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Hannah Arendt im Gespräch mit Günter Gaus 1964 III // Hannah Arendt en conversación con Günter Gaus 1964 III

diciembre 29, 2013 1 comentario

Günter Gaus: Por favor.

Hannah Arendt: Mire, yo me había desenvuelto hasta entonces en un ambiente puramente académico y en este sentido el año 1933 me impactó profundamente. Primero de una manera positiva y luego, negativa. O mejor primero negativamente y luego positivamente. Se tiende a creer que para los judíos alemanes el shock lo supuso la llegada de Hitler al poder. En lo que a mí y a gente de mi generación respecta esto responde a un extraño malentendido. Que la llegada de Hitler al poder fue algo muy duro resulta obvio, pero se trataba de algo político, no personal. No necesitábamos de la llegada de Hitler al poder para saber que los Nazis eran nuestros enemigos. Desde hacía al menos cuatro años esto era algo evidente para cualquiera que no fuera estúpido, igual que sabíamos que el pueblo alemán le apoyaba, a nadie podía pillarle todo esto por sorpresa en 1933….

Günter Gaus: ¿Quiere decir que el shock de 1933 estuvo en que de lo político en general se pasó a lo personal?

Hannah Arendt: No, no del todo. En principio, también eso… En principio lo político en general se tranformaba en un destino personal cuando uno abandonaba el país. Pero en segundo lugar, Ud. conoce el término “Gleichschaltung” o uniformización, que llevó a que los amigos de uno también se uniformizaran. El lado personal del problema no venía por el lado de nuestros enemigos confesos sino por el lado de nuestros amigos. Y la gente en aquella época se puso a uniformizarse voluntariamente de forma masiva, y  no por efecto del terror y  uno lo notaba, sobre todo, en el abandono repentino en el que se le dejaba, como si en torno de uno se generara un vacío. El caso es que yo vivía en un entorno intelectual pero conocía otros y pronto me di cuenta de que en ese entorno intelectual en el que yo me movía la uniformización constituía la regla mientras que en otros no era así. Y esto no he podido olvidarlo y abandoné Alemania con esto muy claro. Tal y como me decía a mí misma en aquella época, de una forma obviamente exagerada: nunca más, nunca más volveré a moverme en entornos intelectuales… Y no es que creyera que un judío alemán o un intelectual judío del este de Europa se habría comportado de modo distinto si hubiera estado en otra situación de la que se encontraba. No. Lo que creía es que una actitud como esa era típica del medio intelectual. Me estoy refiriendo al pasado. Hoy sé más sobre este asunto.

Günter Gaus: Es lo que le quería preguntar:¿Lo cree todavía?

Hannah Arendt: Bueno, mire . no con la misma intensidad. Pero sí que creo que lo esencial de aquella actitud radica en, por decirlo de alguna manera, la disposición de la gente a prestar a cualquier cosa una razón. A ver, si alguien se uniformizaba porque tenía que mirar por su familia, nadie se lo iba a echar en cara. Lo malo era que la gente se daba otras razones y creía en estas razones que se daba. Unos, por un periodo corto, otros, por uno más corto todavía… pero el caso es que atribuían razones a Hitler… razones que a veces podían pasar por increíblemente, extraordinariamente interesantes, complicadísimas razones que se elevaban por encima de lo corriente…Todo esto me parecía grotesco, con esas razones que se daban se metían en su propia trampa, eso diría hoy que fue lo que ocurrió sin que, por aquel entonces, lo viera tan claro.

Günter Gaus: ¿Y, por esto entonces, si la he comprendido bien, que significase tanto para Ud salir absolutamente de ese entorno, del entorno académico para acometer un trabajo social práctico?

Hannah Arendt: El lado positivo sería el siguiente. Por aquel entonces solía repetir una frase de la que aún me acuerdo: “Si a uno se le ataca por ser judío uno se tiene que defender como judío” No como alemán o ciudadano del mundo o en nombre de los derechos humanos sino que tiene que preguntarse muy  concretamente: cómo y qué puedo hacer.

En segundo lugar,  mi deseo entonces era organizarme de hecho. Ante todo organizarme y naturalmente esto sólo lo podía hacer con los sionistas, que eran los únicos verdaderamente preparados. Con los judíos asmilados no hubiera tenido sentido.

Con todo, ni siquiera en aquel tiempo tuve nada que ver con ellos. De la cuestión judía ya me había ocupado antes. Mi libro “Rahel Varnhagen”, en el que abordaba el problema judío, lo terminé antes de abandonar Alemania.

Günter Gaus: ¿No fue este trabajo de investigación un encargo de la Asociación de Ayuda para la Ciencia Alemana?

Hannah Arendt: La Asociación me concedió una beca, efectivamente. Pero ese trabajo lo abordé ya en el sentido de ese “Querer Comprender” del que he hablado antes. No era mi problema personal en tanto judía lo que en él abordaba. En 1933, en cambio, sí que era  mi propio problema, pero se trataba de un problema político, puramente político. Necesitaba involucrarme en un trabajo práctico y judío y fue en esta dirección en la que me moví en Francia.

Günter Gaus: Hasta 1940

Hannah Arendt: Sí.

Günter Gaus: En el transcurso de la segunda guerra mundial llega Ud a los Estados Unidos de América donde trabaja hoy en la Universidad de Chicago como profesora de “Teoría Política”, que  no de “Filosofía” ….

Hannah Arendt: Gracias.

Günter Gaus: … Y vive en Nueva York. Su marido, con quien se casó en 1940, trabaja asimismo como profesor de filosofía en América. La comunidad académica a la que Ud. vuelve a pertenecer después de la decepción de 1933, se ha convertido en internacional. Me gustaría preguntarle si es que echa de menos la Europa- que no volverá- de antes de Hitler desde los Estados Unidos donde ahora vive o cada vez que visita la Europa del presente? ¿Qué es lo que de aquella Europa ha quedado? ¿Qué, lo que se ha perdido para siempre?

Hannah Arendt: ¿La Europa de antes de Hitler…? No, no puedo decir que me inspire ninguna nostalgia. ¿Qué qué es lo que de ella ha quedado? Lo que ha quedado es la lengua.

Günter Gaus: ¿Significa esto mucho para Ud.?

Hannah Arendt: Mucho. Siempre he buscado conscientemente no perder mi lengua materna. Siempre he mantenido cierta distancia respecto al francés, que por entonces hablaba muy bien, y respecto del  inglés, en el que hoy escribo.

Günter Gaus: Es lo que iba a preguntarle. Ud. escribe en la actualidad en inglés.

Hannah Arendt: Escribo en inglés pero, mire Ud, mantengo la distancia. Hay una distancia insalvable entre la lengua materna y las demás. Mi caso no puede ser más claro: en alemán conozco de memoria muchos poemas que siempre están ahí, pululando en el transfondo de mi… “In the back of my mind”… En ninguna otra lengua podría conseguir una cosa así… En alemán puedo permitirme cosas que jamás me permitiría en inglés o ,si me las permito, lo hago porque me he vuelto más desenfadada, pero en general… La lengua alemana es lo  que esencialmente ha quedado y la que me he ocupado conscientemente de mantener. Hay gente…

Günter Gaus: Incluso durante las épocas más amargas….

Hannah Arendt: Siempre. Solía pensar: “Bueno, qué le vamos a hacer, no es la lengua alemana la que se ha vuelto loca” ¿No?

Y, en segundo lugar, no hay lengua que pueda sustituir a la materna. Cierto, se puede olvidar la lengua  materna. Lo he visto. Lo que entonces ocurre es que la gente habla mejor que yo la lengua extranjera. Yo la sigo hablando con un fuerte acento y no utilizo los giros idiomáticos que los demás utilizan. Como consecuencia de ello muchos acaban hablando una lengua en la que un tópico  sucede  a otro porque dichos giros están desconectados de la productividad auténtica de la propia lengua.

Günter Gaus: Cuando menciona casos en los que la lengua materna ha sido olvidada. ¿Tiene Ud. la impresión de que esto pueda ser consecuencia de un deseo de suplantarla?

Hannah Arendt: Sí, a menudo… Lo he visto en gente que estaba traumatizada… Lo decisivo al respecto no fue 1933, no al menos en mi caso. Lo decisivo fue el día en que nos enteramos de Ausschwitz…

Günter Gaus: ¿Cuándo fue eso?

Hannah Arendt: En 1943. Al principio no nos lo creímos aunque mi marido y yo siempre pensamos que esa  banda era capaz de todo. Pero no nos lo creímos debido a que iba contra cualquier necesidad militar, Mi marido, que  entendía de estas cosas , no en vano fue historiador militar, solía decir. “Que no te cuenten historias. Eso es irrealizable”

Al de medio año nos lo creímos porque nos aportaron pruebas y entonces vino el shock. Hasta entonces uno se había dicho: “Bueno, nadie está libre de enemigos en esta vida… Nada más natural. ¿Por qué un pueblo no habría de tenerlos? Eran una banda…Capaz de todo…..”Pero esto era otra cosa, esto era verdaderamente como si un abismo se abriera por debajo de uno  porque uno tenía la sensación que de un modo o de otro cualquier otra cosa podía repararse, tal y como suele encomendarse a la política la tarea de reparar esta clase de cosas. Pero esto no. Esto, como suelo decir, no tenía que haber ocurrido. Y con ello no me refiero al número de víctimas sino a la fabricación de cadáveres etc, huelga que me explaye más. Esto no tenía que haber ocurrido. Nos enfrentábamos a algo irreparable. Con todo lo demás uno se las hubiese arreglado. Cierto que no siempre fue fácil y conocimos la pobreza y fuimos perseguidos y tuvimos que huir y pasar por todo aquello como buenamente pudimos. Sea como fuere, éramos jóvenes y hasta en algún momento nos pudo parecer divertido… No puedo decirlo de otra forma. Esto no. Esto era una cosa muy distinta. Con todo lo demás uno podía arreglárselas.

Günter Gaus: Me gustaría saber, Sra. Arendt, cómo ha evolucionado, si es que lo ha hecho, de 1945 hasta hoy su juicio sobre la Alemania de la posguerra, una Alemania en la que sus principales obras han sido publicadas.

Hannah Arendt: Volví por primera vez a Alemania en 1949 por encargo de una organización judía con el fin de rescatar bienes culturales judíos, libros, mayormente y de la que era gerente, “executive director” como suele decirse. Volvía muy bien predispuesta. Después de 1945 lo que pensaba era que ,pasara lo que pasara en 1933, en comparación con lo que vino después , resultaba insignificante. De acuerdo que la deslealtad de los amigos, por hablar crudamente…

Günter Gaus:….Que Ud. sufrió en persona…

Hannah Arendt: Naturalmente. Mire, si alguien se hacía nazi y se ponía a escribir artículos sobre ello… no hacía falta que se me dirigiera personalmente, pues no iba a volver a dirigirle la palabra y tampoco hacía falta que contactara conmigo puesto que yo ya había roto todo contacto con él. Está claro.

Pero no se trataba de asesinos, se trataba de gente que ,como suelo decir hoy en día, había caído en su propia trampa. No  desearon lo que ocurrió. En función de esto me pareció que en medio del abismo existía una cierta base para hablar y asi fue en mucho de los casos que me atañían personalmente.

Discutí con gente. No estuve especialmente amigable. Tampoco, especialmente cortés. Les dije mi opinión y, de alguna manera, con una serie de personas la cosas volvieron a su cauce. Pero, como digo, se trataba de personas que sólo ocasionalmente, durante unos meses o, en el peor de los casos, durante un par de años, hicieron algo, no eran asesinos ni denunciantes, lo dicho, gente que se habían dado razones.

Claro que la gran experiencia al vover a Alemania, aparte de la experiencia del reconocimiento- el punto en torno al cual gira la tragedia griega, la anagnorisis, punto que de verdad podía experimentarse entonces y que me supuso una gran conmoción- aparte de esto y en segundo lugar, estuvo el hecho de la extraordinaria alegría que me produjo el volver oir hablar alemán en la calle.

Günter Gaus: ¿Con estas sensaciones volvió de Alemania en 1949?

Hannah Arendt: Más o menos así es como volví y hoy, cuando las cosas vuelven, digamos, que  a tomar un curso más estable, la distancia se ha hecho mayor de lo que entonces era bajo esa conmoción.

Günter Gaus: ¿Porque siente que en Alemania las cosas han tomado un curso estable demasiado apresuradamente?

Hannah Arendt: Mmmm, si, y un curso que no siempre me parece el mejor. Aunque no me siento responsable sino que lo veo todo desde fuera, lo que quiere decir que mi implicación hoy es mucho menor que en el pasado. Puede que la razón haya que buscarla en el tiempo transcurrido. Quince años no son pocos. ¿No?

Günter Gaus: Bitte.

Hannah Arendt: Sehen Sie, ich kam aus einer rein akademischen Tätigkeit und in der Hinsicht hat das Jahr 1933 bei mir ein sehr nachhaltigen Eindruck gemacht. Und zwar erstens positiv und zweitens negativ.Oder eher ich möchte sagen, erstens negativ und zweitens positiv. Man denkt heute oft, dass der Schock der Deutschen Juden 1933 sich damit erklärt, dass Hitler die Macht ergriff. Nun, was mich und Menschen meiner Generation betrifft kann ich sagen, dass es eine kuriöse Missverständnis ist. Das war natürlich sehr schlimm, aber es war politisch, es war nicht persönlich. Dass die Nazis unsere Feinde sind, mein Gott, wir brauchten doch bitte schon nicht, Hitlers Machtergreiffung  um das  zu  wissen, das war doch seit mindestens vier Jahren, jeder Menschen, der nicht schwachsinnig war, völlig evident und dass ein grosser Teil des Deutschen Volkes dahinter stand, ja das wussten wir ja auch, davon konnten wir doch nicht 33 schockartig überrascht sein….

Günter Gaus: Sie meinen der Schock lag im Jahr 33 darin, dass es vom  allgemeinen Politischen ins Persönliche gewendet hat?

Hannah Arendt: Nein, nicht Mal. Erst, das auch… Erstens würde das allgemein Politische ja ein persönliches Schicksal, also wenn man herausging. Zweitens, aber wissen Sie ja was Gleichschaltung ist, und das hiess, dass die Freunde sich gleichschalteten. Es hat doch nie mal das Problem, das persönliche Problem, war doch nicht etwas was unsere Feinde taten, sondern was unsere Freunde taten. Nun gut. Was damals in der Welle von Gleichschaltung, die ja ziemlich freiwillig war, jedenfalls noch nicht unter dem Druck des Terrors, vor allen Dingen aber in dem plötzlichen Verlassen. Es war als ob es sich ein leerer Raum um einen bildete. Nun ich lebte in einem intelektuellen Milieu, und ich kannte aber auch andere Menschen und ich konnte verstehen, dass unter Intelektuellen, das sozusagen die Regel war und unter den anderen nicht. Und die Geschichte habe ich nie vergessen und mit einer Sache  ging ich raus aus Deutschland. Wie ich damals dachte, natürlich immer etwas übertreibend, nie wieder, ich rühre nie wieder irgendeine intelektuelle Geschichte, ich will mit dieser Gesellschaft  nichts zu tun…. Ich war ja natürlich nicht der Meinung, dass also ein Deutscher Jude, oder ostjüdischer Intelektueller, wenn sie in einer anderen Situation gewesen wären als in der sie waren, sich wesentlich anders verhalten hätten, der Meinung war ich nicht. Ich war der Meinung, das hängt mit diesem Beruf zusammen. Ich spreche in der Vergangenheit. Ich weiss heute mehr darüber als damals.

Günter Gaus: Ich wollte Sie fragen, glauben Sie das noch?

Hannah Arendt: Ja, wissen Sie, nicht mehr in dieser Schärfe. Aber dass es im Wesen dieser ganzen Sache liegt, dass man sich sozusagen, zu jeder Sache etwas einfallen lassen kann … Die Leute sind doch… Sehen Sie, dass jemand sich gleichschaltete weil er für Frauen, Kind, zu sorgen hat. Das hat nie ein Menschen Übel genommen. Das Schlimme war doch, dass die dann wirklich daran glaubten…..für kurze Zeit…manche für sehr kurze Zeit….Das heisst, zu Hitler fiel ihm was ein……und zum Teil ungeheuer interessanten Dinge, ganz phantastischen, interessanten und komplizierten und hoch über dem Gewöhnlichen wohl schwebenden Dinge , das habe ich als grotesk empfunden. Das heisst, die gingen ihren eigenen Einfällen in die Falle, würde ich heute sagen. Das ist das was passiert ist. Das habe ich damals nicht zu übersehen.

Günter Gaus: Und deswegen lag ein besonderer Wert, wenn ich Sie recht verstehe, für Sie darin, aus diesen Kreisen von denen Sie damals ganz absolut Abschied nehmen wollten, ganz radikal, aus diesen Kreisen, aus der akademischen Arbeit in eine praktische Sozialarbeit zu kommen.

Hannah Arendt: Jetzt die positive Seite ist folgendes. Ich habe damals immer wieder gesagt einen Satz, darauf besinne ich mich: “Wenn man als Jude angegriffen ist, muss man sich als Jude verteidigen.” Nicht als Deutsche oder als Bürger der Welt oder der Menschenrechte oder so, sondern ganz konkret, wie kann ich, was kann ich machen?

Zweitens, wenn…Ich will also auf jeden Fall, jetzt will ich mich an der Tat organisieren. Zum ersten Mal und organisieren natürlich bei den Zionisten, denn es waren ja die einzigen, die bereit waren. Ich meine, bei den Assimilanten das wurde es ja keinen Sinn gehabt.

Ich habe damit übrigens wirklich nichts damit zu tun gehabt. Mit der Judenfrage selber habe ich mich vorher beschäftigt. Die “Rahel Varnhagen” war fertig, als ich Deutschland verliess und da spielt das Judenproblem ja eine Rolle.

Günter Gaus: Ist ja diese Forschungsarbeit nicht im Auftrag der Hilfsgemeinschaft…?

Hannah Arendt: Die Notgemeinscaft hat mir damals… Ja, ich habe ein Stipendium von der Notgemeinschaft gehabt, ist ein übliches Stipendium.. Aber das habe ich damals auch im Sinne “Ich will verstehen”, es war nicht mein persönliches Judenproblem, mit dem  ich da erörterte. Aber jetzt war es mein eigenes Problem und mein eigenes Problem war politisch, rein politisch. Ich wollte in die praktische Arbeit und ich wollte nur in die jüdische Arbeit. Und in diesem Sinne habe ich mich dann in Frankreich orientiert…

Günter Gaus: Bis zum Jahre 1940?

Hannah Arendt: Ja

Günter Gaus: Sie sind im Zweiten Weltkrieg dann in die Vereinigten Staaten von Amerika gelangt, wo Sie heute als Professorin für “politische Theorie” nicht “Philosophie” in Chicago arbeiten.

Hannah Arendt: Danke.

Günter Gaus: … In New York wohnen. Ihr Mann den Sie 1940 geheiratet haben ist ebenfalls als Philosophie Professor in Amerika tätig. Nun ist die akademische Provinz, der Sie inzwischen wieder angehören nach der Enttäuschung aus dem Jahr 1933, international. Dennoch möchte ich Sie fragen, ob  Ihnen das Europa der vor Hitler- Zeit, das es nie wieder geben wird, fehlt, wenn Sie in Amerika sind oder wenn Sie nach Europa kommen. Was ist geblieben? Und Was ist unrettbar verloren?

Hannah Arendt: Das Europa der vor Hitler- Zeit… Ich habe keine Sehnsucht. Das kann ich nicht sagen. Was ist geblieben? Geblieben ist die Sprache.

Günter Gaus: Das bedeutet viel für Sie?

Hannah Arendt: Sehr viel. Und ich habe immer bewusst abgelehnt, die Muttersprache zu verlieren. Ich habe immer eine gewisse Distanz behalten sowohl zum Französischen, das ich damals sehr gut sprach, wie zum Englischen, das ich ja heute schreibe.

Günter Gaus: Das wollte ich  fragen. Sie schreiben heute in Englisch

Hannah Arendt: Ich schreibe in Englisch aber ich habe die Distanz. Sehen Sie, es ist ein ungeheuer Unterschied zwischen Muttersprache und allen anderen Sprachen. Bei mir kann ich das furchtbar einfach sagen: Im Deutschen kenne ich einen ziemlich grossen Teil Deutscher Gedichte auswendig. Die sind, die bewegen sich da immer, irgendwie im Hinter….”In the back of my mind”…. Das ist natürlich nie wieder zu erreichen…Im Deutschen erlaube ich mir Dinge, die ich mir im Englischen nicht erlauben würde, mir jetzt manchmal auch schon erlaube, weil ich frech geworden bin, aber im Allgemeinen habe ich… Die Deutsche Sprache ist das Wesentliche was geblieben ist und was ich auch bewusst immer gehalten habe. Es gibt Leute…

Günter Gaus: Auch während der bittersten Zeit….

Hannah Arendt: Immer. Ich habe mir gedacht. Ja, also, was soll man denn machen. Es ist ja nicht die Deutsche Sprache, die verrückt geworden ist….Nicht wahr?

Und zweitens, es gibt keinen Ersatz für die Muttersprache. Man kann die Muttersprache vergessen. Das ist wahr. Ich habe es gesehen. Was dann ensteht ist dass die Leute sprechen die fremde Sprache besser als ich. Ich spreche immer noch mit einem sehr starken Akzent und ich spreche oft nicht wie man bei uns sagt “idiomatisch”. Das können die alle. Es wird eine Sprache, wo ein Klischee das andere jagt, weil nämlich die eigentliche Produktivität, die man in der eigenen Sprache hat abgeschnitten ist, indem man diese Sprache vergaβ.

Günter Gaus: Wenn Sie von Fällen gesprochen haben, die Sie getroffen haben, wo die Muttersprache vergessen wurde. War dieses nach Ihrem Eindruck die Folge einer Verdrängung?

Hannah Arendt: Ja, sehr oft… Ich habe das gesehen bei Leuten schockartig, nämlich… Wissen Sie, das Entscheidende ist ja nicht 1933, jedenfalls für mich nicht. Das Entscheidende ist der Tag gewesen, an dem wir von Ausschwitz erfuhren….

Günter Gaus: Wann war das?

Hannah Arendt: Das war 1943 und erst haben wir es nicht geglaubt, obwohl mein Mann und ich eigentlich immer…..sagen wir “trauen der Bande alles zu”. Dies haben wir nicht geglaubt, auch weil es ja gegen alle militärischen Notwendigkeiten und Bedürfnisse war. Mein Mann versteht- ist ehemaliger Militärhistoriker- versteht etwas von der Dinge, hat gesagt “lass dich nicht keine Geschichte einreden. Das können sie nicht mehr, nicht wahr””

Dann haben wir es ein halbes Jahr später doch geglaubt, weil es uns bewiesen wurde und das ist der eigentliche Schock gewesen. Wissen Sie, vorher hat man sich gesagt: “Ja, man hat Feinde in der Welt……… Ist doch ganz natürlich. Warum soll ein Volk keine Feinde haben? Das ist eine Bande…..Alles Mögliche………” Aber dies ist anders gewesen, das war wirklich als ob der Abgrund sich offen………, weil man irgendwie die Vorstellung gehabt hat: Alles andere hätte gut irgendwie noch einmal gutgemacht werden können. Wie in der Politik ja alles irgendwie einmal wieder gutgemacht werden können muss. Dies nicht. Dies hätte nie geschehen dürfen, wie ich immer sage und damit meine ich nicht die Zahl der Opfer, sondern ich meine die Fabrikation der Leichen.. u.s.w. Ich brauche mich ja doch nicht weiter erzählen lassen. Dies hätte nicht geschehen dürfen. Da ist irgendetwas passiert womit wir alle nicht mehr fertig werden. Und mit allen anderen Sachen, muss ich sagen, die da passiert sind, das war manchmal ein bisschen schwierig und man war sehr arm und man war verfolgt, man musste fliehen und man musste sich durchschwindeln und was immer, nicht?……wie das also ist….. Wir waren jung, mir hat es sogar ein bisschen Spaβ gemacht…. Das kann ich nicht gar nicht anders sagen. Dies nicht. Dies war etwas ganz anders. Mit all dem anderen konnte man persönlich fertig werden.

Günter Gaus: Ich würde gerne von Ihnen hören, Frau Arendt, auf welche Weise, wenn, Ihr Urteil über das Nachkriegsdeutschland, das Sie oft besucht haben und in dem Ihre wichtigsten Werken erschienen sind, sich gewandelt hat von 1945 bis heute.

Hannah Arendt: Ich bin zum ersten Mal wieder nach Deutschland 1949 gekommen. Damals im Auftrag einer Jüdischen Organisation für die Rettung Jüdischer Kulturgüter, Bücher, im Wesentlichen. Eine Organisation, die ich damals leitete, was man sagt “executive director”, ist ja egal. Ich kam mit sehr gutem Willen. Sehen Sie, meine Überlegung seit 1945 war die folgende: Was immer 1933 geschehen ist, ist eigentlich angesichts dessen, was dann geschah unerheblich. Gewiss, die Treulosigkeit der Freunde, wenn man es so böse sagen darf….

Günter Gaus:…. Die Sie persönlich erfahren haben.

Hannah Arendt: Natürlich…Ja, wissen Sie, wenn einer wirklich Nazi wurde und dann Artikel darüber schrieb…. Da brauchte er sich mir gegenüber… habe ich sowieso nicht mit ihm wieder gesprochen, er brauchte sich bei mir nicht mehr zu melden, er war ja abgemeldet. Das ist doch klar.

Aber das waren ja alles keine Mörder. Das waren ja nur Leute, wie ich heute sagen würde, die in ihre eigenen Fallen gegangen waren. Dies hatten sie auch nicht gewollt. Infolgedessen, schien mir, dass gerade in diesem Abgrund sich eine Basis geben sollte und das ist auch in vielen persönlichen Dingen durchaus der Fall gewesen.

Ich habe mich mit Leuten auseinandergesetzt. Ich bin nicht sehr freundlich. Ich bin nicht sehr höflich. Ich sage meine Meinung und so weiter aber irgendwie haben sich die Dinge wieder in Ordnung gezogen mit einer Reihe von Leuten.Wie gesagt, das sind ja alles nur Leute, die gelegentlich, ein paar Monate oder schlimmstenfalls, ein paar Jahre irgendwas gemacht haben, weder Mörder noch Denunzianten, wie gesagt, Leute, den was eingefallen war.

Aber, dann, natürlich, das grosste Erlebnis wenn man nach Deutschland zurückkommt, abgesehen von dem Wiedererkenntnis-Erlebnis, das ja in der Griechischen Tragödien immer der Drehpunkt der Handlung ist. Die Anagnosis. Das konnte man da wirklich einmal erleben, was das eigentlich ist, das ist eine grosse Erchüttterung.

Zweitens, dass es auf der Strasse Deutsch gesprochen wurde, hat mich unbeschreiblich gefreut. Ja.

Günter Gaus: Mit dieser Vorstellung kamen Sie 1949

Hannah Arendt: So ungefähr kam ich und heute, wo ja die Dinge wieder alle in ein festes Gleis, sagen wir einmal, gekommen sind, da sind die Abstände eher grösser geworden als sie vorher waren, als sie damals waren, in dieser Erschütterung.

Günter Gaus: Weil Sie die Verhältnisse, die Dinge hierzulande, für Ihr Gefühl zu schnell wieder in ein festes Gleis geraten sind?

Hannah Arendt: Mmmm…ja…und auch manchmal natürlich in ein Gleis, das ich nicht bejahe, wobei ich mich nicht verantwortlich fühle, sondern ich sehe es von auβen und, das heisst, ich bin heute viel weniger beteiligt, als ich damals noch war. Das kann doch ja auch an der Zeit liegen, Hören Sie,  fünfzehn Jahre ist ja auch kein Pappenstiel, nicht wahr?

Hannah Arendt im Gespräch mit Günter Gaus 1964 II // Hannah Arendt en conversación con Günter Gaus 1964 II

diciembre 25, 2013 Deja un comentario
 

Hannah Arendt:… Sí, fue en Berlín. Después tuve que mentirle porque no podía dejar que la organización cayera. Le conté toda clase de historias. Y él me decía “Yo la he metido en esto y yo la voy a sacar. No coga ningún abogado. Los judíos andan ahora escasos de dinero. Ahorre el que tenga.”  La organización se había ocupado entretanto de conseguirme un abogado, naturalmente a través de sus miembros, y de este abogado me deshice enseguida porque opté por confiar en ese hombre que me había detenido- con esa expresión suya abierta y tan decente- pensando que mi mejor oportunidad estaba con él  y no con ningún abogado, que, a su vez, iba a estar lleno de miedo.

Günter Gaus: Y fue puesta en libertad y consiguió dejar Alemania.

Hannah Arendt: ¡Claro que sí! Me pusieron en libertad pero de Alemania huí ilegalmente porque las cosas seguían igual, así que crucé la frontera de forma ilegal.

Günter Gaus: A la especie de admonición que Scholem le hacía en la correspondencia que mantuvo con él diciéndole que “Bien haría Ud. en considerarse siempre un miembro del pueblo judío”  Ud., Sra. Arendt, replica claramente, y cito de nuevo, “ Ser judío es un hecho incontrovertible en mi vida. Nunca he pretendido querer cambiar este hecho, ni siquiera en la infancia.” O sea que daba Ud. claramente a entender que para Ud .esta cuestión estaba clara y que a ese respecto le sobraban las admoniciones.

Me gustaría plantearle algunas preguntas en referencia a esto.

Ud. nació en Hannover, hija de un ingeniero, y se crió en Königsberg. ¿Podría referirme sus recuerdos de lo que para un niño en Alemania suponía el proceder de una familia judía?

Hannah Arendt: Bueno, mire Ud., no me veo capaz de responder creíblemente a esa pregunta de una forma general, sólo  refiriéndola a mis circunstancias personales. Así que dígame entonces qué es lo que quiere: ¿El aspecto general o el personal?

Günter Gaus: Me gustaría saber lo que Ud… Ante todo, si me permite, sus recuerdos personales.

Hannah Arendt: Si eso es lo que quiere…No fue en casa donde supe que era judía. Mi madre no era para nada religiosa.

Günter Gaus: Su padre murió pronto

Hannah Arendt: Mi padre murió pronto. Todo parece en principio un poco raro. Mi abuelo era el presidente de una asociación liberal y era concejal en Königsberg. Procedo de una vieja familia de Königsberg.A pesar de ello nunca escuché la palabra “judío” cuando era niña, una niña pequeña. La primera vez que me topé con ella fue en la calle a a través de comentarios antisemitas, que no merecen que nos detengamos sobre ellos, comentarios de niños de la calle…A partir de ahí , digamos que me di por “ilustrada”… En este sentido…

Günter Gaus: ¿Le supuso esto un shock ?

Hannah Arendt: No.

Günter Gaus: ¿Llegó a pensar “Ahora soy alguien especial”?

Hannah Arendt: Bueno, verá, eso es otra cosa. Para mí no fue ningún shock. Me decía: “Bueno, es lo que hay, ¿No?”

¿Que si llegué a pensar que “ Soy alguien especial”? Pues sí y explicarle esto hoy no me resulta posible…

Günter Gaus: ¿Qué  le pasaba por la cabeza…?

Hannah Arendt: ¿Qué me pasaba por la cabeza? Pienso objetivamente que ello guarda relación con el hecho de ser judía. De niña, una niña ya un poco más mayor, me daba cuenta de que mi apariencia era distinta, de que mis rasgos eran judíos, o sea de que mi aspecto exterior era distinto del de los demás. Esto lo tenía muy presente, aunque no en la forma de un complejo de inferioridad sino de algo que era simplemente así… Y luego estaba mi madre, el hogar familiar, del que puede decirse que fue un poco diferente a lo que era normal. Había en él algo especial, también respecto a los hogares de otros niños judíos o de otros niños de la familia, y ese algo especial era difícil que un niño lo comprendiera.

Günter Gaus: Entiendo…

Hannah Arendt: Pero es incuestionable que jugó un papel.

Günter Gaus: Me gustaría que precisara algo más que era ese “algo especial” que atribuye a su hogar familiar, sobre todo a su madre. Al decir que su madre no se sintió en la necesidad de enseñarle a qué pueblo pertenecía hasta el punto de que tuvo que ser “ilustrada” acerca de ello en la calle, ¿Quiere esto decir que la conciencia de ser judía, la misma que reivindica en la carta a Scholem, se había perdido para su madre, que para ella no jugaba esa conciencia papel alguno y que en su caso podía hablarse de una asimilación acabada o de la ilusión de creer que así era?

Hannah Arendt. Mi madre no era una persona con una disposición teórica. No creo que a ella le pasara nada por la cabeza a este respecto. Ella procedía de un ambiente socialdemócrata, de los círculos en torno a la “Revista Socialista Mensual”. Igual que mi padre, pero sobre todo mi madre y la cuestión de la conciencia de ser judía no jugó ningún papel en su caso. Era judía como la cosa más natural. Nunca me hubiese bautizado y me hubiera dado dos bofetadas si me hubiera encontrado negando  mi condición de judía.

Era algo que no se problematizaba, algo fuera de cuestión. En los años veinte, en los de mi juventud, el asunto cobra una importancia mucho mayor que la que tuvo para mi madre. Y,  siendo yo ya adulta,  el asunto jugaría un papel mucho más importante también para ella de lo que lo tuvo en el pasado. Esto lo explican las circunstancias externas. Yo, por ejemplo, no creo haberme considerado nunca alemana en el sentido de pertenencia a un pueblo- y no en el de pertenencia a un Estado, valga la diferencia- y me acuerdo de que en torno a los años 30 mantenía intensas discusiones sobre esto con, por ejemplo, Jaspers. Este me decía “ Pues claro que es Ud. alemana” y yo le decía “No, no soy alemana”. Pero tampoco esto tenía para mí mayor importancia. No era ello fuente de un sentimiento de inferioridad. Y si he de volver a ese “algo especial” del hogar familiar, ya en él se nos preservó contra un sentimiento así. Mire, el antisemitismo se cebó con muchos niños y a muchos de ellos les envenenó el alma. En nuestra casa la diferencia estuvo en que mi madre siempre lo tuvo claro: no hay que doblegarse, hay que defenderse. Asi que si, digamos,  en clase el profesor hacía comentarios antisemitas, aunque la mayoría no se dirigieran personalmente a mí sino a otras alumnas judías, del este de Europa, por ejemplo, pues ya en casa se nos indicaba lo que teníamos que hacer: levantarnos del pupitre, salir de clase, venir a casa y levantar cuidada acta de todo. Después mi madre se ponía a escribir una de las muchas cartas certificadas que tuvo que escribir y la cosa para mí acababa ahí, con un día sin colegio del que poder disfrutar. Cuando la cosa venía de otros niños, entonces no se debía contar en casa, esto no era lo suyo, lo suyo entonces era defenderse uno mismo de los ataques de otros compañeros. Asi que todas estas cosas nunca me supusieron ningún problema. Había un código de conducta en casa con arreglo al cual uno sabía proteger su dignidad y defenderse.

Günter Gaus: Ud estudió en Marburg, Heidelberg y Freiburg “Filosofía” con los profesores Heidegger, Bultmann y Jaspers y, complementariamente, “Teología” y “Griego”. ¿Cómo vino a decidirse por estos estudios?

Hannah Arendt: Bueno, verá, también yo me he planteado esta pregunta. Sólo puedo decir que la Filosofía era cosa ya decidida desde mis catorce años.

Günter Gaus: ¿Por qué?

Hannah Arendt: Bueno, había leído a Kant. Claro que ahora puede preguntarme que por qué había leído a Kant. Para mí, en realidad, el asunto se reducía a poder estudiar flosofía o  morirme, por así decirlo. Pero no porque no me gustara la vida sino por esa necesidad de comprender que he mencionado antes.

Günter Gaus: Sí, la necesidad de comprender

Hannah Arendt: La tuve desde muy pronto y desde muy pronto tuve facilidades… Los libros estaban todos en casa… Los cogía de la biblioteca y ya estaba.

Günter Gaus: Además de Kant se acuerda especialmente de otras lecturas.

Hannah Arendt: Pues sí. “Psicología de las cosmovisiones” de Jaspers, que creo apareció en 1920. Tenía por aquel entonces… trece años

Günter Gaus: Catorce…

Hannah Arendt: Catorce, trece… Luego leí a  Kierkegaard  y lo uno encajaba con lo otro…

Günter Gaus: ¿De ahí la teología?

Hannah Arendt: Eso es. Los temas se fueron encadenando, pues me pareció que ambos estaban estrechamente unidos. Me intimidaba un  poco cómo se las arreglaría una en ese terreno de la teología siendo judía, de qué modo tendría una que proceder, no tenía ni idea… El caso es me vi inmersa  en unas preocupaciones que enseguida se disiparían.

El Griego es otra cosa. Siempre me gustó mucho la poesía griega y la poesía ha jugado un papel muy importante en mi vida asi que añadí el griego como segunda especialidad  porque me era además lo  más cómodo, pues ya era capaz de leerlo.

Günter Gaus: …!Impresiona¡

Hannah Arendt: No..

Günter Gaus: De verdad…

Hannah Arendt: No, bueno…

Günter Gaus: Este talento intelectual, Sra. Arendt, tan temprano puesto en práctica ¿Le llevó alguna vez , en tanto alumna y estudiante, a sentirse dolorosamente separada del comportamiento normal que veía a su alrededor?

Hannah Arendt: Si, mire, hubiese sucedido así de haber sido yo consciente de ello pero yo pensaba que todo el mundo era igual que yo.

Günter Gaus: ¿Cuándo cayó en la cuenta de este error?

Hannah Arendt: Muy tarde, no quiero decirlo, me da vergüenza. Era increíblemente ingenua. Tiene que ver con la educación que recibí en casa, supongo. Nunca se hablaba de estas cosas en casa, no se mentaban las calificaciones. Quien se pusiese a mentarlas era considerado un mediocre. En casa cualquier sombra de ambición era considerada como algo mediocre. Y bueno, en cualquier caso, yo no era consciente de todo esto. De hacérseme se me hacía consciente alguna vez como un sentimiento de lejanía respecto de la gente.

Günter Gaus: ¿Un sentimiento de lejanía cuyo origen lo situaba en Ud.?

Hannah Arendt: Si, exclusivamente en mí. Pero no tiene que ver con el talento, nunca lo relacioné con él.

Günter Gaus: ¿En ocasiones, digamos que en sus años más jóvenes, le hizo sentir ese sentimiento de lejanía una especie de menosprecio por los demás?

Hannah Arendt: Sí, así fue, desde muy pronto. Puede efectivamente que desde muy pronto y no pocas veces yo misma sufría por el hecho de sentirlo. Ya sabe: no se debe menospreciar a nadie, nadie tiene el derecho a hacer eso, este tipo de cosas.

Günter Gaus: En 1933 después de dejar Alemania se fue a Paris donde trabajó en una organización que se encargaba de buscar alojamiento para jóvenes judíos en Palestina. ¿Puede contarme algo más sobre esto?

Hannah Arendt: Si, bueno, me llevaría demasiado lejos… Le contaré lo que aquello era. Se trataba de la “Juventud Aliyah”, una organización fundada en Alemania a iniciativa de Recha Freier en 1932 y a la que, obviamente, en 1933 se le acumuló el trabajo y cuya responsable en América era Henrietta Szold, que luego lo sería en Palestina.Esta organización se encargaba de llevar a Palestina a niños-aunque yo de niños no me ocupé nunca- y jóvenes de entre trece y dieciste años para sacarlos de Alemania y alojarlos en los Kibbutzim. De ahí que conozca relativamente bien esta forma de asentamiento.

Günter Gaus: Y desde una época muy temprana…

Hannah Arendt: Desde una época muy temprana. Me inspiraba un profundo respeto lo que esta gente hacía. A los niños se les daba formación laboral y escolar. En Francia la situación era tal que a los hijos de los refugiados cuando a los catorce años acababan el colegio no se les daba permisos de trabajo ni de formación asi que se desviaban certificados hacia Fancia para estos hijos de  refugiados, entre los cuales a veces yo colaba a alguno polaco, por la preferencia que solía darse a los que venían de Alemania.

Y todo esto lo hacía con sumo gusto. Era un trabajo social regular, un trabajo de educación, en grandes instalaciones en el campo donde a los niños se les preparaba, donde recibían clases, dónde aprendían las labores del campo, donde por encima de todo debían ganar peso, donde se les vestía, se les daba de comer, se les proveía de documentación en regla, se trataba con sus padres, se
buscaban fuentes de dinero, tarea esta de la que me hice cargo ampliamente. Trabajé mano a mano con mujeres francesas… Estas eran más o menos las actividades… Bien…¿Quiere ahora que le cuente cómo tomé esta resolución a partir de lo que hasta entonces había hecho?

