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diciembre 31, 2012 Deja un comentario

A quien quiera que me lea: Feliz año nuevo // Joyeuse nouvelle annèe // Frohes neues Jahr // Happy new year

“Sostanza e Forma” de Joe Barbieri

Categorías:Divertissement

Norbert Elias. Nacionalismo III

diciembre 31, 2012 Deja un comentario
Nicolas Maquiavelo

Nicolas Maquiavelo

Puede apreciarse aquí de nuevo la línea de continuidad que conduce de un Ethos absolutista o aristocrático a uno nacionalista. Este último queda en directa línea de descendencia respecto del primero. Una vez más quizá pueda la voz de Maquiavelo aclararnos qué hay en esta línea de diferente y de parecido, de cambio y de continuidad:

 >>Uno tiene que saber ocultar su naturaleza de zorro y saber ser un gran mentiroso e hipócrita: los hombres son tan simples y obedecen tan prestos las necesidades del momento que aquel que miente siempre encuentra alguien que se deja mentir.

 A un príncipe por lo tanto no se le hace necesario poseer verdaderamente buenas cualidades sino más bien crear la impresión de que las posee. Me atrevo incluso a afirmar que dichas cualidades son perjudiciales si uno las posee y les es fiel siempre y que son beneficiosas cuando uno se limita a hacer como que las posee. De manera que tienes que aparentar ser clemente, leal, humano, sincero y serlo también; pero tienes que ser capaz de transformar todo esto en su contrario tan pronto tengas que dejar de serlo. Pues hay que admitir que un príncipe, especialmente si acaba de llegar al poder, no puede cumplir con todo aquello por lo que los hombres son tomados por justos, ya que para conservar su  poder se ve a menudo obligado a actuar contra la lealtad, la piedad, la humanidad y la religión. Por eso tiene tener una mentalidad que le permita moverse en función de por dónde sople el viento de la fortuna y de las circunstancias y… no desviarse del bien mientras sea posible y echar malo del mal tan pronto sea necesario.

Siempre que un príncipe triunfe y conserve el poder los medios que para ello haya empleado serán considerados  honorables y elogiados por todos <<

En épocas posteriores – e incluso en la suya propia- Maquiavelo pasaba  por  un propugnador de la amoralidad, un teórico de un arte diabólico de gobernar. En realidad se limitaba a formular en un lenguaje más claro y general que lo acostumbrado unas reglas en  el manejo de las relaciones interestatales que en la práctica y sin ninguna elaboración teórica eran seguidas antes y después de él-y lo son hasta el presente- por las élites gobernantes responsables de la política que cada país sigue respecto de los otros. Se puede afirmar que la convicción de la idoneidad e inevitabilidad de seguir una conducta maquiavélica en las relaciones interestatales es en sí misma uno de los factores que contribuyen a su perdurabilidad.Se empleen en el trato entre individuos o entre grupos, las estrategias sociales basadas en la desconfianza y temor mutuos y no en el mantenimiento de un canon común consensuado tienden a auto-perpetuarse a través de la generación continua de  desconfianza y temor. De este modo  puede explicarse la continuidad del Ethos maquiavélico en las relaciones interestatales independientemente de las tradiciones y características sociales de la élite gobernante sencillamente a partir del hecho de que estas relaciones residen en una esfera de la vida social en la que ninguna de las entidades sociales tiene la seguridad de que la otra no recurrirá en última instancia a la violencia a la hora de perseguir sus supuestos intereses.

Credo nacional y cambio en el carácter de la convicción del valor supremo del interés del Estado: razón práctica vs. emoción categórica

La continuidad del credo y canon de conducta que liga la estrategia que seguían los príncipes y élites aristocráticas respecto de otros Estados con la que siguen las élites nacionales de las clases medias y trabajadoras tampoco es, sin embargo, absoluta: en ella se operan ciertos cambios. Uno de los más llamativos quizá sea el cambio que se opera en el carácter de la convicción de que en las relaciones interestatales el interés del propio Estado marca siempre la pauta de acción. Esta convicción era ante todo un postulado práctico en la época en que unos príncipes y sus ministros o  una nobleza con posiciones de privilegio se veían así mismos como eje central de un Estado y consideraban a ese Estado y a sus súbditos  como de su propiedad. Con la creciente democratización de las sociedades estatales y la correspondiente nacionalización de los puntos de vista y de las formas de sentir de los individuos que las forman, ese postulado  pasa a convertirse en un imperativo categórico con profundas raíces no solamente en los afectos  sino también en la conciencia individual, en la representación del yo y su nosotros, en el ideal de ese yo y ese nosotros.

 La mayoría de los individuos que viven en una sociedad nacional industrial diferenciada carece de una experiencia directa, de conocimientos especializados en lo relativo a las relaciones interestatales y sólo puede acceder a dichos conocimientos en la práctica a través de vías indirectas, a través de las informaciones a menudo confusas y selectivas que le llegan por los medios públicos de información. Una creencia sentimentalmente arraigada, la formación en el individuo de una conciencia en una de cuyas cámaras el propio Estado queda comprendido como el valor supremo cumple en los grandes y populosos Estados nacionales del siglo XX mutatis mutandis un objetivo análogo al que en las sociedades dinásticas se llegaba por la vía de ponderaciones prácticas y comparativamente más racionales acerca del interés propio por parte de unas poco numerosas élites gobernantes. La creencia nacional genera en la masa de los individuos incumbidos por ella unas tendencias en la personalidad que los predisponen a emplear toda su fuerza y, si es necesario a morir, en aquellas situaciones en las que ven amenazados los intereses o la supervivencia de su sociedad. Las élites gobernantes del presente o del futuro de estos colectivos soberanos ricos en número pueden movilizar estas tendencias o disposiciones  con la ayuda de símbolos detonantes adecuados si les parece que la integridad del colectivo se encuentra en peligro. No pocas veces estas disposiciones se ven activadas a través de tensiones entre distintas secciones de la población. Y como penetran de una manera ubicua, son capaces de teñir de un determinado color el pensamiento, de bloquear la mirada, de encerrarla en prejuicios. El problema está en que estas disposiciones funcionan en gran medida de una manera autónoma. Sólo en un grado limitado pueden moderarse y modificarse a través del conocimiento objetivo y el juicio realista. Pueden ver la luz de una manera casi automática, sin una intención por parte de nadie, cada vez que se presenta la situación detonante.

Tenemos pues que los individuos de las sociedades estatales del XIX y XX adquieren unas disposiciones que les llevan a ajustar su conducta de acuerdo principalmente a dos cánones normativos  en varios aspectos irreconciliables. Cada individuo incorpora en su modo personal de actuar la preservación, la integridad y los intereses del colectivo soberano al que pertenece y lo que éste representa en tanto patrón de conducta que en determinadas situaciones decide, y así tiene que hacerlo, por encima de cualquier otro. Al mismo tiempo al mismo individuo se le educa dentro de un canon humanístico e igualitario o moral en el que es el valor del ser humano individual el que decide la manera de actuar. Ambos cánones son, como suele decirse, “internalizados” o quizá hay que decir simplemente “individualizados”. Ambos cánones pasan a convertirse en distintas caras de  una misma conciencia individual. Aquellos que actúan en contra de uno de los dos cánones se exponen al castigo no sólo de los otros sino de sí mismos en la forma de sentimientos de culpa o de mala conciencia.

Los conflictos que se derivan de este canon normativo escindido e inarmónico y de una formación de la conciencia individual correspondientemente inarmónica pueden en determinadas épocas estar latentes y manifestarse solamente en determinadas situaciones. No obstante el hecho mismo de saber que estas contradicciones existen es importante a la hora de comprender no sólo a las  sociedades en cuestión sino a la sociedad en general. Toda teoría sociológica debe dar cuenta del hecho de que tanto en el pasado como en el presente de la evolución de las sociedades se ha dado a menudo un valor más alto a la supervivencia del grupo como tal que a la de los individuos como tales.

Un enfoque teórico que utilice como instrumento analítico un concepto idealizado de norma no se corresponderá con las tareas de la investigación sociológica. Puede que un problema como el que suscita el canon normativo contradictorio característico de los Estados nacionales industrialmente desarrollados constituya un tabú social y que esto haga difícil su aprehensión conceptual y su discusión. Quizá hay que atribuir la incapacidad de los Estados nacionales de sustraerse a una espiral  de recíprocas amenazas, miedos y desconfianzas a que este tipo de problemas no se investigan y discuten abierta y desapasionadamente.

