Inicio > German, Hannah Arendt im Gespräch mit Günter Gaus 1964, Traducciones - Translations - Übersetzungen - Traductions > Hannah Arendt im Gespräch mit Günter Gaus 1964 III // Hannah Arendt en conversación con Günter Gaus 1964 III

Hannah Arendt im Gespräch mit Günter Gaus 1964 III // Hannah Arendt en conversación con Günter Gaus 1964 III

Günter Gaus: Por favor.

Hannah Arendt: Mire, yo me había desenvuelto hasta entonces en un ambiente puramente académico y en este sentido el año 1933 me impactó profundamente. Primero de una manera positiva y luego, negativa. O mejor primero negativamente y luego positivamente. Se tiende a creer que para los judíos alemanes el shock lo supuso la llegada de Hitler al poder. En lo que a mí y a gente de mi generación respecta esto responde a un extraño malentendido. Que la llegada de Hitler al poder fue algo muy duro resulta obvio, pero se trataba de algo político, no personal. No necesitábamos de la llegada de Hitler al poder para saber que los Nazis eran nuestros enemigos. Desde hacía al menos cuatro años esto era algo evidente para cualquiera que no fuera estúpido, igual que sabíamos que el pueblo alemán le apoyaba, a nadie podía pillarle todo esto por sorpresa en 1933….

Günter Gaus: ¿Quiere decir que el shock de 1933 estuvo en que de lo político en general se pasó a lo personal?

Hannah Arendt: No, no del todo. En principio, también eso… En principio lo político en general se tranformaba en un destino personal cuando uno abandonaba el país. Pero en segundo lugar, Ud. conoce el término “Gleichschaltung” o uniformización, que llevó a que los amigos de uno también se uniformizaran. El lado personal del problema no venía por el lado de nuestros enemigos confesos sino por el lado de nuestros amigos. Y la gente en aquella época se puso a uniformizarse voluntariamente de forma masiva, y  no por efecto del terror y  uno lo notaba, sobre todo, en el abandono repentino en el que se le dejaba, como si en torno de uno se generara un vacío. El caso es que yo vivía en un entorno intelectual pero conocía otros y pronto me di cuenta de que en ese entorno intelectual en el que yo me movía la uniformización constituía la regla mientras que en otros no era así. Y esto no he podido olvidarlo y abandoné Alemania con esto muy claro. Tal y como me decía a mí misma en aquella época, de una forma obviamente exagerada: nunca más, nunca más volveré a moverme en entornos intelectuales… Y no es que creyera que un judío alemán o un intelectual judío del este de Europa se habría comportado de modo distinto si hubiera estado en otra situación de la que se encontraba. No. Lo que creía es que una actitud como esa era típica del medio intelectual. Me estoy refiriendo al pasado. Hoy sé más sobre este asunto.

Günter Gaus: Es lo que le quería preguntar:¿Lo cree todavía?

Hannah Arendt: Bueno, mire . no con la misma intensidad. Pero sí que creo que lo esencial de aquella actitud radica en, por decirlo de alguna manera, la disposición de la gente a prestar a cualquier cosa una razón. A ver, si alguien se uniformizaba porque tenía que mirar por su familia, nadie se lo iba a echar en cara. Lo malo era que la gente se daba otras razones y creía en estas razones que se daba. Unos, por un periodo corto, otros, por uno más corto todavía… pero el caso es que atribuían razones a Hitler… razones que a veces podían pasar por increíblemente, extraordinariamente interesantes, complicadísimas razones que se elevaban por encima de lo corriente…Todo esto me parecía grotesco, con esas razones que se daban se metían en su propia trampa, eso diría hoy que fue lo que ocurrió sin que, por aquel entonces, lo viera tan claro.

Günter Gaus: ¿Y, por esto entonces, si la he comprendido bien, que significase tanto para Ud salir absolutamente de ese entorno, del entorno académico para acometer un trabajo social práctico?

Hannah Arendt: El lado positivo sería el siguiente. Por aquel entonces solía repetir una frase de la que aún me acuerdo: “Si a uno se le ataca por ser judío uno se tiene que defender como judío” No como alemán o ciudadano del mundo o en nombre de los derechos humanos sino que tiene que preguntarse muy  concretamente: cómo y qué puedo hacer.

En segundo lugar,  mi deseo entonces era organizarme de hecho. Ante todo organizarme y naturalmente esto sólo lo podía hacer con los sionistas, que eran los únicos verdaderamente preparados. Con los judíos asmilados no hubiera tenido sentido.

Con todo, ni siquiera en aquel tiempo tuve nada que ver con ellos. De la cuestión judía ya me había ocupado antes. Mi libro “Rahel Varnhagen”, en el que abordaba el problema judío, lo terminé antes de abandonar Alemania.

Günter Gaus: ¿No fue este trabajo de investigación un encargo de la Asociación de Ayuda para la Ciencia Alemana?

Hannah Arendt: La Asociación me concedió una beca, efectivamente. Pero ese trabajo lo abordé ya en el sentido de ese “Querer Comprender” del que he hablado antes. No era mi problema personal en tanto judía lo que en él abordaba. En 1933, en cambio, sí que era  mi propio problema, pero se trataba de un problema político, puramente político. Necesitaba involucrarme en un trabajo práctico y judío y fue en esta dirección en la que me moví en Francia.

Günter Gaus: Hasta 1940

Hannah Arendt: Sí.

Günter Gaus: En el transcurso de la segunda guerra mundial llega Ud a los Estados Unidos de América donde trabaja hoy en la Universidad de Chicago como profesora de “Teoría Política”, que  no de “Filosofía” ….

Hannah Arendt: Gracias.

Günter Gaus: … Y vive en Nueva York. Su marido, con quien se casó en 1940, trabaja asimismo como profesor de filosofía en América. La comunidad académica a la que Ud. vuelve a pertenecer después de la decepción de 1933, se ha convertido en internacional. Me gustaría preguntarle si es que echa de menos la Europa- que no volverá- de antes de Hitler desde los Estados Unidos donde ahora vive o cada vez que visita la Europa del presente? ¿Qué es lo que de aquella Europa ha quedado? ¿Qué, lo que se ha perdido para siempre?

Hannah Arendt: ¿La Europa de antes de Hitler…? No, no puedo decir que me inspire ninguna nostalgia. ¿Qué qué es lo que de ella ha quedado? Lo que ha quedado es la lengua.

Günter Gaus: ¿Significa esto mucho para Ud.?

Hannah Arendt: Mucho. Siempre he buscado conscientemente no perder mi lengua materna. Siempre he mantenido cierta distancia respecto al francés, que por entonces hablaba muy bien, y respecto del  inglés, en el que hoy escribo.

Günter Gaus: Es lo que iba a preguntarle. Ud. escribe en la actualidad en inglés.

Hannah Arendt: Escribo en inglés pero, mire Ud, mantengo la distancia. Hay una distancia insalvable entre la lengua materna y las demás. Mi caso no puede ser más claro: en alemán conozco de memoria muchos poemas que siempre están ahí, pululando en el transfondo de mi… “In the back of my mind”… En ninguna otra lengua podría conseguir una cosa así… En alemán puedo permitirme cosas que jamás me permitiría en inglés o ,si me las permito, lo hago porque me he vuelto más desenfadada, pero en general… La lengua alemana es lo  que esencialmente ha quedado y la que me he ocupado conscientemente de mantener. Hay gente…

Günter Gaus: Incluso durante las épocas más amargas….

Hannah Arendt: Siempre. Solía pensar: “Bueno, qué le vamos a hacer, no es la lengua alemana la que se ha vuelto loca” ¿No?

Y, en segundo lugar, no hay lengua que pueda sustituir a la materna. Cierto, se puede olvidar la lengua  materna. Lo he visto. Lo que entonces ocurre es que la gente habla mejor que yo la lengua extranjera. Yo la sigo hablando con un fuerte acento y no utilizo los giros idiomáticos que los demás utilizan. Como consecuencia de ello muchos acaban hablando una lengua en la que un tópico  sucede  a otro porque dichos giros están desconectados de la productividad auténtica de la propia lengua.

Günter Gaus: Cuando menciona casos en los que la lengua materna ha sido olvidada. ¿Tiene Ud. la impresión de que esto pueda ser consecuencia de un deseo de suplantarla?

Hannah Arendt: Sí, a menudo… Lo he visto en gente que estaba traumatizada… Lo decisivo al respecto no fue 1933, no al menos en mi caso. Lo decisivo fue el día en que nos enteramos de Ausschwitz…

Günter Gaus: ¿Cuándo fue eso?

Hannah Arendt: En 1943. Al principio no nos lo creímos aunque mi marido y yo siempre pensamos que esa  banda era capaz de todo. Pero no nos lo creímos debido a que iba contra cualquier necesidad militar, Mi marido, que  entendía de estas cosas , no en vano fue historiador militar, solía decir. “Que no te cuenten historias. Eso es irrealizable”

Al de medio año nos lo creímos porque nos aportaron pruebas y entonces vino el shock. Hasta entonces uno se había dicho: “Bueno, nadie está libre de enemigos en esta vida… Nada más natural. ¿Por qué un pueblo no habría de tenerlos? Eran una banda…Capaz de todo…..”Pero esto era otra cosa, esto era verdaderamente como si un abismo se abriera por debajo de uno  porque uno tenía la sensación que de un modo o de otro cualquier otra cosa podía repararse, tal y como suele encomendarse a la política la tarea de reparar esta clase de cosas. Pero esto no. Esto, como suelo decir, no tenía que haber ocurrido. Y con ello no me refiero al número de víctimas sino a la fabricación de cadáveres etc, huelga que me explaye más. Esto no tenía que haber ocurrido. Nos enfrentábamos a algo irreparable. Con todo lo demás uno se las hubiese arreglado. Cierto que no siempre fue fácil y conocimos la pobreza y fuimos perseguidos y tuvimos que huir y pasar por todo aquello como buenamente pudimos. Sea como fuere, éramos jóvenes y hasta en algún momento nos pudo parecer divertido… No puedo decirlo de otra forma. Esto no. Esto era una cosa muy distinta. Con todo lo demás uno podía arreglárselas.

Günter Gaus: Me gustaría saber, Sra. Arendt, cómo ha evolucionado, si es que lo ha hecho, de 1945 hasta hoy su juicio sobre la Alemania de la posguerra, una Alemania en la que sus principales obras han sido publicadas.

Hannah Arendt: Volví por primera vez a Alemania en 1949 por encargo de una organización judía con el fin de rescatar bienes culturales judíos, libros, mayormente y de la que era gerente, “executive director” como suele decirse. Volvía muy bien predispuesta. Después de 1945 lo que pensaba era que ,pasara lo que pasara en 1933, en comparación con lo que vino después , resultaba insignificante. De acuerdo que la deslealtad de los amigos, por hablar crudamente…

Günter Gaus:….Que Ud. sufrió en persona…

Hannah Arendt: Naturalmente. Mire, si alguien se hacía nazi y se ponía a escribir artículos sobre ello… no hacía falta que se me dirigiera personalmente, pues no iba a volver a dirigirle la palabra y tampoco hacía falta que contactara conmigo puesto que yo ya había roto todo contacto con él. Está claro.

Pero no se trataba de asesinos, se trataba de gente que ,como suelo decir hoy en día, había caído en su propia trampa. No  desearon lo que ocurrió. En función de esto me pareció que en medio del abismo existía una cierta base para hablar y asi fue en mucho de los casos que me atañían personalmente.

Discutí con gente. No estuve especialmente amigable. Tampoco, especialmente cortés. Les dije mi opinión y, de alguna manera, con una serie de personas la cosas volvieron a su cauce. Pero, como digo, se trataba de personas que sólo ocasionalmente, durante unos meses o, en el peor de los casos, durante un par de años, hicieron algo, no eran asesinos ni denunciantes, lo dicho, gente que se habían dado razones.

Claro que la gran experiencia al vover a Alemania, aparte de la experiencia del reconocimiento- el punto en torno al cual gira la tragedia griega, la anagnorisis, punto que de verdad podía experimentarse entonces y que me supuso una gran conmoción- aparte de esto y en segundo lugar, estuvo el hecho de la extraordinaria alegría que me produjo el volver oir hablar alemán en la calle.

Günter Gaus: ¿Con estas sensaciones volvió de Alemania en 1949?

Hannah Arendt: Más o menos así es como volví y hoy, cuando las cosas vuelven, digamos, que  a tomar un curso más estable, la distancia se ha hecho mayor de lo que entonces era bajo esa conmoción.

Günter Gaus: ¿Porque siente que en Alemania las cosas han tomado un curso estable demasiado apresuradamente?

Hannah Arendt: Mmmm, si, y un curso que no siempre me parece el mejor. Aunque no me siento responsable sino que lo veo todo desde fuera, lo que quiere decir que mi implicación hoy es mucho menor que en el pasado. Puede que la razón haya que buscarla en el tiempo transcurrido. Quince años no son pocos. ¿No?

Günter Gaus: Bitte.

Hannah Arendt: Sehen Sie, ich kam aus einer rein akademischen Tätigkeit und in der Hinsicht hat das Jahr 1933 bei mir ein sehr nachhaltigen Eindruck gemacht. Und zwar erstens positiv und zweitens negativ.Oder eher ich möchte sagen, erstens negativ und zweitens positiv. Man denkt heute oft, dass der Schock der Deutschen Juden 1933 sich damit erklärt, dass Hitler die Macht ergriff. Nun, was mich und Menschen meiner Generation betrifft kann ich sagen, dass es eine kuriöse Missverständnis ist. Das war natürlich sehr schlimm, aber es war politisch, es war nicht persönlich. Dass die Nazis unsere Feinde sind, mein Gott, wir brauchten doch bitte schon nicht, Hitlers Machtergreiffung  um das  zu  wissen, das war doch seit mindestens vier Jahren, jeder Menschen, der nicht schwachsinnig war, völlig evident und dass ein grosser Teil des Deutschen Volkes dahinter stand, ja das wussten wir ja auch, davon konnten wir doch nicht 33 schockartig überrascht sein….

Günter Gaus: Sie meinen der Schock lag im Jahr 33 darin, dass es vom  allgemeinen Politischen ins Persönliche gewendet hat?

Hannah Arendt: Nein, nicht Mal. Erst, das auch… Erstens würde das allgemein Politische ja ein persönliches Schicksal, also wenn man herausging. Zweitens, aber wissen Sie ja was Gleichschaltung ist, und das hiess, dass die Freunde sich gleichschalteten. Es hat doch nie mal das Problem, das persönliche Problem, war doch nicht etwas was unsere Feinde taten, sondern was unsere Freunde taten. Nun gut. Was damals in der Welle von Gleichschaltung, die ja ziemlich freiwillig war, jedenfalls noch nicht unter dem Druck des Terrors, vor allen Dingen aber in dem plötzlichen Verlassen. Es war als ob es sich ein leerer Raum um einen bildete. Nun ich lebte in einem intelektuellen Milieu, und ich kannte aber auch andere Menschen und ich konnte verstehen, dass unter Intelektuellen, das sozusagen die Regel war und unter den anderen nicht. Und die Geschichte habe ich nie vergessen und mit einer Sache  ging ich raus aus Deutschland. Wie ich damals dachte, natürlich immer etwas übertreibend, nie wieder, ich rühre nie wieder irgendeine intelektuelle Geschichte, ich will mit dieser Gesellschaft  nichts zu tun…. Ich war ja natürlich nicht der Meinung, dass also ein Deutscher Jude, oder ostjüdischer Intelektueller, wenn sie in einer anderen Situation gewesen wären als in der sie waren, sich wesentlich anders verhalten hätten, der Meinung war ich nicht. Ich war der Meinung, das hängt mit diesem Beruf zusammen. Ich spreche in der Vergangenheit. Ich weiss heute mehr darüber als damals.

Günter Gaus: Ich wollte Sie fragen, glauben Sie das noch?

Hannah Arendt: Ja, wissen Sie, nicht mehr in dieser Schärfe. Aber dass es im Wesen dieser ganzen Sache liegt, dass man sich sozusagen, zu jeder Sache etwas einfallen lassen kann … Die Leute sind doch… Sehen Sie, dass jemand sich gleichschaltete weil er für Frauen, Kind, zu sorgen hat. Das hat nie ein Menschen Übel genommen. Das Schlimme war doch, dass die dann wirklich daran glaubten…..für kurze Zeit…manche für sehr kurze Zeit….Das heisst, zu Hitler fiel ihm was ein……und zum Teil ungeheuer interessanten Dinge, ganz phantastischen, interessanten und komplizierten und hoch über dem Gewöhnlichen wohl schwebenden Dinge , das habe ich als grotesk empfunden. Das heisst, die gingen ihren eigenen Einfällen in die Falle, würde ich heute sagen. Das ist das was passiert ist. Das habe ich damals nicht zu übersehen.

Günter Gaus: Und deswegen lag ein besonderer Wert, wenn ich Sie recht verstehe, für Sie darin, aus diesen Kreisen von denen Sie damals ganz absolut Abschied nehmen wollten, ganz radikal, aus diesen Kreisen, aus der akademischen Arbeit in eine praktische Sozialarbeit zu kommen.

Hannah Arendt: Jetzt die positive Seite ist folgendes. Ich habe damals immer wieder gesagt einen Satz, darauf besinne ich mich: “Wenn man als Jude angegriffen ist, muss man sich als Jude verteidigen.” Nicht als Deutsche oder als Bürger der Welt oder der Menschenrechte oder so, sondern ganz konkret, wie kann ich, was kann ich machen?

Zweitens, wenn…Ich will also auf jeden Fall, jetzt will ich mich an der Tat organisieren. Zum ersten Mal und organisieren natürlich bei den Zionisten, denn es waren ja die einzigen, die bereit waren. Ich meine, bei den Assimilanten das wurde es ja keinen Sinn gehabt.

Ich habe damit übrigens wirklich nichts damit zu tun gehabt. Mit der Judenfrage selber habe ich mich vorher beschäftigt. Die “Rahel Varnhagen” war fertig, als ich Deutschland verliess und da spielt das Judenproblem ja eine Rolle.

Günter Gaus: Ist ja diese Forschungsarbeit nicht im Auftrag der Hilfsgemeinschaft…?

Hannah Arendt: Die Notgemeinscaft hat mir damals… Ja, ich habe ein Stipendium von der Notgemeinschaft gehabt, ist ein übliches Stipendium.. Aber das habe ich damals auch im Sinne “Ich will verstehen”, es war nicht mein persönliches Judenproblem, mit dem  ich da erörterte. Aber jetzt war es mein eigenes Problem und mein eigenes Problem war politisch, rein politisch. Ich wollte in die praktische Arbeit und ich wollte nur in die jüdische Arbeit. Und in diesem Sinne habe ich mich dann in Frankreich orientiert…

Günter Gaus: Bis zum Jahre 1940?

Hannah Arendt: Ja

Günter Gaus: Sie sind im Zweiten Weltkrieg dann in die Vereinigten Staaten von Amerika gelangt, wo Sie heute als Professorin für “politische Theorie” nicht “Philosophie” in Chicago arbeiten.

Hannah Arendt: Danke.

Günter Gaus: … In New York wohnen. Ihr Mann den Sie 1940 geheiratet haben ist ebenfalls als Philosophie Professor in Amerika tätig. Nun ist die akademische Provinz, der Sie inzwischen wieder angehören nach der Enttäuschung aus dem Jahr 1933, international. Dennoch möchte ich Sie fragen, ob  Ihnen das Europa der vor Hitler- Zeit, das es nie wieder geben wird, fehlt, wenn Sie in Amerika sind oder wenn Sie nach Europa kommen. Was ist geblieben? Und Was ist unrettbar verloren?

Hannah Arendt: Das Europa der vor Hitler- Zeit… Ich habe keine Sehnsucht. Das kann ich nicht sagen. Was ist geblieben? Geblieben ist die Sprache.

Günter Gaus: Das bedeutet viel für Sie?

Hannah Arendt: Sehr viel. Und ich habe immer bewusst abgelehnt, die Muttersprache zu verlieren. Ich habe immer eine gewisse Distanz behalten sowohl zum Französischen, das ich damals sehr gut sprach, wie zum Englischen, das ich ja heute schreibe.

Günter Gaus: Das wollte ich  fragen. Sie schreiben heute in Englisch

Hannah Arendt: Ich schreibe in Englisch aber ich habe die Distanz. Sehen Sie, es ist ein ungeheuer Unterschied zwischen Muttersprache und allen anderen Sprachen. Bei mir kann ich das furchtbar einfach sagen: Im Deutschen kenne ich einen ziemlich grossen Teil Deutscher Gedichte auswendig. Die sind, die bewegen sich da immer, irgendwie im Hinter….”In the back of my mind”…. Das ist natürlich nie wieder zu erreichen…Im Deutschen erlaube ich mir Dinge, die ich mir im Englischen nicht erlauben würde, mir jetzt manchmal auch schon erlaube, weil ich frech geworden bin, aber im Allgemeinen habe ich… Die Deutsche Sprache ist das Wesentliche was geblieben ist und was ich auch bewusst immer gehalten habe. Es gibt Leute…

Günter Gaus: Auch während der bittersten Zeit….

Hannah Arendt: Immer. Ich habe mir gedacht. Ja, also, was soll man denn machen. Es ist ja nicht die Deutsche Sprache, die verrückt geworden ist….Nicht wahr?

Und zweitens, es gibt keinen Ersatz für die Muttersprache. Man kann die Muttersprache vergessen. Das ist wahr. Ich habe es gesehen. Was dann ensteht ist dass die Leute sprechen die fremde Sprache besser als ich. Ich spreche immer noch mit einem sehr starken Akzent und ich spreche oft nicht wie man bei uns sagt “idiomatisch”. Das können die alle. Es wird eine Sprache, wo ein Klischee das andere jagt, weil nämlich die eigentliche Produktivität, die man in der eigenen Sprache hat abgeschnitten ist, indem man diese Sprache vergaβ.

Günter Gaus: Wenn Sie von Fällen gesprochen haben, die Sie getroffen haben, wo die Muttersprache vergessen wurde. War dieses nach Ihrem Eindruck die Folge einer Verdrängung?

Hannah Arendt: Ja, sehr oft… Ich habe das gesehen bei Leuten schockartig, nämlich… Wissen Sie, das Entscheidende ist ja nicht 1933, jedenfalls für mich nicht. Das Entscheidende ist der Tag gewesen, an dem wir von Ausschwitz erfuhren….

Günter Gaus: Wann war das?

Hannah Arendt: Das war 1943 und erst haben wir es nicht geglaubt, obwohl mein Mann und ich eigentlich immer…..sagen wir “trauen der Bande alles zu”. Dies haben wir nicht geglaubt, auch weil es ja gegen alle militärischen Notwendigkeiten und Bedürfnisse war. Mein Mann versteht- ist ehemaliger Militärhistoriker- versteht etwas von der Dinge, hat gesagt “lass dich nicht keine Geschichte einreden. Das können sie nicht mehr, nicht wahr””

Dann haben wir es ein halbes Jahr später doch geglaubt, weil es uns bewiesen wurde und das ist der eigentliche Schock gewesen. Wissen Sie, vorher hat man sich gesagt: “Ja, man hat Feinde in der Welt……… Ist doch ganz natürlich. Warum soll ein Volk keine Feinde haben? Das ist eine Bande…..Alles Mögliche………” Aber dies ist anders gewesen, das war wirklich als ob der Abgrund sich offen………, weil man irgendwie die Vorstellung gehabt hat: Alles andere hätte gut irgendwie noch einmal gutgemacht werden können. Wie in der Politik ja alles irgendwie einmal wieder gutgemacht werden können muss. Dies nicht. Dies hätte nie geschehen dürfen, wie ich immer sage und damit meine ich nicht die Zahl der Opfer, sondern ich meine die Fabrikation der Leichen.. u.s.w. Ich brauche mich ja doch nicht weiter erzählen lassen. Dies hätte nicht geschehen dürfen. Da ist irgendetwas passiert womit wir alle nicht mehr fertig werden. Und mit allen anderen Sachen, muss ich sagen, die da passiert sind, das war manchmal ein bisschen schwierig und man war sehr arm und man war verfolgt, man musste fliehen und man musste sich durchschwindeln und was immer, nicht?……wie das also ist….. Wir waren jung, mir hat es sogar ein bisschen Spaβ gemacht…. Das kann ich nicht gar nicht anders sagen. Dies nicht. Dies war etwas ganz anders. Mit all dem anderen konnte man persönlich fertig werden.

Günter Gaus: Ich würde gerne von Ihnen hören, Frau Arendt, auf welche Weise, wenn, Ihr Urteil über das Nachkriegsdeutschland, das Sie oft besucht haben und in dem Ihre wichtigsten Werken erschienen sind, sich gewandelt hat von 1945 bis heute.

Hannah Arendt: Ich bin zum ersten Mal wieder nach Deutschland 1949 gekommen. Damals im Auftrag einer Jüdischen Organisation für die Rettung Jüdischer Kulturgüter, Bücher, im Wesentlichen. Eine Organisation, die ich damals leitete, was man sagt “executive director”, ist ja egal. Ich kam mit sehr gutem Willen. Sehen Sie, meine Überlegung seit 1945 war die folgende: Was immer 1933 geschehen ist, ist eigentlich angesichts dessen, was dann geschah unerheblich. Gewiss, die Treulosigkeit der Freunde, wenn man es so böse sagen darf….

Günter Gaus:…. Die Sie persönlich erfahren haben.

Hannah Arendt: Natürlich…Ja, wissen Sie, wenn einer wirklich Nazi wurde und dann Artikel darüber schrieb…. Da brauchte er sich mir gegenüber… habe ich sowieso nicht mit ihm wieder gesprochen, er brauchte sich bei mir nicht mehr zu melden, er war ja abgemeldet. Das ist doch klar.

Aber das waren ja alles keine Mörder. Das waren ja nur Leute, wie ich heute sagen würde, die in ihre eigenen Fallen gegangen waren. Dies hatten sie auch nicht gewollt. Infolgedessen, schien mir, dass gerade in diesem Abgrund sich eine Basis geben sollte und das ist auch in vielen persönlichen Dingen durchaus der Fall gewesen.

Ich habe mich mit Leuten auseinandergesetzt. Ich bin nicht sehr freundlich. Ich bin nicht sehr höflich. Ich sage meine Meinung und so weiter aber irgendwie haben sich die Dinge wieder in Ordnung gezogen mit einer Reihe von Leuten.Wie gesagt, das sind ja alles nur Leute, die gelegentlich, ein paar Monate oder schlimmstenfalls, ein paar Jahre irgendwas gemacht haben, weder Mörder noch Denunzianten, wie gesagt, Leute, den was eingefallen war.

Aber, dann, natürlich, das grosste Erlebnis wenn man nach Deutschland zurückkommt, abgesehen von dem Wiedererkenntnis-Erlebnis, das ja in der Griechischen Tragödien immer der Drehpunkt der Handlung ist. Die Anagnosis. Das konnte man da wirklich einmal erleben, was das eigentlich ist, das ist eine grosse Erchüttterung.

Zweitens, dass es auf der Strasse Deutsch gesprochen wurde, hat mich unbeschreiblich gefreut. Ja.

Günter Gaus: Mit dieser Vorstellung kamen Sie 1949

Hannah Arendt: So ungefähr kam ich und heute, wo ja die Dinge wieder alle in ein festes Gleis, sagen wir einmal, gekommen sind, da sind die Abstände eher grösser geworden als sie vorher waren, als sie damals waren, in dieser Erschütterung.

Günter Gaus: Weil Sie die Verhältnisse, die Dinge hierzulande, für Ihr Gefühl zu schnell wieder in ein festes Gleis geraten sind?

Hannah Arendt: Mmmm…ja…und auch manchmal natürlich in ein Gleis, das ich nicht bejahe, wobei ich mich nicht verantwortlich fühle, sondern ich sehe es von auβen und, das heisst, ich bin heute viel weniger beteiligt, als ich damals noch war. Das kann doch ja auch an der Zeit liegen, Hören Sie,  fünfzehn Jahre ist ja auch kein Pappenstiel, nicht wahr?

  1. Aún no hay comentarios.
  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: