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“El Proyecto de Putin” por Timothy Snyder I // “Putin´s Project” by Timothy Snyder I

Joseph Stalin convirtió estos fracasos en una victoria política achacándoselos a los nacionalistas ucranianos y a los extranjeros que les apoyaban. Continuó confiscando tierras en Ucrania sabiendo que ello suponía condenar a la desnutrición a millones de seres humanos y aplastó a la intelectualidad ucraniana. Más de tres millones de personas murieron de hambre en la Ucrania soviética. El resultado fue el establecimiento de un sistema soviético de intimidación en el que Europa era presentada únicamente como amenaza. Stalin argumentaba-absurdamente pero con eficacia- que la hambruna de los ucranianos era una cosa llevada a cabo deliberadamente por ellos mismos siguiendo órdenes de Varsovia. Más tarde la propaganda soviética tacharía de agente nazi a cualquiera que mencionara la hambruna. Entraba así en la política la dicotomía fascista – antifascista según la cual Moscú representaba todo lo bueno y los críticos con Moscú el fascismo. Esta eficaz pose retórica no impidió, sin embargo, una alianza de hecho de la URSS con los nazis en 1939. Dado que la propaganda rusa de hoy vuelve por los derroteros del anti-fascismo conviene no olvidar este punto: todo ese gran maniqueísmo moral estaba puesto al servicio del Estado y en tanto que tal evitaba  poner a éste ningún límite. La adopción del anti-fascismo como estrategia no es lo mismo que tener que enfrentarse al fascismo real.

Ucrania se encontraba en el centro de la política que Stalin designó como “colonización interna” y se encontraba también en el centro de la “colonización externa” de los planes de Hitler. El “Lebensraum” (“espacio vital”) de Hitler lo constituía ante todo Ucrania. El poder soviético tenía que ser desalojado de sus fértiles tierras y éstas explotadas en beneficio de Alemania. El plan de Hitler contemplaba continuar con las colectivizaciones de Stalin, sólo que en lugar de hacia el este los abastecimientod se reconducirían en dirección oeste. Los planificadores alemanes contaban con que la implementación costaría la muerte por inanición a unos treinta millones de habitantes de la Unión Soviética. Naturalmente que para esta forma de pensar los ucranianos sólo contaban en tanto que subhumanos incapaces de llevar a cabo una vida política normal y  aptos sólo para ser colonizados. Ningún otro país europeo fue sometido a una colonización tan intensa como lo fue Ucrania y ningún otro país sufrió tanto: entre 1933 y 1945 fue el lugar más mortífero del planeta.

En la Alemania de hoy sigue sin reflexionarse sobre esas iniciativas de expansión colonial. Los alemanes reflexionan sobre los crímenes perpetrados contra los judíos y contra la Unión Soviética (recordada falsamente como Rusia), pero casi nadie en Alemania reconoce que el objetivo central del pensamiento y la práctica de su expansión colonial fue precisamente Ucrania. Líderes alemanes tan eminentes como  Helmut Schmidt no vacilan, incluso hoy, en excluir a los ucranianos de los preceptos al uso del derecho internacional. La idea de que los ucranianos no son seres humanos normales sigue vigente, con la perversa vuelta de tuerca de achacar a los ucranianos la responsabilidad de crímenes cometidos en Ucrania, que en realidad  fueron fruto de la política de los alemanes y que nunca hubieron tenido lugar sin la guerra que éstos provocaron y sin las políticas alemanas de expansión colonial.

Aunque el objetivo principal de la guerra era la destrucción de la Unión Soviética, Hitler se encontró con que para empezar la guerra necesitaba una alianza con la Unión Soviética. Después de constatar que Polonia resistiría, Hitler convenció a Stalin para llevar a cabo una doble invasión. Stalin llevaba anhelando años una invitación así y desde hacía tiempo la política soviética tenía como mira la destrucción de Polonia. Lo que es más, Stalin pensaba que una alianza con Hitler o, en otras palabras, la cooperación con la extrema derecha europea era clave para conseguir la destrucción de Europa. Creía que la alianza germano-soviética haría que Alemania se volviera contra sus vecinos del oeste y que esto conduciría al debilitamiento o incluso a la destrucción del capitalismo europeo. Como veremos, esto no queda  muy lejos de ciertos cálculos manejados hoy por Vladimir Putin.

La consecuencia de la invasión germano-soviética fue la derrota de Polonia y la destrucción del Estado polaco así como un importante impulso al nacionalismo ucraniano. En los años 30 no existió en la Unión Soviética ningún movimiento nacional ucraniano: era imposible que existiese. Con todo, sí que hubo en Polonia un grupo terrorista clandestino conocido como Organización de Nacionalistas Ucranianos. En tiempos de paz su activismo era poco más que un incordio, pero en tiempos de guerra su importancia creció. La O.N.U. se oponía tanto al dominio polaco como al soviético sobre lo que consideraba territorios ucranianos y, por lo tanto, veía una invasión alemana hacia el este como la única manera de que comenzase el proceso de construcción de un Estado ucraniano. De esta manera la O.N.U. apoyó a Alemania cuando ésta invadió Polonia en 1939 y la volvería a apoyar en 1941 cuando Alemania traicionó a su aliado e invadió la URSS.

Entretanto la ocupación soviética del este de Polonia también dio un impulso al nacionalismo ucraniano. Las clases dirigentes polacas y los líderes de los partidos políticos ucranianos tradicionales fueron deportados o asesinados. Los nacionalistas ucranianos, acostumbrados a vivir en la clandestinidad, salieron mejor parados. Fue frecuente que revolucionarios ucranianos de extrema izquierda- bastante numerosos antes de la guerra- se pasaran a la extrema derecha después de la experiencia del dominio soviético. Además, los mismos soviéticos habían asesinado al líder de la Organización de Nacionalistas Ucranianos, lo que llevó a que dos hombres jóvenes se disputaran el poder en su seno: Stepan Bandera y Andrii Melnyk. En 1941 los nacionalistas ucranianos trataron de atraerse la colaboración política de los alemanes pero no lo consiguieron. Ciento de nacionalistas ucranianos se unieron como guías e intérpretes a las filas  alemanas en la invasión de la URSS y algunos ayudaron a los alemanes en la organización de progromos. En junio de 1941 políticos nacionalistas ucranianos quisieron cobrarse la deuda declarando la independencia de Ucrania. Hitler no tenía ningún interés en semejante programa. Buena parte de los líderes nacionalistas fueron asesinados o encarcelados. El mismo Stepan Bandera pasaría  casi todo el resto de la guerra en el campo de concentración de Sachsenhausen. Algunos ucranianos siguieron colaborando con la esperanza de ganar experiencia militar o de que algún revés político hiciera que los alemanes los necesitaran. Pero, al igual que en el resto de Europa, en la Ucrania ocupada la colaboración tuvo poco que ver con la política.

En el transcurso de la guerra, a medida que el poder soviético reemplazaba al alemán, muchos nacionalistas ucranianos se iban preparando para la revuelta. Para ellos, la URSS era el principal enemigo, en parte por razones ideológicas, pero sobre todo porque estaba ganando la guerra. Los nacionalistas formaron en Volinia un ejército insurgente ucraniano cuyo cometido era derrotar de alguna manera a los soviéticos después de que éstos hubieran derrotado a los alemanes. Entretanto, este ejército se entregó en 1943 a una limpieza étnica de polacos asesinando al mismo tiempo a judíos que estaban refugiados junto con ellos en sus escondites. No se trató aquí de ninguna colaboración con los alemanes sino de lo que la parte criminal de los líderes nacionalistas ucranianos entendía por revolución nacional. Más tarde sí que se enfrentarían a los soviéticos en una terrible lucha partisana en la que las dos partes utilizarían las tácticas más brutales. Fue Khruschev el que, para amedrentar a la población local, ordenó que los soviéticos superaran en crueldad a los nacionalistas.

La colaboración política y el levantamiento de los nacionalistas ucranianos fueron, con todo, un elemento menor en la historia de la ocupación alemana. Como consecuencia de la guerra unos seis millones de personas fueron asesinadas en el territorio de lo que hoy es Ucrania, incluyendo un millón y medio de judíos. Los alemanes desarrollaron las técnicas de matanzas masivas en Kamenets Podils´kyi y Babyi Iar, donde más de veinte mil,  en el primer caso, y más de treinta mil judíos, en el segundo, fueron tiroteados en masa. A lo largo de  la Ucrania soviética ocupada la población local colaboró con los alemanes, igual que ocurrió a lo largo de la URSS ocupada y, desde luego, a lo largo de la Europa ocupada. Pero fue mucha, muchísima más gente, la que fue asesinada por los alemanes que la que colaboró con ellos, cosa que no puede decirse de ningún país ocupado de Europa occidental. Una gran mayoría de los ucranianos que combatieron en la guerra lo hicieron en uniforme del ejército rojo. Murieron más soldados ucranianos luchando contra el ejército alemán que soldados americanos, británicos y franceses juntos. Estos hechos básicos se ignoran hoy en Alemania porque al Ejército Rojo se  lo homologa  falsamente con el Ejército Ruso, una identificación en la que se empeña la propaganda rusa de hoy. Si el Ejército Rojo era el Ejército de Rusia entonces los ucranianos tenían que ser el enemigo. Fue el mismo Stalin quien al final de la guerra urdió esta línea de pensamiento. La idea de la Gran Guerra por la Madre Patria cumplía tres propósitos: situar el comienzo en 1941 y no en 1939 de modo que la alianza nazi-soviética quedaba en el olvido; situar a Rusia en el centro de los acontecimientos aunque fue Ucrania la que de hecho lo estuvo mucho más e ignorar por complemento el sufrimiento judío.

Joseph Stalin transformed these failures into a political victory by blaming them upon Ukrainian nationalists and their foreign supporters. He continued requisitions in Ukraine in the full knowledge that he was starving millions of human beings, and crushed the new Ukrainian intelligentsia. More than three million people were starved in Soviet Ukraine. The consequence was a new Soviet order of intimidation, where Europe was presented only as a threat. Stalin claimed, absurdly but effectively, that Ukrainians were deliberately starving themselves on orders from Warsaw. Later, Soviet propaganda maintained that anyone who mentioned the famine must be an agent of Nazi Germany. Thus began the politics of fascism and anti-fascism, where Moscow was the defender of all that was good, and its critics were fascists. This very effective rhetorical pose did not preclude an actual Soviet alliance with the actual Nazis in 1939. Given the return of Russian propaganda today to anti-fascism, this is an important point to remember: the whole grand moral Manichaeism was meant to serve the state, and as such did not limit it in any way. The embrace of anti-fascism as a strategy is quite different from opposing actual fascists.

Ukraine was at the center of the policy that Stalin called „internal colonization“; it was also at the center of Hitler’s plans for an external colonization. His Lebensraum was before all Ukraine. Its fertile soil was to be cleared of Soviet power and exploited for Germany. The plan was to continue the use of Stalin’s collective farms, but to divert the food from east to west. Along the way German planners expected that some thirty million inhabitants of the Soviet Union would starve to death. In this style of thinking, Ukrainians were of course subhumans, incapable of normal political life, fit only for colonization. No European country was subject to such intense colonization as Ukraine, and no European country suffered more: it was the deadliest place on earth between 1933 and 1945.

In the Germany of today, colonial assumptions remain unexamined. Germans are reflective about crimes against Jews and against the Soviet Union (falsely remembered as Russia), but almost no one in Germany recognizes that the central object of German colonial thinking and practice was precisely Ukraine. German leaders as prominent as Helmut Schmidt do not hesitate, even today, to exclude Ukrainians from the normal precepts of international law. The idea that Ukrainians are not normal human beings persists, now with the vicious twist that Ukrainians are held responsible for the crimes in Ukraine that were in fact German policy and would never have taken place without a German war and German policies of colonization.

Although Hitler’s main war aim was the destruction of the Soviet Union, he found himself needing an alliance with the Soviet Union to begin armed conflict. In 1939, after it became clear that Poland would fight, Hitler recruited Stalin for a double invasion. Stalin had been hoping for years for such an invitation. Soviet policy had been aiming at the destruction of Poland for years. Moreover, Stalin thought that an alliance with Hitler, in other words cooperation with the European far right, he thought, was the key to destroying Europe. A German-Soviet alliance would turn Germany, he expected, against its western neighbors, and lead to the weakening or even the destruction of European capitalism. This is not so different from a certain calculation made by Vladimir Putin today, as we shall see.

The result of the cooperative German-Soviet invasion was the defeat of Poland and the destruction of the Polish state, but also an important development in Ukrainian nationalism. There had been in the 1930s no Ukrainian national movement in the Soviet Union: such a thing was impossible. There was however an underground terrorist movement in Poland known as the Organization of Ukrainian Nationalists. It was little more than an irritant in normal times, but with war its importance grew. The OUN opposed both Polish and Soviet rule of what it saw as Ukrainian territories, and thus saw a German invasion of the east as the only way that a Ukrainian statebuilding process could begin. Thus the OUN supported Germany in its invasion of Poland in 1939 and would again in 1941, when Germany betrayed its ally and invaded the USSR.

Meanwhile, the Soviet occupation of eastern Poland between 1939 and 1941 also favored Ukrainian nationalism. The Polish ruling classes and the leaders of traditional Ukrainian political parties were deported or killed. Ukrainian nationalists, used to life underground, fared better. Ukrainian left-wing revolutionaries, who had been quite numerous before the war, often shifted to the radical right after experience with Soviet rule. In addition, the Soviets themselves assassinated the leader of the Organization for Ukrainian Nationalists, which brought a struggle for power between two younger men, Stepan Bandera and Andrii Melnyk. Ukrainian nationalists tried political collaboration with Germany in 1941, and failed. Hundreds of Ukrainian nationalists joined in the German invasion of the USSR as scouts and translators, and some of them helped the Germans organize pogroms. Ukrainian nationalist politicians tried to collect their debt by declaring an independent Ukraine in June 1941. Hitler was completely uninterested in such a prospect. Much of the nationalist leadership was killed or incarcerated. Stepan Bandera himself spent most of the rest of the war in Sachsenhausen. Some Ukrainians continued to collaborate with the hope of gaining military experience or of some future political reversal when the Germans might need them. But in occupied Ukraine, as everywhere in Europe, the vast majority of practical collaboration had little to do with politics.

As the war continued many Ukrainian nationalists prepared themselves for a moment of revolt as Soviet power replaced German. They saw the USSR as the main enemy, partly for ideological reasons, but mainly because it was winning the war. In Volhynia Ukrainian nationalists established a Ukrainian Insurgent Army whose task was to somehow defeat the Soviets after the Soviets had defeated the Germans. Along the way it undertook a massive and murderous ethnic cleansing of Poles in 1943, killing at the same time a number of Jews who had been hiding with Poles. This was not in any sense collaboration with the Germans, but rather the murderous part of its leaders saw as a national revolution. The Ukrainian nationalists did then fight the Soviets in a horrifying partisan war, in which the most brutal tactics were used by both sides. It was Khruschev who ordered that the Soviets exceed the nationalists in brutality to cow the local population.

The political collaboration and the uprising of Ukrainian nationalists were, all in all, a minor element in the history of the German occupation. As a result of the war something like six million people were killed on the territory of today’s Ukraine, including about 1.5 million Jews. The Germans developed the techniques of mass killing at Kamenets Podils’kyi and Babyi Iar, where more than twenty thousand and then more than thirty thousand Jews were killed by mass shooting. Throughout occupied Soviet Ukraine local people collaborated with the Germans, as they did throughout the occupied Soviet Union and indeed throughout occupied Europe. But far, far more people in Ukraine were killed by the Germans than collaborated with them, something which is not true of any occupied country in western Europe. For that matter, far, far more people from Ukraine fought against the Germans than on the side of the Germans, which is again something which is not true of any west European country. The vast majority of Ukrainians who fought in the war did so in the uniform of the Red Army. More Ukrainians were killed fighting the Wehrmacht than American, British, and French soldiers — combined. In Germany these basic facts are invisible because the Red Army is seen falsely as a Russian army, an identification insisted upon by the propaganda of today’s Russia. If the Red Army is a Russian army, then Ukrainians must have been the enemy. This line of thinking was invented by Stalin himself at the end of the war. The idea of the Great Fatherland War had three purposes: it started the action in 1941 rather than 1939 so that the Nazi-Soviet alliance was forgotten, and it placed Russia at the center of events even though Ukraine was much more at the center of the war, and it ignored Jewish suffering completely.

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