Las contradicciones fundamentales de las que aquí se trata son en cualquier caso lo suficientemente sencillas como para poder resumirlas en pocas palabras: en las sociedades cuyas élites gobernantes se sitúan en la tradición de las clases medias y trabajadoras, los individuos son educados en un canon moral según el cual matar, mutilar, atacar, engañar, defraudar, robar a otro individuo es algo reprochable en cualquier circunstancia. Simultáneamente estos mismos individuos son educados en la creencia de que no es motivo de reproche hacer todo eso además de sacrificar la propia vida si el interés de la sociedad soberana que entre todos forman lo estima necesario.

Ya se ha mostrado alguna de las razones- aunque en absoluto todas- del carácter dual y contradictorio de este canon normativo. En el ámbito de las relaciones interestatales los representantes de las- antes de su acceso al poder- clases medias y trabajadoras en tanto miembros de la élite gobernante han de hacer frente y se ven expuestas  a condiciones y experiencias que les eran inaccesibles mientras ocupaban una posición subordinada. Optaron por ello por seguir en este ámbito las tradiciones de las élites gobernantes del pasado, cuyo canon normativo, a pesar de todos los refinamientos, seguía teniendo la especificidad de un canon guerrero. En todos los países europeos-también en Inglaterra donde grupos de las clases medias y de hacendados burgueses habían logrado unirse a los grupos aristocráticos dominantes antes que en la mayor parte de los países europeos-las responsabilidades que trataban de asuntos que tenían que ver con las relaciones entre Estados estaban generalmente en manos de individuos que se situaban dentro de la tradición nobiliaria. Tras el ascenso al poder de las clases industriales esos puestos siguieron en las mismas manos. Las tradiciones de las viejas estirpes nobiliarias recibieron ciertamente, como se ha explicado, otra impronta; el canon guerrero se convirtió en una segunda moral y esta moral particular, no igualitaria, nacionalista, no era menos exigente, incondicional e incuestionable en sus demandas que  la moral universal, igualitaria y humanística.

Esta evolución- la formación de un canon normativo dual y contradictorio en sí mismo- es un rasgo básico de todos los países que siguieron un proceso de transformación de una estructura aristocrático- dinástica a una democrática y nacional. Puede que esas contradicciones, conflictos y tensiones que les son inherentes aparezcan solamente en determinadas situaciones, sobre todo en situaciones de crisis como las guerras manifestándose entonces en toda su agudeza. No obstante un canon dual como el descrito en tanto determinante de la conducta también tiene en tiempos de paz una considerable influencia sobre la manera individual de sentir y de pensar así como sobre los comportamientos individuales. El es el responsable de que se produzca una determinada polarización en los ideales políticos, de generar el margen de maniobra para que en el programa de unos grupos se centre la atención en los valores del credo nacional y de la tradición guerrera sin tener que verse obligados a descartar los de la tradición de la moral humanística e  igualitaria o al revés  en el caso de otros grupos siendo múltiples las posibles combinaciones. El es el que posibilita que diferentes individuos según sean su posición social, sus actitudes, la estructura de su personalidad se adhieran a un grupo que está más cerca de uno u otro polo del espectro. El conjunto de la figuración misma, la inserción de los grupos humanos en algún lugar entre los dos polos nos la encontramos en todas las sociedades de este tipo.

Proceso de transformación de una estructura aristocrático-dinástica a una democrática y nacional. Diferentes estrategias en la elaboración del canon normativo inarmónico. Alemania e Inglaterra

En este punto vamos a dejar de lado muchos problemas que están conectados con esta polaridad, especialmente la recurrente defensa de un credo nacionalista por parte de los grupos conservadores y más prósperos de la sociedad y la menor atracción que un credo nacionalista extremo y militante ejerce sobre los sectores menos acomodados de las clases medias. Lo que no podemos obviar es decir unas palabras sobre la manera en que se procura gestionar en diferentes países el común problema de la contradicción en las exigencias de conducta que se deriva de la coexistencia de dos cánones normativos en muchos aspectos incompatibles. Pues la razón de esta digresión en la sociología del nacionalismo es que el nacionalismo alemán suele ser estudiado aisladamente, como si la nacionalización de las maneras de sentir, de la conciencia y de los ideales sólo hubiera sucedido en Alemania.

De hecho cuando se abordan problemas suscitados por el credo nacionalista alemán enseguida queda claro que para poder decidir qué es lo específicamente alemán en este tipo de creencia tan extendido se requiere un modelo definitorio del proceso evolutivo general que se encargó de generar la variedad de nacionalismos que se observa en todas las sociedades estatales entre los siglos XIX y XX. La existencia de un canon dual que pivota en torno a los máximos valores que representan por un lado, el individuo y, por otro, el Estado nacional constituye un aspecto central compartidos por todas estas sociedades.

Quizá puedan aclararse las particularidades de cómo los alemanes manejaron este problema si echamos un breve vistazo a al menos otra manera nacional de manejarlo que se aleje lo suficiente de la de los alemanes como para permitir mostrar el amplio espectro de las posibles variaciones, me estoy refiriendo a la manera inglesa. En este punto emerge una diferencia cardinal entre las tradiciones inglesa y alemana. En Inglaterra prevalece la tendencia a fundir los dos cánones, se intenta buscar soluciones de compromiso para sus exigencias opuestas y a olvidar- con éxito, por lo que parece- que el problema en realidad existe. En Alemania en cambio se tiende a resaltar la incompatibilidad de los dos cánones. Respecto a ellos sólo existe la disyuntiva del uno o del otro. Una solución de compromiso entre ambos es considerada, en línea con el tenor general del pensamiento alemán, como chapucera, se la considera como un producto de un pensamiento confuso cuando no, sin más, deshonesto. Y como la estrategia que se sigue en las relaciones interestatales normalmente se diseña en consonancia con las tradiciones del pensamiento en cada Estado, estas diferencias en la elaboración del doble canon normativo genera no pocas veces problemas de comunicación. En su mutuo trato los miembros de cada Estado contemplan su propio modo de elaboración del doble canon como natural y obvio, les resulta sencillamente como el correcto, como la sola forma posible del pensar y el actuar. Cualquier otra forma les parece falsa cuando no reprobable.

El ataúd del Míster

diciembre 27, 2012 Deja un comentario

 
 
“La violencia es como el agua, sabes por donde entra pero nunca por donde sale”
Albañil Fructuoso en trance de sellar una gotera en el muro del colegio.
Estribaciones del invierno de 1983
 

Fue N quien nos lo dijo. Él se acordaba perfectamente. De mi memoria sin embargo el hecho había desaparecido completamente. Era nuestro último año del colegio y el director se había matado en un accidente de moto. Como éramos los mayores se nos eligió para que portáramos el ataúd.

No sé si al hilo de este recuerdo o al margen de él, I se acordó de un quiste que  de vez en cuando al Mister- como también  se le conocía-  le solía salir en el cuello. Tampoco me acordaba de aquel quiste pero su mera mención me lo hizo muy presente. I lo relacionaba con los accesos de cólera del ocupante del ataúd.No me costó evocar la palpitante cabeza de aquella protuberancia y la mano larga del Mister para calmar el dolor que le provocaba, para calmar el dolor infligiéndoselo a otros, para sacudirse aquella proverbial mala ostia poniendo la mano encima a quien se pusiera más a tiro, que casualmente solían ser siempre los mismos.  Si… aquellos accesos de cólera, el miedo que la figura del Mister podía llegar a inspirar, la brutalidad de aquel tipo inglés al que le iban un huevo las motos , el cacharrear con ellas y  al que los azares de la vida habían colocado al frente de un colegio pijo en lugar de un taller mecánico.