Hannah Arendt:… Und das war in Berlin. Ich habe dann leider ihm belogen  müssen, denn ich dürfte ja die Organisation nicht hochgehen lassen. Habe ich ihm phantastische Geschichten erzählt. Und er sagte immer “Ich habe Sie hereingebracht, ich kriege Sie auch wieder raus. Nehmen Sie keinen Anwalt. Die Juden haben doch jetzt kein Geld. Sparen Sie Ihr Geld.” Inzwischen hatte die Organisation für mich einen Anwalt besorgt. Natürlich wieder durch die Mitglieder und diesen Anwalt schickte ich weg, weil ich mich auf diesen Mann, den mich verhaftet hatte- so ein offenes, anständiges Gesicht- ich verlieβ mich und dachte “Das ist meine viel bessere Chance als irgendein Anwalt, der ja doch bloβ Angst hatte”

Günter Gaus: Und sie kamen raus und könnten Deutschland verlassen.

Hannah Arendt: Natürlich. Ich kam raus, musste aber illegal, weil die Sache natürlich weiterging. Und musste dann illegal über die grüne Grenze.

Günter Gaus: In dem schon erwähnten Briefwechsel,  Frau Arendt, haben Sie eine Art Mahnung Scholems “Sie möchten selbst, sich doch bitte als Angehörige des Jüdischen Volks stets betrachten” mit einer klaren Fesstellung zurückgewiesen, nämlich, ich zitiere wieder: “Jude sein gehört für mich zu dem unbezweilfelbaren Gegebenheiten meines Lebens und ich habe an solchen Faktizitäten niemals etwas ändern wollen, nicht einmal in der Kindheit”. Das heisst, Sie haben also ganz klar festgestellt, dass es für Sie darüber nie etwas zu fragen gab und auch keinen Mahnungbedarf.

Dazu hätte ich gerne einige Frage gestellt.

Sie sind 1906 in Hannover als Tochter eines Ingenieurs geboren und in Königsberg aufgewachsen. Können Sie mir aus Ihrer Erinnerung erzählen, was es seinerzeit für ein Kind in Deutschland bedeutet hat, aus einer Jüdischen Familie zu stammen.

Hannah Arendt: Sehen Sie, in dieser Allgemeinheit, könnte ich die Frage nicht wahrheitsgemäβ beantworten, wenn ich sie auf mich persönlich zuschneide. Also jetzt müssen Sie mir sagen. Was wollen Sie, die allgemeine oder die persönliche?

Günter Gaus: Ich würde gern wissen was Sie…. Zunächst einmal, wenn Sie mir mal erlauben, Ihre persönliche Erinnerung.

Hannah Arendt: Wenn Sie die erste Sache ….Ich habe vom Hause aus nicht gewusst, dass ich Jude bin. Meine Mutter war gänzlich arreligiös.

Günter Gaus: Ihr Vater ist früh gestorben.

Hannah Arendt: Mein Vater ist früh gestorben Erst klingt alles sehr komisch…Mein Grossvater war der Präsident der liberalen Gemeinde und Stadtverordneter von Königsberg, ich komme aus einer alten Königsberger Familie. Trotzdem, das Wort ist bei uns nie gefallen als ich ein Kind war, ein kleines Kind war, und es würde mir zum ersten Mal entgegenbracht, durch antisemitische Bemerkungen-es lohnt sich nicht zu erzählen- von Kindern auf der Strasse, ……. Daraufhin würde ich also sozusagen aufgeklärt. Also, in diesem Sinne…

Günter Gaus: War das für Sie  ein Schock?

Hannah Arendt: Nein.

Günter Gaus: Hatten Sie das Gefühl, jetzt bin ich etwas Besonderes.

Hannah Arendt: Ja, sehen Sie, das ist eine andere Sache. Ein Schock war es für mich gar nicht. Ich dachte: “Na, ja, so ist es, nicht?”

“Habe ich das Gefühl gehabt, dass ich etwas Besonderes bin?” Ja, und das kann ich Ihnen heute nicht mehr auseinanderklamüsern…

Günter Gaus: Welche Vorstellung…?

Hannah Arendt: Welche Vorstellung…? Ich bin der Meinung objektiv, dass das mit dem Jüdischsein zusammenhängt. Ich wusste, zum Beispiel, als Kind, ein etwas älteres Kind jetzt, dass ich Jüdisch aussehe, dass heisst, dass ich anders aussehe als die anderen. Das war mir sehr bewusst, aber nicht in der Form einer Minderwertigkeit, sondern des Wahrgenommens……….Und dann meine Mutter, mein Elternhaus also, sozusagen, war ein bisschen anders als das gewöhnlich ist. Es war so viel Besonderes daran, auch gegenüber den anderen Jüdischen Kindern oder den  Kindern aus der Familie sogar, dass es schwer zu verstehen war, wo war nun das Besondere, für ein Kind….

Günter Gaus: Ich verstehe…

Hannah Arendt: Aber dass das irgendeine Rolle gespielt hat. Keine Frage.

Günter Gaus: Ich würde gerne, das was Sie das Besondere Ihres Elternhauses vor allem wohl dann Ihrer Mutter genannt haben, etwas erläutert bekommen. Wenn Sie sagen, dass für Ihre Mutter, es nie eine Notwendigkeit gegeben hatte, bis Ihnen das auf der Strasse zustiesst, Sie über diese Volkszugehörigkeit aufzuklären, bedeutet das, dass die Bewusstheit Jude zu sein, die Sie für sich in dem Brief an Scholem reklamieren, Ihrer Mutter verloren gegangen war, für Sie gar keine Rolle mehr spielte, war hier eine Assimilation geglückt oder gab sich Ihre Mutter der Täuschung hin, dass sie geglückt sei?

Hannah Arendt: Meine Mutter war theoretisch nicht sehr veranlagt. Dass Sie da irgendwelche spezielle Vorstellung gehabt hat, glaube ich nicht. Sie selber kommt aus der sozialdemokratischen Bewegung, aus dem Kreis um die sozialistischen Monatshefte, mein Vater auch, aber vor allen Dingen meine Mutter, und die Frage hat   keine Rolle für sie gespielt. Sie war selbstverständlich Jude. Sie würde mich nie getauft haben. Ich nehme an, sie würde mich rechts und links geohrfeigt haben, wäre ich sie je dahintergekommen, dass ich etwa verleugnend täte, Jude zu sein.

Kam nicht auf die Platte sozusagen. Kam gar nicht in Frage. Die Frage selber hat  natürlich in den zwanziger Jahren, in den ich jung war, eine viel grössere Rolle gespielt als für meine Mutter. Und für meine Mutter, später, als ich erwachsen war, auch eine viel grössere Rolle als vorher in ihrem Leben. Das liegt aber an den äuβeren Umständen. Ich zum Beispiel, glaube nicht, dass ich mich je als Deutsche im Sinne der Volkszugehörigkeit, nicht der Staatszugehörigkeit, wenn man den Unterschied macht, betrachtet habe und ich bessine mich darauf, dass ich so um das Jahre 30 herum, darüber bereits erbitterte Diskussion, zum Beispiel, mit Jaspers hatte. Er sagte “Natürlich sind Sie Deutsche”. Ich sagte  “Nein, Deutsche, bin ich keine”. Das hatte aber für mich keine Rolle gespielt. Ich habe das nicht etwa als Minderwertigkeit empfunden. Das gerade war nicht der Fall und das, wenn ich nur einmal darauf zurückkommen darf, auf das Besondere des Elternhauses. Sehen Sie, der Antisemitismus ist allen jüdischen Kindern begegnet und er hat die Seelen vieler Kinder vergiftet. Der Unterschied bei uns war, dass meine Mutter immer auf dem Standpunkt stand, man darf sich nicht ducken. Man muss sich wehren. Wenn, also, sagen wir mal, von den Lehrern antisemitische Bemerkungen gemacht wurden, meistens, gar nicht mit Bezug auf mich, sondern in Bezug auf andere Jüdische Schülerinnen, zum Beispiel, östjüdische Schülerinnen, … dann war ich angewiesen von zu Hause, sofort aufzustehen, die Klasse zu verlassen, nach Hause zu kommen, alles genau zum Protokoll zu geben. Dann schrieb meine Mutter einen ihrer vielen eingeschriebenen Briefe und die Sache war für mich natürlich völlig erledigt, ich hatte ein Tag Schulfrei und war doch ganz schön. Wenn es von Kindern kam, habe ich es zu Hause nicht erzählen dürfen, das galt nicht, was von Kindern kommt, dagegen wehrt man sich selber und so sind diese Sachen für mich nicht zum Problem geworden. Es gab Verhaltensmaβregeln, in denen ich, sozusagen, meine Würde behielt und geschutzt war, absolut geschutzt, zu Hause.

Günter Gaus: Sie haben in Marburg, Heidelberg und Freiburg studiert bei den Professoren Heidegger, Bultmann und Jaspers, im Hauptfach “Philosophie” und daneben “Theologie” und “Griechisch”. Wie ist es zu dieser Studienwahl gekommen?

Hannah Arendt: Ja, wissen Sie, das habe ich mir auch oft überlegt. Ich kann dazu nur sagen: “Philosophie” stand fest, seit meinem vierzehnten Lebensjahr.

Günter Gaus: Warum?

Hannah Arendt: Ja… Ich hatte Kant gelesen. Dann können Sie fragen, warum haben Sie denn Kant gelesen. Und für mich, war es eine Frage, irgendwie: entweder kam ich Philosophie zu studieren oder ich gehe ins Wasser sozusagen. Aber nicht weil ich das Leben nicht liebte sondern, ich sagte vorhin, dieses Verstehen müssen.

Günter Gaus: Ja, das Bedürfnis zu verstehen.

Hannah Arendt: Das war sehr früh schon da und das liegte sich dann auch sehr früh schon … Sehen Sie…Die Bücher gab es alle zu Hause…Die zog man aus der Bibliothek…

Günter Gaus: Haben Sie auβer Kant Lektüre-Erlebnisse, an die Sie sich besonders erinnern.

Hannah Arendt: Ja. Erstens Jaspers “Psychologie der Weltanschauungen” erschien, glaube ich,1920. Da war ich…dreizehn

Günter Gaus: Vierzehn…

Hannah Arendt: Vierzehn, dreizehn…Daraufhin las ich Kierkegaard und das hat sich dann gekoppelt….

Günter Gaus: Dann von daher die Theologie?

Hannah Arendt: Ja, das hat sich dann so gekoppelt, dass das Beides für mich zusammengehörte. Ich hatte dann nur bedenken: wie man es denn nur macht wenn man Jude ist, nicht?…Wie das vor sich geht?…Ich hatte doch keine Ahnung, nicht?…Und da hatte ich schwere Sorgen, die sich dann ohne Weiteres beheben liessen

Griechisch ist eine andere Sache. Ich habe immer sehr griechische Poesie geliebt. Und Dichtung hat in meinem Leben eine sehr grosse Rolle gespielt und da nahm ich Griechisch dazu, weil das am bequemsten war. Das las ich sowieso…nicht?

Günter Gaus: Oh, ja… Respekt.

Hannah Arendt: Nein….

Günter Gaus: Ja, doch…

Hannah Arendt: Nein, also…

Günter Gaus: Ihre intellektuelle Begabung, Frau Arendt, so früh erprobt. Sind Sie von ihr als Schülerin und junge Studentin, auf einer vielleicht schmerzliche Weise gelegentlich vom normalen Verhalten Ihrer Umgebung getrennt worden?

Hannah Arendt: Ja, wissen Sie, das hätte so sein müssen, wenn ich es gewusst hätte. Ich war der Meinung  “ So sind alle…”

Günter Gaus: Wann ist Ihnen dieser Irrtum bewusst geworden?

Hannah Arendt: Ziemlich spät, ich will es nicht sagen. Ich schäme mich. Ich war unbeschreiblich naif… Das lag zum Teil an der häuslichen Erziehung, nicht. Es würde nie darüber gesprochen, es würde nie über Zensuren gesprochen, nicht? Das galt als minderwertig. Jeder Ehrgeiz galt als minderwertig, zu Hause. Und ja, jedenfalls, war mir die Sache nicht bewusst. Sie war mir wohl bewusst, manches Mal, als eine Art von Fremdheit unter den Menschen.

Günter Gaus: Eine Fremdheit, von der Sie glaubten Sie gehe von Ihnen aus?

Hannah Arendt: Ja, ausschliesslich. Hat aber nichts mit Begabung zu tun. Habe ich nie mit der Begabung gekoppelt.

Günter Gaus: Resultierte daraus gelegentlich…..sagen wir zum Beispiel, in Ihren jungen Jahren, eine Art Verachtung für die Anderen?

Hannah Arendt: Ja, das gab vor, das war schon sehr früh da. Das könnte schon sehr früh sein und unter solcher Verachtung habe ich schon mals mehr gelitten. Nämlich, dass man das eigentlich nicht soll, dass man das eigentlich nicht darf…usw.

Günter Gaus: Als Sie 1933 Deutschland verlassen haben, sind Sie nach Paris gegangen, wo Sie in einer Organisation arbeiteten, die jüdische Jugendliche in Palästina unterzubringen versuchte. Können Sie mir darüber etwas erzählen?

Hannah Arendt: Ja, wissen Sie, ich will Ihnen darüber, das würde mich zu weit………Ich will Ihnen sagen was ich weiss, es war die “Jugend Aliyah”, eine Organisation, die in Deutschland auf Veranlassung von Recha Freier gegründet worden war und zwar schon 32 und dann 33 natürlich ganz gross wurde und dann von Henrietta Szold in Amerika geführt wurde. Organisatorisch Recha Freier in Deutschland., Henrietta Szold dann in Palästina. Diese Organisation brachte jüdische Jugendliche und auch Kinder, aber bei Kindern, damit habe ich nichts zu tun gehabt, zwischen dreizehn und siebzehn nach Palästina, damit sie aus Deutschland, und hat sie doch  in  die Kibbuzim untergebracht. Daher kenne ich diese Siedlung eigentlich verhälnismäβig gut.

Günter Gaus: Und aus einer sehr frühen Zeit.

Hannah Arendt: Aus einer sehr frühen Zeit. Und habe  damals einen sehr grossen Respekt davor gehabt: wie diese Sache vor sich ging- Die Kinder empfingen eine Berufsausbildung und Schulausbildung. Nun, in Frankreich lag die Sache so, dass die Flüchtlingskinder, wenn sie vierzehn Jahre alt waren und die Schule beendet keine Arbeits-und keine Berufausbildungserlaubnis bekamen und infolgedessen wurden Zertifikate nach Frankreich abgezweigt für Flüchtlingskinder und ich habe hier und da polnische Kinder untergeschmuggelt, weil das natürlich auf eine Bevorzugung der aus Deutschland stammenden herauslief.

Und das habe ich mit einem sehr grossen Vergnügen gemacht. Das war eine reguläre Sozialarbeit, Erziehungsarbeit, grosse Lager auf dem Land, wo die Kinder vorbereitet wurden , wo sie auch Stunden hatten, wo sie lang arbeiten werden, wo sie vor allen Dingen zunehmen mussten, man musste sie vom Kopf bis Fuβ anziehen, man musste für sie kochen, man musste eigent…man musste vor allen Dingen für sie Papiere beschaffen, man musste mit den Eltern verhandeln, man musste sich vor allen Dingen auch, Geld besorgen, das blieb mir auch noch, weitgehend überlassen. Ich habe mit französischen Frauen zusammengearbeitet…Also das war ungefähr die Tätigkeit…Nun… Aber der Entschluβ überhaupt aus der Tätigkeit vorher…Wollen Sie oder nicht?

Monty Python´s Spam

diciembre 18, 2013 Deja un comentario

I got to know yesterday at the Roll that the term “spam” comes from  a 1970 Monty Python’s  skit.

Given that my previous post  revolves around this term,  inserting this video of the sketch may be a way of round it off.

“Go watch the fish drinking in the river”

diciembre 17, 2013 Deja un comentario

They loved Christmas. Like lovable children in love with love they were last seen   whispering sweet lullabies to each others earlobes while they linked their arms to drink a toast to the new year. They had met one summer in the first  summer Christmas resort that “Leisure Reloaded Ltd.”, the renowned family-friendly hotel chain,  had opened in the middle of the Nevada desert. Both of them belonged to the age and social group that the hotel company was targeting. His name was Klaus, proud of his bavarian German blood , and hers Carole, from South Carolina, also known as The Palmetto State. He was a morose bachelor that kept on reproaching himself having gone astray in his search for love and she a spinster  still willing to give love a chance under the palmetto shades or a coconut tree, for that matter. They were in their late-fifties and half a century , give or take an hour, was the time span they secretly believed they could count upon to meet each other one day and finally fall in love.

But God´s invisible hand by the means of “Leisure Reloaded Ltd” family-friendly hotel chain had arranged otherwise and showed itself willing to make that waiting time much shorter. According to the marketing files of the company  Carole and Klaus were raised within wealthy, healthy and wise family environments in which the pattern of success was woven according to the catholic motto: show your neighbours you´re happy so that they can be happy too. An important milestone in this life pattern were the Christmas celebrations, with their hammering home of an ubiquituous and allmighty love that prevented anyone from raising a complaining voice,unless he wanted to bring upon him the unanimous wrath of  all the blessed souls smiling around him. The company´s files attested particularly to this matching feature of their personalities. Beyond any national difference, there remained the stubborn  fact  of their exemplary abiding by what was expected from them , that is: smile, keep on smiling, don´t spare your nice white teeth from displaying your lovely smile  to all the smiling people around you , go give yourself a treat and allow your jaws and cheeks to stretch to the utmost in an everlasting smile and if , by chance, the time comes when your jaw muscles begin to give in or your cheekbones sinews to fall apart in the face of such an unbearably protracted smile , don´t worry, for a reasonable flat-rate “Leasure Reloaded Ltd” family-friendly hotel chain will provide you with the best plastic surgeons available round-the clock in its luxurious summer Christmas resorts.

In spring , the flowering season, their laptops had  blossomed with spam emails sent from the marketing department of “Leisure Reloaded Ltd” family-friendly hotel chain. At the beginning neither of them had paid any attention to those spams because they never bothered to check their junk email folders. Fussing with spams was far from being a priority in their always busy lives. Their pride wouldn´t allow them in any case to stoop so low. Spam… Only the fact of the spelling of this word bearing such a ressemblance to “sperm” was enough to  make it  too sticky a thing for them. Still, as summer approached and the prospect of not having anyone to spend their summer holidays with, began to cast a dark shadow over their strong believe in  love having  to smile upon them, no matter how, no matter when, whatever the cost, they ended up opening their junk email boxes, not without previously assessing  that their mouse clicking into the junk box was not witnessed by anybody.

In doing so they both recalled their last summer´s dissapointments. Both of them had taken a cruise. Carole to the caribbean sea, Klaus to the mediterranean.  Carole had shortly before decided to join a catholic tourist league following the advice of a close friend, that had extolled the  charisma of its tourist guides and the spiritual lessons they delivered from the bridge of the cruise ship to the lost yet affluent flock that out of loneliness had surrendered  their emotional fates to them. As it happened Carol´s way of surrendering her emotional fate , her passionate way of joining the morning gospel activities on deck stretching her arms toward the preaching tourist guide in a sort of religious fit and the shaking up and down of the chunk of meat forcibly fitted into the blue- velvet breeches that she wore while she bounced on deck to the tune of those morning gospel songs, winded up misleading the tourist guide´s leadership, who couldn´t avoid  getting carried away by sin and grab Carole´s ass  thinking  that she would surrender it to him with one of those gleeful smiles of hers. But Carole´s outright decent reaction took the form of a resounding smack on his face after which she left the boat with a swaggering gait heading toward the port authorities of Puerto Vallarta, the caribbean haven in which the ship cruise was temporarily docked, and where she intented to report the ominous harassment she had been victim of. After phoning some of her Palmetto State cronies from the port´s head office she got  indemnified in cash by the  travel agency and the shipping line diligently paid her the travel back home on another cruise ship which at her sole request was christened anew as “Love Boat” and to which she was able to transfer overnight in the same harbour.

In regard to Klaus, what else can we say but that feeling sick because he wasn´t used to travelling by sea , his only attempt to shake off the cobweb that was spinning in his increasing bachelor hopelessness  was to enter the ship´s cockpit and slipping his arms around the waist of an attractive female officer  to start talking  her about the concept of anguish and fear in Heidegger´s philosophical work, after which she started  to feel sick herself , if not directly willing to jump off the boat and be carried adrift  in the wake of the  boat´s bloodthirsty propellers.

In view of all these mishaps, Carole in Charleston, South Carolina and Klaus, in Regensburg, Bavaria- decided almost simultaneously to try and take another  glimpse at the “Leisure Reloaded Ltd.” spam campaign in the junk boxes of their laptops and thereupon and almost also simultaneously, darted out of the junk folders at a click of their mouses and proceeded in haste to close the laptop lids with the aid of their hands and arms and elbows and what not  and having assigned their chests the task of covering closely from behind the whole exit manoeuvre, they ordered finally their eyes to look anguishly around their rooms lest someone had seen them clicking into the junk box in desperate search for those redeeming spams. A word “Spam”, by the way, over which they kept on musing because of the unsettling similarity its spelling bore to “sperm”. But, however it may be, being both regrettably alone at their respectives homes, who could  be there  watching them? God, perhaps? The absurdity of this made them smile out of relieve and the stronger their awareness was of God not being snooping around their rooms the sooner their smiles  turned  into a mischevious grin full of guilt, if such a thing is possible, which indeed it is.And with this queer grin in their faces they summoned  the peace of mind necessary  to open  their laptops again and  begin feasting on what the spam ads had to offer them.

The “Leisure Reloaded Ltd.”spam brochures were, admittedly, smartly edited and  included colourful pics of the brand new premises that the company had built  in the middle of the Nevada desert. The Nevada facilities consisted of  a sort of gigantic shopping mall with the shape of an enormous ship cruise- a “shipping mall” the company´s bright brand manager jokingly liked to call it in the quarterly board meetings they held- a metal structure in the shape of a cruise ship stranded in the middle of nowhere, surrounded by huge palm trees ,whose shades were, no doubt, far much larger than those of Carole´s modest South Carolina´s  palmettos and, as to Klaus, alone the palm trees sunny luxuriance was enough to meet his craving for heat after the frozen winter he had had to endure in Germany. But, of course, not only nature´s profiglacy played a role in their decision making. No. There were also their spiritual needs to cater for and that´s where the marketing people of “Leisure Reloaded Ltd.”  had put the icing on the cake.

The hotel company´s by-laws defined its mission in the following terms: “to develop a welfare community within our new premises, a community formed by a set of  catholic affluent people in their fifties whose succesful professional careers have, no matter the reason, luckily decoupled from their crippled emotional fates  and that, no matter the unreason, feel that their unmatched longings for love and happiness could only be fulfilled during the Christmas celebrations” Should “Leisure Reloaded Ltd.”  make, incidentally, some money accomplishing this charitable purpose, the company´s by-laws took, in passing, the opportunity to  disclaim any responsability whatsoever concerning what further uses it would make of any extra dough that winded up in its pockets.

As a matter of fact Carole and Klaus were two respectable catholic urban individuals in their fifties that met by far the marketing mix requisites that the company was looking for. Because Carole and Klaus still nourished their Christmas dreams and were fond of carols and St. Claus and Rudolph the red nose reindeer and, broadly speaking, of everything that could prompt one´s  tender smile and one´s bountiful  heart in front of a colourful window display full of confetti and party blowers.  Carole was unquestionably more musical whenever it came to express the fondness she felt  for Christmas but  Klaus,  Klaus philosophical airs and white beard simply melted down in front of such things as  a living crib or the parade of the holy kings or the Glühwein-a bleach- tasting warm wine drunk at german Christmas markets,or, for that matter, the version of “auld lang syne” being sung in chorus after the New Year Eve´s countdown by the passengers and crew of a luxury liner in 1972´s  film “The Poseidon Adventure”  just, by the way, in the very moment a huge wave crushes against the hull of the liner and puts an abrupt end to  toasts ,smiles and  high-and- low-pitched human voices.

“Leisure Reloaded Ltd” offered them all that and set it furthermore in a unique exotic location at very, very fair prices  and, to round everything off, the offer arrived in a time  when against the chilling shadow that death began to cast upon them pinpointing unmercifully the crucial failures of their lives, they couldn´t think of any better safe-haven to flee  to  than the spam box of their steaming laptops blossoming luxuriantly in spring.

Thus in the great reception hall of that mall spawned, as it were,  by all  that  spring feverishly spam of their laptops Klaus and Carol came to meet each other the Christmas of that summer.Their eyes met for the first time as they turned smilingly their heads , sticking out of the holes of a  cardboard cutout photo set with the figures of the holy Joseph and the virgin Mary. It was the first part of the opening ceremony that the marketing people  of “Leisure Reloaded Ltd” had come up with. After  the photo shooting a carol contest was scheduled named after, and here again the marketing team had put the icing on the cake, the Spanish worldwide renowned Christmas carol “Go watch the fish drinking in the river”. Anyone able to contrive a carol that matched , however little,  the creative genius contained in such a chorus would be granted a slot machine with christmas motifs as well as the right to be the first one to strike up “Auld Lang Syne” after the New Year´s Eve countdown. The competition proved to be tough but ultimately  who if not Klaus could have won the carol contest for Carole´s sake? And who if not Carol could have kissed Klaus in that very instant for the first time? And who if not all of that set of catholic affluent people could have smiled at the new borned couple in the exhilarated way they did?

Out of a spam, whose spelling so close a similarity bore to “sperm”, a new love story had come into  the world .Whether it was bound to last  or not, it would depend on the New Year eve´s countdown and the time it took after it for the first cracks to appear in the metallic hull of the ship shaped facilities  that “Leasure Reloaded Ltd” family-friendly hotel chain had, in less time than the clinking of two toasting glasses , erected in the middle of the Nevada desert.

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Robinsonne (histoire inachevée)

Elle vivait seule dans une île. Elle s´était arretée de chercher un homme qui dans cette île pourrait l´accompagner. En fait elle n´avait pas même essayé de le chercher. On a dit ça parce que c´est la chose la plus normale chez nous, mais pas dans cette île où cette femme se trouvait toute seule et finalement hereuse.

Ici la chose la plus proche à un homme était un oiseau mâle dont le chant rappelait celui de son mari lorsqu´il chantait en se douchant, bien que pas necessairement tous les matins.

Mais son mari, au demeurant,  n´était plus là. Il est mort pendant le naufrage du bateau dans lequel ils voyageaient vers l´Afrique. Grâce à son mort elle ne devait pas plus subir un être si penible et violent que cet homme le fût.

À l´époque où son mari vivait elle maintenait en état un batîment déssaffecté. À un moment donné, lorsque son mari avait gaspillé tout l´argent de son famille, il l´a forcée à travailler dans ce metier en lui disant qu´à partir de là il resterait à la maison, ferait le linge, essuyerait la vaisselle, bref, s´occuperait de tout ce qu´avait rapport aux besoins domestiques, tandis qu´elle se chargerait de gagner l´argent. Dans ce but il avait contacté un ami à lui,  proprietaire d´un batîment industriel pres de chez eux, don’t le maintien avait le besoin d´une touche féminine.

Contrairement à la chose la plus normale chez nous où traditionnellement c´est la femme qui est ravitaillée par un homme qui lui apporte chaque semaine le necessaire quand le temps le permet et bien que leur relation amoureuse eût commencé avec cette idée dans sa tête, la conduite de son mari envers elle a changé de fond en comble aprés la mort de ses parents. A partir de ce moment il est devenu le monstre qu´il était dans ses derniers jours, un monstre capable de l´amèner en Afrique pour qu´elle travaille dans une plantation de tabac au Congo alors qu´il dépensait l´argent qu´elle gagnait avec la sueur de son front. La situation était arrivée à un tel point qu´elle ne songeait qu´ à l´assassiner où à espèrer un événement miraculeux qui l´épargnera une peine de prison à vie.

Et miraculeusement cet événément est arrivé lorsque le bateau qui les amènait en Afrique a sombré et par la suite son mari s´est noyé tandis qu´elle s´est sauvée en arrivant dans cette île òu elle était hereusement seule.

Ici elle a fini por constituir un stock de vivres où cas òu elle ne trouvait pas un homme que, d´ailleurs, comme ci-dessus nous avons déjà dit, elle ne cherchait pas du tout. En fait aprés l´expérience avec son mari si miraculeusement décédé elle a developpé un fort penchant pour la compagnie amoureuse des animaux domestiques, auxquels aprés une periode épanouissante de vie ensemble elle tueait pour s´en nourrire. C´était l´empreinte que la vie en couple avec son mari avait laissé impitoyablement en elle.

Dans ce temps là, tous les jours, lorsqu´elle rentrait à la maison aprés avoir donné une touche femenine au batîment de l´ami de son mari, elle se renfermait dans la salle de bain pour se mettre là dedans à rèver d´une autre vie pire que la sienne. L´hèros de ces rèves n´ètait pas evidemment elle, sinon la maîtresse de son mari avec qui il l´avait trompé dès le début de son mariage. Le temps qu´elle passait dans la salle de bain était le seule plaisir qui, alors, lui était à portée de la main: celui de se venger de cette traitresse…

Charlie´s blunders

That Friday at noon he stopped working before closing time. He shut down his laptop, let out a heavy sigh and got ready to let himself be carried away by anything worth getting oneself  carried away. That was it. End of the hardships after that morning he had had to endure. Not quite, though.

He locked the door of his office turning the key twice as he usually did for the weekends. He then made his way to the bus station. The bus was meant to take him to the border. Having before taken other buses of the same line, he relied on their punctuality.

The bus arrived customarily late, according to one passenger, who seemed to know what he was talking about. When the bus finally appeared he asked the driver if he thought they would make it in time showing him eagerly  the train ticket scheduled to take him from the border to the inland of the neighbouring country . The bus driver shrugged his shoulders. This made him somewhat anxious. He got a bit puzzled onto the bus, seated in his seat, opened a book and thought about taking a nap and letting himself be carried away by anything worth getting oneself  carried away. Not quite, though.

The bus started its engine. Joined the motorway. Confident on the broken line and the  two lanes  the bus driver could count on he decided to relax and close his eyes. He made himself ready to take that nap. He was on the brink of sleep when he noticed a brusque movement of the vehicle. His dizzy forehead stroke repeteadly against the  window. He opened his eyes and saw the bus taking an unexpected exit road to a small town that was still too close to his point of departure. The same passenger by whom he was previously informed told him this time that the route included several stops before its final destination at the border. His anxiousness mounted but, strangely enough, it was subdued by the fact that outside it was now pouring with rain. All that rain, all those black clouds pouring their rain into that small industrial town they had just arrived in, a narrow working-class town whose town´s square was soaking with water and that was located in a kind of ravine crammed with high concrete buildings and encompassed by even higher green mountains that towered over them, all this kind of oppressing and at the same time deeply familiar atmosphere, calmed him down, so that he started to let himself be carried away by the feelings that that landscape stirred up in him, as if he were losing himself already in a remote border without even crossing the factual one he was heading for. The image of a mole burrowing blindly his way into the moistened soil flashed for an instant accross his mind and then disappeared. Was he unconscioulsy blundering into somewhere he might afterwards regret having to get out from?

