presupuestaria ha sido neutral y no se  puede responsabilizar  a la misma de la ausencia de dinamismo que presenta la economía alemana. Este año se ha conseguido pasar de un déficit en las cuentas públicas a lo que en la administración alemana se conoce como „cero negro“- un superávit mínimo. Este ajuste de una fracción de punto porcentual del PIB, no obstante, no tiene efectos negativos sobre el crecimiento.

La causa fundamental del débil crecimiento económico alemán de los últimos años lo constituye la escasa disposición al consumo y a la inversión que muestran de una forma continuada los hogares y las empresas privadas alemanas. Y resulta difícil saber qué es lo que el gobierno alemán puede hacer para evitar esto.

De hecho, las inversiones siguen disminuyendo a pesar de las condiciones ventajosas de financiación, sin parangón en el pasado, que las empresas tinene a su disposición gracias a tipos de interés ultrabajos y a la fácil accesibilidad a créditos bancarios. Las empresas alemanas se muestran vacliantes a la hora de tomar prestado e invertir en el país porque en vista del esperado descenso de la población y de los flojos incrementos de productividad no ven expectativas de crecimiento económico a largo plazo.

Como las inversiones no van a ser el motor de crecimiento de la economía alemana es el consumo interno el que tiene la llave para que se de un crecimiento de la demanda interna. La debilidad de ésta resulta un poco sorprendente habiendo aumentado los ingresos reales y habiendo promulgado el gobierno de coalición elegido el año pasado una serie de generosas medidas sociales entre las cuales se cuentan: un considerable aumento del salario mínimo, una reducción de la edad de jubilación y la posibilidad de computar el tiempo dedicado a la crianza y educación de los hijos en el cálculo de las pensiones.

Pero ni siquiera estas medidas, que la mayoría de observadores extranjeros pasan por alto, han podido estimular el consumo. ¿Qué más puede hacer el gobierno alemán para sacar a los alemanes de su austeridad?

Un campo en el que el gobierno podía actuar sería el de las inversiones públicas. Pero el impulso al crecimiento que puede venir de un gasto en las infraestructuras públicas es modesto. Un cuarto de incremento en los mismos supondría un enorme esfuerzo para el Estado y el PIB tan sólo aumentaría 0,4 puntos porcentuales.

El principal peligro ahora es de tipo político. Una economía alemana débil dificulta considerablemente los ajustes estructurales en los países periféricos de la Eurozona. Esto, a su vez,hace más viva la percepción de la responsabilidad del gobierno alemán al que se le imputa una falta de voluntad a la hora de dar los pasos necesarios para un fortalecimiento de la demanda interna alemana- al tiempo que se prohíbe incrementar el gasto a los gobiernos de los países periféricos. En vista del constante y alto desempleo y del estancamiento de los ingresos en muchos países de la Eurozona se hace cada vez más tentador echar la culpa „a los alemanes“.

Por su parte, el gobierno alemán ni siquiera reconoce que haya un problema, lo que no es sorprendente: a la vista de un desempleo que se sigue manteniendo en niveles muy bajos, al pobre aumento de la demada interna se lo despacha simplemente como algo carente de importancia mientras que a la inexistencia de inflación se la percibe como señal de  éxito.

Esto es un error. El ancla alemana de Europa se ha atascado y al gobierno aleman no debiera resultarle indiferente la ola de ansiedad de los socios de Alemania.

Europas Bremsanker

Ein vom Sturm gebeuteltes Schiff braucht angesichts gefährlicher Klippen in seiner Nähe einen starken Anker, wenn es nicht Schiffbruch erleiden soll. Als 2012 ein Finanzsturm die Eurozone im Griff hatte, war es Deutschland, das das europäische Schiff vor den Untiefen einer Finanzkatastrophe bewahrte. Nun jedoch hat sich Europas Anker zu einer Bremse entwickelt und behindert das weitere Vorankommen.

Natürlich handelte Bundeskanzlerin Angela Merkel 2012 immer nur dann, wenn sie ihren heimischen Wählern sagen konnte, dass es keine Alternative gäbe. Letztlich jedoch stimmte Merkel einem dauerhaften Rettungsfonds für die Eurozone zu. Sie unterstützte zudem die Bildung einer Bankenunion, die zwar noch nicht abgeschlossen ist, aber einen wichtigen Schritt auf dem Weg zu einem von der Europäischen Zentralbank beaufsichtigten Finanzsystem darstellt. Dank dieser Maßnahmen und der von Deutschland stillschweigend unterstützten Zusage von EZB-Präsident Mario Draghi, zu tun, „was immer erforderlich ist“, um den Euro zu retten, ließ der Finanzsturm nach.

Nun jedoch scheint die Eurozone unfähig, sich aus seiner Quasideflation zu befreien: Es gibt wenig Wirtschaftswachstum, und die Preise steigen kaum.

Das war so nicht vorgesehen. Als die Krise zuschlug, wurden die Volkswirtschaften an der Peripherie der Eurozone durch steil steigende Risikoaufschläge und einem Zusammenbruch des Eigenheimmarktes erschüttert. Zugleich profitierte die deutsche Wirtschaft von der Rückkehr des aus den Peripherieländern flüchtenden Kapitals. Dies führte in Deutschland zu im Wesentlichen negativen realen (inflationsbereinigten) Zinsen, die einen Immobilienboom auslösten. Man ging davon aus, dass dies in Deutschland eine starke Binnennachfrage bewirken würde, die zu steigenden Exporten in der Peripherie führen würde.

Stattdessen ist die deutsche Wirtschaft kaum gewachsen; tatsächlich droht ihr durch die Abschwächung des Welthandels eine Rezession. Der Leistungsbilanzüberschuss, der doch eigentlich steil abnehmen sollte, hat sich sogar noch erhöht, da die Deutschen mehr sparen als gedacht und die Investitionstätigkeit hinter den Erwartungen zurückgeblieben ist.

Ein weiteres Problem zumindest aus Sicht der anderen Euroländer ist, dass die Inflation in Deutschland so niedrig ist. Bei Preissteigerungen in Deutschland von unter einem Prozent jährlich müssen die Preisen in den Peripherieländern fallen, damit diese ihre während der Boomjahre vor 2008 verlorene Wettbewerbsfähigkeit wiedergewinnen können.

Dieser Mangel an Dynamik im Kern der Eurozone hat sich inzwischen zu einem echten Problem entwickelt. Ohne Wachstum in Deutschland werden es die anderen Euroländer eventuell nicht schaffen, ihre Schulden durch Außenhandelsüberschüsse abzubauen. Und möglicherweise bedarf es eines Wunders, um die deutsche Binnennachfrage zu erhöhen.

Natürlich ist die Bundesregierung für die öffentlichen Finanzen des Landes verantwortlich. Doch war die deutsche Haushaltspolitik in den letzten Jahren im Wesentlichen neutral und kann daher nicht für die mangelnde Dynamik der deutschen Volkswirtschaft verantwortlich gemacht werden. In diesem Jahr könnten die öffentlichen Haushalte den Schritt hin zur „schwarzen Null“ – einem minimalen Überschuss – tun. Doch gehen von dieser Straffung um Bruchteile eines Prozentpunktes vom BIP keine negativen Auswirkungen auf das Wachstum aus.

Die Grundursache der schwachen wirtschaftlichen Entwicklung in Deutschland in den letzten Jahren ist die anhaltend geringe Konsum- und Investitionsbereitschaft der privaten Haushalte und Unternehmen. Und es ist schwer erkennbar, was die Regierung dagegen tun kann.

Tatsächlich gehen die Investitionen sogar zurück – trotz beispiellos günstiger Finanzierungsbedingungen für die Unternehmen durch ultraniedrige Zinsen und eine hohe Bereitschaft der Banken zur Kreditvergabe. Die deutschen Unternehmen zögern, Kredite aufzunehmen und im Land zu investieren, weil sie angesichts des anstehenden Bevölkerungsrückgangs und blutleerer Produktivitätszuwächse wenig Grund sehen, ein langfristiges Wirtschaftswachstum zu erwarten.

Da die Investitionen kein Wachstumsmotor für die deutsche Wirtschaft werden dürften, hält der Konsum den Schlüssel zu einem stärkeren Nachfragewachstum in Deutschland. Seine Schwäche ist etwas überraschend: Die Realeinkommen sind gestiegen, und die im letzten Jahr gewählte Koalitionsregierung hat eine Reihe großzügiger Sozialmaßnahmen verabschiedet, darunter eine erhebliche Ausweitung des Mindestlohns, eine Senkung des Rentenalters und die Anrechenbarkeit von Kindererziehungszeiten auf die Rente.

Doch selbst diese Maßnahmen, die ausländische Beobachter zumeist übersehen, haben die Verbrauchernachfrage nicht ankurbeln können. Was also könnte die Bundesregierung noch tun, um den Deutschen ihre Enthaltsamkeit abzugewöhnen?

Ein Bereich, in dem die Regierung aktiv werden könnte, sind die öffentlichen Investitionen. Doch die von Ausgaben in die öffentliche Infrastruktur ausgehenden Wachstumsimpulse sind bescheiden. Eine Erhöhung der Infrastrukturausgaben um ein Viertel würde eine enorme staatliche Anstrengung darstellen, das BIP-Wachstum jedoch lediglich um 0,4 Prozentpunkte steigern.

Die Hauptgefahr ist nun politischer Art. Eine schwache deutsche Wirtschaft erschwert die erforderlichen strukturellen Anpassungen in den Peripherieländern der Eurozone erheblich. Dies wiederum heizt die Wahrnehmung an, dass die Bundesregierung verantwortlich ist, da ihr eine mangelnde Bereitschaft unterstellt wird, die notwendigen Schritte zur Stärkung der Binnennachfrage zu ergreifen – während sie den Peripherieregierungen untersagt, selbst mehr auszugeben. Angesichts anhaltend hoher Arbeitslosigkeit und stagnierender Einkommen in weiten Teilen der Eurozone wird es immer verführerischer, „den Deutschen“ die Schuld zu geben.

Die Bundesregierung ihrerseits erkennt nicht einmal an, dass ein Problem vorliegt. Dies überrascht nicht; angesichts einer nach wie vor enorm niedrigen Arbeitslosigkeit wird die mangelnde Zunahme der Nachfrage schlicht als unwichtig abgetan, und die ausbleibende Inflation wird als Zeichen des Erfolges wahrgenommen.

Dies ist ein Fehler. Europas deutscher Anker hat sich festgefressen, und die Sorgenflut von Deutschlands Partnern sollte der Bundesregierung nicht egal sein.

 

 

 

 

 

 

  1. Aún no hay comentarios.
  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: