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Archive for 16 noviembre 2014

Variation sur un incipit de Thomas Bernhard (La cave, 1975)

noviembre 16, 2014 Deja un comentario

“Combien d´années m´avait-il fallu suivre ce chemin à contrecoeur, dans la plus grande tension intellectuelle et nerveuse, jusqu`à ce que, d´un instant à l´autre, j´aie eu la force d´interrompre cette route pour faire un demi-tour à cent pour cent”…

C´est l´écrivain autrichien Thomas Bernhard, qui se pose cette question. Je ne suis pas écrivain, autrichien non plus. Du coup, je n´ai pas l´habitude de me poser ce genre de questions. Je ne suis même pas sûr qu´il s´agit la-dessus d´une question professionnelle ou de nationalité. Peut-être que ça n´a rien à voir et l´enjeu se trouve autre part.

Quoi qu´il en soit, la situation chez moi n´a pas de rapport à un chemin quelconque. Non, c´est plutôt l´absence de chemin qui la caracterise, une situation de départ sans départ possible , un immobilisme absolu au sein duquel le sentiment de la perte la plus perfectionnée regne sans partage.

Il va de soi que dans une situation telle que décrite précédemment je suis tout seul ou au mieux entouré de silhouettes d´êtres qui m´ont abandonné sans pitié. Des silhouettes d´êtres voire des moules vides qui, projettant sur moi leurs ombres noires, me pointent du doigt et m´interrogent sur ma responsabilité envers leur inconsistance, l´arbitraire du départ de leur contenu.

Peu importe combien de temps ça me prendra, je serai très hereux d´avoir le choix que Thomas Bernhard montre sur son texte. Mais malhereusement dans la situation de départ sans départ où je suis, ce qui attire l´attention c´est la consistance de son inconsistance. Même le moindre ébranlement de ses mûrs, si profondement travaillés-il faut le dire- finit par la rendre plus inébranlable.

Ce sera toujours mieux de rester immobile au cas où une brique s´en détache et me frappe la tête, faisant couler des larmes qui seront, je le crains, inconsolables.

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Une lettre amicale

noviembre 16, 2014 Deja un comentario

Mon cher ami,

Peut-être que tu te rappelles. J´avoue que cela fait longtemps que nous ne nous sommes pas vus, mais je n´arrive pas à oublier. Nous étions si proches!

Le ciel toujours bleu, le sable, la mer et nous deux nous amusant avec les autres qui, comme nous, étaient habillés en maillot, la poitrine gonflée et les visages défiants, au milieu d´une plage si vaste qu´on était enclin à la confondre avec quelque chose au délà d´elle.

Oui, c´est vrai que des fois je m´attarde sur ce genre de souvenirs. On pourrait même dire que j´ai développé ce penchant presque malgré moi, moi, qui me vante d´être un type dur, la mâchoire toujours serrée et toujours en garde d´un coup en traître. Pourtant la nostalgie de temps à autre s´empare de moi et je me mets a t´évoquer, à nous évoquer, sur cette plage, sous le ciel bleu, sur notre enfance.

Qu´est-ce qui s´est passé entre-temps?

Dans quel lieu étrange nos âmes ont-elles fini par se trouver?

Ça fait longtemps que tu as disparu et maintenant je me pose des questions que je voudrais t´adresser face à face.

“Tous les hommes sont ennemis de tous les hommes et tout aussi bien dans la vie privée chaque individu est un ennemi pour lui même” dit Platon dans un de ses dialogues.

Lorsque nous nous bagarrions tout en nous amusant sur la plage de notre enfance, mon bonheur ne s´attendait pas à la cruauté que ces mots renferment. Et le tien?

Amicalement

The McKinsey Way II // El estilo McKinsey II

noviembre 7, 2014 1 comentario

A continuación la traducción libre al español y el original en inglés de un artículo publicado el 05/10/2014 en el “Financial Times”  bajo el título “Las manicuras de McKinsey, una manera cutre de pillar nuevos empleados”” escrito por Lucy Kellaway.

McKinsey, Bain y BGC (Boston Consulting Group) son conocidas firmas de consultoría.

Following a free translation into Spanish and the original in English of an article written by Lucy Kellaway and first published in the “Financial Times” on 05/10/2014 under the title ” McKinsey´s manicures are a tacky way to nail recruits”

McKinsey, Bain and BGC (Boston Consulting Group) are renowned management consultant firms.

Las manicuras de Mckinsey, una manera cutre de pillar nuevos empleados.

En la universidad de Stanford, una de las más duras para ser admitido, las estudiantes de MBA son una presa muy cotizada. Todo el mundo las quiere contratar. El problema para las empresas es cómo atraer su atención.

A McKinsey se le ha ocurrido una solución y ha enviado a las estudiantes unas tarjetas rosas de invitación muy monas para una sesión de manicura y pedicura a la hora del almuerzo en Palo Alto. De modo que el pasado miércoles un grupo de ambiciosas estudiantes de MBA acudieron a reunirse para quitarse las durezas de los talones y pintarse las uñas de rojo cereza y azul mientras les contaban lo magnífico que sería trabajar para la mejor empresa consultora del mundo.

Como apenas han pasado tres semanas desde que escribí una columna entera sobre los burdos intentos de McKinsey para pronosticar el futuro, lo normal hubiese sido dejar pasar la oportunidad de hablar sobre ellos otra vez. Pero lo burdo con que ahora nos obsequian hace que me sienta llamada a entrar de nuevo a la pelea.

Hace unos meses Goldman Sachs causó un revuelo parecido al utilizar chungos estereotipos sexistas cuando se puso a repartir entre potenciales candidatas femeninas bolsitas de promoción que contenían espejos y limas de uñas con el logo del banco. Lo de las sesiones de manicura y pedicura me resulta más penoso que lo de las limas de uñas que, aunque de suyo estúpido, no requería participación activa y podían acabar fácilmente en la basura.

McKinsey no es la única empresa en usar estas mañas para atrapar a las chicas de Stanford. Para no ser menos Bain organiza el próximo mes un evento aún más chungo- una jornada de cocina sólo para mujeres. En un momento en que los escolares se mofan de las chicas aplicadas de clase soltándolas que “ vuelvan a la cocina”, asombra, por lo desafortunado, que se organice un evento de estas características. Una se pregunta qué será lo próximo, ¿Que el BCG (Boston Consulting Group) organice unas jornadas de plancha y plumero?

Bain y McKinsey me aseguran que estos eventos forman parte de una serie de actividades destinadas a permitirles conocer mejor a las estudiantes. Desgraciadamente no parece que a las estudiantes les guste que se las conozca de esta manera. El hombre que amablemente me envío las dos invitaciones por correo electrónico me comentó que le resultaban “excesivamente heteronormativas”- un punto de vista, me dijo, que era compartido por muchas de sus compañeras de clase.

El asunto es, con todo, terriblemente resbaladizo y no todas las estudiantes piensan lo mismo. Hubo una que me contactó para decirme que había que felicitar a McKinsey por romper el tabú según el cual las mujeres no pueden ser abiertamente femeninas en el trabajo. La consultora estaría convirtiendo en aceptable el hecho de que las mujeres se junten para disfrutar haciendo cosas de chicas-del mismo modo que los hombres que trabajan en grandes multinacionales llevan años juntándose en plan colegas para ver deportes.

Creo que intuyo lo que la estudiante quería decir. Resulta injusto ver cómo las grandes corporaciones prestan atención a actividades como dar patadas a un balón para introducirlo en una red o arrearle a una bolita con un palo para meterla en un agujero -actividades ayunas por completo de propósito- mientras que pasan por alto otras como pintarse las uñas de colores brillantes, que , en general, tienen el mérito de mejorar el aspecto de las manos. A la directiva de más éxito que conozco le encanta comentar a sus compañeros de consejo el trauma que le supone cada vez que se le rompe una uña reluciente que se ha cuidado con esmalte: personalmente he disfrutado viendo cómo los hombres que la escuchaban se sonrojaban y se quedaban descolocados.

Pero meter a las uñas en un evento destinado a contratar gente de ninguna manera está bien. De entrada todo lo que tenga que ver con el cuerpo debe mantenerse en la esfera privada. No quiero tener a la vista los callos de los pies de mujeres que a lo mejor van a contratarme ni quiero que ellas tengan a la vista los míos. Resulta en exceso familiar además de no saber dónde se pondrán los límites. Si las consultoras están ofreciendo sesiones de pedicura a las candidatas, no tardarán los bancos en devolver el golpe ofreciendo depilaciones a la cera. Las contrataciones de estudiantes no deberían degenerar en despedidas de soltera.

Lo peor de todos estos eventos es que discriminan. Las jornadas de golf discriminan, no a las mujeres (que algunas hay a las que inexplicablemente les gusta este deporte) sino a todo aquel que no le gusta el golf. Las sesiones de cuidado de manos nos discriminan a todos aquellos que nos parecen un tostón y que preferimos tener un libro entre ellas.

Y aquí llego al más deprimente de mis descubrimientos. Acabo de hablar con una amiga americana que trabaja para una gran multinacional y al comentarle mis objeciones al evento de McKinsey me ha respondido que no estaba al día y que en los USA todas las ejecutivas tienen las uñas cuidadas.

Al parecer hacerse una manicura no es como hacerse unos hoyos de golf, algo opcional, sino una actividad obligatoria y la manera ideal para las mujeres de intimar en el trabajo. Ella misma y una consejera suelen escaparse a menudo a una sesión de pedicura durante la cual aprovechan para hablar de estilos de liderazgo- así como de los resultados del último trimestre.

Así que después de todo puede que McKinsey les esté ofreciendo algo valioso a las jóvenes estudiantes. La consultora les estaría advirtiendo que, más allá del promedio de sus calificaciones y si quieren ser alguien en el mundo de los negocios- en los USA sobre todo- , más vale que no crean que hacerse o no las uñas es una cuestión de capricho cuando de encontrar un buen empleo se trata.

McKinsey´s manicures are a tacky way to nail recruits

At Stanford business school, one of the hardest to get into in the world, the female MBA students are hot property. Everyone wants to hire them. The problem for an employer is how to get their attention.

McKinsey has come up with an answer and has sent all women a cute little pink invitation to a lunchtime “mani/pedi” event in Palo Alto. This, last Wednesday, various ambitious MBA students gathered together to have the hard skin rubbed off their heels and their nails painted cerise and blue while at the same time being told how great it would be to work for the world´s most formidable management consultancy.

As it is a mere three weeks since i wrote a whole column about McKinsey´s crass attempt to predict the future, I would normally have passed up the opportunity to write about it again so soon. Yet such crassness in the present makes me feel obliged to return to the fray.

A few months ago Goldman Sachs caused a fuss by similarly dodgy gender stereotyping, giving out goody bags to potential female recruits containing mirrors and nail files with the bank´s logo on them. The mani/pedi event strikes me as even more ill-judged than the nail files, which, though stupid, required no active participation and could easily be chucked in the bin.

McKinsey is not alone in trying to ensnare Stanford women in this way.Not to be outdone, Bain is next month hosting something even more crass- a female-only cooking event. At a time when “get back to the kitchen” has become the sexist taunt that school boys throw at bright girls in the classroom, such an event seems awesomely unfortunate. What next, one wonders? An event sponsored by BCG involving ironing and dusting?

Both Bain and McKinsey tell me that these events are part of a range of activities designed to help them get to know the students. Alas, it seems the students don´t especially want to be known in this way. The man who kindly emailed both invitations to me said they were “excessively heteronormative”- a view he said was shared by many of his female classmates.

However, it´s a fiendishly tricky area, and not all the students feel the same. One contacted me to say that McKinsey should be congratulated: it was breaking the taboo that says women can´t be overtly feminine at work. The consultant was making it acceptable for women to gather together and do something enjoyable and girly-just as corporate men have for years gathered together to be blokes and watch sport.

I can (just about) see her point. There is an unfairness in the way that hitting and kicking balls into nets and holes-which serves no purpose at all- is seen as an activity worthy of corporate attention, while putting shiny colour on your fingernails-which generally makes them look better- is not. The most successful businesswoman I know delights in telling her boardroom colleagues about the trauma she feels when she has broken a beautifully polished nail: I have delighted in watching her embarrass and wrongfoot her male audience as she does so.

But to introduce nails to a hiring event is all wrong. For a start, anything to do with your body should be kept private. I don´t want to have to look at the calluses on the feet of women who might be about to give me a job, and neither do I want them to see mine. It´s over familiar, and there is no knowing where it will end. If consultancies are offering recruits pedicures, it can´t be long before the banks retaliate by offering bikini waxes. Recruitment ought not to be a hen night.

The worst thing about such events is that they discrimínate. Golfing events are unfair not to women (some of whom inexplicably enjoy the sport) but to non-golfers. Mani/pedi events discriminate against those of us who think manicures are boring and would rather read a book.

Yet this leads me to the most depressing finding of all. I have just spoken to a friend who works in corporate America, and when I told her about my objections to the McKinsey event she told me I was out of date. Professional women in the US, she said, all have good nails.

Apparently, getting a manicure isn´t like playing a round of golf, which is optional. Instead, it is a compulsory activity for women and is becoming one of the top ways in which they bond at work. She herself frequently pops out with her mentor for a pedicure, over which they discuss leadership style- as well the Q2 earnings figures.

So McKinsey may be offering these young women something of value after all. If they want to get on in the world of business, especially in the US, and if they think that having their nails done is something they can take or leave, the consultant is warning them that whatever their grade average, they are not going to succeed on the job market.

The McKinsey way // El estilo McKinsey

James O. McKinsey

Este post se lo dedico a Victoria, con todo mi amor y cariño.

A continuación la traducción libre al español y el original en inglés de un artículo publicado el 14/09/2014 en el “Financial Times”  bajo el título “Las perogrulladas de McKinsey no auguran nada bueno para su próximo medio siglo” escrito por Lucy Kellaway.

McKinsey es una famosa firma de consultoría.

This post is dedicated to Victoria, with all my love and affection.

Following a free translation into Spanish and the original in English of an article written by Lucy Kellaway and first published in the “Financial Times” on 14/09/2014 under the title “Mc Kinsey´s airy platitudes bode ill for its next half century”

McKinsey is a renowned management consultant firm.

Las perogrulladas de McKinsey no auguran nada bueno para su próximo medio siglo

¿Existirá McKinsey en 50 años? Desde que leí un artículo en la revista trimestral de la empresa consultora en el que se nos cuenta qué asuntos ocuparán la cabeza de los directivos el próximo medio siglo, esta pregunta sigue ocupando la mía.

La revista trimestral de McKinsey cumplió 50 años y para celebrarlo decidió publicar un transcendental artículo  basado en investigaciones realizadas durante años por sus mejores cerebros.

Como el artículo en cuestión no es que sea la mar de entretenido, aquí va un resumen rápido. El futuro, dice la consultora, va a ser cosa de mucho peso y el pasado, desgraciadamente, no nos va servir de guía.

O, en sus propias palabras, “(el futuro) entrañará mayor discontinuidad y volatilidad, con gráficos cuyas curvas a largo no serán una constante línea ascendente, con supuestos que se vendrán abajo después de años de haber sido mantenidos y con modelos de negocio cuyos aparentemente fundados fundamentos sufrirán un vuelco”

Más concretamente, tres tendencias marcarán este futuro volátil, discontinuo y que sufrirá un vuelco.

La primera concierne a la tecnología. Su crecimiento será exponencial y se producirán “ avances turboalimentados en conectividad”. La segunda tendencia atañe a los mercados emergentes, que seguirán creciendo y en los que surgirán nuevas y grandes ciudades en lugares de los que apenas hemos oído hablar. Y la tercera se refiere al hecho de que la gente va a seguir envejeciendo en todo el mundo.

La banalidad de todo esto deslumbra bastante porque de lo que se está hablando no es del futuro sino del presente y si algo caracteriza al futuro es que no suele regirse por lo mismo que se rige el presente.

Pero, esperen, que aún hay más: en el artículo se nos advierte que estas tendencias “tendrán implicaciones extraordinarias para los líderes globales” antes de pasar a concretar que “países, regiones e individuos correrán distintas suertes en función de la fortaleza y flexibilidad que muestren sus políticas e instituciones”. Yo voy más lejos. Como siempre ha sido y será, unas naciones lo harán mejor y otras peor.

Refiriéndose a la tecnología, McKinsey asegura que impactará en el mundo de los negocios “de maneras que son difíciles de imaginar”. Esto tiene la ventaja de ser cierto, pero presenta la desventaja de ser una vergonzosa maniobra de escaqueo pues si lo que uno está haciendo es hacer pronósticos le corresponde a uno el trabajo  de imaginar esas maneras y de contárnoslas después.

¿Y la conclusión de todo esto? Pues que “el cambio es duro”- una afirmación tan pasmosamente obvia que resulta chocante que los autores hayan necesitado apoyarla con referencias a “científicos sociales y economistas conductuales” que perciben este sesgo en el actual estado de cosas.

Varios apuntes pueden hacerse respecto a este penoso brindis al sol. En primer lugar, que 50 años es un periodo de tiempo absurdamente largo para ponerse a pronosticar. Sabido que es que los contables- gente, por lo general, más sensata que los consultores- no van más allá de un año a la hora de establecer la viabilidad de un negocio. Formo parte de un consejo donde a veces nos ponemos a planificar los próximos cinco años, un ejercicio bastante divertido y que tiene la utilidad que da el ponerse a jugar con cosas que pueden suceder, pero que todo el mundo coge con alfileres.

En segundo lugar, como hace poco señalaba mi colega Tim Harford, una de las razones de lo inútil de estos pronósticos es que no se trata en absoluto de pronósticos sino de campañas de marketing. Visto así, el artículo de McKinsey deja de ser tan obtuso. “El estratega del futuro debe ser capaz de comprender un mundo en el que las ofertas varían… y que requiere cada vez en mayor grado diferentes enfoques. Su agilidad gana en valor al ser capaz de desarrollar una “panorámica” con un enfoque global coherente al mismo tiempo que se  “concentra” en productos extremadamente específicos o segmentos de mercado”

En otras palabras, lo que los directivos de las empresas tienen que hacer es descolgar el teléfono y contratar a McKinsey ya.

Mi pronóstico es algo diferente: de aquí a cincuenta años McKinsey no existirá. Y lo hago basándome en tres tendencias similares a las que la compañía detecta. Si la actividad económica va a girar en torno a ciudades nuevas situadas en remotos lugares del mundo, éstos serán justamente lugares en los que será raro ver florecer a ningún consultor estratégico occidental.

La siguiente tendencia es que a medida que los ejecutivos ganen en inteligencia a la hora de lidiar con la complejidad del mundo que nos toca vivir, serán capaces de resolver ellos mismos sus propios problemas. Una de las razones de que los consultores estratégicos florezcan es que después de echar un vistazo a las mediocres inteligencias que se encuentran bajo su mando, los directivos optan por contratar fuera de sus empresas cerebros emocionalmente ineptos. Si el talento que tienen en casa mejora, dejarán de hacerlo.

Mayor importancia tiene el efecto de la tecnología. Todo el farragoso trabajo que los consultores hacen analizando mercados lo puede hacer cualquiera que disponga de una conexión a internet. Las dos cosas que las personas siempre harán mejor que las máquinas son motivar a los demás y tener ideas originales. En ninguna de las dos los consultores pueden anotarse un tanto. De un lado, a las empresas de consultoría no se las ve muy puestas en motivación. Y en lo que hace a originalidad, si lo mejor que a McKinsey se le ocurre después de años de estudio es decir que los próximos 50 años vendrán marcados por la tecnología, la globalización y el envejecimiento de la población, esto mismo se le hubiera ocurrido  a un robot en un periquete.

 

McKinsey´s airy platitudes bode ill for its next half century

Will McKinsey exist in 50 years´time? This question has lodged itself in my mind after reading a piece in the firm´s magazine that tells us what business people will be thinking about for the next half-century.

The McKinsey Quarterly is 50 yeras old, and it has chosen to celebrate its birthday with a momentous article based on many year´s research by the firm´s sharpest minds.

As the resulting piece isn´t terribly snappy, here is a potted summary. The future, the consultansts say, is going to be very big. Unfortunately, the past isn´t going to be a good guide to it.

Or as they put it: “With more discontinuity and volatility and with long-term charts no longer looking like smooth upward curves, long-held assumptions giving way, and seemingly powerful business models becoming upended.”

More specifically , three trends will shape this volatile, discontinuous, upended future.

The first is technology. Its growth will be exponential and there will be “turbocharging advances in connectivity”. Second, growth in emerging markets will continue and a lot more big cities will spring up in places we´ve hardly heard of. Finally, all over the world everyone is going to go on getting older.

The banality of this is quite arresting. These aren´t trends of the future but of the present; if there is one thing that is true of the distant future is that it tends not to be ruled by the same things that rule us now.

But wait, there is more: These trends will have “extraordinary implications for global leaders”, it warns, before getting down to specifics: “It´s likely that different regions, countries, and individuals will have different fates, depending on the strength and flexibility of their institutions and policies.” I´d put it stronger than that. It is certain that some countries and people will do better than others, as it was always thus, and always will be.

As for technology, McKinsey says it will shake up business “in unimaginable ways”. This has the advantage of being right. But it has the disadvantage of being a shameful cop-out as if you are forecasting it is your job to imagine those ways- and to tell us what they are.

The conclusión to all this? “Change is hard”- a declaration so crashingly obvious, it is odd that the authors feel the need to back it up with reference to “social scientists and behavioural economists” who have noticed a bias towards the status quo.

There are various things that can be said about this sorry exercise in windy platitudes. First, 50 years is a ludicrously long time to try to forecast. Accountants, who are on the whole a more sensible lot than management consultants, typically don´t look out for more than a year when trying to establish if a business is a goung concern. I sit on a board where we sometimes plan for the next five years-which is quite an enjoyable exercise, and it is useful to play with various things that might happen-but everyone always takes it with a handful of salt.

Second, as my colleague Tim Harford recently pointed out, one of the reasons forecasts are so useless is that they aren´t forecasts at all. They are marketing exercises. Seen this way, the McKinsey piece starts to look a lot less boneheaded. “Tomorrow´s strategist must comprehend a world where offerings may vary…necessitating increasingly diverse approaches. All this will place a premium on agility: both to “zoom out” in the development of a coherent global approach and to “zoom in” on extremely granular product or market segments”.

In other words, chief executives should get on the phone and appoint McKinsey at ones.

My own forecast is rather different. Fifty years hence, McKinsey won´t exist, this is based on three trends similar to those the firm spotted. If economic activity moves to new cities in far-flung places, these are the very parts of the world where western strategy consultants tend not to flourish.

The next trend is that as executives get smarter in dealing with this complex world, they will be more able to solve their own problems. One of the reasons management consultants flourish ist that chief executives look at their mediocre underlings and outsource work to brains on sticks instead. If the homegrown talent gets better, they will stop doing this.

Most important is the effect of technology. All the grunt stuff consultants do analysing markets can be done by anyone with an internet connection. The two things that people will always be better at than machines are motivating others and coming up with original ideas. Yet on neither score does the consultant look good. Strategy firms don´t do much in the way of motivation. And as for originality, if the best McKinsey can do after years of study is say that technology , globalization and ageing will feature in the next 50 years- a robot could have come up with that in a jiffy.