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Breve inciso: una perspectiva en “The Economist” sobre Alemania

En la edición del 29 de septiembre al 5 de octubre de “The Economist”, en la sección “Charlemagne”, se publica un artículo bajo el título de “El Otro Riesgo Inducido” ( “The Other Moral Hazard”) cuya traducción me ha parecido interesante porque aborda el asunto de la “Unión Bancaria”.

La “Unión Bancaria” es precisamente lo que algunos de los ponentes alemanes en la Fundación Heinrich Böll proponen que se vaya acometiendo con cierta celeridad para lo cual, en su opinión, se hace necesario instituir un organismo de supervisión bancaria a nivel europeo, que sería el propio BCE, y como complemento, un sistema de protección o garantía de los depósitos y una autoridad de la Eurozona para la liquidación de entidades de crédito deterioradas.

Desde “The Economist”, desde su sección “Charlemagne”, se cuestiona el interés de Alemania en proceder con la celeridad que se propone en el debate de la fundación Heinrich Böll.

Desde este blog uno se pregunta si esta discordancia entre lo que en el debate se dice y lo que el “The Economist” percibe no tendrá que ver con discrepancias internas en el seno de la opinión pública alemana, las mismas  quizá que pueden encontrarse entre lo que sostiene el economista Sinn y lo que sostienen algunos de los ponentes de cuya traducción ahora me ocupo.

Aquí les dejo el enlace al artículo de “The Economist” y directamente debajo la traducción

http://www.economist.com/node/21563741

El otro “riesgo inducido”.

 Puntada a puntada Alemania está destejiendo el  arreglo que mejor se había tejido  hasta la fecha en Europa para superar la crisis. Hasta esta semana los dirigentes europeos se habían atrevido a pensar que se estaban anticipando a los mercados mediante dos jugadas importantes. En primer lugar, mediante el compromiso del BCE de actuar como prestamista de última instancia para países con problemas como España ( siempre que estén de acuerdo en acometer programas de reformas). En segundo lugar la Eurozona se comprometía a crear una unión bancaria que cortara el bucle fatal entre bancos y Estados débiles. El BCE  conseguía de este modo repeler la amenaza de ruptura del euro y se ganaba tiempo para que otras instancias repararan sus fallos de diseño.

Si únicamente fuera así de fácil. En los Estados deudores han recomenzado las protestas y huelgas contra las medidas de austeridad y en España además se agita el secesionismo. Pero igual de preocupante resulta que a los Estados acreedores no se les vea con prisa, es más, se les ve incluso renegando de sus promesas de fortalecer el Euro. “Rückfall” ,el término alemán para recaída, es una de las razones por la cual la Eurozona está siendo empujada de nuevo a una fase aguda de la crisis.

Comencemos por la promesa condicional de intervención del Sr. Draghi. Esta intervención estaba llamada a reducir los costes de endeudamiento- sobre todo en lo que se refiere a los bonos a corto plazo- de los países y disipar los “temores infundados” sobre el futuro del Euro. En la campaña que para deslegitimar esta política se ha llevado a cabo, Jens Weidmann, el presidente del Banco Central Alemán, ha comparado al Sr. Draghi con el personaje de Mefisto del “Fausto” de Goethe. El gobierno alemán, a pesar de estar a favor del plan del BCE, se muestra reticente. Ha pedido a España que no demande más ayudas- justo el paso necesario que permitiría actuar al BCE.

Peor aún, el distanciamiento respecto a la proyectada unión bancaria que esta “recaída” (“Ruckfall”) supone, parece que estuviera pensado para reavivar la crisis. En una cumbre en Junio los líderes europeos declararon que “ resultaba imperativo romper el círculo vicioso entre los bancos y los Estados”. Para ello iban a crear con urgencia un único organismo de supervisión de los bancos. Una vez establecido, los fondos de rescate de la Eurozona podían ser utilizados directamente para recapitalizar los bancos con problemas. No es ningún secreto que el plan estaba pensado para ayudar a España desplazando a la Eurozona parte de la carga de sustentar bancos en mal estado- retroactivamente, si ello fuera necesario. A Irlanda se le dijo que podía esperar un apoyo semejante.

Este acuerdo fue alcanzado en los términos que Alemania siempre ha propugnado: un mayor control central  a cambio de una mayor solidaridad. Sin embargo, antes incluso que  la comisión europea lanzara este mes su propuesta de creación de un organismo de supervisión bancaria (una rama del propio BCE), Alemania ya estaba socavando el acuerdo. Los borradores de los planes de la comisión incluían el compromiso de completar el nuevo organismo de supervisión bancaria con una autoridad de la Eurozona para la liquidación de entidades de crédito deterioradas (conocida como Edira) y con un mecanismo europeo para la garantía de los depósitos bancarios ( conocido como Edgar). Bajo presión alemana estos dos puntos fueron suprimidos de la versión final.

A muchos les preocupa que con la supresión de Edira y Edgar el BCE se verá con la responsabilidad de la supervisión de los bancos pero carecerá de los medios para hacerse cargo de aquellos cuyo estado esté deteriorado. Al mismo tiempo Alemania está yendo en contra del plan de la comisión para que el BCE tenga autoridad supervisora sobre los más de los 6.000 bancos de la Eurozona. Berlín quiere excluir a los bancos pequeños, entre los que estarían muchos de sus a menudo problemáticos bancos regionales.

Y Alemania está tratando de retrasar el calendario de funcionamiento del nuevo organismo que estaba pensado para el uno de enero de 2013 aduciendo que una tarea tan importante no debiera acometerse con prisas. A partir de aquí una recapitalización directa de los bancos sólo tendría lugar una vez  que el sistema se ha demostrado eficiente. Esta semana, Wolfgang Schäuble, el ministro de finanzas alemán, y sus duros colegas de Holanda y Finlandia se aplicaron en reducir el alcance del acuerdo: una recapitalización directa de los bancos sólo se aplicará a los nuevos problemas, no a los activos malos preexistentes (“ legacy assets”) y sólo se aplicará en “última instancia”, después de haberse empleado el capital privado y los fondos nacionales.

Alemania sabe que tiene que cuidar de sus propios bancos así que quiere limitar la responsabilidad que asume por los de otros países.. Angela Merkel, la canciller alemana, ya se ha jugado bastante dinero ayudando a otros. Llegado un punto Alemania tendrá que dar por perdidos parte de los préstamos que hizo a Grecia. La   Sra. Merkel ya perdió este verano la “mayoría del canciller” * al decidir prestar hasta 100 billones de euros para reestructurar los bancos en España. No tiene prisa por volver al parlamento alemán para pedir más dinero, en particular porque cualquier debate al respecto se transformaría en el de ECB y Mefisto

Economía y moral

Mario Monti, el primer ministro italiano, suele bromear con que para Alemania “la economía es una rama de la filosofía moral”. Los países han de pagar por pecados de obra (los déficits presupuestarios) y omisión (una deficiente supervisión bancaria). Sólo entonces podría darse quizá una mayor integración europea que evite problemas en el futuro.

Pero tiene poco sentido preocuparse por los problemas de mañana cuando la crisis de hoy sigue sin resolverse. Tiene razón Alemania en temer que aliviar la presión sobre los deudores podría estimular el “riesgo inducido” (moral hazard) y frenar reformas que se necesitan imperiosamente. De la misma forma, sin embargo, el “riesgo inducido” (moral hazard”) pueden causarlo los acreedores. Cuando la presión se afloja, Alemania suele mostrar poca prisa por reparar el euro.

La demora y  las evasivas entrañan un coste. A los países les resulta más difícil la vía de las reformas cuando no hay esperanza de que su agonía vaya a terminar. La falta de voluntad de Alemania por intervenir salvo en los momentos más graves condena a la zona euro a una aguda crisis tras otra. En el corto plazo la Sra. Merkel puede esperar que esto le permita ser reelegida el año que viene con una Eurozona de nuevo en llamas. En el largo plazo lo crónico de la crisis está causando ya daños permanentes: un estancamiento económico prolongado en los países con déficit, pérdida de confianza en la credibilidad de los gobiernos y en el futuro del Euro y unas políticas cada vez más perniciosas. Puede que Alemania tema los “costes preexistentes” de errores pasados pero también debería temer el legado que sus titubeos e inacción están dejando.

La “mayoría del canciller”  corresponde a una mayoría absoluta de todos los miembros del parlamento alemán ( no solamente de los que votan). Se trata de un umbral simbólico para una mayoría parlamentaria relevante solamente a la hora de la elección del canciller pero no a la hora de legislar. La coalición de Merkel logró una mayoría simple, lo que no impidió que los medios se hicieran eco de su fracaso al no alcanzar un umbral más alto

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