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The McKinsey way // El estilo McKinsey

James O. McKinsey

Este post se lo dedico a Victoria, con todo mi amor y cariño.

A continuación la traducción libre al español y el original en inglés de un artículo publicado el 14/09/2014 en el “Financial Times”  bajo el título “Las perogrulladas de McKinsey no auguran nada bueno para su próximo medio siglo” escrito por Lucy Kellaway.

McKinsey es una famosa firma de consultoría.

This post is dedicated to Victoria, with all my love and affection.

Following a free translation into Spanish and the original in English of an article written by Lucy Kellaway and first published in the “Financial Times” on 14/09/2014 under the title “Mc Kinsey´s airy platitudes bode ill for its next half century”

McKinsey is a renowned management consultant firm.

Las perogrulladas de McKinsey no auguran nada bueno para su próximo medio siglo

¿Existirá McKinsey en 50 años? Desde que leí un artículo en la revista trimestral de la empresa consultora en el que se nos cuenta qué asuntos ocuparán la cabeza de los directivos el próximo medio siglo, esta pregunta sigue ocupando la mía.

La revista trimestral de McKinsey cumplió 50 años y para celebrarlo decidió publicar un transcendental artículo  basado en investigaciones realizadas durante años por sus mejores cerebros.

Como el artículo en cuestión no es que sea la mar de entretenido, aquí va un resumen rápido. El futuro, dice la consultora, va a ser cosa de mucho peso y el pasado, desgraciadamente, no nos va servir de guía.

O, en sus propias palabras, “(el futuro) entrañará mayor discontinuidad y volatilidad, con gráficos cuyas curvas a largo no serán una constante línea ascendente, con supuestos que se vendrán abajo después de años de haber sido mantenidos y con modelos de negocio cuyos aparentemente fundados fundamentos sufrirán un vuelco”

Más concretamente, tres tendencias marcarán este futuro volátil, discontinuo y que sufrirá un vuelco.

La primera concierne a la tecnología. Su crecimiento será exponencial y se producirán “ avances turboalimentados en conectividad”. La segunda tendencia atañe a los mercados emergentes, que seguirán creciendo y en los que surgirán nuevas y grandes ciudades en lugares de los que apenas hemos oído hablar. Y la tercera se refiere al hecho de que la gente va a seguir envejeciendo en todo el mundo.

La banalidad de todo esto deslumbra bastante porque de lo que se está hablando no es del futuro sino del presente y si algo caracteriza al futuro es que no suele regirse por lo mismo que se rige el presente.

Pero, esperen, que aún hay más: en el artículo se nos advierte que estas tendencias “tendrán implicaciones extraordinarias para los líderes globales” antes de pasar a concretar que “países, regiones e individuos correrán distintas suertes en función de la fortaleza y flexibilidad que muestren sus políticas e instituciones”. Yo voy más lejos. Como siempre ha sido y será, unas naciones lo harán mejor y otras peor.

Refiriéndose a la tecnología, McKinsey asegura que impactará en el mundo de los negocios “de maneras que son difíciles de imaginar”. Esto tiene la ventaja de ser cierto, pero presenta la desventaja de ser una vergonzosa maniobra de escaqueo pues si lo que uno está haciendo es hacer pronósticos le corresponde a uno el trabajo  de imaginar esas maneras y de contárnoslas después.

¿Y la conclusión de todo esto? Pues que “el cambio es duro”- una afirmación tan pasmosamente obvia que resulta chocante que los autores hayan necesitado apoyarla con referencias a “científicos sociales y economistas conductuales” que perciben este sesgo en el actual estado de cosas.

Varios apuntes pueden hacerse respecto a este penoso brindis al sol. En primer lugar, que 50 años es un periodo de tiempo absurdamente largo para ponerse a pronosticar. Sabido que es que los contables- gente, por lo general, más sensata que los consultores- no van más allá de un año a la hora de establecer la viabilidad de un negocio. Formo parte de un consejo donde a veces nos ponemos a planificar los próximos cinco años, un ejercicio bastante divertido y que tiene la utilidad que da el ponerse a jugar con cosas que pueden suceder, pero que todo el mundo coge con alfileres.

En segundo lugar, como hace poco señalaba mi colega Tim Harford, una de las razones de lo inútil de estos pronósticos es que no se trata en absoluto de pronósticos sino de campañas de marketing. Visto así, el artículo de McKinsey deja de ser tan obtuso. “El estratega del futuro debe ser capaz de comprender un mundo en el que las ofertas varían… y que requiere cada vez en mayor grado diferentes enfoques. Su agilidad gana en valor al ser capaz de desarrollar una “panorámica” con un enfoque global coherente al mismo tiempo que se  “concentra” en productos extremadamente específicos o segmentos de mercado”

En otras palabras, lo que los directivos de las empresas tienen que hacer es descolgar el teléfono y contratar a McKinsey ya.

Mi pronóstico es algo diferente: de aquí a cincuenta años McKinsey no existirá. Y lo hago basándome en tres tendencias similares a las que la compañía detecta. Si la actividad económica va a girar en torno a ciudades nuevas situadas en remotos lugares del mundo, éstos serán justamente lugares en los que será raro ver florecer a ningún consultor estratégico occidental.

