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“El Proyecto de Putin” por Timothy Snyder // “Putin´s Project” by Timothy Snyder

“Putin´s Project” is an article written by  american historian Timothy Snyder and published on 16/04/2014. This is the first post of a series in which i intend to translate it into Spanish.

“El proyecto de Putin” es un artículo escrito por el profesor de historia de Yale Timothy Snyder y que fue publicado el 16/04/2014. Este es el primer post de una serie en la que pretendo traducirlo al español.

Ucrania no tiene futuro sin Europa pero tampoco Europa tiene futuro sin Ucrania. A lo largo de los siglos la historia de Ucrania ha puesto de manifiesto los puntos de inflexión en la historia europea.

En el territorio de Ucrania la historia de la formación del Estado comienza con dos encuentros arquetípicamente europeos. En su forma medieval, como en Francia e Inglaterra, esta historia incluye un encuentro con los viquingos, que buscaban establecer una ruta comercial entre el Báltico y el Mar Negro y utilizaban Kiev, a orillas del río Dnieper, de estación comercial. La llegada de los viquingos coincidió con el colapso de un Estado jázaro anterior cuyos líderes acabarían pronto celebrando matrimonios mixtos con la población eslava local. De esta manera surgió una entidad política conocida como la Rus de Kiev. Al igual que sus equivalentes medievales la Rus de Kiev fue una entidad pagana que más que convertirse al cristianismo lo que hizo fue escoger entre las variantes occidentales y orientales de éste. Como sus vecinos la Rus de Kiev osciló entre Roma y Bizancio hasta que sus dirigentes optaron por la segunda. Conflictos sucesorios la debilitaron profundamente hasta que en la primera mitad del siglo XIII la llegada de los mongoles la destruiría definitivamente.

La historia de la Rus se hace añicos entonces. La mayor parte de sus tierras se congregaron bajo el gran ducado de Lituania, un enorme Estado guerrero con capital en Vilna cuyos grandes duques gustaban de proclamarse herederos de la Rus haciendo suyos  muchos de sus logros culturales tales como el idioma eslavo de su corte o tradiciones legales. Aunque los grandes duques lituanos eran de religión pagana la mayoría de sus súbditos eran cristianos orientales. Después de que, por medio de alianzas matrimoniales, los grandes duques se coronaran reyes de Polonia, la mayor parte del territorio ucraniano pasó a formar parte de lo que era la mayor formación política europea. Tras las reformas constitucionales de 1569 esta formación pasó a tener forma de república y a ser conocida como la Mancomunidad Polaco-Lituana. En esta “república de las dos naciones” las tierras de Ucrania formaban parte del reino de Polonia y las tierras de Bielorusia del gran ducado de Lituania. De este modo las viejas tierras de la Rus conocieron una nueva división.

Esta época fue la de un primer pluralismo oligárquico en Ucrania. Los nobles ucranianos tomaban parte en calidad de iguales en las instituciones representativas de la república. Sin embargo, la gran mayoría de la población eran colonos  que cultivaban grandes dominios destinados a la producción de cereales. Nobles polacos y judíos se unieron a los señores de la guerra locales y contribuyeron a que se estableciera un orden feudal en el territorio. Fue en esta época cuando los judíos ayudaron a levantar  pequeñas villas conocidas bajo el nombre de “shtetls”

Este sistema político condujo a la rebelión cosaca de 1648 en la que hombres libres situados fuera de su control impugnaron su lógica. Fatalmente estos hombres se aliaron con una formación política rival que echaba sus raíces en la antigua Rus, el ducado de Moscú. Situada en la frontera oriental de la Rus,  Moscú, a diferencia de los demás territorios que la integraban  , estaba bajo control directo de los mongoles. Mientras que los territorios de Bielorusia y Ucrania conocieron a través de Vilna y Varsovia la influencia del Renacimiento y la Reforma, ninguno de estos movimientos alcanzaría Moscú. La ruptura de Moscú con el dominio mongol suele datarse en 1480. Igual que los grandes duques de Lituania los duques de Moscú gustaban de presentarse como herederos de la Rus de Kiev, pero después de la desaparición de esta entidad, Kiev escapó al control de los duques de Moscú durante casi quinientos años siendo gobernada desde Vilna y Varsovia.

Las rebeliones cosacas supusieron el comienzo de la decadencia de la Mancomunidad Polaco-Lituana y crearon las condiciones para que Kiev pasara de control polaco a control moscovita. En 1667 las tierras de la actual Ucrania fueron divididas entre la Mancomunidad y el Ducado de Moscú, quedando Kiev del lado moscovita. Esto permitió el contacto entre el Gran Ducado y Europa y las élites ilustradas de la universidad de Kiev se trasladarían al norte trabajando en calidad de profesionales y funcionarios para el creciente imperio ruso. Este patrón de evolución se reprodujo cuando a finales del siglo XVIII el Ducado de Moscú (conocido ya como imperio ruso), Prusia y la monarquía de los Habsburgo dividieron hasta provocar su desaparición los territorios de la Mancomunidad Polaco-Lituana. Sin una tradición de élites ilustradas, Moscú  se aprovecharía de la educación de hombres provenientes de Vilna y Kiev.

También en el siglo XIX el movimiento nacional ucraniano seguiría un patrón de evolución típicamente europeo. Algunos miembros de estas clases educadas, laicos y religiosos, empezaron a rebelarse contra sus propias biografías y a reivindicar a las masas y no las élites como sujetos de la historia. El movimiento empezó en Járkov extendiéndose luego a Kiev cruzando la frontera de los imperios ruso y habsbúrgico hasta llegar a Leópolis (Lviv). Los historiadores ucranianos del XIX se pusieron a la cabeza entre los europeos a la hora de prestar rasgos románticos al pueblo llano, tendencia que en Ucrania se conoce como “populismo”. Este movimiento intelectual se permitió dar  luz también a la idea de una nación ucraniana común más allá de las fronteras de Ucrania con el imperio ruso (como ahora se conocía al Ducado de Moscú) y con  la monarquía de los Habsburgo (donde hablantes de una lengua que puede llamarse ucraniano habitaban un pequeño territorio conocido como Galicia Oriental)

Al igual que en el resto de Europa del Este la primera Guerra Mundial supuso el fin de los imperios tradicionales y el comienzo de los intentos de formar Estados Nacionales de acuerdo a la lógica wilsoniana de la autodeterminación. Pero en Ucrania estos intentos fueron múltiples, unos en las tierras de los Habsburgo y otros en las del Imperio Ruso. Los primeros sucumbieron ante los polacos, que lograron anexionar Galicia Oriental a su propio y nuevo Estado. Los segundos tuvieron que hacer frente tanto al Ejército Rojo como a sus rivales del Ejército Blanco, quienes, aún combatiéndose, estaban de acuerdo en que Ucrania formaría parte de una unidad política más extensa. A pesar de que el movimiento nacional ucraniano fue comparable al de otros países de Europa del Este y a pesar de que por Ucrania luchara y muriera más gente que por otras Naciones- Estado emergentes después de 1918, el resultado fue un completo fracaso. Tras una serie extraordinariamente complicada de acontecimientos, a lo largo de la cual Kiev fue ocupada doce veces, el Ejéricto Rojo salió victorioso estableciéndose en 1922 una Ucrania soviética como parte de la nueva Unión Soviética.

Debido precisamente a la dificultad de acabar con el movimiento ucraniano y debido justamente a que la Ucrania soviética estaba situada en la frontera occidental de la URSS, la cuestión de su identidad europea fue central desde el comienzo de la historia soviética. Dentro mismo de la política de la URSS existía una ambigüedad respecto a Europa: la modernización soviética tenía que replicar la modernización capitalista europea pero sólo con vistas a superarla. Con este esquema Europa podía representarse como algo progresivo o regresivo dependiendo del momento, la perspectiva y el humor de los gobernantes. En los años 20 la política soviética favoreció el desarrollo de una clase intelectual y política ucraniana creyendo que los ucranianos ilustrados se unirían al futuro de la URSS; en los 30 se trató de modernizar el campo ucraniano colectivizando las tierras y transformando a los campesinos en empleados del Estado. Esto llevó a una resistencia masiva por parte de un campesinado que creía en la propiedad privada y a caídas en los rendimientos de la tierra.

Ukraine has no future without Europe, but Europe also has no future without Ukraine. Throughout the centuries, the history of Ukraine has revealed the turning points in the history of Europe.

The history of statehood on the territory of Ukraine begins with two archetypically European encounters. Medieval statehood on the territory of today’s Ukraine, like that of France and England, includes an encounter with Vikings. The men from the north sought to establish a trade route between the Baltic and Black Seas, and used Kiev, on the Dnipro River, as a trading post. Their arrival coincided with the collapse of an earlier Khazar state, and their leaders soon intermarried with the local slavic-speaking population. Thus arose the entity known as Kievan Rus. Like all of the states of medieval eastern Europe, Rus was a pagan entity that did not so much convert to Christianity as choose between its western and eastern variants. Like all of its neighbors, it hesitated between Rome and Byzantine before its rulers chose the latter. Rus was seriously weakened by problems of succession before its destruction was ensured by the arrival of the Mongols in the first half of the thirteenth century.

At this point the history of Rus fragments into parts. Most of the lands of Rus were gathered in by the Grand Duchy of Lithuania, an enormous warrior state with a capital in Vilnius. Its Grand Dukes styles themselves the inheritors of Rus, and adapted many of the cultural achievements of Rus, such as its slavic court language and legal traditions. Although the grand dukes were pagan Lithuanians most of their subjects were eastern Christians. After the grand dukes of Lithuania became, by personal union, the kings of Poland, most of the lands of Ukraine were part of the largest European state. Constitutional reforms of 1569 established this state as a republic known as the Polish-Lithuanian Commonwealth. In this „republic of two nations “the lands of Ukraine were part of the Polish crown, and the lands of Belarus part of the Grand Duchy of Lithuania. In this way a new division was created within the old lands of Rus.

This was the first epoch of oligarchical pluralism in Ukraine. Ukrainian noblemen took part as equals in the representative institutions of the republic, but the vast majority of the population was colonized in large estates that produced grain for export. Local warlords were joined by Polish noblemen as well as Jews, who helped to establish a feudal order in the country. It was in this era that Jews helped to create the small cities remembered as shtetls.

This political system brought the Cossack rebellion of 1648, in which free men who had escaped the system challenged its logic. Fatefully, they allied with a rival state that had roots in ancient Rus, the Duchy of Muscovy. The city of Moscow had been on the eastern frontier of Rus, and unlike most of the territories of Rus it remained under direct Mongol control. Whereas the territories of today’s Belarus and Ukraine were in contact, through Vilnius and Warsaw, with the renaissance and the reformation, neither of these trends reached Moscow. Its break from Mongol rule is dated conventionally at 1480. The Dukes of Moscow, like the Grand Dukes of Lithuania, styled themselves the inheritors of Kiev Rus. They did not however control Kiev for nearly half a millennium after the destruction of that medieval state. For most of the time Kiev was ruled from Vilnius and Warsaw.

The Cossack rebellions began the decline of the Polish-Lithuanian Commonwealth, and created the conditions for the shift of Kiev from Polish to Muscovite rule. In 1667 the lands of today’s Ukraine were divided between the Commonwealth and Muscovy, with Kiev on the Muscovite side. This permitted contact between Muscovy and Europe, and educated elites from Kiev’s university moved north to become professionals and officials in the growing empire. The pattern repeated itself when the Commonwealth was partitioned out of existence by Muscovy (by then known as the Russian Empire), Prussia, and the Habsburg monarchy at the end of the eighteenth century. The Russian Empire, which had no tradition of higher education, exploited literate men trained in Vilnius and Kiev.

In the nineteenth century, the Ukrainian national movement also followed rather typical European patterns. Some of these educated men, lay and clergy, began to rebel against their own biographies and present the subject of history not as the elites but as the masses. The trend began in Kharkiv, and then spread to Kiev and across the Russian-Habsburg border into Lviv. Ukrainian historians of the nineteenth century were leaders among the general European trend of romanticizing the common people, known in Ukraine as populism. This intellectual move also allowed for the imagination of a common Ukrainian nation across the border of the Russian Empire (as Muscovy was now known) and the Habsburg monarchy (where a small territory known as eastern Galicia was home to speakers of the language we would call Ukrainian).

As in the rest of eastern Europe, the Great War brought the end of traditional empire and attempts to establish a national state following the Wilsonian logic of self-determination. But in Ukraine the attempts were multiple, one on the Habsburg lands and one on the lands of the Russian Empire. The first was defeated by Poles, who succeeded in attaching eastern Galicia to their own new state. The second had to contend with both the Red Army and its White opponents, who even as they fought against each other agreed that Ukraine would be part of a larger political unit. Although the Ukrainian national movement was comparable to those of other east European territories, and although people fought and died in larger numbers for Ukraine than for most of the other emergent nation-states after 1918, the outcome was complete failure. After an enormously complicated series of events, in which Kiev was occupied a dozen times, the Red Army was victorious, and a Soviet Ukraine was established as part of the new Soviet Union in 1922.

Precisely because the Ukrainian movement was difficult to suppress, and precisely because Soviet Ukraine was a western borderland of the USSR, the question of its European identity was central from the beginning of Soviet history. Within Soviet policy was an ambiguity about Europe: Soviet modernization was to repeat European capitalist modernity, but only in order to surpass it. Europe might be either progressive or regressive in this scheme, depending upon the moment, the perspective, and the mood of the leader. In the 1920s Soviet policy favored the development of a Ukrainian intellectual and political class, on the assumption that enlightened Ukrainians would align themselves with the Soviet future. In the 1930s Soviet policy sought to modernize the Ukrainian countryside, by collectivizng the land and transforming the peasants into employees of the state. This brought massive resistance from a peasantry that believed in private property, as well as declining yields.

 

 

 

 

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