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Hannah Arendt im Gespräch mit Günter Gaus 1964 // Hannah Arendt en conversación con Günter Gaus 1964

Günter Gaus: Es Ud., Sra. Arendt, la primera mujer cuya semblanza trazamos en este programa. La primera mujer, aunque ciertamente con un oficio que, desde hace mucho tiempo, se asocia a la idea de un trabajo masculino. Es Ud.  filósofa.

Permítame a partir de esta reseña dirigirle mi primera pregunta. A pesar del respeto y del reconocimiento del que goza ¿Se considera Ud. una rara avis en el gremio de los filósofos o constituye éste un problema de emancipación que a Ud. nunca se le ha planteado?

Hannah Arendt: Me temo que antes que nada tengo que protestar. No pertenezco al gremio de los filósofos. De serlo, el trabajo que desempeño es el de la teoría política. No me siento de ninguna manera una filósofa. Contra lo que Ud. amistosamente sugiere, tampoco se me ha acogido, no lo creo así, en el gremio de los filósofos.

Pero yendo a la otra pregunta que aborda en su reseña al decir que “desde hace mucho tiempo se asocia a un trabajo masculino”. De acuerdo pero tampoco tiene por qué seguir siendo así. Puede perfectamente suceder  que una mujer también sea filósofa…

Günter Gaus: Yo la tengo a Ud. por tal.

Hannah Arendt: Si, bueno, contra eso nada puedo hacer, pero si se me permite decir lo que pienso…

Günter Gaus: Adelante….

Hannah Arendt: Lo que pienso es que no soy  filósofa. Me despedí de la filosofía  para siempre. Como Ud. sabe, la estudié, pero esto no implica que me quedara ahí.

Günter Gaus: Me alegro de que toquemos este punto, pero me gustaría que me dijera donde está para Ud. la diferencia entre su trabajo como profesora de teoría política y la filosofía política, donde ve Ud. esta diferencia. Si evoco algunas de sus obras, por ejemplo  “Vita Activa” no puedo dejar de pensar en Ud. como filósofa, mientras no me diga la diferencia exacta que Ud. traza entre una y otra.

Hannah Arendt: Mire Ud., la diferencia reside en la cosa misma. La expresión “Filosofía política”,que procuro evitar, está lastrada por el peso de la tradición… Cuando, académicamente o no, hablo sobre estas cosas suelo decir que entre la filosofía y la política hay una tensión y que esta tensión se corresponde con la que hay en el individuo en tanto criatura contemplativa y criatura que actúa… Una tensión que en la filosofía natural, por ejemplo, no se da. Respecto a la naturaleza el filósofo está en una situación igual que el resto de los hombres. Cuando sobre ella habla, lo hace en nombre de la humanidad. Frente a la política, en cambio,  su posición no es neutral, desde Platón.

Günter Gaus: Vale. Entiendo lo que quiere decir

Hannah Arendt: Si exceptúamos unos pocos- a Kant habría que exceptuarlo- a la mayor parte de los filósofos la política les provoca animadversión, una animadversión que da cuenta del fenómeno   y que no es nada personal sino que está en la naturaleza misma de la cosa.

Günter Gaus: ¿Y Ud. cree que esa animadversión llegaría a pesar sobre su trabajo y es por eso que no quiere participar de ella?

Hannah Arendt: No participo de ella porque lo que quiero es más bien ver la política con unos ojos que no estén empeñados por la filosofía.

Günter Gaus: Comprendo… Volviendo sobre el asunto de la emancipación. ¿Se le planteó a Ud. esta cuestión?

Hannah Arendt: Bueno, el problema como tal se da siempre y yo….Yo estoy, de hecho, chapada a la antigua. Siempre he creído que hay determinados trabajos que no son apropiados para las mujeres, que no les van bien, por decirlo de alguna manera. No queda bien ver a una mujer impartiendo órdenes. Si lo que quiere es conservar sus cualidades femeninas, no debería ocupar puestos que le obliguen a ello. Inconsciente, o mejor, conscientemente esto es lo que me ha guiado en mayor o menor medida. Personalmente el problema en sí no ha jugado ningún papel en mi vida. He hecho sencillamente lo que me gustaba hacer. Nunca me he puesto a pensar si lo que hacía era una cosa que habitualmente hacían los hombres y que ahora era una mujer quien la hace… Una cuestión así  personalmente nunca me ha afectado.

Günter Gaus: Comprendo. Sus obras, sobre las que más tarde volveremos más en detalle, se dirigen a conocer las condiciones bajo las cuales ven la luz la acción y el comportamiento políticos.

¿Busca en sus obras tener un efecto amplio sobre el público o cree que un efecto como éste en nuestra época ya no es posible o ni una cosa ni otra y considera esto sencillamente una cuestión secundaria?

Hannah Arendt: La verdad es que de nuevo … Si le soy completamente sincera. Cuando trabajo no me interesa el efecto que mi trabajo va a tener.

Günter Gaus: ¿Y cuando el trabajo está acabado,  entonces sí?

Hannah Arendt: Cuando el trabajo está acabado, está acabado. Lo que a mí me parece lo más importante, tal como lo veo, si dejamos al margen que nadie se conoce a sí mismo, que nadie debe mirar en sus propias cartas, que nadie debe ponerse a hacer lo que justamente yo estoy haciendo con Ud…Si damos todo esto por sentado, entonces, lo que para mí resulta esencial es la necesidad que tengo de comprender.

Y escribir forma parte de este comprender. El escribir va incluido en el proceso de comprensión.

Günter Gaus: ¿Escribir le sirve para seguir comprendiendo.?

Hannah Arendt: Así es. Porque al escribir se van poniendo en claro ciertas cosas. Supongamos que tuviera una muy buena memoria de manera que me acordara de todo lo que pensara, dudo mucho que, conociendo mi pereza, entonces me pusiera a anotar nada.

Günter Gaus: ¿Si tuviera semejante memoria…?

Hannah Arendt: Efectivamente… Como no la tengo… Lo que quiero decir es que lo que a mí me importa es el proceso mismo del pensamiento. Y personalmente. Cuando lo consigo desplegar, personalmente me siento muy satisfecha. Cuando consigo expresarlo por escrito de una manera adecuada, de nuevo esto me provoca satisfacción. Y Ud. me pregunta ahora sobre el efecto de mis obras. Si volvemos sobre esta primera pregunta y si se me permite ser irónica, le diré que esa es una pregunta típica de un hombre. A los hombres les encanta eso de que sus obras tengan efectos. A mí esto, en cierto modo, me es ajeno. Yo lo que quiero es comprender y cuando me encuentro con otras personas que comprenden en el mismo sentido que yo, entonces esto me provoca una satisfacción parecida a la que puede proporcionar un sentimiento de pertenencia.

Günter Gaus: Ya… Volviendo a la escritura. ¿Le cuesta escribir? ¿O le resulta fácil?

Hannah Arendt: A veces me cuesta y otras me resulta fácil. Pero fundamentalmente no escribo nunca sin, por decirlo de algún modo, habérmelo dictado previamente.

Günter Gaus: Se pone a escribir a partir de lo previamente pensado.

Hannah Arendt: Antes de saber a ciencia cierta no escribo nada… Lo que escribo la mayor parte de las veces no es más que una transcripción de lo pensado y entonces va relativamente rápido porque no depende de hecho más que de la velocidad a la que puedo teclear.

Günter Gaus: La teoría política, su preocupación por el comportamiento y la acción políticas ocupan, hoy, el centro de su obra. Teniendo esto presente me resulta particularmente interesante lo que tuve ocasión de leer en la correspondencia epistolar que Ud. mantuvo con el profesor israelí Scholem. En ella escribía Ud, si se me permite la cita, “que en su juventud no le interesaban ni la historia ni la política”

Ud, Sra Arendt, siendo judía, emigró de Alemania en 1933. Por aquel entonces tenía veintiséis años. Fueron estos hechos la causa de que se empezara Ud. a interesar por la política y pusiera fin a su despreocupación por la política y la historia?