La siguiente tendencia es que a medida que los ejecutivos ganen en inteligencia a la hora de lidiar con la complejidad del mundo que nos toca vivir, serán capaces de resolver ellos mismos sus propios problemas. Una de las razones de que los consultores estratégicos florezcan es que después de echar un vistazo a las mediocres inteligencias que se encuentran bajo su mando, los directivos optan por contratar fuera de sus empresas cerebros emocionalmente ineptos. Si el talento que tienen en casa mejora, dejarán de hacerlo.

Mayor importancia tiene el efecto de la tecnología. Todo el farragoso trabajo que los consultores hacen analizando mercados lo puede hacer cualquiera que disponga de una conexión a internet. Las dos cosas que las personas siempre harán mejor que las máquinas son motivar a los demás y tener ideas originales. En ninguna de las dos los consultores pueden anotarse un tanto. De un lado, a las empresas de consultoría no se las ve muy puestas en motivación. Y en lo que hace a originalidad, si lo mejor que a McKinsey se le ocurre después de años de estudio es decir que los próximos 50 años vendrán marcados por la tecnología, la globalización y el envejecimiento de la población, esto mismo se le hubiera ocurrido  a un robot en un periquete.

 

McKinsey´s airy platitudes bode ill for its next half century

Will McKinsey exist in 50 years´time? This question has lodged itself in my mind after reading a piece in the firm´s magazine that tells us what business people will be thinking about for the next half-century.

The McKinsey Quarterly is 50 yeras old, and it has chosen to celebrate its birthday with a momentous article based on many year´s research by the firm´s sharpest minds.

As the resulting piece isn´t terribly snappy, here is a potted summary. The future, the consultansts say, is going to be very big. Unfortunately, the past isn´t going to be a good guide to it.

Or as they put it: “With more discontinuity and volatility and with long-term charts no longer looking like smooth upward curves, long-held assumptions giving way, and seemingly powerful business models becoming upended.”

More specifically , three trends will shape this volatile, discontinuous, upended future.

The first is technology. Its growth will be exponential and there will be “turbocharging advances in connectivity”. Second, growth in emerging markets will continue and a lot more big cities will spring up in places we´ve hardly heard of. Finally, all over the world everyone is going to go on getting older.

The banality of this is quite arresting. These aren´t trends of the future but of the present; if there is one thing that is true of the distant future is that it tends not to be ruled by the same things that rule us now.

But wait, there is more: These trends will have “extraordinary implications for global leaders”, it warns, before getting down to specifics: “It´s likely that different regions, countries, and individuals will have different fates, depending on the strength and flexibility of their institutions and policies.” I´d put it stronger than that. It is certain that some countries and people will do better than others, as it was always thus, and always will be.

As for technology, McKinsey says it will shake up business “in unimaginable ways”. This has the advantage of being right. But it has the disadvantage of being a shameful cop-out as if you are forecasting it is your job to imagine those ways- and to tell us what they are.

The conclusión to all this? “Change is hard”- a declaration so crashingly obvious, it is odd that the authors feel the need to back it up with reference to “social scientists and behavioural economists” who have noticed a bias towards the status quo.

There are various things that can be said about this sorry exercise in windy platitudes. First, 50 years is a ludicrously long time to try to forecast. Accountants, who are on the whole a more sensible lot than management consultants, typically don´t look out for more than a year when trying to establish if a business is a goung concern. I sit on a board where we sometimes plan for the next five years-which is quite an enjoyable exercise, and it is useful to play with various things that might happen-but everyone always takes it with a handful of salt.

Second, as my colleague Tim Harford recently pointed out, one of the reasons forecasts are so useless is that they aren´t forecasts at all. They are marketing exercises. Seen this way, the McKinsey piece starts to look a lot less boneheaded. “Tomorrow´s strategist must comprehend a world where offerings may vary…necessitating increasingly diverse approaches. All this will place a premium on agility: both to “zoom out” in the development of a coherent global approach and to “zoom in” on extremely granular product or market segments”.

In other words, chief executives should get on the phone and appoint McKinsey at ones.

My own forecast is rather different. Fifty years hence, McKinsey won´t exist, this is based on three trends similar to those the firm spotted. If economic activity moves to new cities in far-flung places, these are the very parts of the world where western strategy consultants tend not to flourish.

The next trend is that as executives get smarter in dealing with this complex world, they will be more able to solve their own problems. One of the reasons management consultants flourish ist that chief executives look at their mediocre underlings and outsource work to brains on sticks instead. If the homegrown talent gets better, they will stop doing this.

Most important is the effect of technology. All the grunt stuff consultants do analysing markets can be done by anyone with an internet connection. The two things that people will always be better at than machines are motivating others and coming up with original ideas. Yet on neither score does the consultant look good. Strategy firms don´t do much in the way of motivation. And as for originality, if the best McKinsey can do after years of study is say that technology , globalization and ageing will feature in the next 50 years- a robot could have come up with that in a jiffy.

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