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Angst und Furcht III // Angustia y miedo III

Con este tercer post termino mi transcripición del capítulo: “La disposición afectiva fundamental de la angustia como modo eminente de la aperturidad del Dasein” del libro “Ser y Tiempo”

La idea de la angustia como un modo fundamental de la disposición afectiva del Dasein capaz de abrir de una forma priviliegiada el estar-en-el-mundo y que vendría a situarse a la base de la confianza con la que se nos ve ir de acá para allá en nuestra vida diaria, me resulta de particular interés porque parece un intento der sacar a la angustia de su reducto fisiológico y positivizarla en la forma de una potente herramienta interpretativa.

Mit diesem dritten Beitrag bin ich mit der Abschrift des Abschnitts “Die Grundbefindlichkeit der Angst als eine ausgezeichnete Erschlossenheit des Daseins” von Heiddegers Buch “Sein und Zeit” fertig.

Die Idee von der Angst als eine Grundweise der Befindlichkeit des Daseins, die das In-der-Welt-sein in einer ausgezeichneten Weise erschliesst und  der Vertrautheit, mit der wir mit unseren alltäglichen Problemen umgehen, zugrundeliegt, hat mein Interesse stark erregt, denn ich sehe hier gleichsam einen Versuch, die Angst aus ihrer physiologischen Beschränkung zu befreien und sie irgendwie in einen gewaltigen auslegenden Werkzeug zu positivieren.

Ahora resulta fenoménicamente visible ante qué huye la caída en tanto que huida. No huye ante un ente intramundano, sino precisamente hacia él, en cuanto ente en que la ocupación, perdida en el uno, puede estar en tranquila familiaridad. La huida cadente hacia el estar-en-casa de la publicidad es una huida ante el no-estar-en-casa, es decir, ante la desazón que se encuentra en el Dasein en cuanto estar-en-el-mundo arrojado y entregado a sí mismo en su ser. Esta desazón persigue constantemente al Dasein y amenaza, aunque no en forma explícita, su cotidiano estar perdido en el uno. Esta amenaza puede muy bien ir fácticamente unida a una plena seguridad y a una carencia de necesidades de la ocupación cotidiana. La angustia puede surgir en las situaciones más anodinas. No necesita siquiera de la oscuridad, de esa oscuridad en la que uno, de ordinario, más fácilmente se desazona. En una forma especial, en la oscuridad no hay “nada” que ver, si bien el mundo sigue, justamente, estando “presente”, e incluso con mayor insistencia.

Cuando interpretamos ontológico-existencialmente la desazón del Dasein como aquella amenaza que lo afecta viniendo desde él mismo, con ello no se afirma que siempre la desazón sea comprendida en este sentido en la angustia fáctica. La manera cotidiana como el Dasein comprende la desazón es el cadente darse la espalda, que “atenúa” el no-estar-en-casa. Pero la cotidianidad de este huir muestra fenoménicamente que la angustia pertenece, como disposición afectiva fundamental, a la constitución esencial del Dasein que es el estar-en-el-mundo, constitución que, en cuanto existencial, jamás consiste en un estar-ahí, sino que, también ella misma, es en uno de los modos del Dasein fáctico, es decir , en la disposición afectiva. El tranquilo y familiar estar-en-el-mundo es un modo de la desazón del Dasein, y no al revés. El no-estar-en-casa debe ser concebido ontológico-existencialmente como el fenómeno más originario.

Y sólo porque la angustia determina desde siempre en forma latente el estar-en-el-mundo, puede éste tener miedo, en cuanto es un estar en medio del “mundo” ocupándose de él en una disposición afectiva. Miedo es angustia caída en el “mundo”, angustia impropia y oculta en cuanto tal para sí misma.

Fácticamente, la mayor parte de las veces el estado de ánimo de la desazón queda también existentivamente incomprendido. Dado el predominio de la caída y de lo público, la “verdadera” angustia es, además, infrecuente. A menudo la angustia está “fisiológicamente” condicionada. Este factum es, en su facticidad misma, un problema ontológico; no sólo es un problema la averiguación óntica de su causa y de la forma de su decurso. El desencadenamiento fisiológico de la angustia sólo es posible porque el Dasein se angustia en el fondo de su ser.

Aún menos frecuentes que el hecho existentivo de la verdadera angustia son los intentos de interpretar este fenómeno en su fundamental constitución y función ontológico-existencial. Las razones para ello radican, en parte, en la omisión de una analítica existencial del Dasein en cuanto tal y, particularmente, en el desconocimiento del fenómeno de la disposición afectiva.*

*No es un azar que los fenómenos de la angustia y el miedo, habitualmente confundidos entre sí, hayan entrado en el horizonte de la teología cristiana, tanto óntica como ontológicamente, aunque esto último dentro de muy estrechos límites. Ello ocurrió cada vez que el problema antropológico del ser del hombre con respecto a Dios cobró primacía y que la problemática se orientó por fenómenos tales como la fe, el pecado, el amor, el arrepentimiento. Véase la doctrina de Agustín acerca del timor castus y servilis, de la que se trata frecuentemente en sus escritos exegéticos y en sus cartas.

Lutero, además de tratar el problema del temor dentro del contexto tradicional de una interpretación de la poenitentia y contritio, lo hace en su comentario al Génesis; y aquí ciertamente , de un modo muy poco conceptual, pero, desde el punto de vista de la edificación, máximamente eficaz.

S. Kierkegaard es quien más hondamente ha penetrado en el análisis del fenómeno de la angustia, y, ciertamente, una vez más, dentro del contexto teológico de una exposición “psicológica” del problema del pecado original.

La infrecuencia fáctica del fenómeno de la angustia no puede, sin embargo, despojarlo de su aptitud para asumir una función metodológica fundamental en la analítica existencial. Por el contrario, la infrecuencia del fenómeno es un índice de que el Dasein, pese a quedar habitualmente oculto a sí mismo en su carácter propio, en virtud del estado interpretativo público del uno, puede, sin embargo, ser abierto en forma originaria en esta disposición afectiva fundamental.

Ciertamente es esencial a toda disposición afectiva abrir siempre el estar-en-el-mundo en su totalidad, según todos sus momentos constitutivos (mundo, estar-en, sí-mismo). Pero sólo en la angustia se da la posibilidad de una apertura privilegiada, porque ella aísla. Este aislamiento recobra al Dasein sacándolo de su caída, y le revela la propiedad e impropiedad como posibilidades de su ser. Estas posibilidades fundamentales del Dasein, Dasein que es cada vez el mío, se muestran en la angustia tales como son en sí mismas, no desfiguradas por el ente intramundano al que el Dasein inmediata y regularmente se aferra.

¿En qué medida esta interpretación existencial de la angustia ha alcanzado una base fenoménica para responder a la pregunta rectora por el ser de la totalidad del todo estructural del Dasein?

Nunmehr wird phänomenal sichtbar, wovor das Verfallen als Flucht flieht. Nicht vor innerweltlichem Seienden, sondern gerade zu diesem als dem Seienden, dabei das Besorgen, verloren in das Man, in beruhigter Vertrautheit sich aufhalten kann. Die verfallende Flucht in das Zuhause der Öffentlichkeit ist Flucht vor dem Unzuhause, das heisst der Unheimlichkeit, die im Dasein als geworfenen, ihm selbst in seinem Sein überantworteten In-der-Welt-sein liegt. Diese Unheimlichkeit setzt dem Dasein ständig nach und bedroht,wenngleich unsausdrücklich, seine alltägliche Verlorenheit in das Man. Diese Bedrohung kann faktisch zusammengehen mit einer völligen Sicherheit und Unbedürftigkeit des alltäglichen Besorgens. Die Angst kann in den harmlosesten Situationen aufsteigen. Es bedarf auch nicht der Dunkelheit, in der es einem gemeinhin leichter unheimlich wird. Im Dunkeln ist in einer betonten Weise “nichts” zu sehen, obzwar gerade die Welt noch und aufdringlicher “da” ist.

Wenn wir existentzial-ontologisch die Unheimlichkeit des Daseins als die Bedrohung interpretieren, die das Dasein selbst von ihm selbst her trifft, dann wird damit nicht behauptet, die Unheimlichkeit sei in der faktischen Angst auch immer schon in diesem Sinne verstanden. Die alltägliche Art, in der das Dasein die Unheimlichkeit versteht, ist die verfallende, das Un-zuhause “abblendende” Abkehr. Die Alltäglichkeit dieses Fliehens zeigt jedoch phänomenal: zur wesenhaften Daseinsverfassung des In-der-Welt-seins, die als existenziale nie vorhanden, sondern selbst immer in einem Modus des faktischen Daseins, das heisst einer Befindlichkeit ist, gehört die Angst als Grundbefindlichkeit.Das beruhigt-vertraute In-der-Welt-sein ist ein Modus der Unheimlichkeit des Daseins, nicht umgekehrt. Das Un- zuhause muss existenzial-ontologisch als das ursprünglichere Phänomen begriffen werden.

Und nur weil de Angst latent das In-der-Welt-sein immer schon bestimmt, kann dieses als besorgend befindliches Sein bei der “Welt” sich fürchten. Furcht ist an die “Welt” verfallene, uneigentliche und ihr selbst als solche verborgene Angst.