Entre él y su hermana dirigían el colegio, pero sus figuras eran bien distintas. La hermana se encargaba del día a día, pautaba el ritmo de la disciplina cotidiana a seguir, vigilaba de cerca que nadie se desviara de ella, impartía clases  con el brío de su menudo tamaño… A la hermana se la veía trabajadora, consciente de lo que hacía, desvelándose por el buen funcionamiento de aquel  su medio de vida. Era la suya una figura temida al tiempo que cercana para los alumnos. Casi omnipresente, sus órdenes procuraban inmiscuirse en casi todo y, aunque también sabía mostrarse cruel a la hora de imponer una disciplina a menudo huera cuando no lisa y llanamente estúpida, aquel estilo suyo fue cobrando prestigio entre cierta burguesía y la directora empezó a disfrutar de un carisma que, supongo, iría ampliando la cartera de clientes y  el bienestar material de su familia. Recuerdo  en este sentido que entre el poco numeroso alumnado del colegio se encontraban sus propios hijos. También los había que eran medio familiares suyos o hijos de personas que le eran más o menos cercanas. Desconozco si lo hacía para que sirviera de ejemplo   pero hoy es el día que aún me sorprende la saña con  que contra algunos de estos solía emplearse, la retahíla de castigos, cachetes y gritos que su imaginación tenía lista  para con “los suyos”. Si eran un campo de pruebas, una especie de familiar laboratorio de ensayo para luego traspasar la fórmula al resto o simplemente algo más próximo a una  siniestra fijación, sólo el cielo lo sabe. En fin, también N me lo expuso crudamente con una sabiduría que quizá sólo estuvo  al alcance de unos pocos: “Quien más ostias recibió fue su hijo, no lo dudes”

Su hermano, el Mister, era otra cosa. Creo que llegó a dar clase. Lo que no sé es de qué ni qué títulos le avalaban para ello. ¿El de mecánico? Puede ser…  Al contrario que su hermana, su figura apenas formaba parte de nuestro día a día. El Míster se mantenía en un difuso segundo plano. A menudo su presencia nos venía de oídas, “alguien había pasado por sus manos”… O de pronto sabíamos que había desaparecido con su moto sin que supiésemos cuando ni si iba a volver. Pasar por sus manos era, sin embargo, algo que no estaba al alcance de cualquiera. La mayoría hacíamos lo posible para que no nos alcanzaran, cierto instinto de supervivencia nos llevaba a expulsarle de nuestras vidas, a enviarle a una suerte de mítica tierra de nadie donde la fortuna consistía en conocerle sólo por referencias. Tengo para mí que aquellos que no lo lograban, aquellos que, por una u otra razón, eran llevados a mantener con él una relación más de tú a tú empezaban a desarrollar una especie de complicidad ambigua con la fuente de sus miedos, una relación de iniciados. Mientras a los demás la directora se nos hacía insidiosamente presente  con sus antojadizas disposiciones cotidianas y el peso del director procurábamos aligerárnoslo como podíamos, a los que pasaban por sus manos el Mister se les hacía  presente con la contundencia de un golpe seco, de repente su figura cobraba cuerpo, densidad, peso. El lejano prestigio que de su  violenta figura emanaba perdía sus contornos borrosos y se hacía rotundamente accesible. Aunque suene contradictorio, quizá esto posibilitaba el surgimiento de alguna clase de afecto, un afecto que, sospecho, en casos extremos podía degenerar hasta en amistad.

Hermano y hermana, directora y director, cada uno a su estilo, se complementaban mutuamente. La eficaz trabazón de sus  carácteres formó la urdimbre de la buena marcha de aquella institución durante un tiempo.

Mis hombros no recuerdan el peso del ataúd del Mister, los de N. sí. Su peso en mi memoria-como en la de la mayoría- no pasa a lo sumo de aquel quiste palpitante de su cuello.

Gebrüder Grimm. Los hermanos Grimm

diciembre 24, 2012 Deja un comentario

El presente texto es una traducción del alemán de un artículo publicado en “Die Zeit-Geschichte en su edición 4/12” en la que se conmemora de una forma ciertamente crítica el 200 aniversario de los cuentos de los hermanos Grimm

 Su autor Heinz Rölleke fue profesor hasta su jubilación de filología alemana- incluyendo estudios sobre folclore- en la universidad de Berg en Wuppertal

Heinz Rölleke es uno de los más célebres especialistas en la obra de los hermanos Grimm

http://www.zeit.de/zeit-geschichte/2012/04/Maerchen-Brueder-Grimm-Urspruenge?utm_source=twitter_all

Cuentos sobre cuentos

Jacob y Wilhelm Grimm trataron siempre de ocultar quiénes fueron los que les contaron sus historias infantiles.

No fueron viejas campesinas  las que les relataron los supuestos cuentos de origen popular sino hijas cultivadas de antepasados hugonotes.

Los hermanos Grimm pusieron intencionadamente a sus lectores desde el principio sobre la falsa pista. No es que mintieran o buscaran engañar pero sí que trataron de crear la apariencia de que sus cuentos infantiles tenían su origen en el “pueblo llano”. En el prefacio al primer volumen de “Cuentos de la infancia y del hogar” escriben: “Todo ha sido reunido exclusivamente a partir de la tradición oral  de Hesse y de los alrededores del Meno y del Kinzig en el condado de Hanau, de donde somos”. Esta afirmación crea la impresión – y por eso la hacían- de que los hermanos Grimm se habían dedicado a recorrer su patria chica con el propósito  de ir reuniendo cuentos. Se puede demostrar que esto no es cierto.

A Jacob y Wilhelm Grimm les contaron prácticamente todas las historias en su casa de Kassel. Ni ellos ni sus otros hermanos aportaron ninguna a partir de sus recuerdos de juventud. Por eso evitan escribir en el prólogo, “nosotros” hemos reunido y escriben “ha sido reunido”. Los narradores  de los cuentos reales habían de quedar en el anonimato. Fieles al espíritu romántico los hermanos Grimm querían despertar la impresión de que sus historias infantiles eran producto del pueblo y que habían sido transmitidas colectivamente. Evitaban por ello a todo trance tener que mentar por su nombre a ningún narrador individual. Asimismo respecto a la procedencia de los textos los datos que aportan son vagos: “de Hesse” se dice de una manera muy general en “Cuentos de la infancia y del hogar” o “de los alrededores del Meno”

En el segundo volumen de 1815 los Grimm dan un giro y en su prólogo presentan detalladamente a una de sus narradoras: Dorothea Viehmann (1755-1815). Un retrato de ella decora el frontispicio del libro pero no se le llega a atribuir directamente ni un solo cuento. ¿Por qué no? Y por qué las narradoras por su parte callaron sobre su trabajo preliminar? ¿Por qué ni Dorothea Viehman, ni Annette y Jenny von Droste-Hülshoff ni las tres hermanas Hassenpflug y las otras 20 narradoras que relataron a los Grimm la mayoría y los más importantes de los cuentos infantiles de éstos no revelaron su identidad? No lo sabemos exactamente. A lo mejor los hermanos Grimm así se lo pidieron, quizá estas muchachas aún jóvenes, que contaron sus historias a los Grimm, temieran más tarde, al casarse, tener que avergonzarse de haberse dedicado a esa tontería de “contar historias”

Solo gradualmente se ha ido conociendo quienes fueron. Durante casi 100 años las investigaciones sobre la obra de los Grimm anduvieron a este respecto despistadas. Únicamente en los años 70 del siglo XX pudo conocerse la identidad de la mayoría de las narradoras.

Esto se debió a varias razones. En 1895 Herman Grimm, el hijo de Wilhelm se puso a analizar el ejemplar personal en el que su padre había escrito los nombres de las narradoras junto a sus respectivos textos. Muchos de los cuentos más importantes llevaban el nombre de Marie. Hermann Grimm relacionó este nombre equivocadamente con una anciana niñera de Hesse que había trabajado en la farmacia de la familia Wild de la que también provenía la que seía más tarde mujer de Wilhelm, Dorothea Wild. La niñera Marie nació  en el año 1749. En realidad el nombre de Marie que estaba anotado en el ejemplar personal se refería a Marie Hassenpflug nacida en 1788. Los Hassenpflug una familia de emigrantes hugonotes pertenecientes a la gran burguesía y residentes en Hanau mantenían una estrecha relación con los Grimm. El único hijo varón de la familia, Ludwig, se casó más tarde con Lotte Grimm, la hermana de Jacob y Wilhelm. Marie Hassenpflug se crió ,como los Grimm, en Hanau mudándose la familia después,igual que los Grimm, a Kassel. Aquí es donde Marie Hassenpflug conoció a los hermanos Grimm en 1808.

Siguiendo los errores de las indicaciones de Herman Grimm investigadores de sus cuentos llegaron incluso a concluir más tarde que también las historias que las hijas de la farmacia de los Wild, a saber, Gretchen, Dorothea, Lisette y Marie-Elisabeth les habían contado a los Grimm, que también estas historias provenían al final de la niñera que les cuidaba, o sea de la “vieja Marie”- cosa que, sin embargo, no era cierta. De esta manera un tercio de los cuentos publicados en 1812 fueron atribuidos hasta 1975  a la humilde niñera Marie. Con ello se estaba pasando por alto que los temas de los cuentos se correspondían  con una mujer joven, con una mujer como Marie Hassenpflug.

Resulta lógico que la cultivada Marie Hassenpflug manejara un repertorio de cuentos distinto al de la niñera de Hesse, de edad avanzada y poco leída. Pero sobre todo estaba el hecho de que una dama criada en los mejores círculos de la ciudad mostraba una predilección por determinados tipos de relatos: aquellos justamente que mejor se correspondían con su experiencia y circunstancia vitales.