The bus resumed its way. Joined again the motorway. Stopped once more in one of those small industrial towns, which in places were randomly crossed by something you could hardly called a river but that was polluted enough to be detected by your nostrils. The wings of his nose were used to that peculiar smell. They had breathed it in  since his childhood , there was a powerful reminiscence attaching his senses to this unique salty blend of moisture and industrial waste. Its spicy saltiness came in fact from the sea, which could already be anticipated behind the soaking green mountains. Just the direction which the bus was heading for after having left anew the motorway.

And there she was, there she emerged, all along a winding stretch of road that bordered the coastline: the grey ,surging, foamy sea, scattered with surfers lying in wait of the next wave series on top of their surfboards, building in their neoprene black suits tiny black points in the middle of a grey immensity. For a second the pitch-black  of their suits reminded him of the tar balls that got annoyingly stuck to the soles of his feet when he was a kid , when summer holidays were a kind of  boundless eternity spent in the surface of an endless beach. He could even smell them, those tar balls, the blend of tar and salt and moistened sand, and the amazing debris, all that wreckage that arrived ashore in September, when the summer was almost over and the high tides began to be particularly powerful and dangerous. What a pleasure to rummage along the length of the beach amid that incredible heap of wasteful things that had landed in the seashore some of them cruelly torn  from who knew what distant and  disrupted homes : maimed barbie dolls with  tar dyed manes; uncombed mops in desperate search for their castaway handles; bleach canisters with tar birthmarks; branches , trunks, lumber of all sorts from which pitch was barely distinguishable from tar and that were once probably  in charge of warming up a cosy fireplace  , low profile closures with flexible pouring spouts for stackable containers also nicely enveloped in tar… If there was anything he and his friends ever yearned for in their plundering of that horn of plenty it was not the detached and lean hand of a Barbie doll with pitch- black painted nails or a tar-dyed mane but rather a real human female hand stretching out from that disjointed set of odds and ends and pulling after her the naked body of one of “Charlie´s Angels”, the tv series their incipient sexuality was then ferociously hooked on.

He felt his forehead striking again against the bus window. He opened his eyes.His forehead was sweating, He felt distressed, still under the far-reaching vision of that naked female body stretching its hand out of the dump and  arising immediately thereafter in one piece, the vision that had roused him from his sleep. It took him at least two minutes to realize that the bus was manoeuvring its way into the bus station at the border. He gathered his belongings and dizzily got off  the bus. He asked the driver where the train station was. The driver showed him this time matter-of-factly the way. He crossed the border and headed under the rain for the railway station. It was already dark, pitch-dark. The departure of his train was scheduled within half an hour but the engine had already arrived. He bought a white chocolate bar from a vending machine and got onto the train. While munching the white chocolate bar and getting settled for the new railway stretch of his journey, he felt as if each swallow of that white stuff helped him to get rid of the pitch dark turmoil in which  the female hand stretching out from the wreckage had plunged him. Swallow after swallow he gradually came to grips with reality and tried to pick up the goal of his journey, whatever this was. Not quite, though.

Four stops after the train´s departure, he was confortably ensonced in his aisle seat. He had taken out a book as well as a pencil and a pencil sharpener and was absorbed in underlining the paragraphs that stroke his attention the most. Four hours of journey lied ahead of him. Four hours during which he didn´t intend anything else but to underline what was worth to be underlined while he was cosily seated in that  train compartment whose wheels were  gathering speed on top of the unbroken lines that made up the railway tracks.

In the fifth stop a couple entered his compartment: a man in his late fifty´s  and a woman of thirty something. They didn´t get intimidated by the fact of his having placed the luggage and  stretched his legs across the seats that the couple was now silently urging him to free. After some discussion the woman ended up seating in the seat opposite his and the man in the one to her right. The man was a heavyset, garrulous, plain man. He wore a gold wrist watch, a checkered shirt  unbuttoned  half-way down his hairless chest, a necklace loosely hanging from it, and his smarmed hair was parted in a straight line, looking as if it had been stuck with glue to form a track that ploughed relentlessly through his entire skull.No sooner were they both seated than the man took his cellular out and started to speak in a loud voice. The woman made him a sign of regret and at her sign he left the compartment,  bound for who knows where, for the toilet, may be.

He couldn´t but be thankful to the woman for having made his husband leave the compartment by that sign of regret. He even discovered  himself willing  to decipher that sign as a kind of treat meant to allow him to resume at full ease his reading and underlining, as if, for the woman´s  part, that sign revealed  a hidden desire to tend him, to caress him with – even if he hadn´t yet seen them- her lean, slender hands. Were it not for the absurdity of the thought he would have agreeably rejoiced in it specially after having let his eyes thoroughly examine the type of female that was seated in front of them.

She was a tall and lean woman , dressed in a silky shirt unbuttoned half-way down her shapely breasts in whose center two prickly nipples seemed too eager to dart out towards his vulnerable heart, so close he felt them graze his nose while she placed her bag in the luggage rack on top of his head. She wore a pair of close- fitting jeans that enhanced the curvy silhouette of her buttocks, fully tight while she stretched up on her tiptoes to reach the rack.  A pitch-dark  mane fell elegantly on her shoulders and the elongated lines of her slender hands continued unbroken in ten nimble fingers crowned by pitch-black painted nails. She was smiling at him. Whether angel or barbie doll, he was  bewitched by her. He gawk at her while she rummaged in her handbag, out of which she took a book and a pencil.The book was Plato´s Republic. Just the book he was himself in that moment absorbed in underlining! He happened to notice the bluntness of her pencil´s point. He obligingly offered himself to sharpen it arguing that underlining was in itself an art to which blunt pencil points were openly detrimental. She laughed at his remark and subsequently took the chance to  introduce herself to him. Her name was Sabrina, Sabrina Duncan. Duncan was his husband´s name, she told him. She married in love with him and their honeymoon was unforgettable, fucking like rabbits in awesome places all over the world as they had, she went on with a wholeheartedness that took him by surprise causing his stomach to twist into a sudden knot. Nevertheless, she continued pointing with her forefinger to the copy of her book, in reading Plato´s Republic  she had come to realize what in an unspoken way she had forbode from the first day of their relationship: the fact that her husband was one of those individuals who Plato, using Dr. Asclepios as a mouthpiece for his opinions, like to refer to as “organisms that attached themselves permanently to infirmity…” that is “ the type of individual incapable of living just the life period that he has been assigned and that were  useless both for themselves and for the community”. She had tried for many years to cope with this state of things for the sake of her stepparents, who were wonderful people, yet she couldn´t go on like that any longer because she had always considered herself, quoting again Plato, a “guardian of the city” or  in plain words, for him to fully understand her, a kind of “Charlie´s  Angel” with no other goal but to see to the health of the community. Her husband, no use trying any longer to ignore it, had become unfortunately an ill person, an individual permanently fixed to his disease, which he had in fact come to love more than her. To put it in a nutshell, she concluded, she could no longer cope with such an obnoxious being, a tar blob one should weed out as soon as possible.

The quotation of Dr. Asclepios and the sole mention of those four words “Guardian of the city”  made the spell she had put on him the more compelling. He was indeed familiar with them thanks to his recent Plato readings just as he was with the expression “Charlie´s Angel” since his teenage hooked -on – tv years. So many and meaningful coincidences overwhelmed him. What doubt could there be as to them being kindred spirits. Hadn´t the time come for him to help that brotherly female hand out from the pitch- dark destiny she had out of love blundered into?

Right after her sharing with him these confidences he found himself nodding to her preposterous proposal.Given the thickness of her pencil mine she was convinced that if he sharpened it to the utmost it could pretty much end up functioning as a center punch. She therefore suggested him to go ahead with the sharpening, cross the aisle of the train´s compartment once the pencil´s point was threatening enough, reach the toilet that was located just behind the glass sliding door at the rear, make his way inside the john where her husband would surely be seated muddling through his prostate troubles and taking advantage of his defenseless position stab him the yugular vein with the sharpened pencil.Once the job was  done they would flee the train and start looking for awesome places to live out their childish dream of fucking like rabbits all over the world.

Hooked on the words of that angel of Charlie, Charlie did as he was told. He sharpened his pencil carefully to the utmost, stood obediently upon his feet, walked along the compartment´s  aisle blind as a mole , spittle gathering at the corners of his mouth, forced his way into the toilet where the husband was in effect muddling through his prostate troubles with his trousers off, pushed back his elbow for the stationery stab to gain momentum and….

“For heaven´s sake no, no, no…Don’t do it, you crazy fool! shrieked Charlie waking and sitting up in full distress in their double bed, dripping in sweat.

“What´s wrong, darling!” exclaimed anxiously his wife, who was awaken by his pulling violently the bed sheets as he sat up panic-stricken

“Oh, thanks God, you´re there, honey…Nothing, nothing really to worry about… Just a bad dream. I dreamt I was heading for the border, I took a bus, then a train and then somehow…  somehow… I blundered into a trap…” he told her while he was soothed by the caresses of her lean, slender hands, by the tip of those fingers crowned by pitch-black painted nails slipping softly down his back.

“Calm down, Charlie, forget about blunders and traps and all that crap. Come to my arms , angel, and let yourself be carried away by my kisses while we listen together to our wedding´s soundtrack in the record player.”

That widow, whom she had married two years ago, still knew how to handle the pitch- dark blunders of his sleepless nights. That´s why he  loved her so.

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Le téléphone noir

C´était un téléphone noir. Telle était sa noirceur, qu´il faisait peur. Il était au milieu de la masion, dans une chambre au bout d´un couloir interminable.

Se trouvante entre la cuisine et une salle de bain pour invités distingués que personne utilisait, la fonction de cette chambre par rapport au reste de chambres était une enigme.

Une enigme, on doit le dire, colorée, même bariolée, car le papier peint qui couvrait ses murs était un melange d´orange, jaune et rouge sur fond marron. Et justement là, accroché à eux, était le téléphone trop noir.

Il a sonné une fois. La femme de ménage l´a pris. C´était la dernière fois que nous, les enfants, l´avons vu.