Faktisch bleibt denn auch die Stimmung der Unheimlichkeit meist existenziell unverstanden. “Eigentliche” Angst ist überdies bei der Vorherrschaft des Verfallens und der Öffentlichkeit selten. Oft ist die Angst “physiologisch” bedingt. Dieses Faktum ist in seiner Faktizität ein ontologisches Problem, nicht nur hinsichtlich seiner ontischen Verursachung und Verlaufsform. Physiologische Auslösung von Angst wird nur möglich, weil das Dasein im Gründe seines Seins sich ängstet.

Noch seltener als das existenzielle Faktum der eigentlichen Angst sind die Versuche, dieses Phänomen in seiner grundsätzlichen existenzial-ontologischen Konstitution und Funktion zu interpretieren. Die Gründe hierfür liegen zum Teil in der Vernachlässigung der existenzialen Analytik des Daseins überhaupt, im besonderen aber im Verkennen des Phänomens der Befindlichkeit.

Es ist kein Zufall, dass die Phänomene von Angst und Furcht, die durchgängig ungeschieden bleiben, ontisch und auch, obzwar in sehr engen Grenzen, ontologisch in den Gesichtskreis der christlichen Theologie kamen. Das geschah immer dann, wenn das anthropologische Problem des Seins des Menschen zu Gott einen Vorrang gewann und Phänomene wie Glaube, Sünde, Liebe, Reue die Fragesstellung leiteten. Vgl. Augustins Lehre vom timor castus und servilis, die in seinen exegetischen Schriften und in den Briefen vielfach gesprochen wird.

Luther hat das Furchtproblem ausser in dem überlieferten Zusammenhang einer Interpretation von poenitentia und contritio in seinem Genesiskommentar behandelt, hier freilich am wenigstens begrifflich, erbaulich aber um so eindringlicher.

Am weitesten ist S. Kierkegaard vorgedrungen in der Analyse des Angstphänomens und zwar wiederum im theologischen Zusammenhang einer “psychologischen” Exposition des Problems der Erbsünde.

Die faktische Seltenheit des Angstphänomens vermag ihm jedoch nicht die Eignung zu entziehen, für die existenziale Analytik eine grundsätzliche methodische Funktion zu übernehmen. Im Gegenteil- die Seltenheit des Phänomens ist ein Index dafür, dass das Dasein, das ihm selbst zumeist durch die offentliche Ausgelegtheit des Man in seiner Eigentlichkeit verdeckt bleibt, in dieser Grundbefindlichkeit in einem ursprünglichen Sinne erschliessbar wird.

Zwar gehört zum Wesen jeder Befindlichkeit, je das volle In-der- Welt- sein nach allen seinen konstitutiven Momenten (Welt, In-Sein, Selbst) zu erschliessen. Allein in der Angst liegt die Möglichkeit eines ausgezeichneten Erschliessens, weil sie vereinzelt. Diese Vereinzelung holt das Dasein aus seinem Verfallen zurück und macht ihm Eigentlichkeit und Uneigentlichkeit als Möglichkeiten seines Seins offenbar. Diese Grundmöglichkeiten des Daseins, das je meines ist, zeigen sich in der Angst wie an ihnen selbst, unverstellt durch innerweltliches Seiendes, daran sich das Dasein zunächst und zumeist klammert.

Inwiefern ist mit dieser existenzialen Interpretation der Angst ein phänomenaler Boden gewonnen für die Beantwortung der leitenden Frage nach dem Sein der Ganzheit des Strukturganzen des Daseins?

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El abuelete refunfuñón (Alain Finkielkraut) vs. El portavoz de pulgarcita ( Michel Serres): una conversación francesa IV

Ci-dessous mon quatrième et dernier billet avec la traduction vers l espagnol de la conversation entre les philosophes francais Alain Finkielkraut et Michel Serres qui a eu lieu le 8/12/2012 dans l´émission radio “Repliques” de France Culture. Voici le lien à l´émission:

http://www.franceculture.fr/player/reecouter?play=4519989

Más abajo mi cuarto y último post con la traducción española de la conversación entre los filósofos franceses Alain Finkielkraut y Michel Serres que tuvo lugar el 08/12/2012 en el programa de radio “Repliques” de France Culture. Arriba el enlace al programa

Michel Serres: si, pero el latín, el griego, el hebreo… están en Wikipedia, están ahí, querido amigo…La verdad es que llego a desesperarme…¿Sabe Ud.? Puesto que ha hablado de mi obra “Hermes” de los años 60… En los 80 fui a ver al director de la facultad de ciencias de la educación y le dije “ ponga a todos los alumnos a meter en línea toda la cultura, toda la ciencia y toda la literatura” y va y me responde “Para eso hace falta primero convocar exámenes”… Era para desesperarse porque Wikipedia estaba ya inventada… por todos nosotros… ¿Entiende lo que quiero decir?… Estábamos por delante… Se trata de algo acumulativo, como le decía antes… Ovidio en latín está en Wikipedia, Virgilio en latín está en Wikipedia, el griego está ahí, el hebreo también…Estamos como  Rabelais estuvo en su tiempo, nada más…

Alain Finkielkraut: … estamos como Rabelais…en lo que hace a este saber externalizado… y al mismo tiempo los profesores de enseñanza superior y secundaria se quejan al ver a los alumnos conformarse con “copiar y pegar” cuando han de componer sus trabajos…

Michel Serres: sí, copiar de Wikipedia, sé de lo que habla…

Alain Finkielkraut: …los profesores lo constatan, se desesperan. Nos decimos, vale, que el saber está externalizado y entonces resulta que la relación con ese saber no es otra que la  del “click” del ratón. Se sabe simplemente porque se tiene acceso al saber, pero entre ese acceso y el saber existe una brecha, sigue habiendo una brecha.

Michel serres: mi crítica, querido amigo, ha sido siempre esa… De siempre, cuando leía ciertos libros y aún leyéndolos ahora… de siempre me decía: “Pero cómo es posible que este profesor que ha escrito este libro eche mano de tanta cita… Si no está más que “copiando y pegando”, no se cansa de citar… a Aristóteles, a Platón, a aquel otro, al de más allá…Para poder decir algo se rodea de libros, no para de citar, es la cita en persona…” Lo que hoy algunos critican en  los jóvenes estudiantes lo hacía la generación precedente con los libros… Todavía peor… Como no podían pensar por sí mismos se ponían a citar ¿Qué es en el fondo una tesis? Una tesis tiene tanto más valor cuántas más notas a pie de página e índices rebosantes presenta de manera que su autor no ha pensado nada por sí mismo. Pero eso no es un libro. Eso no crea nada. Eso no es nada. El profesor que ha hecho una oposición a cátedra ha hecho algo peor que lo que él critica que se hace con Wikipedia. No es razonable…

Alain Finkielkraut: no sé yo…

Michel Serres: …es parecido… es lo mismo… sólo que en lugar de “cortar y pegar” de Wikipedia, se copia y pega de los libros, estamos ante exactamente la misma cosa…

Alain Finkielkraut:… “citar” puede ser también un ejercicio…

Michel Serres: … y también el “cortar y pegar” puede serlo… ¿Why not? ¿Porqué no?…

Alain Finkielkraut: mmm….

Michel Serres: que sí, que es lo mismo… ¿O es que las citas no son un “copiar y pegar”?

Alain Finkielkraut: …hombre, pues, no…porque junto a las citas están también los razonamientos que esas citas ilustran… “En el “copiar y pegar” no hay razonamiento.

Michel Serres: yo, sabe Ud., no leo tesis. Me parece inútil ese tragarse cita tras cita… y esto de citar  es lo mismo que el “copiar y pegar” de Wikipedia. Ni más ni menos. Así que no critique a la nueva generación cuando Ud. ha hecho lo mismo.

Alain Finkielkraut: bueno, no estoy seguro de haber hecho lo mismo, al menos así lo espero…

Michel Serres: me refería a un “Ud.” general…

Alain Finkielkraut: creo en cualquier caso que habría que evitar que este fenómeno vaya a más… Pero me gustaría plantearle otra pregunta… pues para comprender mejor esta mutación de la relación pedagógica… Es el tema que Ud. aborda en su libro “Andrómaca, viuda negra” publicado por L´Herne y que también lo es de “Petite Pucette”

Michel Serres: bueno, no es el mismo tema necesariamente, la pedagogía es un caso particular. En uno de los libros me refiero a nuestro mundo en general y en el otro me centro en la pedagogía.

Alain Finkielkraut: si, es cierto…Ud. , en el fondo, encuentra algo positivo en la charlatanería de “Pulgarcita” cuando afirma que obedece a una demanda, una demanda cada vez mayor y más concreta por parte de estos jóvenes de la generación de “Pulgarcita”. Y, para Ud, si he comprendido bien, esta demanda llega a ser capaz de transformar la relación y de golpe lo que hace falta es que por parte de los profesores se responda mejor a esa demanda ¿Podría explicarme qué es lo que exactamente quiere decir?

Michel Serres: por volver a tomar una perspectiva distinta. Yo creo que si uno se centra en la relación médico-paciente en la que se da una relación de uno a uno más fácil de analizar podremos ver que cuando el paciente acude al médico es porque padece una cierta clase de dolor, de síntomas, de dificultades y si entonces el médico que le va a examinar lo hace diciéndole “cállate, no eres competente” puede que el médico acabe cayendo en graves errores. Más valdría que desde el comienzo el médico escuche al paciente y que lo escuche incluso si un paciente algo vanidoso  le dice “Sé tanto como tú porque me he informado en Wikipedia, en la Red, de lo que quiere decir”, pongamos  “El Pequeño Mal”. La relación médico – paciente a la que me acabo de referir resultará entonces más equilibrada. Aquí se da una escucha.

En lo que respecta a la relación pedagógica mi impresión en tanto docente- pues yo, como Ud. también soy profesor- es que a partir de un cierto momento el mundo cambia por completo y  se hace ineludible que uno se ponga a escuchar…He enseñado un poco por todo el mundo, particularmente en los EEUU pero también en Asia, en Africa y esa impresión se me fue haciendo tanto más fuerte cuánto más me convencía de que tenía mucho que ganar si me ponía a escuchar  lo que estaba pasando. Y le pondré un ejemplo que nada tiene que ver con las nuevas tecnologías.

Ud. sabe tan bien como yo que hasta un cierto momento lo normal era enseñar a franceses en Francia, a californianos en California, a chinos en Shanghai. Digamos que a partir de los años 70/75 los alumnos a los que uno da clase empiezan a responder a una mezcla. En Francia, una mezcla de africanos, árabes y europeos. Donde enseño, en Stanford la mezcla es más de asiáticos, coreanos , chinos, filipinos etc. Y el profesor se pone a escuchar esa multiculturalidad que tiene delante suyo ya que de ninguna manera puede decir lo mismo a un público culturalmente homogéneo que a uno multicultural. Mi discurso se ve obligado a cambiar. Esta necesidad la experimento en directo. Cuando este nuevo mundo del que hablo hace su aparición el docente es requerido por él a ponerse a escuchar de una forma muy precisa si quiere comprender el mundo en que sus alumnos están inmersos y no ponerse a tratarles de “charlatanes”, “ruidosos” o “estériles” como Ud.  ha hecho antes. No, no, qué va. Al contrario, hay algo nuevo que está haciendo su llegada y hay que escuchar a la novedad. En el momento en que esta novedad se haya comprendido, parecido a como ocurre con el hecho multicultural, entonces la enseñanza ha de adaptarse a ella. Hay pues en efecto, que inventar una nueva palabra, inventémosla.

Alain Finkielkraut: inventar.. o adaptar… Pero ¿Acaso no corresponde al maestro , sea cual sea la época, no entrar en el juego de satisfacer la demanda y ,antes bien, desviarse de la demanda… Al maestro lo define su exterioridad…

Michel Serres: la educación responde a eso, tiene Ud. razón.

Alain Finkielkraut:…él es exterior, él me aporta, como decía Levinas, “más de lo que contengo, más incluso de aquello a lo que aspiro…De golpe, él me desconcierta”

Michel Serres: justamente eso… pero es que él no puede desconcertarme a menos que conozca el mundo en el que estoy…No me desconcertará si me dice algo que me es totalmente ajeno, pero puede que lo haga si comprende el hábitat en el que vivo. Si comprende este hábitat, entonces sí, entonces puede educarme y hacer que me desvíe, que me bifurque… En esto estoy de acuerdo con Ud… Es un trabajo que me corresponde, es justamente lo que hago…pero no podré hacerlo si no me muestro comprensivo y lúcido acerca del mundo en el que los jóvenes están entrando.

Alain Finkielkraut: muy bien.. Quisiera plantearle también una cuestión que se me hizo presente cuando escuchaba el discurso que pronunció el jueves en la Academia Francesa. En él Ud. ligaba muy esclarecedoramente la virtud y lo virtual. Pero precisamente, y vuelvo aquí al problema con que nos encontramos en relación a la lectura…Tengo la impresión de que “lo virtual” presenta más de una cara…Quiero decir que en la literatura “lo virtual” es una especie de reserva de  lo invisible…En ella nos encontramos con personajes que no vemos…En cambio “lo virtual” de la Red nos presenta todo a la vista y la imagen se impone a la imaginación si no es que llega a sustituirla…¿ No hay acaso entonces en el seno  de “lo virtual” un combate a librar entre estas dos virtualidades?

Michel Serres: lo dije ya… y lo decía precisamente en la Academia Francesa… Decía allí que “Lo virtual” es algo tan profundamente propio del alma humana, de la imaginación del hombre y que para conocer al hombre en su individual singularidad la literatura es diez veces más importante que cualquier ciencia humana o incluso que la filosofía… Gracias a la literatura…Madame Bovary, Papá Goriot…Benjamín Constant…Proust… podemos comprender la singularidad humana y a esto yo lo llamo “lo virtual”. Sucede, sin embargo, y esto es lo extraordinario, que ese “virtual” literario que da la prioridad a lo  imaginativo en el sentido que acabamos de darle, nos lo encontramos con la misma fuerza en las ciencias más exactas. Y justo esto es lo extraordinario, que lo que parece caracterizar a los hombres de cara a poder conocerles en su individualidad, es decir “lo virtual”, también caracteriza a las cosas y en mi discurso me refería a las matemáticas, la física etc. para afirmar que “lo real” del “abuelete refunfuñón” no es algo monovalente sino que, al contrario, es algo que podría no ser, o sea contingente, igual de contingente que Papá Goriot, Madame Bovary etc.

Alain Finkielkraut: si, bien… Ud. dice que el “abuelete refunfuñón” se aferra a lo real.

Michel Serres: al abuelete refunfuñón le llamaba “Sanchorrón”

Alain Finkielkraut: Siii… Ahhh¡… Esto me lleva precisamente a mi siguiente pregunta… Pues Ud. pone justamente a “Pulgarcita” del lado de Don Quijote…

Michel Serres:… y al “abuelete refunfuñón” del lado de Sancho.

Alain Finkielkraut: no obstante el “abuelete refunfuñón” de quien yo hago aquí de portavoz… El “abuelete refunfuñón” se deprime cuando ve que Pulgarcita no lee a Don Quijote , que no quiere saber nada de él… y si al “abuelete refunfuñón” no le gustan precisamente los videojuegos es justamente porque piensa que Don Quijote es mejor que los videojuegos… “Lo virtual” de Don Quijote y “lo virtual” de los videojuegos no son lo mismo. A uno, piensa el “abuelete refunfuñón”,  es necesario defenderlo contra el otro y, siendo verdad que ello no nos devuelve al viejo mundo, nos vincula a él. Somos, en suma, sus continuadores, los llamados a aumentar su legado y decir esto no me parece que signifique tener una debilidad por el pasado.

Michel Serres: el continuador de “lo virtual”, tal y como Cervantes de hecho lo describe, viene marcado , y mi discurso tendía a decir esto, por el hecho de que en la pareja que forman Don Quijote y Sancho hay una especie de abuelo- uno del lado de lo real y el otro del lado de la imaginación-y que la pareja se reproduce en las figuras del “abuelete” y “pulgarcita” y se reproduce sin descanso en las ciencias de hoy en día. De ahí que dijera que surfear por la red es probable que sea justamente consagrarse al trabajo que Cervantes nos describe cuando relata cómo Don Quijote se dirige hacia los molinos…Hay una especie de locura imaginativa… ¿Qué es lo que en el fondo está haciendo Don Quijote? Surfear lo real.. y esta especie de vida nos la encontramos transferida de una forma particularmente vívida en las acciones que emprende “Pulgarcita”, que es la verdadera sucesora… Esto es lo que en mi discurso venía a decir, que el verdadero sucesor de Don Quijote es “Pulgarcita” y que el verdadero sucesor de Sancho Panza también es “Pulgarcita… ¿Por qué? Pues porque Sancho Panza dice a Don Quijote: “Mirad a Dulcinea. No es una princesa, es más bien una pastora desarreglada” A lo que nuestra imaginación responde: “esta pastora es, a los ojos verdaderos de mi amor, una mujer extraordinaria y lo real no es lo que Sancho el refunfuñón me dice”

Alain Finkielkraut: si,bien, me quedaría entonces una última pregunta…Del “abuelete refunfuñón” nos dice Ud. que se aferra al viejo mundo, un viejo mundo no muy glorioso y que en el caso del siglo XX se demostró atroz… Entonces ¿Cuál es la lección que puede extraerse de estas atrocidades… Después de todo en las atrocidades del siglo XX a la juventud se le asignó un papel central. La revolución cultural , por ejemplo, consistió en erradicar las viejas ideas, la vieja cultura, las viejas costumbres, los viejos hábitos…

Michel Serres: ¡Ah! o sea que me está poniendo del lado de Mao y de Pol Pot… Ya comprendo, ya…

Alain Finkielkraut: en absoluto. Jamás. Lo que quiero decir es si con todo esto no estará cobrando más importancia la responsabilidad que tenemos y de la que hablaba antes, no otra cosa ha pasado por mi cabeza…

Michel Serres: creo, querido amigo, que lo que dice es interesante porque, efectivamente, por ser más viejo que Ud, he vivido el siglo XX de muy cerca. Fue un siglo atroz que dejó 150 millones de muertos debidos a guerras y crímenes de Estado…Pero, escuche, ¿Qué país era en el siglo XX de lejos el primero en lo que hace a la música, a la literatura, a la filosofía ,a las bellas artes, a la enseñanza, a la medicina, a la ciencia etc? Lo era de lejos Alemania…y aquella Alemania, la más culta de todas las naciones…Toda esa vieja cultura ¿Es que sirvió para protegerla? Esta es la pregunta que planteo. Pregunta ciertamente seria… ¿De qué protegió a Europa toda esa vieja cultura? Respuesta: no la protegió de nada. Resulta terrible pensar que ese viejo mundo tan culto, tan único…único al punto de que, no habiendo país más culto que Alemania, toda esa cultura no le protegió de los peores horrores.

Respondo a su pregunta, por lo tanto, de una forma casi dramática, trágica.

Alain Finkielkraut: tiene razón. Estamos ante un problema trágico del que no hemos salido.

Michel Serres: por eso no puede hacerse el elogio en general del viejo mundo puesto que en él nos encontramos una experiencia crucial terrorífica.

Alain Finkielkraut: sí, yo creo que también la pregunta que le planteaba era trágica… En cualquier caso, quisiera agradecerle, Michel Serres, esta conversación que nos hubiera gustado prolongar.

Michel Serres: también yo le quedo agradecido, querido amigo.

Alain Finkielkraut: sea como sea, los oyentes podrán continuarla leyendo “Petite Poucette”, libro publicado por la editorial Le Pommier asi como “Andrómaca, viuda negra” publicado por la editorial L´Herne

El abuelete refunfuñón (Alain Finkielkraut) vs. El portavoz de pulgarcita ( Michel Serres):una conversación francesa III

Ci-dessous mon troisième billet avec la traduction espagnole de la conversation entre les philosophes francais Alain Finkielkraut et Michel Serres qui a eu lieu le 8/12/2012 dans l´émission radio “Repliques” de France Culture. Voici le lien à l´émission:

http://www.franceculture.fr/player/reecouter?play=4519989

Más abajo mi tercer post con la traducción española de la conversación entre los filósofos franceses Alain Finkielkraut y Michel Serres que tuvo lugar el 08/12/2012 en el programa de radio “Repliques” de France Culture. Arriba el enlace al programa

Alain Finkielkraut: Entonces ¿Cuál es la relación que mantenemos con esta cognición externalizada?

Michel Serres: Es justo de lo que hemos hablado, querido amigo…

Alain Finkielkraut: Si, claro, pero quiero referirme de nuevo a la relación pedagógica y a lo que debe ser nuestra autoridad, es decir, nuestra responsabilidad respecto a las nuevas generaciones, nuestra responsabilidad de adultos. Yo mismo soy una especie de bisabuelete refunfuñón pero , no obstante, me informo y por eso traigo otro testimonio…

Michel Serres: Bien….

Alain Finkielkraut:… Un testimonio de una joven profesora de historia que, a diferencia de mí, está familiarizada con todas estas herramientas. Hablo de Mara Goyet, que es profesora de historia en un colegio de enseñanza secundaria. Durante mucho tiempo fue profesora en un colegio del extrarradio y hoy enseña en un colegio, digamos que más tranquilo, en París intramuros. Resulta muy interesante escucharla cuando dice…

Michel Serres: Si, he leído el libro…

Alain Finkielkraut:…. “Que el ambiente en los colegios, a pesar de lo que pueda pensarse, no es el ideal ya que existen mil fuentes distintas de distracción para el alumno”. Leo textualmente: “…. con los textos de los smartphones, los teléfonos inteligentes, los avisos en los móviles, el MP3″ …En un momento dado Mara Goyet nos describe cómo es el cuarto de los niños y de los adolescentes de hoy, que no tiene nada que ver naturalmente con la habitación en la que un Proust adolescente se encerraba para leer. Desde luego que existe un sofá, pues el sofá se ha democratizado a un punto en que hasta nos lo encontramos en las habitaciones de los niños. Y sobre este sofá el niño se echa ¿Y qué es lo que entonces sucede? Pues que una multitud de intercambios de SMS está teniendo lugar con los adolescentes sumergidos en un guirigay empalagoso de mensajes estériles y predecibles que no les aportan nada nuevo.

Michel Serres: ¡Alucinante! ¡Verdaderamente alucinante!… empalagosos, estériles y  predecibles.De verdad que todo esto me resulta verdaderamente refunfuñón…Fantásticamente refunfuñón… ¿Pero porque se empeña Ud. en que sean empalagosos, estériles y predecibles?

¡Es alucinante! ¡Alucinante! ¡Qué odio! ¡Pero qué odio!

Alain Finkielkraut: Odio ninguno….Pero si se les deja sólos…

Michel Serres: Yo es que les quiero, quiero a esos niños, no los encuentro ni estériles ni predecibles. Me resultan maravillosos esos intercambios que tienen entre ellos y tanto mejor si les permite inventar, ¡Por fin! comunidades y pertenencias que nunca antes habíamos imaginado.

Alain Finkielkraut:…Si se intercambian 150 sms diariamente, como ellos mismos reconocen, van a estar mandándoselos también en clase y entonces el smartphone se convierte en el enemigo del profesor si es que uno cree aún- como yo lo sigo haciendo- en la palabra magistral- y ella seguro que también les quiere, Mara Goyet, y les quiere lo suficiente para no querer abandonarles a su suerte, a la suerte a la que la tecnología les libra.

Michel Serres: Yo también he sido un adolescente. Hice la mili en la marina, imagínese Ud, y me encontraba en Djibouti después de la campaña militar de Suez y estaba enamorado. Tenía novia y mi novia estaba en Burdeos y nos escribíamos. Nos escribíamos cartas de amor. Las cartas tardaban en llegar a Burdeos dos meses y medio y cuando al de cinco meses recibía su respuesta ya ni me acordaba del estado de ánimo que había dado origen a mi carta. Hoy en día el enamorado que está en Djibouti y tiene una novia en Burdeos habla a través del smartphone y la correspondencia de amor que mantienen viene marcada por él y aquí, a diferencia de entonces, la correspondencia es perfecta.

 

Con las nuevas tecnologías, sabe Ud… Vale, cierto que se inventaron pensando en los hombres de negocios y el beneficio sigue estando ahí. Pero disponemos hoy de cifras extraordinarias que nos dicen que entre el 65% y el 70% de los intercambios de mensajes  se producen en el seno familiar, entre la madre y sus hijos, entre el padre y la madre… Y esto ha contribuido a reforzar las relaciones familiares…

Por ello, por volver al punto de vista del que enseña, por retornar a la docencia…Me ha gustado que haya utilizado la palabra “autoridad” porque esta palabra es magnífica. Me gusta. Ud. sabe, querido amigo, y lo sabe mejor que yo….

Alain Finkielkraut: Seguro que mejor no…

M. Serres: La palabra “autoridad” es una palabra latina que viene del derecho romano. “Auto” quiere decir la persona que servía de fianza ante  un tribunal. Pero no es esto lo más interesante. Este sustantivo “auto” que es del derecho romano procede a su vez del latín “augere” que quiere decir “aumentar”. En inglés se dice “auction”, los ingleses la han conservado. En consecuencia tendrá autoridad todo aquel que nos aumenta, que nos hace más grandes. Vale. Continuemos. La probabilidad de que algunos de mis alumnos haya ya leído algo de lo que, yo en tanto docente, voy a tratar…-Voy ahora a tener en cuenta esa presunción de competencia de la que antes he hablado-. Bien. En una situación así para que yo tenga autoridad hace falta que sea capaz de aumentar ese saber del que ellos ya disponen y precisamente por esto utilizo la metáfora del conocimiento exteriorizado, de la cabeza exteriorizada, para señalar que el conocimiento o sea la cabeza de St. Denis, se encuentra fuera… Lo que yo frente a mis alumnos tengo que hacer es hacer funcionar lo que aún queda dentro de mi cabeza, es decir, lo que se refiere a mi inteligencia, mi capacidad de innovación, todo aquello que aumenta, que hace aumentar el saber. Entonces ¿Quién es él que enseña hoy en día? Pues precisamente aquel que tiene autoridad puesto que es capaz de hacer aumentar ese saber que ya se encuentra ahí, o del que puede suponerse que ya se encuentre ahí. Estoy seguro de que es así como Ud. ,igual que yo mismo, enseña.

Alain Finkielkraut: No estoy muy seguro de que se pueda dar por hecho que en la enseñanza secundaria el saber ya se encuentre ahí. A mí más bien me parece que se lo echa en falta, que está cruelmente ausente y, sobre todo, y Ud. lo reconoce en su libro “Petite Poucette”, hoy en día en las clases se suele montar una especie de guirigay que a Ud, entonces le parece bien. A mi me parece que para transmitir el saber o para hacer llegar el pensamiento y el saber a la conciencia de los chicos el silencio es una cosa indispensable, un silencio que a causa precisamente de esta especie de inmediatez inducida por las nuevas tecnologías ya no existe y, bueno, esto más debería considerarse un obstáculo para ese aumento de saber.

Michel Serres: Toda la cuestión, mi querido amigo, se reduce a intentar comprender cuál es el mundo al que las nuevas tecnologías conducen porque todas las cuestiones que Ud. plantea suponen, dan por sentado, implican unas reglas, unos marcos, que corresponden al mundo que  precede a las nuevas tecnologías. Y si lo que Ud. quiere es juzgar las nuevas tecnologías según los patrones del mundo precedente, estará Ud. poniéndose , y seguro que le gusta, en el caso de Sócrates, quien no comprendía en absoluto lo que significaba la escritura o en el caso del doctor de la Sorbona de la Edad Media, Janotus de Bragmardo, que no comprendía para nada el mundo en que Rabelais estaba entrando, que es en el que Montaigne ya se encuentra.

Y sin embargo, la brecha, el corte está ahí y Hermes, de quien antes hemos hablado, está en el cruce, es la estatua que muestra la bifurcación y, de hecho, la cultura se ha bifurcado y no sólo aquello de lo que la cultura trata, su contenido, sino la cabeza de la cultura, la cognición. Todo se ha bifurcado. Hace falta que se comprenda esta bifurcación. Nuestro papel de docentes no es el de prohibir o el de señalar como peligroso o estéril este nuevo mundo sino el de comprender la bifurcación para ayudar al nacimiento de esta nueva cultura, nuevas culturas que ya aparecieron en el siglo V a.c. o en el Renacimiento. Nos encontramos en pleno Renacimiento.

Alain Finkielkraut: “Nos encontramos en pleno Renacimiento” dice Ud. A mí me parece- y esto sin duda agrava mi caso de bisabuelete refunfuñón- que la educación en tanto que tal depende del viejo mundo que nos precede. Tengo delante de mío un texto muy bello de Ricoeur sobre la enseñanza que fue vuelto a publicar hace algunos años por la revista “Le Portique”, la revista de Benoît Goetz y Jean Paul Resweber, y Ricoeur dice: “¿Qué es lo que hago cuando enseño? Hablo, no tengo otra forma de sustento ni tengo otra dignidad, no tengo otra manera de transformar el mundo y no tengo otra influencia sobre los hombres. La palabra es mi trabajo, la palabra es mi reino, hablo solamente para comunicar a la generación adolescente lo que sabe y busca la generación adulta y hay una cosa que ninguna reforma de la enseñanza puede proponerse alcanzar: el fin del reino de la palabra en la enseñanza.” A lo mejor Sócrates hubiera podido decir esto mismo.

Michel Serres: Pero ¿Quién le ha dicho a Ud. que el reino de la palabra vaya a desaparecer? Ud. es la prueba viviente de que no. Ud. es el profesor de “France Culture” y Ud. es , por lo tanto, la prueba viviente de que las nuevas tecnologías, en este caso la radio, la red, le permiten hablar. Ud. ha triunfado, está a tono con el tiempo, querido amigo, permítase el triunfo. Ud. no es ya más un abuelete refunfuñón. Justamente lo que la palabra “educación” tiene de más interesante… Bueno, antes de nada, tampoco crea que la ruptura de la que somos testigos implica cambios hasta ese punto…

Alain Finkielkraut: ¿Ah, no?

Michel Serres: Que se empezara a escribir no implicó que se dejara de hablar. Tampoco la invención de la imprenta condujo a que se dejara de escribir y tampoco la revolución numérica ha llevado a que se deje de imprimir. Hoy en día se tienen impresoras hasta en casa. Por lo tanto, no nos encontramos sólo frente a brechas sino ante procesos acumulativos.

Segundo punto, he escuchado con atención lo que dice nuestro viejo amigo Ricoeur. Se olvida, sin embargo, de que la palabra “educación” es una palabra muy interesante. Habrá observado Ud. que la “e” se relaciona con el prefijo “ex” y que este prefijo “ex” acompaña a “ducation” que viene de “ducere”, que quiere decir guiar, conducir. Pero ¿Conducir a dónde? Conducir al exterior, conducir hacia fuera… conducir a la bifurcación que estoy describiendo, o sea que desde luego que la educación consiste en trasmitir un saber que ya está ahí pero igualmente consiste en transmitir a la generación futura su propio mundo…”e- ducación”, o sea de “ducere”, conducir y “ex”, hacia fuera, a la manera de la bifurcación y aquí justamente nos topamos con Hermes.

Alain Finkielkraut: ¿Y no será la educación, al contrario, una cierta aptitud a conducir a esa generación fuera de su mundo para permitirle mediante un gran desvío, volver a ese mundo mejor armados, con la distancia que es necesaria? Porque la educación tiene que ver con el pasado y el pasado introduce frente al guirigay del presente una distancia.

Michel Serres: Para Ud. el presente siempre es un guirigay y el  pasado siempre está en el terreno de los valores.

Alain Finkielkraut: Bueno, el presente es un guirigay porque lo que hemos retenido del pasado es algo muy diferente a un guirigay. Hemos retenido un cierto número de obras con las cuales nos vemos invitados a conversar. El presente es necesariamente un guirigay y este guirigay ha cobrado hoy en día unas dimensiones inimaginables debido justamente a la comunicación planetaria.

Michel Serres: Me gustaría defender un tipo de visión diferente y hablar de ciencias. Sería interesante hablar de la enseñanza de las ciencias que ha cambiado mucho a causa de las nuevas tecnologías, así como de la investigación. La ciencia e investigación de la época de mi juventud no es ciertamente la de nuestros días con los ordenadores… Y puesto que trae y cita a los clásicos voy a traer  también yo unas palabras muy interesantes de Max Planck a quien puede que Ud. haya leído y que es el gran físico de comienzos del XIX que ha dado nombre a todos los institutos de investigación alemanes.Al final de su vida a Max Planck le gustaba decir a modo de balance de una vida llena de invenciones y descubrimientos lo siguiente: “no se crea que la ciencia progresa por los avances teóricos o de experimentación…No, no es por esto. La ciencia sólo avanza cada vez que una generación precedente se jubila”. Si lo que Ud. pretende es que a cada generación que trae un nuevo mundo se le enseñe el viejo, lo que consigue es bloquearla completamente y no será capaz de inventar nada. Rabelais no tenía ningún interés en saber de memoria la escolástica de la Edad Media. Rabelais inventó un nuevo mundo, inventó a Pantagruel, a Gargantúa, inventó las islas Tohu y Bohu y, claro, los doctores de la Sorbona se desesperaban.

 Alain Finkielkraut: Si, pero también sabía latín y griego e incluso hebreo… Introdujo el hebreo en la cultura….

Nunca supo decir por qué le dieron matarile…

Nunca supo decir por qué le dieron matarile… Le pillaron de improviso. Le esposaron las manos, le amordazaron, le metieron en un saco de arpillera y luego en el maletero de un coche. Al llegar a un descampado le descerrajaron dos tiros en la cabeza. No murió de inmediato. El cerebro se le fue desangrando poco a poco dándole tiempo a rebobinar lo que a grosso modo había sido su vida. Digo a grosso modo porque a su vida siempre le faltó nitidez, sus contornos se le difuminaban en amagos. Sus amigos le solían decir que tendía a la dispersión. Y era cierto. Unas veces aquí, otras allí, un día a por todas, al siguiente a por nada, casi siempre envuelto en un volver a empezar que se transformaba en una niebla espesa de la que le resultaba enormemente difícil salir. Por eso se unió a la Organización. La Organización le ayudó a dar coherencia a su vida. Por fin se le asignaba un cometido fijo y una meta ambiciosa que estaba a la altura de lo ampuloso de sus frustraciones: llegar a ser miembro del comité dónde se tomaban las decisiones. Decisiones a menudo difíciles. De peso. Decisiones que había que llevar a cabo con resolución, sin remordimientos, a discreción. Discreción. ¡Qué palabra! Le fascinaba. “Reserva, prudencia, circunspección”, de un lado. Algo imprescindible cuando de lo que se trataba era de ejecutar las órdenes secretas de la Organización. Y discreción en el sentido de “a discreción”,  “al antojo o voluntad de alguien sin tasa ni limitación”. “Sin tasa ni limitación”, con sólo oír esto se le hacía la boca agua porque sentía que le venía a pedir de boca a una entrega como la suya dispuesta, por mor de la Organización, a darlo todo y a no decir ni mu.

Nunca supo decir por qué le dieron matarile… Tampoco, a decir verdad, le quitaba esto el sueño. Desde que se unió a la Organización supo que una cosa así podía suceder. Dos tiros a bocajarro sin mediar palabra y una memoria que la Organización jamás honrará. “Mejor morir a bocajarro que malvivir a grosso modo” se dijo  a modo de consuelo en una última sonrisa de satisfacción.

El abuelete refunfuñón (Alain Finkielkraut) vs. El portavoz de pulgarcita ( Michel Serres): una conversación francesa II

Ci-dessous mon deuxième billet avec la traduction espagnole de la conversation entre les philosophes francais Alain Finkielkraut et Michel Serres qui a eu lieu le 8/12/2012 dans l´émission radio “Repliques” de France Culture. Voici le lien à l´émission:

http://www.franceculture.fr/player/reecouter?play=4519989

Más abajo mi segundo post con la traducción española de la conversación entre los filósofos franceses Alain Finkielkraut y Michel Serres que tuvo lugar el 08/12/2012 en el programa de radio “Repliques” de France Culture. Arriba el enlace al programa

M. Serres: Si, en efecto la brecha se agrava y para comprender este nuevo hecho lo mejor que uno puede hacer -es lo que le acabo de proponer-es reflexionar y tomar cierta distancia. Y así vemos que cuando uno escucha a Sócrates hablando a sus interlocutores en “Los Diálogos” de Platón nos damos cuenta de que Sócrates no comprende en absoluto que una cosa como la escritura sea posible, puesto que lo que el representa es la palabra dicha, la palabra oral, que él llama “viva”, la palabra que vive, la palabra viva que transporta la vida, el espíritu y, frente a esto, la escritura aparece como algo muerto… Por lo tanto, sí, efectivamente, hay una brecha enorme, la brecha que se abre entre Sócrates y Platón lo es tanto como la que hay entre el periodo oral y el de la escritura, y es esta brecha la responsable de  la falta de comprensión que se instaura entre el predecesor y el que le sigue. Sin embargo, va a ser este segundo el nuevo encargado de transmitir la tradición y la cultura a través de la escritura.

De igual manera si nos centramos en el Renacimiento nos damos cuenta, querido amigo, de hasta qué punto el doctor de la Sorbona de la Edad Media no va a comprender nada de lo que la obra de Rabelais significa. Rabelais y su “Gargantúa y Pantagruel” aparecen justo en un momento en el que al doctor de la Sorbona le va a ser imposible comprender de qué va “Gargantúa y Pantagruel” y precisamente por ello, Montaigne, testigo de esa transición de la escritura a la impresión, va a decir una cosa que es fundamental: “prefiero una cabeza bien hecha a una cabeza bien llena. ¿Y porqué dice Montaigne esto? Pues por una razón muy simple… Porque sabe que antes, si se era historiador o médico o… no quedaba otra que saberse todo de memoria… Herodoto, Tucídides, Tácito son un ejemplo de esto mientras que , como dice Montaigne, una vez que uno puede disponer de un libro en una biblioteca desaparece esa necesidad de sabérselo todo de memoria y, en consecuencia, podemos decir que lo que cambia no es solamente el saber sino la cabeza. Montaigne supo comprender muy bien esto…

Estas dos experiencias, estos dos testimonios históricos de sendas transiciones que le propongo, la que se da entre Sócrates y Platón, que abre una brecha enorme,  y la que existe entre el doctor de la Sorbona y Pantagruel y que Montaigne ilustra a la perfección al decir: una cabeza bien hecha y no tanto una cabeza bien llena… es decir, que lo que sucede que cambia es la cabeza y por eso comprendo tan bien lo que Ud. llama “brecha” , cuyo origen hay que buscarlo en el esclarecimiento que cada vez supuso, primero la revolución de la escritura, luego la de la impresión y, hoy en día, la revolución numérica. Y, sí, tiene Ud. razón se trata de una brecha, lo que pasa es que hace falta comprenderla.

Alain Finkielkraut: “Hace falta comprenderla”… pero ¿Es que puede emerger una nueva cabeza , una cabeza bien hecha , de la red?… Hay cierta gente, usuarios incluso de la red, que se plantea esta pregunta…Me estoy acordando de Nicholas Carr, investigador americano, que sostiene que Internet nos vuelve estúpidos porque mientras en un libro se nos propone un mundo , Internet se encarga de volverlo fluido, porque mientras en un libro es un camino lo que se nos propone , en Internet, a lo más, se surfea…

Michel Serres: Espere, espere un momento… ¿Qué tipo de Internet emplea Ud.? Quisiera saberlo antes de responderle.

Alain Finkielkraut: Bueno, yo… (risas) yo no soy usuario,  soy una nulidad en informática.

Michel Serres: Nuestro debate en ese caso se complica porque estamos hablando de un mundo que uno de nosotros no ha pisado. Va ser difícil entonces….

Alain Finkielkraut: Bueno… vamos a ver…sí que lo he pisado, me he paseado por él…Déjeme que  le proponga un testimonio de un usuario que además tiene asiento junto con Ud. en la Academia Francesa, estoy hablando de Marc Fumaroli.

Michel Serres: Bueno….justo Marc Fumaroli es un abuelete refunfuñón de quien ayer precisamente hablaba yo en la Academia

Alain Finkielkraut: Si, bueno, el caso es que Uds. dos están en la Academia.

Michel Serres: Es que es el típico abuelete refunfuñón, de los que siempre está diciendo que lo nuevo no vale nada (risas)

Alain Finkielkraut: Yo mismo asistí al discurso de recepción que Ud. dió en la Academia. Bérénice Levet, a quien hace poco le han dado un premio por su libro “ El Museo Imaginario de Hannah Arendt” , me hizo llegar la invitación y escuché lo que en él Ud. decía. Un discurso muy bello sobre la virtud, un discurso clásico en el que Ud. comenzaba oponiendo el abuelete gruñón a….

Michel Serres: No, no, refunfuñón…

Alain Finkielkraut:  Eso , refunfuñón, no gruñón, perdón…

Michel Serres: Refunfuñón… Si… Así está mejor… (Risas)

Alain Finkielkraut: Ciero mejor refunfuñón…Ud. oponía en ese discurso el abuelete refunfuñón a Pulgarcita…

Michel Serres: Así es, Pulgarcita es mi heroína.

 

Alain Finkielkraut: Efectivamente, me quedó claro que Pulgarcita era su heroína y yo mismo no tuve más remedio que reconocerme en el abuelete refunfuñón.

Michel Serres: En mi discurso también decía que generalmente los abueletes refunfuñones no están muy puestos en tecnología y Ud. precisamente ha reconocido que no lo está.

Alain Finkielkraut: Pues si, la verdad es que yo podría ser un bisabuelete refunfuñón… pero, a pesar de ello, me pongo al día, leo, presto atención a lo que pasa… Así que, con todo, citaré a Fumaroli porque, por más abuelete refunfuñón que sea, se sirve de Internet  y de hecho lo ha utilizado mucho, y así lo dice , para escribir su magnífico “Diccionario de Metáforas”. “Gracias a Internet me fue posible-dice – no tener que estar peregrinando de una biblioteca a otra, todo terminaba maravillosamente por llegarme.Pues Internet convierte en más ricos a quienes ya lo somos, mientras que dejar a niños y adolescentes sumergirse en ese universo es muy peligroso porque se tiene acceso a un mundo numérico donde todo cabe , mundo que , a su vez, hace de pantalla del mundo.”

Michel Serres: Ni tan mal que sea la pantalla del mundo.

Alain Finkielkraut: Todo esto nos lleva a la relación en la enseñanza… Tengo la impresión de que los mejores usuarios de la red, los que se interesan por documentos o incluso por los contenidos SMS son precisamente gente que se ha criado en la “grafosfera” y que puede desenvolverse tranquilamente en lo que Regis Debray llama la “numerosfera”

A los “Digital natives” ,a los nacidos en la era digital, por el contrario, si bien se les ve más a su aire usando la red, acaban por ahogarse… me parece.

Michel Serres: Pulgarcita pertenece a la generación que nace en los años 85-95, o sea , justo en el momento en que las nuevas tecnologías se expanden. Su predecesor-cuando está al corriente, no me refiero al abuelete refunfuñón- trabaja con las nuevas tecnologías. Trabajar con ellas implica una cierta exterioridad. Cuando uno trabaja con una máquina no tiene uno la necesidad de saber qué es lo que pasa dentro de la máquina. La generación de después, la generación a la que yo llamo  “Pulgarcita” vive en un mundo que ya es inseparable de las nuevas tecnologías y es este mundo precisamente el que el abuelete refunfuñón no comprende. Un poco, si Ud. quiere, como al doctor de la Sorbona de la Edad Media le era imposible comprender el universo de Rabelais. Un universo, el de Rabelais, que era ya el del libro impreso y que poco tenía que ver con el rollo de la Antigüedad. El rollo de la Antigüedad, como Ud. sabe, era inaccesible. Existía una biblioteca en Alejandria, otra en el Vaticano, otra en Bolonia pero si uno vivía en la campiña de Burdeos lo tenía mal para tener acceso a esos rollos. Tan pronto como el acceso a una biblioteca se hace más fácil, las cabezas empiezan a cambiar y para intentar transmitirle dónde pasa a encontrarse esta cabeza le voy a contar una historia que cuento precisamente en mi libro “Petite Poucette”: había una vez una ciudad que se llamaba Lutecia- y no, Paris- y encontrándose reunidos en secreto los nuevos cristianos para evitar a las tropas del emperador, el lugar de reunión  al final no  fue lo  suficientemente secreto como para no ser descubiertos. De modo que las legiones romanas tumbaron las puertas y ventanas, se precipitaron sobre el obispo y lo decapitaron. Su cabeza rueda por el suelo-así lo cuento en “Petite Pucette”- y St. Denis, pues se trata de él, la recoge y se la lleva sosteniéndola con las manos- se dice que se la llevó a la cima de Montmartre-y lo que con esto se nos muestra es el hecho de que esa cabeza ha sido exteriorizada, externalizada y que la cabeza se ha puesto por delante. Y a este respecto seguramente se acordará Ud-pues pertenecemos más o menos a la misma generación- aquello que se nos decía en clases de filosofía de que el conocimiento humano está dividido en tres facultades: la memoria, la imaginación y el raciocinio- ¿Se acuerda?- Se trataba de un tríptico cognitivo que cada uno dentro de su cabeza llevaba subjetivamente. Lo que con la historia de la decapitación de San Denis quiero ilustrar es el hecho de que hoy en día la cabeza nos es algo exterior, de que disponemos delante nuestro de una herramienta que tiene más memoria que nosotros, más imágenes que nosotros, y, en ciertos aspectos, más raciocinio que nosotros, pues no en vano existen motores de búsqueda que logran unas hazañas que están muy por encima de nuestras capacidades. Esta cabeza externalizada aporta lo suyo al Renacimiento y Montaigne lo ve claramente cuando dice lo de “una cabeza bien hecha antes que una cabeza bien llena”… y lo que yo digo ahora es “una cabeza externalizada” que origina una brecha o corte enormes puesto que la cognición se externaliza, puedo servirme de ella como de una herramienta, ante todo como una herramienta, una herramienta además universal porque se trata de una herramienta cognitiva. Es lo que en el mundo moderno no se llega  a comprender, el hecho de que de ahora en adelante la herramienta va a ser cognitiva, o sea, que hay un objeto exterior a mí, que tiene  facultades cognitivas. De manera que lo que nos queda en la cabeza, lo que queda sobre nuestro cuello decapitado es la inteligencia, la inventiva, todo lo que es innovación. Nuestra relación con el saber ha cambiado en nuestros días completamente y lo ha hecho en tal grado que uno puede comparar este cambio con los cambios cognitivos que se produjeron en el Renacimiento , con el platonismo o en el momento de la invención de la escritura. De modo que no es que solamente haya cambiado la relación pedagógica sino que la relación cognitiva ha cambiado completamente. Esta es la cuestión. Y la brecha es, en efecto, enorme, puesto que estamos asistiendo a la externalización de lo cognitivo.

File:Le Moiturier (circle) Saint Denis.jpg

Jiji Jaja

Vaya por delante que no tengo nada en contra del “Jiji Jaja”. Me parece cuando menos una fórmula de cortesía que a lo largo de la historia ha evitado más de un prematuro derramamiento de sangre. Su eficacia, como decía un famoso anuncio de insecticida, está más que probada. Gracias al “Jiji Jaja” la humanidad se está ahorrando una pasta en conflagraciones, de esto no hay duda. Al único que se le ve todo el día con cara de póquer es a Kim Jong-Un, el mandamás ese de Corea del Norte al que su pueblo le ríe las gracias en perpetuas celebraciones. Por lo demás, desde la Zarzuela pasando por Bruselas hasta Pekín y la Casa Blanca, el “Jiji Jaja” parece haberse convertido en el núcleo actual de la geoestrategia, un misil todo sonrisa y aparentemente sin cabeza. Aunque tampoco creo que tengamos que subirnos hasta las altas esferas de la política para comprobarlo. Basta que echemos un vistazo a nuestra vida cotidiana  y nos daremos cuenta de que el “Jiji Jaja” ha pasado a convertirse en moneda de trueque corriente donde cada uno espera del otro un “Jiji” a cambio de un “Jaja” o viceversa. Uno diría que todo, absolutamente todo, está pensado para predisponernos al “Jiji Jaja” ya desde la cuna. Justo después del primer berreo se nos endosa el primer chupete y ¡Hala! a sonreír como está mandado, a complacernos en ser complacientes y a esperar de los complacidos una complaciente sonrisa. Luego con el correr del tiempo la carrera del “Jiji Jaja” se precipita y de adolescentes nos vemos sumidos sudorosos en recintos oscuros de discotecas, bebiendo a destajo tinto de verano en las fiestas de los pueblos y soportando el chunta-chunta con una sonrisa envidiablemente estoica. Todo con tal de agradar.  Y de aquí, como ya se sabe, sobradamente preparados para la vida adulta con un perfil que promete…que promete felicidad, pero es que muchísima, un huevo de felicidad…

Nada pues, como se ve, tengo en contra del “Jiji Jaja” y si algo me reprocho es mi supina torpeza al manejarlo. Porque yo también bailé sudoroso en discotecas, bebí a destajo tinto  de verano y soporté el chunta-chunta de una forma encomiable. Es más, la fina educación que recibí hizo especial hincapié en el cuidado, en el esmero, en la atención  que había de ponerse a la hora de producir un “Jiji Jaja” con el debido lustre. En mi caso, se conoce, no valía cualquier “Jiji Jaja”. No, mi “Jiji Jaja” debía representar el epítome de la seducción, la esencia del carisma, el colmo del liderazgo. Un “Jiji Jaja” imantador de otros “Jijis Jajas”, contagioso, irresistible y que me abriría puertas, muchísimas, pero es que un huevo de puertas…

Algo en mi constitución, sin embargo, recelaba, algo en mis músculos máxilofaciales me trababa el “Jiji Jaja” desviándomelo hacia una “j” y una “e” torpemente articuladas. Lastimosamente no pude impedir que el “Jiji Jaja” se me quedara en “Je”… Es lo más a lo que nunca pude llegar… Cuanta más gente veía a mi alrededor blandiendo el “Jiji Jaja con sinigual maestría, cuanto más iba notando cierto deje de panoli que el “Jiji Jaja” de los otros en mí dejaba , tanto más se me fue frunciendo el ceño y tanto más las comisuras de mis labios se fueron precipitando en un “Je” parco, lacónico, cortante.

El último “Jiji Jaja”del que tengo noticia lo solventé con un “Je, je…” algo canalla… No es que sea gran cosa pero creo que voy mejorando.

Un chico para todo por cuatro cuartos //A little office boy at forty pounds a year

“Such, such were the joys” is a small essay written by George Orwell

http://orwell.ru/library/essays/joys/english/e_joys

In the post titled Flip i translated into spanish an extract which first caught my attention. There are many in an essay in which the reader can find a series of sharp and bitter reflections on childhood and school, on the turmoil of feelings that separates the world of children from that of the adults, on the pain, fear, hatred and lack of undestanding that can rule there, where one didn´t  expect they could.

“Flip” and “Sambo” were the nicknames of the schoolmasters of Orwell´s primary school, St. Cyprian.

Below , the spanish translation of an extract as well as a transcription of the original in english.

“Such, such were the joys” es un pequeño ensayo de George Orwell

El lector puede encontrar en él toda una serie de agudas a la vez que amargas observaciones acerca de la infancia y la institución escolar, acerca del torbellino de sentimientos que separa el mundo de los niños del de los adultos, acerca del dolor, el miedo y la incomprensión que pueden llegar a reinar allí donde uno menos se los espera.

“Flip” era el mote de la directora, “Sambo” el del director.

Un chico para todo por cuatro cuartos

Muy pronto me dejaron claro que no tendría un futuro decente a menos que me sacara una beca para un colegio privado. O me la sacaba o a los catorce tendría que dejar el colegio para convertirme en lo que Sambo gustaba de llamar: “un chico para todo por cuatro cuartos”. Dadas mis circunstancias era natural que me creyera esto. En St Cyprian  se daba absolutamente por hecho que a menos que fueras a un buen colegio de pago ( y sólo quince colegios entraban en esta categoría) estabas condenado de por vida. No es fácil que un adulto pueda hacerse una idea de la presión, del nerviosismo que esto generaba en quienes teníamos que prepararnos para un combate tan decisivo a medida que la fecha del examen se acercaba- ¡Once años, doce y luego trece, el año fatal del desenlace! No creo que hubiera ni un solo día en dos años en que mis pensamientos no estuvieran ocupados con  “el examen”, como yo lo llamaba. “El examen” ocupaba desde luego mis oraciones. Si me tocaba el haba en el roscón de reyes o me encontraba una herradura en el suelo o de un soplo apagaba las velas en mi cumpleaños o conseguía atravesar una puerta estrecha sin rozar las jambas, el deseo que con esto se  veía cumplido se lo llevaba por derecho propio “el examen”. Y, sin embargo, extrañamente, no podía evitar que un deseo irresistible de holgazanear me atormentara.

Días había en que de sólo pensar en los deberes que tenía que hacer se me caía el alma quedándoseme cara de asno delante de las tareas más sencillas. Y lo mismo me pasaba en vacaciones. Algunos de los chicos que se preparaban para la beca recibíamos clases extra de un tal Mr. Knowles, un hombre agradable, peludo, desgreñado, que vivía en la ciudad en un cubil típico de un solterón, con las paredes llenas de libros y en el que apestaba a tabaco. Mr. Knowles solía mandarnos extractos de latín para que los tradujéramos durante las vacaciones teniéndoselos que enviar una vez a la semana para que los corrigiera. De alguna manera me veía incapaz. El papel en blanco y el diccionario negro de latín sobre la mesa, la conciencia de estar escaqueándome de una tarea simple me perseguían en mis ratos libres pero de alguna forma no podía ponerme a ello y al final de las vacaciones acababa por enviarle sólo cincuenta o cien líneas. Sin duda que parte había que atribuirlo a que Sambo y  la vara con la que nos zurraba andaban bastante lejos. Pero es que también durante el curso escolar se apoderaban de mí unas rachas de desgana y estupidez que me hundían en la miseria y cuya expresión  a veces incluso tomaba la forma de  una especie de quejosa y lánguida rebeldía, plenamente consciente de mi culpa como era y sin poder o querer- nunca lo tuve claro- hacer nada. Era entonces cuando Sambo y Flip me hacían llamar y en esas ocasiones ni siquiera se trataba de azotes.

Flip me dirigía su torva mirada ( ¿De qué color eran aquellos ojos?, me pregunto. Los recuerdo verdes, pero no hay nadie que tenga los ojos verdes. A lo mejor eran de color avellana.) Comenzaba con su  tono meloso e intimidatorio característico y después de dejarle a uno sin guardia se anotaba un tanto a costa de lo mejor de uno mismo.

“ ¿No pienso que esté precisamente bien comportarte como lo haces, no crees? ¿No creo que sea eso lo que tus padres esperan de ti, holgazanear semana tras semana y mes tras mes? ¿Es que quieres echar a perder esta oportunidad? Sabes que tus padres no son ricos. Lo sabes. Sabes que no pueden permitirse las mismas cosas que otros padres. ¿Cómo van a mandarte a un colegio privado si no te sacas la beca? Sé lo orgullosa que tu madre está de ti. ¿Es que le quieres decepcionar?

“No creo que quiera ir a un colegio privado” decía Sambo dirigiéndose a Flip haciendo como si yo no estuviese. “Creo que ha desechado la idea. Quiere convertirse en un chico para todo por cuatro cuartos.”

Una terrible sensación de llanto- el pecho aspirando aire, un cosquilleo en las aletas de la nariz- se había apoderado a estas alturas ya de mí. Flip sacaba entonces su as bajo la manga.

“ ¿Y piensas que con tu comportamiento estás siendo justo con nosotros? ¿Después de todo lo que hemos hecho por ti?” Sus ojos me atravesaban hasta lo más hondo y aunque nunca lo decía abiertamente, sí que sabía lo que habían hecho por mí: “Te hemos tenido aquí todos estos años- te tuvimos aquí incluso en vacaciones para que Mr. Knowles te ayudara. Sabes que no queremos echarte pero no podemos tener aquí a un chico sólo para alimentarle curso tras curso. No creo que sea la tuya una forma muy honesta de comportarte ¿No?

Nunca me salía otra respuesta que no fuera un miserable “No, Señora” o “Sí, señora” , según el caso. Era evidente que no era honesta la forma en que me estaba comportando. Y siempre, en un momento u otro, de alguna parte de mis ojos acababa saliendo una lágrima reticente que me bajaba por la nariz y caía al suelo……

Para captar el efecto que este tipo de cosas tienen en un niño de diez o doce años hay que tener presente que los niños no tienen mucho sentido de la proporción ni de la probabilidad. Un niño puede ser un prodigio de egoísmo o de desobediencia pero carece de la experiencia suficiente para confiar en su propio juicio. Aceptará en general lo que se le cuente y creerá del modo más fantástico en la sabiduría y el poder de los adultos que le rodean……

Odiaba a Sambo y Flip con una especie de odio vergonzante y compungido pero no se me ocurría dudar de su juicio. Cuando me aseguraban que si no me sacaba la beca para un colegio privado iba a acabar convirtiéndome en chico para todo a los catorce, creía que esas eran en efecto las dos alternativas que tenía. Y por encima de todo les creía cuando me decían que lo hacían por mi bien. Soy consciente ahora, naturalmente, de que para Sambo yo representaba una buena inversión. Invertía dinero en mí y esperaba recuperarlo en la forma de prestigio. Si me hubiera echado a perder, como a veces les pasa a los chicos que prometen, imagino que se hubiera desecho de mí rápidamente. Ocurrió que cuando llegó la hora le saqué las dos becas y seguro que hizo buen uso de ellas en los folletos del colegio. Pero a un niño le resulta difícil  concebir que un colegio sea ante todo una empresa. Un niño piensa que los colegios existen para educar y que los directores le disciplinan a uno por su propio bien o por un deseo de abusar. Flip y Sambo querían ser mis amigos y su amistad traía consigo zurras, reproches y humillaciones, que eran buenos para mí y que me salvaron de convertirme en un chico para todo. Esta era su versión y yo creía en ella. Estaba claro por lo tanto que yo no les debía sino una gratitud inmensa y, sin embargo, como bien sabía, no me estaba mostrando agradecido. Al contrario, les odiaba. No podía controlar mis  sentimientos, ni tampoco ocultármelos. ¿Y acaso no es del género malvado odiar a quienes buscan tu bien? Así me lo enseñaron y así lo creía. El niño acepta los códigos de conducta que se le presentan incluso cuando los transgrede. Desde los ocho o puede que desde más temprano la conciencia del pecado nunca me fue ajena.Si me las ingeniaba para parecer duro y respondón, esto no era más que una delgada capa encima de un montón de vergüenza y desaliento. A lo largo de toda mi niñez me acompañó el convencimiento de que no valía nada, de que estaba perdiendo el tiempo, echando a perder mis talentos, comportándome como un insensato, malvado e ingrato- y de todo esto parecía que no había modo de escapar porque vivía bajo leyes que, como las de la gravedad, eran absolutas y que, sin embargo, me era imposible respetar.

A little office boy at forty pounds a year

Very early it was impressed upon me that i had no chance of a decent future unless i won a scholarship at a public school. Either i won my scholarship , or i must leave school at fourteen and become, in Sambo´s favourite phrase “ a little boy at forty pounds a year”. In my circumstances it was natural that i should believe this. Indeed, it was universally taken for granted at St. Cyprian´s that unless you went to a “good” public school (and only about fifteen schools came under this heading) you were ruined for life. Is is not easy to convey to a grown-up person the sense of strain, of nerving one self for some terrible, all-deciding combat, as the day of the examination crept nearer-eleven years old, twelve years old, then thirteen, the fatal year itself! Over a period of about two years, i do not think there was a day when “the exam”, as i called it, was quite out of my waking thoughts. In my prayers if figured invariably: and whenever i got the bigger portion of a wishbone, or picked up a horse-shoe, or bowed seven times to the new moon, or succeded in passing through a wishing-gate without touching the sides, then the wish i earned doing so went on “the exam” as a matter of course. And yet curiously enough i was also tormented by an almost irresistible impulse not to work.

There were days when my heart sickened at the labours ahead of me, and i stood stupid as an animal before the most elementary difficulties. In the holidays, also, i could not work. Some of the scholarship boys received extra tuition from a certain Mr. Knowles,a likable, very hairy man who wore shaggy suits and lived in a typical bachelor´s “den”-booklined walls, overwhelming stench of tobacco-somewhere in the town. During the holidays Mr. Knowles used to send us extracts from Latin authors to translate, and we were supposed to send back a wad of work once a week. Somehow i could not do it. The empty paper and the black Latin dictionary lying on the table, the consciousness of a plain duty shirked, poisoned my leisure, but somehow i could not start, and by the end of the holidays i would only have sent Mr. Knowles fifty or a hundred lines. Undoubtedly part of the reason was that Sambo and his cane were far away. But in term-time, also, i would go through periods of idleness and stupidity when i would sink deeper and deeper into disgrace and even achieve a sort of feeble, snivelling defiance, fully conscious of my guilt and yet unable or unwilling-i could not be sure which-to do any better. Then Sambo or Flip would send for me , and this time it would not even be a caning.

Flip would search me with her baleful eyes. (What colour were those eyes, i wonder? I remember them as green, buy actually no human being has green eyes. Perhaps they were hazel.) She would start off in her peculiar, wheedling, bullying style, which never failed to get right through one´s guard and score a hit on one´s better nature.

“I don´t think it´s awfully decent for you to behave like this, is it? Do you think it´s quite playing the game by your mother and father to go on idling your time away, week after week, month after month? Do you want to throw all your chances away? You know your people aren´t rich, don´t you? You know they can´t afford the same things as other boy´s parents. How are they to send you to a public school if you don´t win a scholarship? I know how proud your mother is of you. Do you want to let her down?”

“ I don´t think he wants to go to a public school any longer,” Sambo would say, addressing himself to Flip with a pretence that i was not there. “I think he´s given up that idea. He wants to be a little office boy at forty pounds a year.”

The horrible sensation of tears-a swelling in the breast, a tickling behind the nose-would already have assailed me. Flip would bring out her ace of trumps:

“And do you think it is quite fair to us, the way you´re behaving? After all we´ve  done for you? You do know what we´ve done for you, don´t you?” Her eyes would pierce deep into me, and though she never said it straight out, i did know “ We´ve had you here all these years- we even had you here for a week in the holidays so that Mr. Knowles could coach you. We don´t want to have to send you away, you know, but we can´t keep a boy here just to eat up our food, term after term. I don´t think it´s very straight, the way you´re behaving. Do you?”

I never had any answer except a miserable “No, Mum”, or “Yes, Mum”, as the case might be. Evidently it was not straight, the way i was behaving. And at some point or other the unwanted tear would always force its way out of the corner of my eye, roll down my nose, and splash…….

To grasp the effect of this kind of thing on a child of ten or twelve, one has to remember that the child has little sense of proportion or probability. A child may be a mass of egoism and rebelliousness, but it has no accumulated experience to give it confidence in its own judgements. On the whole it will accept what it is told, and it will believe in the most fantastic way in the knowledge and powers of the adults surrounding it……

I hated Sambo and Flip, with a sort of shamefaced, remorseful hatred, but it did not occur to me to doubt their judgement. When they told me that i must either win a public-school scholarship or become an office boy at fourteen. I believed that those were the unavoidable alternatives before me. And above all, i believed Sambo and Flip when they told me they were my benefactors. I see now, of course, that from Sambo´s point of view i was a good speculation. He sank money in me, and he looked to get it back in the form of prestige. If i had “gone off”, as promising boys sometimes do, i imagine that he would have got rid of me swiftly. As it was i won him two scholarships when the time came, and no doubt he made full use of them in his prospectuses. But it is difficult for a child to realise that a school is primarily a commercial venture. A child believes that the school exists to educate and that the schoolmaster disciplines him either for his own good, or from a love of bullying. Flip and Sambo had chosen to befriend me, and their frienship included canings, reproaches and humiliations, which were good for me and saved me from an office stool. That was their version, and i believed in it. It was therefore clear that i owed them a vast debt of gratitude. But i was not grateful, as i very well knew. On the contrary, i hated both of them. I could not control my subjective feelings, and i could not conceal them from myself. But it is wicked, is it not, to hate your benefactors? So i was taught, and so i believed. A child accepts the codes of behaviour that are presented to it, even when it breaks them. From the age of eight, or even earlier, the consciousness of sin was never away from me. If i contrived to seem callous and defiant, it was only a thin cover over a mass of shame and dismay. All through my boyhood i had a profound conviction that i was no good, that i was wasting my time, wrecking my talents, behaving with monstrous folly and wickedness and ingratitude-and all this, it seemed, was inescapable, because i lived among laws which were absolute, like the law of gravity, but which it was not possible for me to keep.