               

                    Marie Hassenpflug                                            Dorothea Viehmann

Al identificar los investigadores a la joven Marie Hassenpflug y a sus dos hermanas Amalie y Jeannette como las principales contribuidoras de los cuentos se descubrió que el origen de éstas por parte materna se remontaba a refugiados hugonotes procedentes del Delfinado. La figura clave dentro de esta cultura familiar de cuentos infantiles de impronta francesa era la bisabuela de las hermanas Hassenpflug. Su nombre era Marie Madeleine Debély (1713-1791), quien proveniente de la zona suiza del macizo del Jura se mudó a Hanau donde contrajo matrimono con el pastor Etienne Droume (1695-1751) quien a su vez había huido del Delfinado a Hesse. La hija de ésta, que se había casado con un oficial llamado Dresen, murió joven de suerte que la nieta, Marie Magdalena Dresen pasó a estar bajo su custodia con cuatro años y en un hogar de habla francesa la niña tuvo que dejar de hablar alemán. Marie, tan influida de este modo por lo francés, casó con el que más tarde sería presidente del gobierno de Kassel Johannes Hassenpflug y se convertiría en la madre de las tres contadoras de cuentos de los Grimm. Nada de extraño tiene entonces el hecho de que su repertorio se nutriera en su mayor parte por la rica tradición francesa de cuentos infantiles de los siglos XVII y XVIII. Y que en sus relatos puedan encontrarse muchos pasajes  que coinciden literalmente  con párrafos enteros de la colección de cuentos “Contes de Fées” de Charles Perrault

Pero no solamente estos descubrimientos pondrían de manifiesto más tarde lo mucho que la tradición francesa de cuentos influyó en las historias infantiles de los Grimm. Incluso Dorothea Viehmann, caracterizada en el prefacio de 1814 como una “auténtica campesina de Hesse”, fue identificada más tarde como descendiente de emigrantes hugonotes con el apellido Pierson. De sus antepasados formaban parte no menos de cinco hugonotes provenientes de Francia. Cabe suponer que Jacob y Wilhelm Grimm sabían esto y que se lo callaron a propósito. No querían de ninguna manera rebajar la idea nacional de sus colecciones de cuentos mediante influencias extranjeras.Buscaban recopilar cuentos alemanes, no franceses.

Dorothea Viehmann parecía ofrecer a primera vista la imagen de la narradora de cuentos ideal al gusto de los Grimm. Estaba llamada a ser vista por los lectores como el compendio de las tres docenas de personas cuyos cuentos habían recopilado.  El retrato que de ella hizo Ludwig Emil Grimm y al que tituló “Narradora de cuentos” fue impreso con idéntica intención. Desde 1819 se lo podía encontrar en la portadilla de cada edición justo en el sitio en el que por lo demás solía ponerse el retrato del autor del libro.

Wilhelm Grimm escribe sobre Dorothea Viehmann: Uno de esos azares a los que hay que quedar agradecido fue poder haber conocido a una campesina de Zwehr, pueblo cercano a Kassel. Una parte considerable de los cuentos infantiles que aquí damos a conocer proceden de ella. Se trata por ello de auténticos cuentos de Hesse. Esta mujer, todavía lozana y  no muy por encima de los cincuenta se llama Viehmann… y seguramente ha sido hermosa en su juventud. Conserva estas viejas leyendas en su memoria…Se pone a contar con aplomo, seguridad y una increíble viveza disfrutando ella misma con ello, con total libertad, luego, cuando se lo pides, más despacio, de modo que si se está ejercitado pueda transcribirse lo que cuenta. Parte de ello  ha sido conservado así en su literalidad.” La última frase prueba que los Grimm no adoptaron intactos los cuentos de su narradora sino que intervinieron en ellos. Pues si de la literalidad de los cuentos de esta narradora de excepción solo “parte de ello ha sido conservado así en su literalidad.”, quiere esto decir, a la inversa, que fue adoptado mucho que no era literal- tanto en las historias de Dorothea Viehmann como en las de otros narradores. Pero no era el número de intervenciones en los textos lo que Wilhelm quería tematizar sino que sus miras estaban puestas en la descripción de esta contadora ideal de cuentos, en que era “campesina”, en que era de “el pueblo”, en lo “auténtico” de los cuentos de Hesse”, en lo “viejas” que  las leyendas eran, en la “memoria”. Sin embargo todo esto apenas se corresponde con la realidad.

La afirmación de que la totalidad del repertorio de la Viehmann (por lo menos unos 40 textos) se debe exclusivamente a la tradición de Hesse ya la eliminaron tácitamente los Grimm en la segunda edición. La descripción de “campesina” tampoco es correcta. Cierto que Dorothea Viehmann vendía en Kassel verduras y hierbas aromáticas de su pequeño jardín pero desde 1777 estaba casada con un maestro sastre, no con un campesino. Cierto que efectivamente vivía en el pueblo de Niederzwehren, pero el repertorio de cuentos infantiles lo había adquirido en la taberna de su padre, en Knallhütte, en el hoy valle del Bauna, donde había pasado su juventud. Como hija del dueño de la taberna tenía aquí más trato con clientes de la ciudad que del campo. Así que una parte de sus relatos infantiles se debía a lo que le contaba el público que frecuentaba la taberna de Knallhütte, o sea a lo que le contaban representantes de comercio, carreteros, soldados. “Viejas” también es un concepto relativo, pues con 57 años tampoco Dorothea Viehman era lo vieja que uno suele imaginarse a las ancianas abuelas contadoras de cuentos.

Lo que queda del retrato que de Dorothea hacen los Grimm es más bien en realidad su memoria excepcional. Lo demuestra una carta de Wilhelm a su hermano Ferdinand que no estaba destinada para su publicación. En ella significativamente no se habla de “auténtica de Hesse” ni de “campesina” sino que se la describe como “una mujer mayor a la que nos remitieron los Ramus de Zwehrn, y que sabe muchísimo y cuenta muy bien… Viene una vez casi todas las semanas… Cada vez que lo hace le damos su café, un vaso de vino  además de dinero, pero no debe de saber expresar su alegría y luego les cuenta a los Ramus el honor que todo eso supone para ella y que se le ha dado una cucharilla de plata para el café como a todos los demás invitados. La “cucharilla de plata” parece haber sido ,en tanto momentáneo símbolo de estatus,  algo más importante para Dorothea Viehmann que el pequeño honorario que recibía. Resulta conmovedor verla en el último de los cuentos con el que contribuye (“El diablo y su abuela”) por dos veces hablar resueltamente de una “cuchara de plata”

La mayoría de sus contribuciones se encuentran en el segundo volumen de la primera edición que se publicó en 1815, ya que los hermanos Grimm conocieron a Dorothea en 1813, o sea después de la aparición del primer volumen de cuentos. En la segunda edición de 1819 Jacob y Wilhelm cambiaron algunos de los cuentos del primer volumen ,bien completamente o bien  párrafos de los mismos, por versiones de la Viehmann: estas versiones les parecían finalmente “auténticas de Hesse”. En cambio empezaron a sospechar  que las hermanas Hassenpflug, de las que salieron los principales textos del primer volumen, habían introducido de tapadillo cuentos franceses en unas colecciones de cuentos que se pretendían de Hesse o al menos alemanas. En vista de la influencia hugonota en el repertorio de Viehmann esto significaba en realidad combatir el fuego con el fuego. A pesar de ello los Grimm eliminaron para siempre de la colección algunas deliciosas historias de las hermanas Hassenpflug como “El gato con botas” o “Barba Azul” después de haberlas publicado en la primera edición con el siguiente razonamiento “Hemos vuelto a repasar lo que resultaba sospechoso, o sea, lo que pudiera tener origen extranjero y lo hemos eliminado”  (Prefacio de 1819)

Los Grimm creían estar pisando más firmemente suelo de Hesse con una narradora anterior, Friederike Mannel, quien se crió en Treysa en el Schwalm, en la apartada casa de su padre, de profesión pastor y profesor. En Friederike también vieron los Grimm , con una fijación por Hesse que contagiaron a sus investigaciones, uno de los últimos bastiones contra las apariciones de la influencia francesa. Friederike Mannel (nacida en 1783) parecía una narradora ideal, si bien algo joven, al provenir del campo y sin  un solo pasado hugonote. Pero se les escapó a los Grimm que el padre de Friederike Mannel se hacía cargo, como pastor y profesor, de niños del pueblo hugonote de Gethsemane, y en la medida en que Friederike Mannel afirma a veces por escrito que algunos de los relatos se los debe a los niños de la escuela de su padre tampoco puede excluirse en este caso la influencia de tradiciones de cuentos infantiles hugonotes.

Lo que Friederike ciertamente no era, era ignorante. En una carta a Wilhem Grimm de quien se había enamorado, la hija del pastor escribe “Cuando me dejaste, lloró mi ojo derecho, que, aunque menos que al otro llorar le cuesta, pocas son las veces en que llora” Esta frase es una refinada cita-alusión al Wilhelm Meister de Goethe donde también una mujer se dirige a un Wilhelm: “Una bella lágrima parpadeaba en su ojo derecho. “ No creas que soy tan blanda ni que tan fácil me conmuevo. Es solo el ojo, que llora” . Puede atribuírsele por ello a esta mujer joven que, por cierto hablaba un francés perfecto, una alta educación literaria.

Si se añaden a las narradoras ya nombradas algunos otros como el pintor del norte de Alemania Philipp Otto Runge (“El Enebro”), el barón August von Haxthausen (“Los músicos de Bremen”) o el rector de colegio y pastor  Ferdinand Siebert (“El Rico y El Pobre”) tenemos que todos ellos son representantes de los estamentos cultivados, aunque no pueda excluirse naturalmente que su repertorio no se lo hubiera transmitido “gente llana”

Entre los narradores hay unos pocos que proceden de otras capas sociales como el viejo soldado Johann Friedrich Krause. El guardia de dragones retirado contaba a los Grimm historias crudas en su mayor parte sobre soldados a los que habían echado del servicio militar y que en el cuento tenían que buscarse la suerte con violencia militar. Por cada una de sus historias los Grimm le daban a Krause unos pantalones usados.

La aseveración de que la mayoría de los cuentos infantiles de los Grimm proceden directamente de relatos de viejas campesinas y de pastores y carboneros ermitaños es insostenible. Hoy sabemos que los Grimm no coleccionaron cuentos infantiles populares sino que sus cuentos les fueron relatados sobre todo por mujeres jóvenes de capas sociales cultivadas y que a menudo se nutrían de fuentes francesas.

“Wagen Sie nicht unsere Kinder anzufassen”

diciembre 24, 2012 Deja un comentario

Folgend eine Übersetzung ins Deutsche von dem Artikel “Flötenspieler” vom spansichen Autor Jon Juaristi veröffentlicht in der Zeitung ABC am 16/12/2012.

Zualleresrt will ich diese Übersetzung Astrid, einer Freundin von mir ohne deren Hilfe ich nicht imstande gewesen wäre, sie duchzuführen, widmen.

Der Zusammenhang sind bestimmte hitzige Beteuerungen von einem nationalistischen Politiker der Fraktion ERC im spanischen Parlament.

Herr Bosch sagte “Wagen Sie nicht unsere Kinder anzufassen” als er sich auf die von Seiten der jeweiligen spanischen Regierung beabsichtigten Reformen mancher Amtsprache – Gesetzen bezog.

http://paralalibertad.org/flautistas/

Flötenspieler

Der Anspruch der katalanischen Nationalisten auf den Eigentum an den katalanischen Kindern klingt wie eine ideologische Päderastie

Im Buch Genesis wird Isaak mit dem Lachen in Zusammenhang gebracht, da seine Mutter, Sara, gelacht hatte als die Engel ankündigten,  dass sie schwanger würde. Für die jüdische Tradition ist Isaak der Lachende, der Witzbold schlechthin. Der Stamm seines Namens ist nämlich derselbe wie der des hebräischen Verbs, das “lachen”bedeutet. Es wird in einem Midrash erzählt dass Gott am Ende der Zeit die Apostel vor ihm aufrufe und Isaak rüge , er solle Rechnung dafür tragen, dass seine Kinder gegen ihn gesündigt hätten. Isaac aber lachte Gott ins Antlitz und entgegnete: “Meine Kinder? Wie das? Ich dachte es sind Deine.”

Dem Minister Wert ist am Dienstag eine gute Gelegentheit entgangen um dem ERC Fraktionssprecher, Alfred Bosch, mit einem mit Isaak parallelen Argument den Kopf zu waschen. Als  Bosch ihn mahnte “unsere Kinder” in Ruhe zu lassen, soll Herr Wert darauf geantwortet haben , die katalanischen Kindern würden weder zu Bosch noch zu ERC noch zu den Nationalisten gehören. Sie gehörten dem spanischen Staat an und die Verantwortlichkeit für die Schulausbildung der spanischen Kinder sei Angelegenheit des spanischen Staats und nicht des Herrn Bosch. Herr Bosch und die Leute von ERC könnten ihre Kinder erziehen wie Sie wollten  und sie in die Schulen ihrer Wahl schicken, was aber das geregelte Bildungssystem und seine Inhalte angehe sei, sollten die Herren sich ihrer Anfechtung enthalten und keinen Anspruch auf das Eigentum an den katalanischen Kindern erheben,denn das komme einem totalitären Anspruch gleich und sei also unzulässig.

Wie selbst Herr Wert anerkannt hat, gibt es Bereiche,in die eine Regierung nicht eingreifen kann, ohne die unabhängigen Verwaltungsorgane, denen sie zugeschrieben worden sind, zu berücksichtigen. Der Unterricht und der Gebrauch von offiziellen Sprachen im Unterricht ist einer davon aber die Zuständigkeit der unabhänhigen Landesregierungen ist in beiden genannten Feldern auch nicht absolut. Sie kann nicht die Grenzen der Verfassung überschreiten die in ihrem Artikel 3.1. festlegt: “das Spanisch ist die Amtsprache des spanischen Staates. Alle Spanier haben die Pflicht und das Recht sie zu kennen und zu verwenden”. Ohne Artikel 155 geltend zu machen, darf daran erinnert werden , dass bereits der Artikel 150 dem Staat dazu ermächtigt in den Fällen Gesetze zu erlassen in denen die absolute Mehrheit der beiden Kammern des Parlaments der Meinung ist, dass das allgemeine Interesse auf dieser Weise besser gewahrt ist. Wenn die Regierung auch die von ihr beabsichtigten Schulwesens-und Amtsprachen-Reformen mit der Opposition diskutieren und mit den autonomen Regierungen verhandeln soll, muss doch klar sein dass sie berechtigt ist, dem Parlament Gesetze vorzulegen, die solche Belange betreffen, und die durch Mehrheit der beiden Kammern bestätigt werden können, zum Beispiel, wenn gewisse Regionen sich in verfassungswidrige Positionen verrennen.

Wie selbst Herr Wert anerkannt hat, gibt es Bereiche, in die eine Regierung nicht eingreifen kann, ohne die unabhängigen Verwaltungsorgane, denen sie zugeschrieben worden sind, zu berücksichtigen. Der Unterricht und der Gebrauch der offiziellen Sprachen im Unterricht ist einer davon. Aber die Zuständigkeit der unabhängigen Landesregierungen ist in beiden genannten Feldern auch nicht absolut. Sie kann nicht die Grenzen der Verfassung überschreiten, die in ihrem Artikel 3.1. festlegt: “Spanisch ist die Amtsprache des spanischen Staates. Alle Spanier haben die Pflicht und das Recht sie zu kennen und zu verwenden”. Ohne Artikel 155 geltend zu machen, darf daran erinnert werden, dass bereits Artikel 150 den spanischen Staat dazu ermächtigt, in Bezug auf Zuständigkeiten, die den Regionen übertragen sind, in den Fällen Gesetze zu erlassen, in denen die absolute Mehrheit beider Kammern des Parlaments der Meinung ist, dass das allgemeine Interesse auf diese Weise besser gewahrt wird. Wenn die Regierung auch die von ihr beabsichtigen Schulwesens- und Amtsprachen-Reformen mit der Opposition diskutieren und mit den autonomen Regierungen verhandeln soll, muss doch klar sein, dass sie berechtigt ist, dem Parlament Gesetze vorzulegen, die solche Belange betreffen, und die durch Mehrheit der beiden Kammern bestätigt werden können, zum Beispiel, wenn gewisse Regionen sich in verfassungswidrige Positionen verrennen.