Hannah Arendt: Obviamente sí. Sobre ello puede hablarse largo y tendido, pero en 1933 esa despreocupación ya no era posible, no lo era ya desde antes.

Günter Gaus: ¿Se acabó entonces esa despreocupación antes?

Hannah Arendt: Naturalmente. Leía los periódicos con interés, tenía opiniones. No pertenecía a ningún partido y tampoco tuve nunca ninguna gana de afiliarme a ninguno. Más o menos desde 1931 estaba firmemente convencida de que los Nazis se harían con el mando y por aquel entonces  discutía constantemente de todas estas cosas con otras personas.

Pero que me llegara a ocupar temáticamente de ellas, esto sólo ocurriría tras la emigración.

Günter Gaus: En relación a lo que acaba de decir me gustaría además preguntarle: su convicción desde 1931 de que los Nazis llegarían al poder ¿No le empujó a querer entrar en algún partido para hacer algo que lo impidiera? ¿O pensaba que una cosa así ya no tenía sentido?

Hannah Arendt: Personalmente pensaba que no tenía ya sentido. Aunque sea muy difícil afirmar estas cosas a posteriori, creo que si hubiera creído que tenía aún sentido hacer algo, hubiera hecho algo, pero no tenía ninguna esperanza.

Günter Gaus: ¿Recuerda algún suceso preciso a partir del cual pueda fechar su orientación hacia la actividad política?

Hannah Arendt: Si, en cierto sentido, el 27 de febrero de 1933, el incendio del parlamento y las detenciones ilegales, las llamadas “detenciones preventivas”, que en la misma noche le siguieron… Después a la gente se las llevó a los sótanos de la Gestapo o a los campos de concentración. Lo que entonces empezó fue monstruoso aunque en comparación con lo que vino después pueda parecer menor. Para mí esto supuso un shock y desde ese momento me sentí responsable. Ya no pensaba que uno pudiera limitarse a observar. Intenté ayudar y lo que entonces de modo inmediato, si se me permite contar algo que nunca antes he contado por la poca importancia que tiene…

Günter Gaus: Por favor…

Hannah Arendt: Lo que de modo inmediato en Alemania… Sea como fuere, yo tenía ya la intención de emigrar. Enseguida vi que los judíos no podían quedarse. No tenía intención de quedarme en Alemania como ciudadano de segunda clase, fuera cual fuera la forma en que esto se me presentara. Pensaba además que las cosas iban a ir a peor. A pesar de ello al final no me retiré sin dar guerra y, debo decir, que esto me tranquilizó el ánimo… Me apresaron, tuve que abandonar el país ilegalmente- enseguida se lo contaré- Y todo esto me tranquilizó. Pensaba: al menos he hecho algo, al menos no soy inocente, que es lo peor que de alguien puede decirse… Y la oportunidad para ello me la dieron los sionistas con uno de cuyos líderes de entonces, su presidente, Kart Blumenfeld mantenía una estrecha amistad. Pero yo no era sionista y tampoco intentaron convertirme en una.

Con todo, naturalmente que me influyeron, sobre todo su crítica, la autocrítica que los sionistas desplegaron dentro del pueblo judío. Esto me influyó y me impresionó aunque políticamente nada tuve que ver. En 1933 Blumenfeld y otra persona, que Ud no conoce, se me acercaron y me dijeron que querían hacer una colección de todas las expresiones antisemitas que se reproducían a los niveles más bajos, digamos, en asociaciones de profesores, en toda clase de gremios profesionales, de revistas especializadas, algo de lo que en el extranjero no se tenía noticia. Ningún sionista podía ponerse a hacer una colección de este tipo de material al que se le daba el nombre de “Propaganda del rencor”, porque bastaba que cogieran a uno para que toda la organización cayera detrás de él. Esto estaba claro.

Günter Gaus: Obviamente.

Hannah Arendt: Cómo podía ponerme a ello… Estaba muy satisfecha. Por un lado, me parecía todo ello muy razonable y por otro se me presentaba la oportunidad de poder hacer algo.

Günter Gaus: Y por esta actividad le arrestaron.

Hannah Arendt: Así es. Me cogieron. Tuve mucha suerte. Al de ocho días, creo, me soltaron. Me hice amiga del policía que me arrestó. Era un tipo encantador. Al principio estaba en la policía criminal y fue ascendido n luego a la policía política. No tenía ni idea de lo que tenía que hacer. Solía decirme “normalmente tengo a alguien sentado a mi lado, miro lo que hace y entonces ya sé de qué va… pero ¿Qué voy a hacer con Ud.? Nunca antes me he encontrado….” Bueno, pues eso

Günter Gaus:¿Todo esto sucedió en Berlín?

Günter Gaus: Frau Hannah Arendt, Sie sind die erste Frau, die in dieser Reihe porträtiert werden soll. Die erste Frau, wenn noch freilich mit einer nach langläufiger Vorstellung höchst männlichen Beschäftigung. Sie sind Philosophin.

Darf ich von dieser Vorbemerkung zu meiner ersten Frage kommen. Empfinden Sie Ihre Rolle im Kreise der Philosophen trotz der Anerkennung und des Respekts den man Ihnen zollt, als eine Besonderkeit oder berühren wir damit ein Emanzipationsproblem, das für Sie nie existiert hat?

Hannah Arendt: Ich furchte ich muβ erst. mal protestieren. Ich gehöre nicht in den Kreis der Philosophen. Mein Beruf., wenn man davon überhaupt sprechen kann ist  politische Theorie. Ich fühle mich keineswegs als Philosophin, ich bin auch nicht, ich glaube nicht, in dem Kreis der Philosophen aufgenommen, wie sie freundlicherweise meinen.

Aber wenn wir auf die andere Frage zu sprechen kommen, die Sie in der Vorbemerkung anschnitten. Sie sagen “es ist langläufig eine männliche Beschäftigung” Nun es braucht ja nicht eine männliche Beschäftigung zu bleiben. Es könnte ja durchaus sein, dass auch eine Frau einmal  eine Philosophin sein…..

Günter Gaus: Ich halte Sie für eine solche.

Hannah Arendt: Ja, also, dagegen kann ich nichts machen aber ich selber darf auch doch eine Meinung äuβern

Günter Gaus: Ich bitte darum……

Hannah Arendt: ……… und meine Meinung ist , dass ich keine Philosophin bin.

Ich habe meiner Meinung nach der Philosophie doch endgültig valid gesagt. Ich habe Philosophie studiert wie Sie wissen, aber das besagt ja noch nicht, dass ich dabei geblieben bin.

Günter Gaus: Aber ich würde dennoch gerne, ich bin sehr froh, dass wir auf diesen Punkt gekommen sind. Ich würde dennoch gerne von Ihnen genauer wissen, wo Sie den Unterschied zwischen Ihrer Arbeit als Professorin für politische Theorie und der Philosophie über politische Fragen, wo Sie diesen Unterschied genau sehen, wenn ich also an eine Reihe Ihrer Werke denke, etwa an die “Vita Activa” dann möchte ich Sie doch unter “Philosophie” rubrizieren dürfen, solange Sie mir nicht, worum ich Sie sehr bitte, den Unterschied, den Sie für sich ziehen genauer definieren.

Hannah Arendt: Sehen Sie, der Unterschied liegt eigentlich in der Sache selbst. Der Ausdruck “politische Philosophie”, den ich verrmeide, dieser Ausdruck ist auch so eigentlich vorbelastet, ducrh die Tradition…Wenn ich über diese Dingen spreche, akademisch oder nicht akademisch, so erwähne ich immer, dass es zwischen Philosophie und Politik eine Spannung gibt, nämlich zwischen dem Menschen insofern er ein philosophierendes und dem  Menschen insofern er ein handelndes Wesen ist……eine Spannung gibt, die es in diesem Sinne, sagen wir bei Naturphilosophie, nicht gibt. Der Philosoph steht der Natur gegenüber, eigentlich, wie alle anderen Menschen auch, wenn er darüber denkt, spricht er im Namen der ganzen Menschheit. Er steht nicht neutral der Politik gegenüber, seit Plato nicht…

Günter Gaus: Oh, ja, ich verstehe was Sie meinen…

Hannah Arendt: Es gibt eine Reihe von Feindseligkeiten gegen die Politik bei den allerrmeisten Philosophen, ganz wenige ausgenommen, Kant ist ausgenommen, die, für diesen ganzen Komplex auβerordentlich wichtig ist, weil es keine Personalgeschichte ist. Es liegt im Wesen der Sache selber.

Günter Gaus: Und Sie wollen an diese Feindseligkeit gegenüber der Politik keinen Teil haben, weil Sie glauben, dass das Ihre Arbeit belasten würde?

Hannah Arendt: Ich will an eine Feindseligkeit keinen Teil haben, das heiβt, ich will eher  Politik sehen mit von der Philosophie gewissermaβen ungetrübten Augen.

Günter Gaus: Ich verstehe…Noch einmal auf die Emazipationsfrage. Hatte es dieses Problem für Sie gegeben?

Hannah Arendt: Ja, also, das Problem, als solches, gibt es natürlich immer und ich bin immer dann…. Ich bin eigentlich altmodisch gewesen. Ich war immer der Meinung , es gibt bestimmte Beschäftigungen, die sich für Frauen nicht schicken, die ihnen nicht stehen, wenn ich einmal  so sagen darf. Es sieht nicht gut aus, wenn eine Frau Befehle erteilt. Sie soll versuchen nicht  in solche Positionen zu kommen, wenn ihr daran liegt, weibliche Qualitäten zu behalten. Ob ich damit Recht habe oder nicht, weiss ich nicht.Ich selber habe ich irgendwie, mehr oder minder, irgendwie unbewusst, auch…oder sagen wir besser, mehr oder minder bewusst, danach gerichtet. Das Problem selber hat für mich persönlcih keine Rolle gespielt. Sehen Sie, ich habe einfach gemacht, was ich gern machen wollte. Ich habe mir nie überlegt, ob ich eine Frau,  das nur mache, das was gewöhnlich Männer machen, nur jetzt macht es eine Frau oder so… Das hat mich eigentlich persönlich nicht berührt.

Günter Gaus: Ich verstehe. Ihre Arbeiten, wir werden auf Einzelheiten sicherlich noch kommen, ist in wichtigen Teilen auf die Erkenntnis gerichtet unter denen…….darauf gerichtet  die Bedingungen zu erkennen, unter denen politisches Handeln und Verhalten zustande kommen.

Wollen Sie mit diesen Arbeiten eine Wirkung auch in der Breite erzielen oder glauben Sie , dass eine solche Wirkung in der heutigen Zeit gar nicht mehr möglich ist oder ist Ihnen so einen Breiteneffekt nebensächlich?

Hannah Arendt: Wissen Sie, das ist wieder so eine Sache…wenn ich eher ganz ehrlich sprechen soll, dann wenn ich arbeite, bin ich an Wirkungen nicht interessiert….

Günter Gaus: Wenn die Arbeit fertig ist.

Hannah Arendt: Ja, dann bin ich damit fertig. Was für mich wirklich wesentlich ist, wie mir scheint, ich möchte sagen, alle diese Dingen mit der Einschränkung, dass kein Mensch sich selbst kennt, dass man sich nicht selber in die Karten gucken soll, dass man eigentlich so etwas nicht machen sollte, was ich eben mit Ihnen mache….

Wenn wir das alles einmal unterstellen, dann möchte ich sagen: was für mich wesentlich ist, ich muss verstehen.

Zu diesem Verstehen gehört bei mir auch das Schreiben. Das Schreiben ist noch mit in dem Verstehensprozess.

Günter Gaus: Wenn Sie schreiben dient es, Ihrem eigenen weiteren  Erkennen.

Hannah Arendt: Ja, weil jetzt bestimmte Dinge festgelegt sind. Nehmen wir an, man hätte ein sehr gutes Gedächtnis, so dass man wirklich alles behält, was man denkt. Ich zweifle sehr daran, da ich meine Faulheit kenne, dass ich je irgendetwas notiert hätte.

Günter Gaus: Wenn Sie ein solches Gedächtnis hätten?

Hannah Arendt: Ja…Habe ich nicht, das heiβt, worauf es mir ankommt, ist der Denkprozess selber, persönlich, wenn ich das habe, bin ich persönlich ganz zufrieden. Wenn es ist mir dann gelingt im Schreiben adequat es auszudrücken, bin ich auch wieder zufrieden. Jetzt fragen Sie über die Wirkung. Wenn wir  auf die erste Frage zurückkommen, und wenn ich ironisch reden darf, es ist eine männliche Frage. Männer wollen immer furchtbar gern wirken und ich sehe das gewissermaβen von auβen. Ich selber wirken, nein. Ich will verstehen und wenn andere Menschen verstehen im selben Sinne wie ich verstanden habe, dann gibt mir das eine Befriedigung wie ein Heimatsgefühl.

Günter Gaus: Ja…Noch einmal zum Schreiben. Schreiben Sie leicht? Formulieren Sie leicht?

Hannah Arendt: Manchmal ja, manchmal nein. Aber an und für sich. Ich schreibe niemals bevor ich nicht sozusagen, abschreibe.

Günter Gaus: Aus dem schon Vorgedachten schreiben Sie…

Hannah Arendt: Ich weiss genau was und bevor schreibe ich nicht deshalb…Ich schreibe meistens nur eine Niederschrift und das geht dann verhältnismässig rasch, weil es ist eigentlich nur davon abhängig, wie rasch ich tippe.

Günter Gaus: Die Beschäftigung mit der politischen Theorie, mit politischem Handeln und Verhalten steht also im Mittelpunkt Ihrer Arbeit heute. Unter diesen Umständen, scheint mir besonders interessant was ich in einem Briefwechseln gefunden habe, den Sie mit dem Israelischen Profesor Scholem gehabt haben. Daran haben Sie geschrieben, wenn ich zitieren darf “dass Sie sich in der Jugend weder für Geschichte noch für Politik interessierten.”

Sie sind, Frau Arendt, 1933 als Judin aus Deutschland emigriert, damals waren Sie sechsundzwanzig Jahre Alt. Hat Ihre Beschäftigung mit der Politik das Aufhören des “Désinteressements” an Politik und Geschichte einen ursächlichen Zusammenhang mit diesen Vorgängen?

Hannah Arendt: Ja, selbstverständlich. Ich meine, darüber liesse sich lange eher reden. 1933 war diese “Désinteressements” nicht mehr möglich, es war schon vorher nicht mehr möglich.

Günter Gaus: Und hatte auch vorher bei Ihnen schon  aufgehört?

Hannah Arendt: Ja, natürlich.Ich habe doch mit Spannung Zeitungen gelesen, ich habe doch Meinung gehabt. Ich habe keiner Partei angehört, Ich habe auch doch gar kein Bedürfnis danach gehabt. Ich war zum Beispiel, seit ungefähr 1931, fest überzeugt, dass die Nazis ans Ruder kommen würden und ich habe doch ständig auch Auseinadersetzungen mit anderen Menschen über diese Probleme gestanden.

Aber das ich thematisch mich mit diesen Dingen befasst, habe ich eigentlich erst nach der Emigration.

Günter Gaus: Ich habe eine Zusatzfrage zu dem, was Sie eben gesagt haben. Ausgehen von der Überzeugung, seit 1931, dass der Machantritt der Nazis sich nicht verhindern lassen würde, hatte sie nicht gedrängt aktiv dagegen durch Antritt in einer Partei etwas zu tun? Oder haben Sie dies nicht mehr für sinnvoll gehabt?

Hannah Arendt: Nein, ich persönlich hielt es nicht für sinnvoll. Wenn ich es für sinnvoll gehalten hätte, das ist alles sehr schwer nachträglich zu sagen, hätte ich vielleicht etwas gemacht. Ich hielt das für hoffnungslos.

Günter Gaus: Gibt es in Ihrer Erinnerung ein exaktes Vorkommens, von dem an Sie Ihre Hinwendung zur Politik datieren könnten?

Hannah Arendt: Ja, wissen Sie, im gewissen Sinne kann ich sagen, am 27 Februar 1933 Reichstagsbrand und die darauf in der selben Nacht erfolgenden, illegalen Verhaftungen, die so genannten, Schutzhaften… Danach, Sie wissen, die Leute kamen in Gestapokeller oder in Konzentrationsläger. Was dann losging , war ungeheuerlich und ist heute von den späteren Dingen oft überblendet worden. Dies war für mich ein unmittelbarer Schock und von dem Moment an habe ich mich verantwortlich gefühlt. Das heisst, ich war nicht mehr der Meinung, dass man jetzt einfach zusehen kann. Ich habe versucht zu helfen in manchen Dingen, aber das was mich dann unmittelbar, wenn ich das erzählen darf, ich habe es niemals erzählt ,weil es ja auch ganz belanglos ist.

Günter Gaus: Bitte erzählen Sie….

Hannah Arendt: Was mich dann unmittelbar aus Deutschland…Ich war…. Ich hatte sowieso die Absicht zu emigrieren, ich war sofort der Meinung, Juden können nicht bleiben. Ich hatte nicht die Absicht, sozusagen, Deutschland als Staatsbürger zweiter Klasse herumzulaufen, in welcher Form auch immer. Ich war ausserdem der Meinung, dass die Sachen immer schlimmer werden würden. Trotzdem bin ich schliesslich nicht auf so friedliche Weise abgezogen und ich muss sagen, ich hatte eine gewisse Befriedigung… Ich wurde verhaftet, mustte illegal das Land verlassen-Ich erzähle es Ihnen gleich- Ich hatte sofort eine Befriedigung darüber,…Ich dachte, wenigstens habe ich was gemacht, wenigstens bin ich nicht unschuldig, das sollen wir keiner nachsagen…. Nun die Gelegenheit dazu gab mir damals die zionistische Organisation, ich war mit einigen der führenden Leuten damals, vor allen Dingen den damaligen Präsidenten, Kart Blumenfeld, sehr eng befreundet, aber ich war keine Zionistin ,hat auch nicht versucht mich dazu zu machen.

Immerhin war ich natürlich im gewissermassen davon beeinflusst, nämlich in der Kritik, in der Selbstkritik, die die Zionisten im jüdischen Volk entfaltet haben. Davon war ich beeinflusst, davon war ich beeindrückt, aber politisch hatte ich nichts damit zu tun. Nun, 33, tratt Blumenfeld und ein anderer, den Sie nicht kennen, an mich heran und sagten zu mir: wir wollen eine Sammlung anlegen, alle antisemitischen Äuβerungen auf untere Ebene, also sagen wir mal, Lehrervereine, alle Arten von Berufsvereinen, alle möglichen Fachszeitschriften, dasjenige was im Ausland nicht bekannt wird. Diese Sammlung zu veranstalten, das viel damals unter Grollpropaganda, wie man es nannte, das konnte kein Mensch machen, der bei den Zionisten organisiert war, weil wenn er hochging, die Organisation hochging. Es ist doch klar.

Günter Gaus: Natürlich.

Hannah Arendt: Wie soll ich das machen, so, natürlich…war sehr zufrieden. Erstens schien mir das sehr vernünftig und zweitens hatte ich das Gefühl, man kann doch irgendwas tun.

Günter Gaus: Sie sind im Zusammenhang mit dieser Arbeit verhaftet.

Hannah Arendt: Ja, da bin ich hochgegangen, habe ein sehr grosses Glück gehabt….. Bin ich, glaube ich, nach acht Tagen rausgekommen, weil der Kriminalbeamte, der mich verhaftete, mit dem freundete ich mich an. Und das war ein reizender Kerl, der war ursprünglich von der Kriminalpolizei in die politische Abteilung avanciert. Er hatte keine Ahnung, was sollte er, da sagte er mir immer, “gewöhnlich habe ich doch ja jemand vor mir setzen, da sehe ich bloβ nah, dann weiss ich schon, was das ist….Was tue ich mit Ihnen? So was habe ich doch….Na, ja, also…

Günter Gaus: Das war in Berlin?

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