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The McKinsey Way II // El estilo McKinsey II

A continuación la traducción libre al español y el original en inglés de un artículo publicado el 05/10/2014 en el “Financial Times”  bajo el título “Las manicuras de McKinsey, una manera cutre de pillar nuevos empleados”” escrito por Lucy Kellaway.

McKinsey, Bain y BGC (Boston Consulting Group) son conocidas firmas de consultoría.

Following a free translation into Spanish and the original in English of an article written by Lucy Kellaway and first published in the “Financial Times” on 05/10/2014 under the title ” McKinsey´s manicures are a tacky way to nail recruits”

McKinsey, Bain and BGC (Boston Consulting Group) are renowned management consultant firms.

Las manicuras de Mckinsey, una manera cutre de pillar nuevos empleados.

En la universidad de Stanford, una de las más duras para ser admitido, las estudiantes de MBA son una presa muy cotizada. Todo el mundo las quiere contratar. El problema para las empresas es cómo atraer su atención.

A McKinsey se le ha ocurrido una solución y ha enviado a las estudiantes unas tarjetas rosas de invitación muy monas para una sesión de manicura y pedicura a la hora del almuerzo en Palo Alto. De modo que el pasado miércoles un grupo de ambiciosas estudiantes de MBA acudieron a reunirse para quitarse las durezas de los talones y pintarse las uñas de rojo cereza y azul mientras les contaban lo magnífico que sería trabajar para la mejor empresa consultora del mundo.

Como apenas han pasado tres semanas desde que escribí una columna entera sobre los burdos intentos de McKinsey para pronosticar el futuro, lo normal hubiese sido dejar pasar la oportunidad de hablar sobre ellos otra vez. Pero lo burdo con que ahora nos obsequian hace que me sienta llamada a entrar de nuevo a la pelea.

Hace unos meses Goldman Sachs causó un revuelo parecido al utilizar chungos estereotipos sexistas cuando se puso a repartir entre potenciales candidatas femeninas bolsitas de promoción que contenían espejos y limas de uñas con el logo del banco. Lo de las sesiones de manicura y pedicura me resulta más penoso que lo de las limas de uñas que, aunque de suyo estúpido, no requería participación activa y podían acabar fácilmente en la basura.

McKinsey no es la única empresa en usar estas mañas para atrapar a las chicas de Stanford. Para no ser menos Bain organiza el próximo mes un evento aún más chungo- una jornada de cocina sólo para mujeres. En un momento en que los escolares se mofan de las chicas aplicadas de clase soltándolas que “ vuelvan a la cocina”, asombra, por lo desafortunado, que se organice un evento de estas características. Una se pregunta qué será lo próximo, ¿Que el BCG (Boston Consulting Group) organice unas jornadas de plancha y plumero?

Bain y McKinsey me aseguran que estos eventos forman parte de una serie de actividades destinadas a permitirles conocer mejor a las estudiantes. Desgraciadamente no parece que a las estudiantes les guste que se las conozca de esta manera. El hombre que amablemente me envío las dos invitaciones por correo electrónico me comentó que le resultaban “excesivamente heteronormativas”- un punto de vista, me dijo, que era compartido por muchas de sus compañeras de clase.

El asunto es, con todo, terriblemente resbaladizo y no todas las estudiantes piensan lo mismo. Hubo una que me contactó para decirme que había que felicitar a McKinsey por romper el tabú según el cual las mujeres no pueden ser abiertamente femeninas en el trabajo. La consultora estaría convirtiendo en aceptable el hecho de que las mujeres se junten para disfrutar haciendo cosas de chicas-del mismo modo que los hombres que trabajan en grandes multinacionales llevan años juntándose en plan colegas para ver deportes.

Creo que intuyo lo que la estudiante quería decir. Resulta injusto ver cómo las grandes corporaciones prestan atención a actividades como dar patadas a un balón para introducirlo en una red o arrearle a una bolita con un palo para meterla en un agujero -actividades ayunas por completo de propósito- mientras que pasan por alto otras como pintarse las uñas de colores brillantes, que , en general, tienen el mérito de mejorar el aspecto de las manos. A la directiva de más éxito que conozco le encanta comentar a sus compañeros de consejo el trauma que le supone cada vez que se le rompe una uña reluciente que se ha cuidado con esmalte: personalmente he disfrutado viendo cómo los hombres que la escuchaban se sonrojaban y se quedaban descolocados.

Pero meter a las uñas en un evento destinado a contratar gente de ninguna manera está bien. De entrada todo lo que tenga que ver con el cuerpo debe mantenerse en la esfera privada. No quiero tener a la vista los callos de los pies de mujeres que a lo mejor van a contratarme ni quiero que ellas tengan a la vista los míos. Resulta en exceso familiar además de no saber dónde se pondrán los límites. Si las consultoras están ofreciendo sesiones de pedicura a las candidatas, no tardarán los bancos en devolver el golpe ofreciendo depilaciones a la cera. Las contrataciones de estudiantes no deberían degenerar en despedidas de soltera.

Lo peor de todos estos eventos es que discriminan. Las jornadas de golf discriminan, no a las mujeres (que algunas hay a las que inexplicablemente les gusta este deporte) sino a todo aquel que no le gusta el golf. Las sesiones de cuidado de manos nos discriminan a todos aquellos que nos parecen un tostón y que preferimos tener un libro entre ellas.

Y aquí llego al más deprimente de mis descubrimientos. Acabo de hablar con una amiga americana que trabaja para una gran multinacional y al comentarle mis objeciones al evento de McKinsey me ha respondido que no estaba al día y que en los USA todas las ejecutivas tienen las uñas cuidadas.

Al parecer hacerse una manicura no es como hacerse unos hoyos de golf, algo opcional, sino una actividad obligatoria y la manera ideal para las mujeres de intimar en el trabajo. Ella misma y una consejera suelen escaparse a menudo a una sesión de pedicura durante la cual aprovechan para hablar de estilos de liderazgo- así como de los resultados del último trimestre.

Así que después de todo puede que McKinsey les esté ofreciendo algo valioso a las jóvenes estudiantes. La consultora les estaría advirtiendo que, más allá del promedio de sus calificaciones y si quieren ser alguien en el mundo de los negocios- en los USA sobre todo- , más vale que no crean que hacerse o no las uñas es una cuestión de capricho cuando de encontrar un buen empleo se trata.

McKinsey´s manicures are a tacky way to nail recruits

At Stanford business school, one of the hardest to get into in the world, the female MBA students are hot property. Everyone wants to hire them. The problem for an employer is how to get their attention.

McKinsey has come up with an answer and has sent all women a cute little pink invitation to a lunchtime “mani/pedi” event in Palo Alto. This, last Wednesday, various ambitious MBA students gathered together to have the hard skin rubbed off their heels and their nails painted cerise and blue while at the same time being told how great it would be to work for the world´s most formidable management consultancy.

As it is a mere three weeks since i wrote a whole column about McKinsey´s crass attempt to predict the future, I would normally have passed up the opportunity to write about it again so soon. Yet such crassness in the present makes me feel obliged to return to the fray.

A few months ago Goldman Sachs caused a fuss by similarly dodgy gender stereotyping, giving out goody bags to potential female recruits containing mirrors and nail files with the bank´s logo on them. The mani/pedi event strikes me as even more ill-judged than the nail files, which, though stupid, required no active participation and could easily be chucked in the bin.

McKinsey is not alone in trying to ensnare Stanford women in this way.Not to be outdone, Bain is next month hosting something even more crass- a female-only cooking event. At a time when “get back to the kitchen” has become the sexist taunt that school boys throw at bright girls in the classroom, such an event seems awesomely unfortunate. What next, one wonders? An event sponsored by BCG involving ironing and dusting?

Both Bain and McKinsey tell me that these events are part of a range of activities designed to help them get to know the students. Alas, it seems the students don´t especially want to be known in this way. The man who kindly emailed both invitations to me said they were “excessively heteronormative”- a view he said was shared by many of his female classmates.

However, it´s a fiendishly tricky area, and not all the students feel the same. One contacted me to say that McKinsey should be congratulated: it was breaking the taboo that says women can´t be overtly feminine at work. The consultant was making it acceptable for women to gather together and do something enjoyable and girly-just as corporate men have for years gathered together to be blokes and watch sport.

I can (just about) see her point. There is an unfairness in the way that hitting and kicking balls into nets and holes-which serves no purpose at all- is seen as an activity worthy of corporate attention, while putting shiny colour on your fingernails-which generally makes them look better- is not. The most successful businesswoman I know delights in telling her boardroom colleagues about the trauma she feels when she has broken a beautifully polished nail: I have delighted in watching her embarrass and wrongfoot her male audience as she does so.

But to introduce nails to a hiring event is all wrong. For a start, anything to do with your body should be kept private. I don´t want to have to look at the calluses on the feet of women who might be about to give me a job, and neither do I want them to see mine. It´s over familiar, and there is no knowing where it will end. If consultancies are offering recruits pedicures, it can´t be long before the banks retaliate by offering bikini waxes. Recruitment ought not to be a hen night.

The worst thing about such events is that they discrimínate. Golfing events are unfair not to women (some of whom inexplicably enjoy the sport) but to non-golfers. Mani/pedi events discriminate against those of us who think manicures are boring and would rather read a book.

Yet this leads me to the most depressing finding of all. I have just spoken to a friend who works in corporate America, and when I told her about my objections to the McKinsey event she told me I was out of date. Professional women in the US, she said, all have good nails.

Apparently, getting a manicure isn´t like playing a round of golf, which is optional. Instead, it is a compulsory activity for women and is becoming one of the top ways in which they bond at work. She herself frequently pops out with her mentor for a pedicure, over which they discuss leadership style- as well the Q2 earnings figures.

So McKinsey may be offering these young women something of value after all. If they want to get on in the world of business, especially in the US, and if they think that having their nails done is something they can take or leave, the consultant is warning them that whatever their grade average, they are not going to succeed on the job market.

  1. Jose Manuel Arizaga Alvarez
    noviembre 7, 2014 a las 11:08 am

    Enviado desde Blue Mail

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