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Las U.P.E.: una utopía radical para Europa made in Switzerland

El presente texto es la traducción de un artículo publicado en el Frankfurter Allgemeine Zeitung el 24/11/2012 bajo el título “El futuro de Europa:deshagámonos del Estado-nación” por el profesor suizo Bruno S. Frey

Bruno S. Frey es profesor de economía. Enseña e investiga en la universidad de Warwick, en la Universidad Zeppelin de Friedrichshafen y en el CREMA-Center para investigación sobre economía, dirección y humanidades, en Basilea

Nota: no es la primera vez que uno se encuentra con una especie de displicencia a la hora de tratar la cuestión del Estado-nación. Con sorprendente rapidez se asume que dicha malhadada institución no sirve para nada y cada cual aprovecha la ocasión para dar cancha a la imaginación utópica del momento. Quizá el texto de más abajo sea un ejemplo de ello. En cualquier caso el mismo me ha recordado un debate a propósito del nacionalismo y del Estado-nación que el sociólogo Norbert Elias lleva a cabo en uno de sus libros siguiendo el hilo de reflexiones de George Orwell. Creo que sus páginas van a ser el objeto de mi próxima traducción.

http://www.faz.net/aktuell/wirtschaft/europas-schuldenkrise/europas-zukunft-weg-mit-dem-nationalstaat-11970938.html

El futuro de Europa: deshagámonos del Estado-Nación

El Estado- nación es cosa del pasado pero una Europa centralista empeoraría las cosas. A continuación la utopía radical de unas unidades políticas y económicas completamente nuevas.

El proceso de unión europea se ha construido sobre la base de los Estados-nación- esta es una cosa que normalmente se da por sentada. Me gustaría no obstante sugerir otra posibilidad para un futuro de Europa más acorde con la diversidad y la libertad, más fructífera, pero ignorada hasta ahora. En mi opinión el futuro de Europa no debería estar ligado a los tradicionales límites geográficos de los Estados-nación. La Unión Europea necesita un principio constructivo que se rija por los problemas reales que la acucian.

Quien quiera montar este proyecto constructivo tiene primero que comprender la evolución que la UE ha seguido hasta hoy. Pueden diferenciarse dos vías en lo que a esto toca: un proyecto de paz orientado por la política y un proyecto de libre mercado orientado por la economía.

Hombres de Estado clarividentes

La unificación europea fue emprendida por hombres de Estado clarividentes como Schuman, Monnet, Churchill o de Gasperi  como un proyecto de paz destinado a impedir futuras guerras en el continente. Tras los avances experimentados por  la concepción del Estado-nación en el siglo XIX- determinante fue en este sentido la idea de la Constitución como principio básico al que deberían atenerse tanto las instituciones estatales y no estatales así como los ciudadanos- en el siglo XX las Estados-nación desencadenaron daños enormes. En la primera guerra mundial murieron cerca de diez millones de soldados y un impresionante número de civiles. La segunda guerra mundial costó la vida a sesenta millones de personas

La Francia de De Gaulle y la Alemania de Adenauer pusieron las bases para unas instituciones europeas que deberían asegurar la paz entre los Estado-nación. Y el hecho de que este objetivo se alcanzara, supone ya un gran y beneficioso logro. Sin embargo estas instituciones no han contribuido de forma reseñable a resolver conflictos intra-estatales como los de Irlanda del Norte o España. Además a las instituciones europeas se les reconoce un déficit democrático. En este sentido la Unión Europa no es una institución política que sirva como modelo para el siglo XXI

La armonización sustituye a la competencia

El proyecto económico de la UE representa igualmente un gran logro. Se redujeron de forma significativa algunas trabas al comercio entre los Estado-nación  y otras  se suprimieron en su totalidad. Este avance sin embargo implicó grandes costes: la burocracia de Bruselas tuvo que promulgar una ingente cantidad de regulaciones y directivas de modo que  la competencia se vio sustituida por la armonización y la uniformización en muchos sectores. Y ahora en lugar de procederse con ofertas flexibles para con  países susceptibles de ingresar en la Unión se les exige a éstos que acepten en su totalidad el “Acquis Communautaire” (acervo comunitario), es decir toda la normativa europea en vigor- como si ésta fuera lo único válido.

Frente a las actuales instituciones de la Unión Europea se puede pensar en otra Europa: una Europa que deje espacio e impulse la múltiple diversidad cultural, política y económica. Para esto se necesitan unidades políticas de nuevo cuño que se orienten hacia la resolución de los problemas.

La misión determina la coalición

En la actual UE los problemas se acometen dentro de las fronteras políticas existentes- las de los Estado-nación y toda discusión acerca del futuro del proceso de unificación europea tiene lugar casi exclusivamente en el marco de estos Estados-nación.

Tiene sin embargo más sentido identificar primero los problemas que hay que resolver y a continuación crear para ello las unidades políticas adecuadas. Lo que aquí proponemos es pues darle la vuelta a la manera en que hoy se abordan estas cosas: las fronteras políticas tienen que adecuarse endógenamente de modo que los problemas puedan resolverse lo más eficientemente posible.

La Nación no se adecua sino incidentalmente

El tamaño de estas unidades políticas puede ser más o menos amplio que el de los Estados-nación según el problema a resolver. Sólo incidentalmente puede el tamaño del Estado-nación coincidir con el que se adecua a la resolución del problema. Estas “unidades políticas endógenas”  (abrev. U.P.E.) que habría que crear no han de ser identificadas tampoco con las regiones europeas u otras regiones, puesto que éstas se encuentran en su mayor parte predeterminadas históricamente.

¿Cómo deben resolverse los problemas en un espacio político unificado? Si se parte de la teoría económica del “Spillover”, la solución a los problemas debería acometerse desde el más alto nivel posible. Unicamente entonces podrían considerarse en toda su amplitud las distorsiones transfronterizas

Tomar en cuenta el coste de la toma de decisiones

De esta manera sin embargo se pasan completamente por alto los costes igualmente altos de la toma de decisiones. La economía política nos muestra las ventajas de la toma de decisiones al nivel más local posible porque solamente entonces se da el acicate suficiente para contemplar los costes y la eficacia de las diferentes soluciones. Si lo que se quiere  realmente es resolver los problemas habrán de tomarse en cuenta no solamente los costes que se derivan del “Spillover” sino los costes derivados de la toma de decisiones.

Las nuevas U.P.E. tendrán que tener un tamaño que minimice el total de costes. Para que tengan peso político las U.P.E. deben disponer de suficientes competencias fiscales. Deben ser capaces de recaudar impuestos y de determinar ellas mismas los gastos para la resolución de los problemas. Miembros de las U.P.E. podrán serlo, en función del ámbito de los problemas,desde municipios (o parte de los mismos como distritos de ciudades) hasta personas individuales.

Tiene que posibilitarse votar electrónicamente

Las U.P.E. tiene que ser organizadas y legitimadas democráticamente. En un mundo moderno orientado hacia el futuro la elección de las personas o sobre cuestiones concretas debe realizarse no sólo a la  manera tradicional de las urnas o vía voto postal sino que debe posibilitarse el voto electrónico. Gracias al menor esfuerzo los ciudadanos se informarán mejor y se involucrarán en mayor número en los asuntos públicos.

Para que las U.P.E. puedan adaptarse a las diferentes condiciones el ingreso y la salida de ellas debe ser flexible. Para ello se hace necesario establecer  normas en su Constitución misma, o sea contemplando las eventualidades del velo de la incertidumbre. Se podría pensar en un alza de los costes para aquellas unidades que quisiesen salir y que durante su participación  hubiesen experimentado una ganancia de capital. Quien pueda estar en una U.P.E. o quien pueda formar su capital humano con la oferta educativa en ella existente, oferta que será remunerada en dinero en otro lugar, deberá contribuir de la forma correspondiente

Cuatro ejemplos

Cabe también pensar en los costes de entrada que tendrán lugar cuando los que ingresan buscan obtener ganancias de capital. Normas flexibles para el ingreso y la salida crean una situación competitiva. Aquellas U.P.E. particularmente eficientes alcanzarán una situación financiera ventajosa. Ilustraremos el nuevo proyecto de las Unidades Políticas Endógenas a través de unos ejemplos:

1.- El tráfico a través de Los Alpes incumbe especialmente a ciertas áreas de las naciones europeas mientras que a otras les afecta muy poco o nada. La creación de una unidad política que englobe a las áreas afectadas se haría cargo de acometer la solución de los problemas, lo que a su vez haría a las fronteras nacionales en gran parte irrelevantes.

2.- Las áreas afectadas por el turismo sobrepasan asimismo a menudo los ámbitos políticos existentes. Así en el área del lago Constanza se ven afectados por el tráfico  extranjero ámbitos geográficos de tres países y diversos cantones, estados federales y distritos administrativos. Con vistas a acometer eficazmente los problemas pertinentes también aquí  habría de crearse una U.P.E.

3.- Una Turquía que hoy se afana por ingresar en la UE podría plausiblemente ingresar como miembro de diferentes U.P.E. sobre todo en lo que toca a la economía. Ni la UE ni Turquía se verían obligadas a suscribir acuerdos insatisfactorios en aspectos sobre los cuales sus puntos de vista son fundamentalmente diferentes. No habría necesidad de una completa aceptación del “acquis communautaire” (acervo comunitario). Un proceder parecido sería aplicable a los países del norte de Africa: Marruecos, Túnez, Argelia

4.- La idea de las U.P.E. posibilitaría también dar satisfacción a los deseos de mayor soberanía de ciertas partes de los Estados Nación existentes como los del País Vasco, Cataluña, Irlanda del Norte o Escocia y disminuir el riesgo de futuras reivindicaciones terroristas.

Aprender de las multinacionales

Para la formación de las U.P.E. podría aprenderse de las compañías multinacionales. Hace tiempo que éstas han superado ciertos problemas organizacionales con los que los Estados se ven hoy confrontados. Además existen escritos para la mejora de la operativa estatal que serían trasladables a las U.P.E. El que más de cerca les concierne es “Functional Overlapping and Competing Jurisdictions” (“Jurisdicciones funcionalmente solapadas y que se hacen la competencia”), basado en trabajos míos y de Reiner Eichenberger

Propuestas parecidas son los “artificial states” (“estados artificiales”) a cargo de Alberto Alesina y otros autores o las “chartered cities” (“ciudades reguladas”) de Paul Romer asi como los estados-ciudad postulados en Suiza por Konrad Hummler, todas ellas unidades políticas por encima de las reglamentaciones y normativas nacionales y capaces de determinar normas más eficientes.

Una Europa de diferentes velocidades

Podría esgrimirse que  debido a la consolidación institucional de la Unión resulta ocioso proponer este tipo de ideas divergentes en cuanto a una futura profundización de la unificación europea. Este argumento no funciona o sólo en parte por dos motivos:

1.- Las U.P.E. pueden vincularse a la idea fundacional de la unificación europea. Fueron Francia y Alemania con la creación de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero quienes primeros se pusieron de acuerdo en una institución orientada a resolver problemas. No pueden concebirse guerras sin acero y la CECA se ocupaba de insertar, especialmente a la industria alemana de este metal, en un contexto europeo. También la Comunidad Europea de la Energía Atómica o (EURATOM) es una unidad política orientada a la resolución de problemas en el sentido de las U.P.E.

2.- Las U.P.E. pueden ser implementadas parcialmente partiendo de la estructura actual de la UE. La idea de una “Europe à la carte” (“ Europa a la carta”) y de una “Europa de diferentes velocidades” “dejarían así de ser una aberración a combatir para convertirse en ideas que valen la pena el esfuerzo.

Desarrollo desde abajo

De implementarse sucesivamente las U.P.E. disminuiría con el tiempo la parte centralista y burocrática de la Unión Europea y se desarrollaría una red dinámica y competitiva de unidades políticas. Una política europea razonable debe primero identificar cuáles son los problemas a resolver. Partiendo de aquí debe debatir sobre las unidades políticas adecuadas y posibilitarlas. Las iniciativas para la formación de las mismas pueden dejarse en manos de los afectados- la red no debe imponerse desde arriba sino que debe poder ser desarrollada desde abajo.

Procediéndose paso a paso no se haría necesario eliminar los cuerpos políticos existentes aunque éstos irían perdiendo  importancia respecto a las U.P.E. Se generaría una competencia entre las unidades políticas tradicionales y las nuevas. No debería irse desde luego contra los Estados nacionales que hoy dominan la política europea pero no habría que dejar de reflexionar a qué clase de resolución de problemas su tamaño se adecua mejor. Como se ha demostrado mediante los ejemplos, se comprobaría que la adecuación se produce únicamente en pocos casos.

La Comunidad Europea del Carbón y del Acero fue el comienzo acertado

La unificación europea comenzó acertadamente con la creación de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, una institución orientada a la resolución de problemas. Tras ello tanto el proyecto de paz como el de libre comercio se llevaron solamente a cabo a nivel de los Estados nacionales. Con ello se optó por el ordenamiento político que contribuyó decisivamente a las catastróficas guerras del siglo XX y que hoy obstaculiza un avance ulterior.

Las Unidades Políticas Endógenas suponen una alternativa a una unificación europea a nivel nacional. Deben ser posibilitadas en Europa y la iniciativa y su formación deben producirse desde abajo. Para que las unidades puedan acometer sus proyectos con éxito deben disponer de una amplia autonomía financiera y por lo tanto poder determinar sus ingresos fiscales y sus gastos. Este tipo de nueva orientación de la unificación europea puede realizarse inmediatamente y los Estados nacionales verían aliviada su carga. Una red de Unidades Políticas Endógenas como la propuesta se corresponde con la diversidad de Europa.

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