Bezüglich der rethorischen Aneignung von den katalanischen Kindern durch ERC ist ihre Vewandschaft mit dem von ERC dem Minister Wert zugeschriebenen Nazismus, offensichtlich. Die Sprache des Sezesionismus rutscht in die ideologische Päderestie, die zwar nichts mit der Ausbildung viel aber doch mit jenem Flötenspieler von der deutschen Erzählung zu tun hat, der die Kinder von Hammeln da verlieβ wo die Ratten ertranken. Aber viel beunruhigender ist der Anspruch einer Partei, die zwar minoritär ist, aber nicht so sehr wie die faszistischen und bolschewistischen Organisationen ursprünglich waren und die das Parlament seiner Volksvertretung und den Staat seiner Kompetenzen  berauben wollen. Herr Alfred Bosch, der sich mit dem Afrikanismus und dem Schreiben von Geschichtsromanen befasstt hat bevor er in die Politik ging, sollte die Genealogie solch einer Liebesentzückung für Kinder in der jüngsten europäischen Geschichte überarbeiten anstatt die Rolle eines neuen Pseudorebellen für den Nationalismus zu spielen.

Norbert Elias. Nacionalismo II

diciembre 24, 2012 Deja un comentario

Democratización. El ethos nacionalista como forma de amor propio

Por todo lo anterior el nacionalismo a los ojos de un análisis sociológico incluso provisional podría definirse como un rasgo característico de las grandes sociedades estatales en su estadio evolutivo del siglo XIX al XX. Está relacionado y al mismo tiempo se distingue claramente de sistemas de creencias que representan sentimientos individuales de apego y solidaridad respecto de otras colectividades como la aldea, la ciudad, el principado o el reino que son típicos de estadios evolutivos más tempranos de la sociedad. Se trata además de una creencia de naturaleza esencialmente secular y que, por lo tanto, no requiere la justificación de ninguna instancia suprahumana, estamos ante  una creencia análoga a las  formas éticas o de creencias a las que Max Weber denominaba “intramundanas”. Presupone la existencia en la correspondiente sociedad de un considerable grado de democratización en el sentido sociológico, no político, del término: cuando las barreras sociales entre los diferentes niveles de rango y poder son demasiado elevadas- como por ejemplo en las sociedades estamentales con la nobleza hereditaria en la cúspide o en Estados dinásticos en los que el foso de poder entre príncipe y súbditos es muy pronunciado, los sentimientos individuales de apego, solidaridad y compromiso respecto al resto de la sociedad tienen un carácter distinto del que cobra expresión en la forma de un Ethos nacionalista.

El Ethos nacionalista se basa en un sentimiento de solidaridad y compromiso que no se dirige simplemente hacia determinadas personas o figuras individuales en una posición de poder sino hacia un ente colectivo soberano que el individuo en cuestión forma junto con miles o millones de individuos como él y que aquí y ahora está organizado en la forma de un Estado o que en la mente de quienes lo forman lo estará en el futuro. El individuo se encuentra ligado a dicho ente colectivo soberano a través de la intermediación de símbolos, que pueden ser personas. A estos símbolos  y al colectivo que representan van unidas emociones positivas muy fuertes del tipo de las que comúnmente describimos como “amor”. El ente colectivo es vivido como algo que está separado de los individuos que a él pertenecen, como algo además más elevado y bueno que ellos al igual que ocurre con sus símbolos. Los colectivos en los que surge un Ethos nacionalista son percibidos de tal modo que los individuos que los forman ven en ellos- o mejor en unos símbolos sentimentalmente cargados- representaciones de sí mismos. El amor por la nación propia nunca es simplemente un amor hacia personas o grupos de personas a los que uno puede dirigirse como “ellos” sino que es siempre el amor por un colectivo al que uno se dirige como “nosotros”. Más allá de lo que este amor  pueda además entrañar, este amor es también una forma de amor propio.

La imagen que los individuos de una nación tienen de ella forma por lo tanto parte integrante de la imagen que tienen de sí mismos. Las virtudes, el valor, el sentido son al mismo tiempo virtudes, valor y sentido propios. En la medida en que las teorías sociológicas y sociopsicológicas de hoy se ocupan de estas cosas suelen ofrecer a la reflexión el concepto de  “identificación”. Sin embargo, dicho concepto no se corresponde del todo con los hechos observables. El concepto de la identificación genera la impresión de que individuo y nación se encuentran separados, inclina a creer que se trata de  dos ideas distintas separadas en el espacio. Pero dado que las naciones están formadas por individuos y dado que los individuos que viven en las avanzadas sociedades del siglo XX pertenecen incuestionablemente a una u otra nación, un sistema conceptual que evoque una imagen de dos ideas distintas y separadas en el espacio como lo puedan ser  una madre y  su hijo, no se corresponde con los hechos.

Relaciones de esta índole solamente pueden comprenderse cabalmente con la ayuda de los pronombres personales. Un individuo no tiene solamente una imagen de su yo y la de un yo ideal sino también una imagen de un nosotros y un ideal de este nosotros. Con la nacionalización del ethos y los afectos individuales que tiene lugar en las sociedades industriales en los siglos XIX y XX va intrínsecamente unido el hecho de que la imagen de cada sociedad respectiva – representadas, entre otros símbolos, por la propia palabra “nación”- pasa a formar parte integral de la imagen y del ideal que la mayoría de los individuos que viven en sociedades de este tipo tiene de su “nosotros”. Por decirlo en pocas palabras uno se topa aquí con uno de los muchos ejemplos de una correspondencia entre una determinada estructura social y una determinada estructura de la personalidad. Cuando un miembro de alguno de los Estado-nación diferenciados e industrializados del siglo XX se describe a sí mismo haciendo uso de un derivado del nombre de su país- “Soy francés”, “Soy americano”, “Soy ruso”- está diciendo mucho más que simplemente “He nacido en este o aquel país”, “Tengo un pasaporte francés, americano o ruso”. Para la mayoría de los individuos que han crecido en una sociedad de ese tipo una descripción semejante remite al mismo tiempo a la nación a la que pertenece a la vez que a rasgos y valores personales. Atañe tanto al individuo contemplado como un “yo” frente a esos  “otros” a los que en el discurso hablado y pensado se dirige como “tú”, “él” o “ella” así como al individuo contemplado como parte constitutiva de un colectivo al que en el discurso pensado y hablado se dirige como “nosotros” frente a otro colectivo “vosotros” o “ellos”. Aquel que dice “soy ruso, americano, francés etc…” está diciendo por lo general: “yo y nosotros creemos en determinados valores e ideales”, “yo y nosotros desconfiamos de los representantes de esta o aquella otra nación y nos sentimos en mayor o menor medida su enemigo”, “yo y nosotros nos sentimos comprometidos con estos símbolos y con el colectivo al que representan”. Una imagen de este nosotros penetra indisolublemente en la organización de la personalidad del individuo, quien en tales casos empleará los pronombres “yo” y “nosotros” para referirse a sí mismo.

*Es necesario distinguir el nacionalismo como expresión del amor, del orgullo, de la identificación que una particular unidad denominada ”nosotros” nos hace sentir, de otros vínculos aparentemente similares comunes entre los grupos aristocráticos tradicionales. Así,  suele representarse a Bismarck como prototipo del nacionalismo  alemán pero, de hecho su amor iba dirigido principalmente hacia las figuras del rey y  la tierra y no a la nación alemana- o como mucho, ya que vivió en una época de transición, solamente a posteriori y en tanto que ideal al que al menos de boquilla había que apelar-, pero no hacia el símbolo que representaba la masa del pueblo alemán.

Como se ve utilizamos aquí la expresión “nacionalismo” en un sentido distinto al que se emplea en la vida cotidiana. En el lenguaje habitual suele contraponerse despreocupadamente el adjetivo “nacionalista” a otros como “nacional” o “patriótico”. Utilizando el primero estaría buscándose mostrar desaprobación y  utilizando los últimos asentimiento. Pero lo que unos tachan de nacionalismo no sería en realidad más que el patriotismo de los otros y lo que elogian como patriotismo su propia forma de nacionalismo.

Nacionalismo y relaciones interestatales. Cambios en la figuración de la balanza de poder entre sociedades interdependientes

El propósito de una investigación sociológica implica tener que emplear un concepto estándar que no lleve consigo ni desaprobación ni elogio. Se necesita un término que designe la escala de valores, el tipo de sentimientos, los ideales y creencias específicos que ligan entre sí y a su sociedad  a los individuos que viven en las sociedades estatales altamente industrializadas del s. XIX y XX. Se requiere una expresión homogénea, un instrumento conceptual claro que haga factible la aprehensión de la característica estructural común del tipo de vínculos sentimentales, creencias y organización de la personalidad que tarde o temprano hacen su aparición no sólo en este o aquel sino en todos los Estados nacionales en su evolución entre el siglo XIX y XX. Y dado que suelen ser  substantivos terminados en –ismo y adjetivos en –ista los que suelen caracterizar este tipo de sistemas de creencias y las organizaciones de la personalidad que a ellos van ligadas, lo que el lenguaje cotidiano nos ofrece para proceder a una homogeneización conceptual consiste en lo fundamental en una elección entre “patriotismo” y “nacionalismo”. Este último, en tanto término sociológico estandarizado, parece al final el más apropiado ya que resulta más flexible pudiéndose derivar a partir de él conceptos comprensibles con carácter de proceso como por ejemplo “nacionalización de las maneras de sentir y pensar”. Lo utilizamos aquí en este sentido, limpio de connotaciones de desaprobación o elogio y lo utilizamos para designar el aspecto de una transformación más amplia que determinadas sociedades estatales, como parte de una cierta figuración de la balanza de poder entre sociedades interdependientes,  atraviesan en un espacio de tiempo determinado. Dicho término se refiere a un sistema social de creencias que de un modo latente o manifiesto eleva la sociedad estatal, el colectivo soberano al que sus creyentes pertenecen, al rango de valor supremo al cual podrán quedar subordinados todos los demás valores y al que, en ocasiones, quedan efectivamente subordinados.

El nacionalismo como uno de los grandes sistemas de creencias de los siglos XIX y XX se diferencia en varios aspectos de otros sistemas sociales de creencias del mismo periodo como pueden serlo el conservadurismo y el comunismo o el liberalismo y el socialismo. Estos extraen su fuerza de los cambios en la balanza de poder dentro de una y la misma sociedad y sólo secundariamente llega su influencia a las relaciones interestatales. El nacionalismo cobra su fuerza de los cambios en la balanza de poder entre diferentes sociedades estatales y afecta sólo secundariamente a las tensiones y conflictos entre las clases sociales en el seno de esas sociedades.

Aunque los ideales y creencias relacionados con la polarización de clases interdependientes en el seno de una y la misma sociedad no dejen de mezclarse de muchas maneras con los de un sistema nacional de creencias que encuentra su origen ante todo en la alteraciones que se producen en  las figuraciones de la balanza de poder entre sociedades estatales interdependientes, es este último, el sistema nacional de creencias, el que ejerce una influencia más continua y decisiva sobre la dirección de la política a largo plazo. Las sociedades pueden diferenciarse mucho unas de otras según sean las creencias e ideales que guíen a sus élites  en la política intraestatal pero todas comparten una misma nacionalización del Ethos y de las maneras de sentir, del nosotros que liga y representa  a la mayoría de los individuos que las forman. Como resulta fácil de ver esta nacionalización del Ethos y de las maneras de sentir se desarrolla más tarde o más temprano en todos los países en vías de modernización entre los siglo XIX y el XX, independientemente de cual fuera el origen social de sus élites. Y aunque esta nacionalización del Ethos y de las maneras de sentir penetra al principio sobre todo en aquellos Estados nacionales a cuyo frente se encuentran unas élites cuyas actitudes, ideales y valores se inscriben en la tradición de unas clases medias que van dejando de serlo en la medida que ocupan las posiciones de poder, no deja de penetrar menos en Estados nacionales a cuyo frente se sitúan unas élites cuyas actitudes, ideales y valores se inscriben en la tradición de unas clases trabajadoras que van perdiendo su especificidad si no en tanto grupo social, si que al menos en tanto clase, en la medida en que van  escalando posiciones de poder.

La dualidad del canon normativo del Estado-nación

Al margen de la manera en que estén organizados, los ciudadanos de la mayoría de los Estados nacionales soberanos e interdependientes que forman la figuración de la balanza de poder propia del siglo XX,  se ven dotados de un canon normativo dual cuyas exigencias son contradictorias entre sí. Por un lado, disponen de un canon moral de carácter igualitario procedente del canon de los sectores ascendentes del “tiers état” (tercer estado), cuyo valor más alto es el ser humano, el individuo humano como tal y, por otro, de un canon nacionalista de carácter no igualitario procedente del canon maquiavélico de los príncipes y de los grupos dirigentes de la nobleza cuyo valor más alto es un colectivo- Estado, Tierra,  Nación-al que el individuo pertenece.

Henri Bergson, uno de los pocos filósofos que en su pensamiento se ha planteado el hecho de este canon dual, hacía mención al problema. Su objetivo no era, encontrándose fuera del campo de sus reflexiones, investigar el desarrollo específico de las relaciones intra-estatales que habrían conducido a esta particular dualidad y por ello sus propuestas para resolver el problema adolecen de un carácter vago y especulativo. Pero reconocer el problema como tal y delimitarlo constituye, con todo, un paso importante. Bergson preguntaba: ¿A qué sociedad nos estamos refiriendo cuando hablamos de compromisos morales? ¿A la de la humanidad entera? O ¿Estamos hablando de compromisos morales respecto de nuestros conciudadanos, nuestros compatriotas, de los miembros de un mismo Estado?

 >> Se le escapa la verdad a toda filosofía moral- así escribía- que no ponga el acento en esta diferencia. Sus resultados quedarán necesariamente falsificados. De hecho, cuando decimos  que la obligación de respetar la vida y la propiedad del prójimo es exigencia fundamental para la vida en sociedad ¿De qué sociedad realmente estamos hablando? Para contestar a esta pregunta basta con que observemos lo que ocurre en las guerras. Robo y asesinato así como perfidia, fraude y mentira no solamente se toleran en ellas sino que se convierten en objeto de mérito. Los que dirigen las guerras se dicen como las brujas de Macbeth: Fair is foul, and foul is fair” (“Lo justo se hace vil y lo vil, justo”)<<

Norbert Elias. Nacionalismo

diciembre 16, 2012 Deja un comentario

Tal y como comentaba en el post titulado. “Las U.P.E.: una utopía radical para Europa made in Switzerland” a continuación me embarco en la traducción del alemán de las páginas que el sociólogo Norbert Elias consagra al nacionalismo en su, en mi opinión, fascinante libro “Studien über die Deutschen” (“Estudios sobre los alemanes”)

Norbert Elias , ( 1897 1990 ) , German writer and sociologist . In Bielefeld , Germany , 1984 . stock photo

Esta primera entrega se corresponde aprox. con las páginas 190 – 195 del volumen de la editorial Suhrkamp

Palabras-símbolo

Al contrario que en sociedades menos diferenciadas los símbolos colectivos que en las sociedades altamente diferenciadas de los siglos XIX y XX se encargan de  atraer y amalgamar los sentimientos de cada uno de sus miembros tienen un carácter mucho más impersonal. De esto son un ejemplo claro las palabras-símbolo que juegan este papel. Las mismas pueden variar ciertamente de un Estado a otro, pero todas ellas irradian emotividad y otorgan al ente colectivo que representan esas cualidades misteriosas y elevadas de las que antes hemos hablado. El mismo nombre- y los derivados- del Estado nacional respectivo son utilizados por los miembros de éstos de una manera en la que resuenan tonos reverenciales y sagrados. Así,  expresiones como “la France”, “Deutschland”, “America” sirven a franceses, alemanes y norteamericanos respectivamente como símbolos verbales de un ente colectivo al que se le asignan esas cualidades misteriosas y elevadas. Este empleo del nombre propio del Estado nacional en cuestión lo podemos encontrar en casi todos los Estado nacionales más o menos desarrollados mientras que el empleo de ese mismo nombre pero traducido a otro idioma adquiere connotaciones a menudo negativas cuando quien lo utiliza es miembro de otro Estado nacional siguiendo  la paradoja  que, en cada caso, domine las relaciones interestatales.

Pero no solamente el nombre propio del Estado nacional sino todo un espectro de palabras-símbolo pueden cumplir esta función en diferentes sociedades, palabras  por ejemplo como “patria” “tierra” o “pueblo”.  En conjunto no obstante son  las palabras “nación” y “nacional” los símbolos de uso más generalizado y extendido. No hace falta más que colocar la palabra “nación” junto a otra como “país” o “Estado” para percibir la diferencia. Las realidades sociales a las que estas tres palabras se refieren son mayormente las mismas. En lo que toca a esas realidades, términos como  “nación”, “población” o “ciudadanos del Estado” designan más o menos fenómenos que son idénticos. Sin embargo cuando miembros de un mismo país hablan entre ellos la palabra “nación” comporta unos sentimientos de una profundidad y dimensión que la diferencian del resto. El colectivo al que con ella se alude queda revestido de un aura muy específica apareciendo como algo de gran valor, sacrosanto, algo merecedor de admiración y devoción. Estos sentimientos acostumbran a extenderse a todo aquello que puede ser contemplado como perteneciente a la nación o en interés de la misma; pueden extenderse al empleo de la violencia y del engaño o, llegado el caso,  de la tortura y el asesinato.

Realismo del príncipe.  Mística de la nación. Límites al control de la creencia nacionalista

Una vez percibido claramente el desplazamiento del punto de anclaje de las ligazones emocionales desde la figura viva de un príncipe a la impersonalidad de un símbolo que representa a un colectivo puede verse más claramente la trabazón entre cambio y continuidad en la evolución desde el canon pautado originariamente por Maquiavelo a su sublimación en otro que forma parte de un sistema nacional de creencias. En un sistema de Estados dinásticos, en tanto que regidos por monarcas más o menos autocráticos, la política que se sigue en las relaciones interestatales es la marcada por la desinhibición del interés propio de unos gobernantes que ,bien por nacimiento o por éxitos políticos o militares, se sitúan dentro de las líneas de una tradición guerrera. El canon que en las relaciones interestatales se sigue es más o menos una ampliación del canon que los gobernantes siguen en sus relaciones personales. No hay grandes barreras ni líneas de separación entre ambas esferas. No existe ninguna oposición de fundamento entre la moral personal y privada, de un lado, y la pública y estatal, de otro. La estrategia práctica, y hasta cierto punto podría decirse que realista, que los príncipes seguían antaño en sus relaciones recíprocas se cambia en otra de un tinte emocional diferente cuando la estrategia que se sigue pasa a corresponder a las naciones , o mejor, a sus élites gobernantes. Los aspectos realistas que se ajustaban al canon guerrero tradicional, canon que sembraba la desconfianza y el temor mutuo entre las élites de los diferentes grupos al tiempo que encontraba su origen en esa misma desconfianza y temor, pasa a mezclarse con la mística de un credo nacional en el que pueden creer de una manera incondicional cientos de miles de personas.

Resultan bastante obvias las razones del surgimiento de un ideal “nosotros” precisamente en una época de sociedades de masas altamente industrializadas en las que se da un reclutamiento obligatorio en el ejército y una creciente involucración de la población entera en los conflictos con otras sociedades de masas. En este contexto disciplina y obediencia respecto de un príncipe o de una autoridad militar no son suficientes para garantizar el éxito de un país en sus luchas de poder con otro. Se hace necesario para incitar  al conjunto de los ciudadanos a supeditar sus necesidades individuales a las de un ente colectivo-país o nación-, a que en un momento dado sacrifiquen su vida por él en las trincheras,  que además de las coerciones exteriores a las que se encuentran habitualmente sometidos, lo estén también a las que se derivan de su propia conciencia y  sus propios ideales, o lo que es lo mismo, que se sometan a unas coerciones que sobre sí mismos ejercen en tanto individuos.No siendo siempre fácil demostrar con hechos las virtudes de esa sociedad por la que se le está exigiendo que sacrifique su vida, cada miembro de estas sociedades altamente diferenciadas del siglo XX  ha de encontrarse completamente motivado por la creencia incuestionable en el valor de la sociedad que junto con los otros ciudadanos forma,  por la creencia incuestionable en el valor de su nación.

A pesar de que el motor primero para la formación del nacionalismo como sistema de creencias viniera de la esfera de las relaciones interestatales, bien por el temor compartido acerca de la supervivencia e integridad de la sociedad propia, bien por el deseo común de ver el  poder, estatus y prestigio de ésta incrementados en relación al de otras sociedades soberanas, un sistema de creencias nacionalista también puede servir propósitos intraestatales en tanto instrumento de dominio o de potencial dominio de unos grupos sobre otros. Uno de los rasgos fundamentales de las sociedades industriales en su fase evolutiva del siglo XIX al XX  es la simultaneidad de una creciente interdependencia de todas las clases sociales y una tensión permanente entre los dirigentes de las clases medias y la trabajadora. Muchas otras tensiones tangenciales se congregan en torno a este eje de tensión central que normalmente coincide con la oposición entre las asociaciones de empresarios y los sindicatos. En este contexto los llamamientos a unos sentimientos y lealtades nacionales que habrían echado raíces más allá de los límites de clase gracias sobre todo a la experiencia de la guerra y a un aumento en el nivel de formación mediante  ejércitos masivos,de un lado y escuelas controlados por el Estado,de otro, pueden ser explotados como palancas para la promoción de determinados intereses sectoriales por parte de uno u otro grupo dirigente de la sociedad. De hecho así  es como fueron explotados en varios países, entre otros Alemania,  por parte sobre todo de grupos insatisfechos de las clases medias.

Por regla general los sistemas nacionalistas de creencias y valores en países desarrollados  con un relativo alto nivel de bienestar se orientan hacia atrás. Manifiestan  implementarse en sociedades de este tipo para preservar el orden existente, cuando en realidad el movimiento social que se inicia en nombre de la herencia nacional y de sus virtudes lo que en realidad pretende es una subversión del orden existente. Cuando así sucede, lo hace bajo el signo de una restauración del pasado, de la herencia inmortal de la nación. Brevemente, difícilmente puede comprenderse el carácter de las ideas nacionalistas si uno se limita a derivarlo de lo que esas ideas dicen en los libros de filósofos o de escritores famosos o sea, si uno se limita a abordarlas a la manera tradicional de la historia de las ideas.

Ideas e ideales nacionalistas no forman, por así decirlo, una línea sucesiva autónoma del tipo de las que se suele asignar a las ideas filosóficas. Su sucesión en el tiempo no se basa simplemente en el hecho de que autores de una generación leen a los de otra dando, ya sea crítica o aprobatoriamente, continuidad a los pensamientos contenidos en sus obras, sin relación alguna con los desarrollos y características estructurales de la sociedad en las que dichas obras se escriben y leen. En igual medida tampoco hay que buscar el origen del nacionalismo en las ideas nacionalistas de escritores célebres. De forma latente o manifiesta el nacionalismo es uno, si no el más, poderoso de los sistemas sociales de creencias de los siglos XIX y XX . Las ideas contenidas en los libros no son, por emplear una metáfora sobada pero pertinente, más que la punta del iceberg. En ellos se encuentran las expresiones articuladas de un proceso en cuyo desarrollo sentimiento y ethos nacionales se propagan antes o después  por el conjunto de la estructura social. No se puede estimar si y en qué medida la nacionalización del Ethos y de las maneras de sentir ha sido influida por las publicaciones de una intelectualidad nacionalista si no se investiga qué cambios en la estructura de las sociedades hicieron posible la  sustitución de los sentimientos de fidelidad y solidaridad ligados a la persona de un príncipe- ¡Vive le roi!-por los sentimientos de fidelidad y solidaridad a la nación-¡Vive la France!

Está todavía en sus comienzos una investigación sociológica de la formación y evolución de los ideales nacionalistas que fije estas doctrinas, conceptos e ideas ,tal y como aparecen en los libros , dentro del desarrollo general de la sociedad y que muestre la función que tienen para los diferentes subgrupos que la componen. En el contexto presente bastará una breve referencia que explique por qué, dado un determinado nivel de desarrollo, la aparición de los sistemas de creencias nacionalistas es algo común a todas las sociedades así como el recordatorio de que el destino de los mismos depende tanto de las relaciones dentro de los Estados como de las que estos mantienen entre sí.

Merecería la pena en este como en otros sentidos trabajar en la dirección de un modelo teórico que explique  la continua trabazón que en la evolución de los hechos tiene lugar en los niveles intra e inter-estatal. Con la ayuda de este marco teórico más amplio sería más fácilmente demostrable que la explotación por parte de representantes de determinados intereses sectoriales de tendencias potencialmente nacionalistas en el seno de los Estados nacionales altamente diferenciados  raramente sucede de una forma plenamente consciente, o sea, en la forma de un frío engaño ideológicamente deliverado. Las teorías tradicionales que en ocasiones describen las ideologías de esta manera se ponen las cosas demasiado fácil. Un rasgo de las doctrinas nacionalistas y de otros sistemas de creencias es que, bajo determinadas circunstancias y llevados por un proceso automático de recíproca interacción, cada vez van ganando más poder sobre sus creyentes. Puesto que el credo “per se”  eleva a las alturas el valor ideal del propio grupo y el de la lealtad al mismo nadie puede negarles en público la adhesión a sus creencias a aquellos de los creyentes que más insisten sobre la perfección de su colectividad. Y de este modo la tendencia en los individuos y grupos humanos a la sobrepuja en la atestación de semejante creencia puede hacerse muy fuerte en determinadas situaciones sociales. No resulta difícil comprobar cómo estos sistemas ególatras de creencias, sobre todo cuando  el tamaño del colectivo es grande, cobra una fuerza de empuje propia a través de esta clase de mecanismos, fuerza que no puede ser controlada ni por los individuos ni por el grupo.