Inicio > German, Hannah Arendt im Gespräch mit Günter Gaus 1964, Traducciones - Translations - Übersetzungen - Traductions > Hannah Arendt im Gespräch mit Günter Gaus 1964 II // Hannah Arendt en conversación con Günter Gaus 1964 II

Hannah Arendt im Gespräch mit Günter Gaus 1964 II // Hannah Arendt en conversación con Günter Gaus 1964 II

 

Hannah Arendt:… Sí, fue en Berlín. Después tuve que mentirle porque no podía dejar que la organización cayera. Le conté toda clase de historias. Y él me decía “Yo la he metido en esto y yo la voy a sacar. No coga ningún abogado. Los judíos andan ahora escasos de dinero. Ahorre el que tenga.”  La organización se había ocupado entretanto de conseguirme un abogado, naturalmente a través de sus miembros, y de este abogado me deshice enseguida porque opté por confiar en ese hombre que me había detenido- con esa expresión suya abierta y tan decente- pensando que mi mejor oportunidad estaba con él  y no con ningún abogado, que, a su vez, iba a estar lleno de miedo.

Günter Gaus: Y fue puesta en libertad y consiguió dejar Alemania.

Hannah Arendt: ¡Claro que sí! Me pusieron en libertad pero de Alemania huí ilegalmente porque las cosas seguían igual, así que crucé la frontera de forma ilegal.

Günter Gaus: A la especie de admonición que Scholem le hacía en la correspondencia que mantuvo con él diciéndole que “Bien haría Ud. en considerarse siempre un miembro del pueblo judío”  Ud., Sra. Arendt, replica claramente, y cito de nuevo, “ Ser judío es un hecho incontrovertible en mi vida. Nunca he pretendido querer cambiar este hecho, ni siquiera en la infancia.” O sea que daba Ud. claramente a entender que para Ud .esta cuestión estaba clara y que a ese respecto le sobraban las admoniciones.

Me gustaría plantearle algunas preguntas en referencia a esto.

Ud. nació en Hannover, hija de un ingeniero, y se crió en Königsberg. ¿Podría referirme sus recuerdos de lo que para un niño en Alemania suponía el proceder de una familia judía?

Hannah Arendt: Bueno, mire Ud., no me veo capaz de responder creíblemente a esa pregunta de una forma general, sólo  refiriéndola a mis circunstancias personales. Así que dígame entonces qué es lo que quiere: ¿El aspecto general o el personal?

Günter Gaus: Me gustaría saber lo que Ud… Ante todo, si me permite, sus recuerdos personales.

Hannah Arendt: Si eso es lo que quiere…No fue en casa donde supe que era judía. Mi madre no era para nada religiosa.

Günter Gaus: Su padre murió pronto

Hannah Arendt: Mi padre murió pronto. Todo parece en principio un poco raro. Mi abuelo era el presidente de una asociación liberal y era concejal en Königsberg. Procedo de una vieja familia de Königsberg.A pesar de ello nunca escuché la palabra “judío” cuando era niña, una niña pequeña. La primera vez que me topé con ella fue en la calle a a través de comentarios antisemitas, que no merecen que nos detengamos sobre ellos, comentarios de niños de la calle…A partir de ahí , digamos que me di por “ilustrada”… En este sentido…

Günter Gaus: ¿Le supuso esto un shock ?

Hannah Arendt: No.

Günter Gaus: ¿Llegó a pensar “Ahora soy alguien especial”?

Hannah Arendt: Bueno, verá, eso es otra cosa. Para mí no fue ningún shock. Me decía: “Bueno, es lo que hay, ¿No?”

¿Que si llegué a pensar que “ Soy alguien especial”? Pues sí y explicarle esto hoy no me resulta posible…

Günter Gaus: ¿Qué  le pasaba por la cabeza…?

Hannah Arendt: ¿Qué me pasaba por la cabeza? Pienso objetivamente que ello guarda relación con el hecho de ser judía. De niña, una niña ya un poco más mayor, me daba cuenta de que mi apariencia era distinta, de que mis rasgos eran judíos, o sea de que mi aspecto exterior era distinto del de los demás. Esto lo tenía muy presente, aunque no en la forma de un complejo de inferioridad sino de algo que era simplemente así… Y luego estaba mi madre, el hogar familiar, del que puede decirse que fue un poco diferente a lo que era normal. Había en él algo especial, también respecto a los hogares de otros niños judíos o de otros niños de la familia, y ese algo especial era difícil que un niño lo comprendiera.

Günter Gaus: Entiendo…

Hannah Arendt: Pero es incuestionable que jugó un papel.

Günter Gaus: Me gustaría que precisara algo más que era ese “algo especial” que atribuye a su hogar familiar, sobre todo a su madre. Al decir que su madre no se sintió en la necesidad de enseñarle a qué pueblo pertenecía hasta el punto de que tuvo que ser “ilustrada” acerca de ello en la calle, ¿Quiere esto decir que la conciencia de ser judía, la misma que reivindica en la carta a Scholem, se había perdido para su madre, que para ella no jugaba esa conciencia papel alguno y que en su caso podía hablarse de una asimilación acabada o de la ilusión de creer que así era?

Hannah Arendt. Mi madre no era una persona con una disposición teórica. No creo que a ella le pasara nada por la cabeza a este respecto. Ella procedía de un ambiente socialdemócrata, de los círculos en torno a la “Revista Socialista Mensual”. Igual que mi padre, pero sobre todo mi madre y la cuestión de la conciencia de ser judía no jugó ningún papel en su caso. Era judía como la cosa más natural. Nunca me hubiese bautizado y me hubiera dado dos bofetadas si me hubiera encontrado negando  mi condición de judía.

Era algo que no se problematizaba, algo fuera de cuestión. En los años veinte, en los de mi juventud, el asunto cobra una importancia mucho mayor que la que tuvo para mi madre. Y,  siendo yo ya adulta,  el asunto jugaría un papel mucho más importante también para ella de lo que lo tuvo en el pasado. Esto lo explican las circunstancias externas. Yo, por ejemplo, no creo haberme considerado nunca alemana en el sentido de pertenencia a un pueblo- y no en el de pertenencia a un Estado, valga la diferencia- y me acuerdo de que en torno a los años 30 mantenía intensas discusiones sobre esto con, por ejemplo, Jaspers. Este me decía “ Pues claro que es Ud. alemana” y yo le decía “No, no soy alemana”. Pero tampoco esto tenía para mí mayor importancia. No era ello fuente de un sentimiento de inferioridad. Y si he de volver a ese “algo especial” del hogar familiar, ya en él se nos preservó contra un sentimiento así. Mire, el antisemitismo se cebó con muchos niños y a muchos de ellos les envenenó el alma. En nuestra casa la diferencia estuvo en que mi madre siempre lo tuvo claro: no hay que doblegarse, hay que defenderse. Asi que si, digamos,  en clase el profesor hacía comentarios antisemitas, aunque la mayoría no se dirigieran personalmente a mí sino a otras alumnas judías, del este de Europa, por ejemplo, pues ya en casa se nos indicaba lo que teníamos que hacer: levantarnos del pupitre, salir de clase, venir a casa y levantar cuidada acta de todo. Después mi madre se ponía a escribir una de las muchas cartas certificadas que tuvo que escribir y la cosa para mí acababa ahí, con un día sin colegio del que poder disfrutar. Cuando la cosa venía de otros niños, entonces no se debía contar en casa, esto no era lo suyo, lo suyo entonces era defenderse uno mismo de los ataques de otros compañeros. Asi que todas estas cosas nunca me supusieron ningún problema. Había un código de conducta en casa con arreglo al cual uno sabía proteger su dignidad y defenderse.

Günter Gaus: Ud estudió en Marburg, Heidelberg y Freiburg “Filosofía” con los profesores Heidegger, Bultmann y Jaspers y, complementariamente, “Teología” y “Griego”. ¿Cómo vino a decidirse por estos estudios?

Hannah Arendt: Bueno, verá, también yo me he planteado esta pregunta. Sólo puedo decir que la Filosofía era cosa ya decidida desde mis catorce años.

Günter Gaus: ¿Por qué?

Hannah Arendt: Bueno, había leído a Kant. Claro que ahora puede preguntarme que por qué había leído a Kant. Para mí, en realidad, el asunto se reducía a poder estudiar flosofía o  morirme, por así decirlo. Pero no porque no me gustara la vida sino por esa necesidad de comprender que he mencionado antes.

