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El abuelete refunfuñón (Alain Finkielkraut) vs. El portavoz de pulgarcita ( Michel Serres): una conversación francesa II

Ci-dessous mon deuxième billet avec la traduction espagnole de la conversation entre les philosophes francais Alain Finkielkraut et Michel Serres qui a eu lieu le 8/12/2012 dans l´émission radio “Repliques” de France Culture. Voici le lien à l´émission:

http://www.franceculture.fr/player/reecouter?play=4519989

Más abajo mi segundo post con la traducción española de la conversación entre los filósofos franceses Alain Finkielkraut y Michel Serres que tuvo lugar el 08/12/2012 en el programa de radio “Repliques” de France Culture. Arriba el enlace al programa

M. Serres: Si, en efecto la brecha se agrava y para comprender este nuevo hecho lo mejor que uno puede hacer -es lo que le acabo de proponer-es reflexionar y tomar cierta distancia. Y así vemos que cuando uno escucha a Sócrates hablando a sus interlocutores en “Los Diálogos” de Platón nos damos cuenta de que Sócrates no comprende en absoluto que una cosa como la escritura sea posible, puesto que lo que el representa es la palabra dicha, la palabra oral, que él llama “viva”, la palabra que vive, la palabra viva que transporta la vida, el espíritu y, frente a esto, la escritura aparece como algo muerto… Por lo tanto, sí, efectivamente, hay una brecha enorme, la brecha que se abre entre Sócrates y Platón lo es tanto como la que hay entre el periodo oral y el de la escritura, y es esta brecha la responsable de  la falta de comprensión que se instaura entre el predecesor y el que le sigue. Sin embargo, va a ser este segundo el nuevo encargado de transmitir la tradición y la cultura a través de la escritura.

De igual manera si nos centramos en el Renacimiento nos damos cuenta, querido amigo, de hasta qué punto el doctor de la Sorbona de la Edad Media no va a comprender nada de lo que la obra de Rabelais significa. Rabelais y su “Gargantúa y Pantagruel” aparecen justo en un momento en el que al doctor de la Sorbona le va a ser imposible comprender de qué va “Gargantúa y Pantagruel” y precisamente por ello, Montaigne, testigo de esa transición de la escritura a la impresión, va a decir una cosa que es fundamental: “prefiero una cabeza bien hecha a una cabeza bien llena. ¿Y porqué dice Montaigne esto? Pues por una razón muy simple… Porque sabe que antes, si se era historiador o médico o… no quedaba otra que saberse todo de memoria… Herodoto, Tucídides, Tácito son un ejemplo de esto mientras que , como dice Montaigne, una vez que uno puede disponer de un libro en una biblioteca desaparece esa necesidad de sabérselo todo de memoria y, en consecuencia, podemos decir que lo que cambia no es solamente el saber sino la cabeza. Montaigne supo comprender muy bien esto…

Estas dos experiencias, estos dos testimonios históricos de sendas transiciones que le propongo, la que se da entre Sócrates y Platón, que abre una brecha enorme,  y la que existe entre el doctor de la Sorbona y Pantagruel y que Montaigne ilustra a la perfección al decir: una cabeza bien hecha y no tanto una cabeza bien llena… es decir, que lo que sucede que cambia es la cabeza y por eso comprendo tan bien lo que Ud. llama “brecha” , cuyo origen hay que buscarlo en el esclarecimiento que cada vez supuso, primero la revolución de la escritura, luego la de la impresión y, hoy en día, la revolución numérica. Y, sí, tiene Ud. razón se trata de una brecha, lo que pasa es que hace falta comprenderla.

Alain Finkielkraut: “Hace falta comprenderla”… pero ¿Es que puede emerger una nueva cabeza , una cabeza bien hecha , de la red?… Hay cierta gente, usuarios incluso de la red, que se plantea esta pregunta…Me estoy acordando de Nicholas Carr, investigador americano, que sostiene que Internet nos vuelve estúpidos porque mientras en un libro se nos propone un mundo , Internet se encarga de volverlo fluido, porque mientras en un libro es un camino lo que se nos propone , en Internet, a lo más, se surfea…

Michel Serres: Espere, espere un momento… ¿Qué tipo de Internet emplea Ud.? Quisiera saberlo antes de responderle.

Alain Finkielkraut: Bueno, yo… (risas) yo no soy usuario,  soy una nulidad en informática.

Michel Serres: Nuestro debate en ese caso se complica porque estamos hablando de un mundo que uno de nosotros no ha pisado. Va ser difícil entonces….

Alain Finkielkraut: Bueno… vamos a ver…sí que lo he pisado, me he paseado por él…Déjeme que  le proponga un testimonio de un usuario que además tiene asiento junto con Ud. en la Academia Francesa, estoy hablando de Marc Fumaroli.

Michel Serres: Bueno….justo Marc Fumaroli es un abuelete refunfuñón de quien ayer precisamente hablaba yo en la Academia

Alain Finkielkraut: Si, bueno, el caso es que Uds. dos están en la Academia.

Michel Serres: Es que es el típico abuelete refunfuñón, de los que siempre está diciendo que lo nuevo no vale nada (risas)

Alain Finkielkraut: Yo mismo asistí al discurso de recepción que Ud. dió en la Academia. Bérénice Levet, a quien hace poco le han dado un premio por su libro “ El Museo Imaginario de Hannah Arendt” , me hizo llegar la invitación y escuché lo que en él Ud. decía. Un discurso muy bello sobre la virtud, un discurso clásico en el que Ud. comenzaba oponiendo el abuelete gruñón a….

Michel Serres: No, no, refunfuñón…

Alain Finkielkraut:  Eso , refunfuñón, no gruñón, perdón…

Michel Serres: Refunfuñón… Si… Así está mejor… (Risas)

Alain Finkielkraut: Ciero mejor refunfuñón…Ud. oponía en ese discurso el abuelete refunfuñón a Pulgarcita…

Michel Serres: Así es, Pulgarcita es mi heroína.

Alain Finkielkraut: Efectivamente, me quedó claro que Pulgarcita era su heroína y yo mismo no tuve más remedio que reconocerme en el abuelete refunfuñón.

Michel Serres: En mi discurso también decía que generalmente los abueletes refunfuñones no están muy puestos en tecnología y Ud. precisamente ha reconocido que no lo está.

Alain Finkielkraut: Pues si, la verdad es que yo podría ser un bisabuelete refunfuñón… pero, a pesar de ello, me pongo al día, leo, presto atención a lo que pasa… Así que, con todo, citaré a Fumaroli porque, por más abuelete refunfuñón que sea, se sirve de Internet  y de hecho lo ha utilizado mucho, y así lo dice , para escribir su magnífico “Diccionario de Metáforas”. “Gracias a Internet me fue posible-dice – no tener que estar peregrinando de una biblioteca a otra, todo terminaba maravillosamente por llegarme.Pues Internet convierte en más ricos a quienes ya lo somos, mientras que dejar a niños y adolescentes sumergirse en ese universo es muy peligroso porque se tiene acceso a un mundo numérico donde todo cabe , mundo que , a su vez, hace de pantalla del mundo.”

Michel Serres: Ni tan mal que sea la pantalla del mundo.

Alain Finkielkraut: Todo esto nos lleva a la relación en la enseñanza… Tengo la impresión de que los mejores usuarios de la red, los que se interesan por documentos o incluso por los contenidos SMS son precisamente gente que se ha criado en la “grafosfera” y que puede desenvolverse tranquilamente en lo que Regis Debray llama la “numerosfera”

A los “Digital natives” ,a los nacidos en la era digital, por el contrario, si bien se les ve más a su aire usando la red, acaban por ahogarse… me parece.

Michel Serres: Pulgarcita pertenece a la generación que nace en los años 85-95, o sea , justo en el momento en que las nuevas tecnologías se expanden. Su predecesor-cuando está al corriente, no me refiero al abuelete refunfuñón- trabaja con las nuevas tecnologías. Trabajar con ellas implica una cierta exterioridad. Cuando uno trabaja con una máquina no tiene uno la necesidad de saber qué es lo que pasa dentro de la máquina. La generación de después, la generación a la que yo llamo  “Pulgarcita” vive en un mundo que ya es inseparable de las nuevas tecnologías y es este mundo precisamente el que el abuelete refunfuñón no comprende. Un poco, si Ud. quiere, como al doctor de la Sorbona de la Edad Media le era imposible comprender el universo de Rabelais. Un universo, el de Rabelais, que era ya el del libro impreso y que poco tenía que ver con el rollo de la Antigüedad. El rollo de la Antigüedad, como Ud. sabe, era inaccesible. Existía una biblioteca en Alejandria, otra en el Vaticano, otra en Bolonia pero si uno vivía en la campiña de Burdeos lo tenía mal para tener acceso a esos rollos. Tan pronto como el acceso a una biblioteca se hace más fácil, las cabezas empiezan a cambiar y para intentar transmitirle dónde pasa a encontrarse esta cabeza le voy a contar una historia que cuento precisamente en mi libro “Petite Poucette”: había una vez una ciudad que se llamaba Lutecia- y no, Paris- y encontrándose reunidos en secreto los nuevos cristianos para evitar a las tropas del emperador, el lugar de reunión  al final no  fue lo  suficientemente secreto como para no ser descubiertos. De modo que las legiones romanas tumbaron las puertas y ventanas, se precipitaron sobre el obispo y lo decapitaron. Su cabeza rueda por el suelo-así lo cuento en “Petite Pucette”- y St. Denis, pues se trata de él, la recoge y se la lleva sosteniéndola con las manos- se dice que se la llevó a la cima de Montmartre-y lo que con esto se nos muestra es el hecho de que esa cabeza ha sido exteriorizada, externalizada y que la cabeza se ha puesto por delante. Y a este respecto seguramente se acordará Ud-pues pertenecemos más o menos a la misma generación- aquello que se nos decía en clases de filosofía de que el conocimiento humano está dividido en tres facultades: la memoria, la imaginación y el raciocinio- ¿Se acuerda?- Se trataba de un tríptico cognitivo que cada uno dentro de su cabeza llevaba subjetivamente. Lo que con la historia de la decapitación de San Denis quiero ilustrar es el hecho de que hoy en día la cabeza nos es algo exterior, de que disponemos delante nuestro de una herramienta que tiene más memoria que nosotros, más imágenes que nosotros, y, en ciertos aspectos, más raciocinio que nosotros, pues no en vano existen motores de búsqueda que logran unas hazañas que están muy por encima de nuestras capacidades. Esta cabeza externalizada aporta lo suyo al Renacimiento y Montaigne lo ve claramente cuando dice lo de “una cabeza bien hecha antes que una cabeza bien llena”… y lo que yo digo ahora es “una cabeza externalizada” que origina una brecha o corte enormes puesto que la cognición se externaliza, puedo servirme de ella como de una herramienta, ante todo como una herramienta, una herramienta además universal porque se trata de una herramienta cognitiva. Es lo que en el mundo moderno no se llega  a comprender, el hecho de que de ahora en adelante la herramienta va a ser cognitiva, o sea, que hay un objeto exterior a mí, que tiene  facultades cognitivas. De manera que lo que nos queda en la cabeza, lo que queda sobre nuestro cuello decapitado es la inteligencia, la inventiva, todo lo que es innovación. Nuestra relación con el saber ha cambiado en nuestros días completamente y lo ha hecho en tal grado que uno puede comparar este cambio con los cambios cognitivos que se produjeron en el Renacimiento , con el platonismo o en el momento de la invención de la escritura. De modo que no es que solamente haya cambiado la relación pedagógica sino que la relación cognitiva ha cambiado completamente. Esta es la cuestión. Y la brecha es, en efecto, enorme, puesto que estamos asistiendo a la externalización de lo cognitivo.

File:Le Moiturier (circle) Saint Denis.jpg

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