Günter Gaus: Sí, la necesidad de comprender

Hannah Arendt: La tuve desde muy pronto y desde muy pronto tuve facilidades… Los libros estaban todos en casa… Los cogía de la biblioteca y ya estaba.

Günter Gaus: Además de Kant se acuerda especialmente de otras lecturas.

Hannah Arendt: Pues sí. “Psicología de las cosmovisiones” de Jaspers, que creo apareció en 1920. Tenía por aquel entonces… trece años

Günter Gaus: Catorce…

Hannah Arendt: Catorce, trece… Luego leí a  Kierkegaard  y lo uno encajaba con lo otro…

Günter Gaus: ¿De ahí la teología?

Hannah Arendt: Eso es. Los temas se fueron encadenando, pues me pareció que ambos estaban estrechamente unidos. Me intimidaba un  poco cómo se las arreglaría una en ese terreno de la teología siendo judía, de qué modo tendría una que proceder, no tenía ni idea… El caso es me vi inmersa  en unas preocupaciones que enseguida se disiparían.

El Griego es otra cosa. Siempre me gustó mucho la poesía griega y la poesía ha jugado un papel muy importante en mi vida asi que añadí el griego como segunda especialidad  porque me era además lo  más cómodo, pues ya era capaz de leerlo.

Günter Gaus: …!Impresiona¡

Hannah Arendt: No..

Günter Gaus: De verdad…

Hannah Arendt: No, bueno…

Günter Gaus: Este talento intelectual, Sra. Arendt, tan temprano puesto en práctica ¿Le llevó alguna vez , en tanto alumna y estudiante, a sentirse dolorosamente separada del comportamiento normal que veía a su alrededor?

Hannah Arendt: Si, mire, hubiese sucedido así de haber sido yo consciente de ello pero yo pensaba que todo el mundo era igual que yo.

Günter Gaus: ¿Cuándo cayó en la cuenta de este error?

Hannah Arendt: Muy tarde, no quiero decirlo, me da vergüenza. Era increíblemente ingenua. Tiene que ver con la educación que recibí en casa, supongo. Nunca se hablaba de estas cosas en casa, no se mentaban las calificaciones. Quien se pusiese a mentarlas era considerado un mediocre. En casa cualquier sombra de ambición era considerada como algo mediocre. Y bueno, en cualquier caso, yo no era consciente de todo esto. De hacérseme se me hacía consciente alguna vez como un sentimiento de lejanía respecto de la gente.

Günter Gaus: ¿Un sentimiento de lejanía cuyo origen lo situaba en Ud.?

Hannah Arendt: Si, exclusivamente en mí. Pero no tiene que ver con el talento, nunca lo relacioné con él.

Günter Gaus: ¿En ocasiones, digamos que en sus años más jóvenes, le hizo sentir ese sentimiento de lejanía una especie de menosprecio por los demás?

Hannah Arendt: Sí, así fue, desde muy pronto. Puede efectivamente que desde muy pronto y no pocas veces yo misma sufría por el hecho de sentirlo. Ya sabe: no se debe menospreciar a nadie, nadie tiene el derecho a hacer eso, este tipo de cosas.

Günter Gaus: En 1933 después de dejar Alemania se fue a Paris donde trabajó en una organización que se encargaba de buscar alojamiento para jóvenes judíos en Palestina. ¿Puede contarme algo más sobre esto?

Hannah Arendt: Si, bueno, me llevaría demasiado lejos… Le contaré lo que aquello era. Se trataba de la “Juventud Aliyah”, una organización fundada en Alemania a iniciativa de Recha Freier en 1932 y a la que, obviamente, en 1933 se le acumuló el trabajo y cuya responsable en América era Henrietta Szold, que luego lo sería en Palestina.Esta organización se encargaba de llevar a Palestina a niños-aunque yo de niños no me ocupé nunca- y jóvenes de entre trece y dieciste años para sacarlos de Alemania y alojarlos en los Kibbutzim. De ahí que conozca relativamente bien esta forma de asentamiento.

Günter Gaus: Y desde una época muy temprana…

Hannah Arendt: Desde una época muy temprana. Me inspiraba un profundo respeto lo que esta gente hacía. A los niños se les daba formación laboral y escolar. En Francia la situación era tal que a los hijos de los refugiados cuando a los catorce años acababan el colegio no se les daba permisos de trabajo ni de formación asi que se desviaban certificados hacia Fancia para estos hijos de  refugiados, entre los cuales a veces yo colaba a alguno polaco, por la preferencia que solía darse a los que venían de Alemania.

Y todo esto lo hacía con sumo gusto. Era un trabajo social regular, un trabajo de educación, en grandes instalaciones en el campo donde a los niños se les preparaba, donde recibían clases, dónde aprendían las labores del campo, donde por encima de todo debían ganar peso, donde se les vestía, se les daba de comer, se les proveía de documentación en regla, se trataba con sus padres, se
buscaban fuentes de dinero, tarea esta de la que me hice cargo ampliamente. Trabajé mano a mano con mujeres francesas… Estas eran más o menos las actividades… Bien…¿Quiere ahora que le cuente cómo tomé esta resolución a partir de lo que hasta entonces había hecho?

Hannah Arendt:… Und das war in Berlin. Ich habe dann leider ihm belogen  müssen, denn ich dürfte ja die Organisation nicht hochgehen lassen. Habe ich ihm phantastische Geschichten erzählt. Und er sagte immer “Ich habe Sie hereingebracht, ich kriege Sie auch wieder raus. Nehmen Sie keinen Anwalt. Die Juden haben doch jetzt kein Geld. Sparen Sie Ihr Geld.” Inzwischen hatte die Organisation für mich einen Anwalt besorgt. Natürlich wieder durch die Mitglieder und diesen Anwalt schickte ich weg, weil ich mich auf diesen Mann, den mich verhaftet hatte- so ein offenes, anständiges Gesicht- ich verlieβ mich und dachte “Das ist meine viel bessere Chance als irgendein Anwalt, der ja doch bloβ Angst hatte”

Günter Gaus: Und sie kamen raus und könnten Deutschland verlassen.

Hannah Arendt: Natürlich. Ich kam raus, musste aber illegal, weil die Sache natürlich weiterging. Und musste dann illegal über die grüne Grenze.

Günter Gaus: In dem schon erwähnten Briefwechsel,  Frau Arendt, haben Sie eine Art Mahnung Scholems “Sie möchten selbst, sich doch bitte als Angehörige des Jüdischen Volks stets betrachten” mit einer klaren Fesstellung zurückgewiesen, nämlich, ich zitiere wieder: “Jude sein gehört für mich zu dem unbezweilfelbaren Gegebenheiten meines Lebens und ich habe an solchen Faktizitäten niemals etwas ändern wollen, nicht einmal in der Kindheit”. Das heisst, Sie haben also ganz klar festgestellt, dass es für Sie darüber nie etwas zu fragen gab und auch keinen Mahnungbedarf.

Dazu hätte ich gerne einige Frage gestellt.

Sie sind 1906 in Hannover als Tochter eines Ingenieurs geboren und in Königsberg aufgewachsen. Können Sie mir aus Ihrer Erinnerung erzählen, was es seinerzeit für ein Kind in Deutschland bedeutet hat, aus einer Jüdischen Familie zu stammen.

Hannah Arendt: Sehen Sie, in dieser Allgemeinheit, könnte ich die Frage nicht wahrheitsgemäβ beantworten, wenn ich sie auf mich persönlich zuschneide. Also jetzt müssen Sie mir sagen. Was wollen Sie, die allgemeine oder die persönliche?

Günter Gaus: Ich würde gern wissen was Sie…. Zunächst einmal, wenn Sie mir mal erlauben, Ihre persönliche Erinnerung.

Hannah Arendt: Wenn Sie die erste Sache ….Ich habe vom Hause aus nicht gewusst, dass ich Jude bin. Meine Mutter war gänzlich arreligiös.

Günter Gaus: Ihr Vater ist früh gestorben.

Hannah Arendt: Mein Vater ist früh gestorben Erst klingt alles sehr komisch…Mein Grossvater war der Präsident der liberalen Gemeinde und Stadtverordneter von Königsberg, ich komme aus einer alten Königsberger Familie. Trotzdem, das Wort ist bei uns nie gefallen als ich ein Kind war, ein kleines Kind war, und es würde mir zum ersten Mal entgegenbracht, durch antisemitische Bemerkungen-es lohnt sich nicht zu erzählen- von Kindern auf der Strasse, ……. Daraufhin würde ich also sozusagen aufgeklärt. Also, in diesem Sinne…

Günter Gaus: War das für Sie  ein Schock?

Hannah Arendt: Nein.

Günter Gaus: Hatten Sie das Gefühl, jetzt bin ich etwas Besonderes.

Hannah Arendt: Ja, sehen Sie, das ist eine andere Sache. Ein Schock war es für mich gar nicht. Ich dachte: “Na, ja, so ist es, nicht?”

“Habe ich das Gefühl gehabt, dass ich etwas Besonderes bin?” Ja, und das kann ich Ihnen heute nicht mehr auseinanderklamüsern…

Günter Gaus: Welche Vorstellung…?

Hannah Arendt: Welche Vorstellung…? Ich bin der Meinung objektiv, dass das mit dem Jüdischsein zusammenhängt. Ich wusste, zum Beispiel, als Kind, ein etwas älteres Kind jetzt, dass ich Jüdisch aussehe, dass heisst, dass ich anders aussehe als die anderen. Das war mir sehr bewusst, aber nicht in der Form einer Minderwertigkeit, sondern des Wahrgenommens……….Und dann meine Mutter, mein Elternhaus also, sozusagen, war ein bisschen anders als das gewöhnlich ist. Es war so viel Besonderes daran, auch gegenüber den anderen Jüdischen Kindern oder den  Kindern aus der Familie sogar, dass es schwer zu verstehen war, wo war nun das Besondere, für ein Kind….

Günter Gaus: Ich verstehe…

Hannah Arendt: Aber dass das irgendeine Rolle gespielt hat. Keine Frage.

Günter Gaus: Ich würde gerne, das was Sie das Besondere Ihres Elternhauses vor allem wohl dann Ihrer Mutter genannt haben, etwas erläutert bekommen. Wenn Sie sagen, dass für Ihre Mutter, es nie eine Notwendigkeit gegeben hatte, bis Ihnen das auf der Strasse zustiesst, Sie über diese Volkszugehörigkeit aufzuklären, bedeutet das, dass die Bewusstheit Jude zu sein, die Sie für sich in dem Brief an Scholem reklamieren, Ihrer Mutter verloren gegangen war, für Sie gar keine Rolle mehr spielte, war hier eine Assimilation geglückt oder gab sich Ihre Mutter der Täuschung hin, dass sie geglückt sei?

Hannah Arendt: Meine Mutter war theoretisch nicht sehr veranlagt. Dass Sie da irgendwelche spezielle Vorstellung gehabt hat, glaube ich nicht. Sie selber kommt aus der sozialdemokratischen Bewegung, aus dem Kreis um die sozialistischen Monatshefte, mein Vater auch, aber vor allen Dingen meine Mutter, und die Frage hat   keine Rolle für sie gespielt. Sie war selbstverständlich Jude. Sie würde mich nie getauft haben. Ich nehme an, sie würde mich rechts und links geohrfeigt haben, wäre ich sie je dahintergekommen, dass ich etwa verleugnend täte, Jude zu sein.

Kam nicht auf die Platte sozusagen. Kam gar nicht in Frage. Die Frage selber hat  natürlich in den zwanziger Jahren, in den ich jung war, eine viel grössere Rolle gespielt als für meine Mutter. Und für meine Mutter, später, als ich erwachsen war, auch eine viel grössere Rolle als vorher in ihrem Leben. Das liegt aber an den äuβeren Umständen. Ich zum Beispiel, glaube nicht, dass ich mich je als Deutsche im Sinne der Volkszugehörigkeit, nicht der Staatszugehörigkeit, wenn man den Unterschied macht, betrachtet habe und ich bessine mich darauf, dass ich so um das Jahre 30 herum, darüber bereits erbitterte Diskussion, zum Beispiel, mit Jaspers hatte. Er sagte “Natürlich sind Sie Deutsche”. Ich sagte  “Nein, Deutsche, bin ich keine”. Das hatte aber für mich keine Rolle gespielt. Ich habe das nicht etwa als Minderwertigkeit empfunden. Das gerade war nicht der Fall und das, wenn ich nur einmal darauf zurückkommen darf, auf das Besondere des Elternhauses. Sehen Sie, der Antisemitismus ist allen jüdischen Kindern begegnet und er hat die Seelen vieler Kinder vergiftet. Der Unterschied bei uns war, dass meine Mutter immer auf dem Standpunkt stand, man darf sich nicht ducken. Man muss sich wehren. Wenn, also, sagen wir mal, von den Lehrern antisemitische Bemerkungen gemacht wurden, meistens, gar nicht mit Bezug auf mich, sondern in Bezug auf andere Jüdische Schülerinnen, zum Beispiel, östjüdische Schülerinnen, … dann war ich angewiesen von zu Hause, sofort aufzustehen, die Klasse zu verlassen, nach Hause zu kommen, alles genau zum Protokoll zu geben. Dann schrieb meine Mutter einen ihrer vielen eingeschriebenen Briefe und die Sache war für mich natürlich völlig erledigt, ich hatte ein Tag Schulfrei und war doch ganz schön. Wenn es von Kindern kam, habe ich es zu Hause nicht erzählen dürfen, das galt nicht, was von Kindern kommt, dagegen wehrt man sich selber und so sind diese Sachen für mich nicht zum Problem geworden. Es gab Verhaltensmaβregeln, in denen ich, sozusagen, meine Würde behielt und geschutzt war, absolut geschutzt, zu Hause.

Günter Gaus: Sie haben in Marburg, Heidelberg und Freiburg studiert bei den Professoren Heidegger, Bultmann und Jaspers, im Hauptfach “Philosophie” und daneben “Theologie” und “Griechisch”. Wie ist es zu dieser Studienwahl gekommen?

Hannah Arendt: Ja, wissen Sie, das habe ich mir auch oft überlegt. Ich kann dazu nur sagen: “Philosophie” stand fest, seit meinem vierzehnten Lebensjahr.

Günter Gaus: Warum?

Hannah Arendt: Ja… Ich hatte Kant gelesen. Dann können Sie fragen, warum haben Sie denn Kant gelesen. Und für mich, war es eine Frage, irgendwie: entweder kam ich Philosophie zu studieren oder ich gehe ins Wasser sozusagen. Aber nicht weil ich das Leben nicht liebte sondern, ich sagte vorhin, dieses Verstehen müssen.

Günter Gaus: Ja, das Bedürfnis zu verstehen.

Hannah Arendt: Das war sehr früh schon da und das liegte sich dann auch sehr früh schon … Sehen Sie…Die Bücher gab es alle zu Hause…Die zog man aus der Bibliothek…

Günter Gaus: Haben Sie auβer Kant Lektüre-Erlebnisse, an die Sie sich besonders erinnern.

Hannah Arendt: Ja. Erstens Jaspers “Psychologie der Weltanschauungen” erschien, glaube ich,1920. Da war ich…dreizehn

Günter Gaus: Vierzehn…

Hannah Arendt: Vierzehn, dreizehn…Daraufhin las ich Kierkegaard und das hat sich dann gekoppelt….

Günter Gaus: Dann von daher die Theologie?

Hannah Arendt: Ja, das hat sich dann so gekoppelt, dass das Beides für mich zusammengehörte. Ich hatte dann nur bedenken: wie man es denn nur macht wenn man Jude ist, nicht?…Wie das vor sich geht?…Ich hatte doch keine Ahnung, nicht?…Und da hatte ich schwere Sorgen, die sich dann ohne Weiteres beheben liessen

Griechisch ist eine andere Sache. Ich habe immer sehr griechische Poesie geliebt. Und Dichtung hat in meinem Leben eine sehr grosse Rolle gespielt und da nahm ich Griechisch dazu, weil das am bequemsten war. Das las ich sowieso…nicht?

Günter Gaus: Oh, ja… Respekt.

Hannah Arendt: Nein….

Günter Gaus: Ja, doch…

Hannah Arendt: Nein, also…

Günter Gaus: Ihre intellektuelle Begabung, Frau Arendt, so früh erprobt. Sind Sie von ihr als Schülerin und junge Studentin, auf einer vielleicht schmerzliche Weise gelegentlich vom normalen Verhalten Ihrer Umgebung getrennt worden?

Hannah Arendt: Ja, wissen Sie, das hätte so sein müssen, wenn ich es gewusst hätte. Ich war der Meinung  “ So sind alle…”

Günter Gaus: Wann ist Ihnen dieser Irrtum bewusst geworden?

Hannah Arendt: Ziemlich spät, ich will es nicht sagen. Ich schäme mich. Ich war unbeschreiblich naif… Das lag zum Teil an der häuslichen Erziehung, nicht. Es würde nie darüber gesprochen, es würde nie über Zensuren gesprochen, nicht? Das galt als minderwertig. Jeder Ehrgeiz galt als minderwertig, zu Hause. Und ja, jedenfalls, war mir die Sache nicht bewusst. Sie war mir wohl bewusst, manches Mal, als eine Art von Fremdheit unter den Menschen.

Günter Gaus: Eine Fremdheit, von der Sie glaubten Sie gehe von Ihnen aus?

Hannah Arendt: Ja, ausschliesslich. Hat aber nichts mit Begabung zu tun. Habe ich nie mit der Begabung gekoppelt.

Günter Gaus: Resultierte daraus gelegentlich…..sagen wir zum Beispiel, in Ihren jungen Jahren, eine Art Verachtung für die Anderen?

Hannah Arendt: Ja, das gab vor, das war schon sehr früh da. Das könnte schon sehr früh sein und unter solcher Verachtung habe ich schon mals mehr gelitten. Nämlich, dass man das eigentlich nicht soll, dass man das eigentlich nicht darf…usw.

Günter Gaus: Als Sie 1933 Deutschland verlassen haben, sind Sie nach Paris gegangen, wo Sie in einer Organisation arbeiteten, die jüdische Jugendliche in Palästina unterzubringen versuchte. Können Sie mir darüber etwas erzählen?

Hannah Arendt: Ja, wissen Sie, ich will Ihnen darüber, das würde mich zu weit………Ich will Ihnen sagen was ich weiss, es war die “Jugend Aliyah”, eine Organisation, die in Deutschland auf Veranlassung von Recha Freier gegründet worden war und zwar schon 32 und dann 33 natürlich ganz gross wurde und dann von Henrietta Szold in Amerika geführt wurde. Organisatorisch Recha Freier in Deutschland., Henrietta Szold dann in Palästina. Diese Organisation brachte jüdische Jugendliche und auch Kinder, aber bei Kindern, damit habe ich nichts zu tun gehabt, zwischen dreizehn und siebzehn nach Palästina, damit sie aus Deutschland, und hat sie doch  in  die Kibbuzim untergebracht. Daher kenne ich diese Siedlung eigentlich verhälnismäβig gut.

Günter Gaus: Und aus einer sehr frühen Zeit.

Hannah Arendt: Aus einer sehr frühen Zeit. Und habe  damals einen sehr grossen Respekt davor gehabt: wie diese Sache vor sich ging- Die Kinder empfingen eine Berufsausbildung und Schulausbildung. Nun, in Frankreich lag die Sache so, dass die Flüchtlingskinder, wenn sie vierzehn Jahre alt waren und die Schule beendet keine Arbeits-und keine Berufausbildungserlaubnis bekamen und infolgedessen wurden Zertifikate nach Frankreich abgezweigt für Flüchtlingskinder und ich habe hier und da polnische Kinder untergeschmuggelt, weil das natürlich auf eine Bevorzugung der aus Deutschland stammenden herauslief.

Und das habe ich mit einem sehr grossen Vergnügen gemacht. Das war eine reguläre Sozialarbeit, Erziehungsarbeit, grosse Lager auf dem Land, wo die Kinder vorbereitet wurden , wo sie auch Stunden hatten, wo sie lang arbeiten werden, wo sie vor allen Dingen zunehmen mussten, man musste sie vom Kopf bis Fuβ anziehen, man musste für sie kochen, man musste eigent…man musste vor allen Dingen für sie Papiere beschaffen, man musste mit den Eltern verhandeln, man musste sich vor allen Dingen auch, Geld besorgen, das blieb mir auch noch, weitgehend überlassen. Ich habe mit französischen Frauen zusammengearbeitet…Also das war ungefähr die Tätigkeit…Nun… Aber der Entschluβ überhaupt aus der Tätigkeit vorher…Wollen Sie oder nicht?

  1. Aún no hay comentarios.
  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: